Título del capítulo: Discusión en la cocina de Pedro en Betsaida. Explicación de la parábola del sembrador. Noticia de la segunda captura de Juan el Bautista.
Fecha de la visión: Jueves 7 de junio de 1945
Calendario: lunes 21 de febrero 28 (8 Adar I 3788) según maria-valtorta.org o miércoles 1 de marzo 28 según Valtorta.fr
Localización (mapa) :Betsaida
Ciclo: Apostolado en Galilea
Resumen: El grupo apostólico acaba de celebrar una copiosa comida en casa de Pedro. Porfiria, que debe de haber estado preparándola todo el día, está cansada pero contenta. Los apóstoles discuten entre ellos sobre el orgullo de ciertos individuos, y Pedro predice que atacarán a traición la Verdad. Tomás se pregunta si tendrán fuerzas para resistir, y Pedro dice que él solo no las tendría, sino que confía en el Señor. Mateo y Santiago de Alfeo piensan que la prueba será proporcional a sus fuerzas y que Dios aumentará las suyas según la batalla a librar. A continuación, Simón el Zelote da su testimonio y declara que fue durante su enfermedad cuando conoció a Dios. Antes de eso, su fe no era más que formalismo. Cuando fue aplastado, supo derribar su ego y encontrarse con el "Dios inmanente por encima de nuestros seres terrenales".
Judas rebate su afirmación, porque le parece que Simón está diciendo una herejía. El Iscariote argumenta que conocemos a Dios a través de la Ley y los profetas, pero Israel es más hijo de las leyes que hijo de la Ley, según Judas. Simón, por su parte, explica que necesitamos tener una imagen de Dios, con las cualidades esenciales que atribuimos al Altísimo. Y cuanto más avanza el alma, más llega a un conocimiento exacto de Dios. Pedro lo corrobora diciendo que entonces conocemos no sólo su terrible majestad, sino también su suavísima paternidad. Concluye que debemos imitar a Dios en todo lo posible y ser santos como el Padre, lo que ofende a Judas, que lo ve como soberbia.
Jesús interviene entonces y repite la frase: "Sed perfectos como vuestro Padre es perfecto". A Porfirio le agrada el cumplido que hace a Pedro, y éste le pide una explicación sobre la parábola del sembrador. Cristo explicó entonces que se había dado mucho a los apóstoles, porque tenían que comprender los misterios del Reino de los Cielos. Los Doce se lo dan todo a Dios, así que Dios también se lo da todo a ellos. En cuanto a los demás, el Señor les habló en parábolas, para que oyeran y entendieran la Palabra según su deseo de seguir a Dios. Pues pocos de los que oyen a Dios se adhieren a él: el corazón de Israel está cerrado. En cuanto a los profetas, también ellos volvieron a las tinieblas después de que Dios les hubiera dado su luz para comprender las profecías. Pero Jesús reitera su promesa de que, aunque Pedro sea incapaz de retener su palabra, más tarde el Espíritu eterno le iluminará a él y a sus sucesores, "si viven de Dios como único pan".
Ahora viene la explicación de la parábola. Hay hombres honrados y de buena voluntad, preparados "por su propio trabajo y el de apóstol". Éstos no tienen piedras, zarzas, cizaña ni cizaña: sus campos son fértiles y la palabra de Dios prospera. Luego están los campos espinosos: el descuido "ha permitido que las marañas de los intereses personales penetren y ahoguen la buena semilla. Se han dejado llevar y ya no se vigilan. Todavía hay campos llenos de piedras. Son "los hijos de las leyes", es decir, cultivan todas las leyes humanas. Crean una cáscara para la Ley divina. La raíz ya no se nutre y no puede penetrar profundamente en la tierra. Se entusiasman cuando escuchan la Palabra, pero luego la sustituyen por sus doctrinas humanas. Haría falta heroísmo para quitar estas piedras. Finalmente, los campos vírgenes de todas las semanas son los de los hombres del mundo, que son egoístas. "Su comodidad es su ley, el disfrute es su meta. No se cansan, duermen, ríen, comen... El espíritu del mundo es rey en ellos".
Jesús pregunta si han comprendido, y poco después Juan llega a casa de Pedro llorando. Jesús pregunta inmediatamente dónde está su Madre -pues acompañaba al hijo de Zebedeo- y Juan le asegura que está bien, pero paradójicamente le habla de la detención de Juan el Bautista. Ha sido traicionado por uno de sus discípulos y apresado por Herodes. Fue un trueno para el grupo apostólico, y Juan teme que le ocurra lo mismo al Maestro. De momento, Jesús le tranquiliza, y aunque tiene el control, sufre. Así que se va a rezar, mientras los apóstoles se inflaman de ira y tristeza. Ahora temen todo por el Señor y velan.
Contenido del capítulo: 180.1: Los apóstoles hablan de las persecuciones que se avecinan y del apoyo de Dios. 180.2: El zelote habla de su conversión a Dios. 180.3: Discusión entre el zelote y Judas sobre la noción de un Dios inmanente. 180.4: Jesús felicita a Pedro y a Simón el zelote. 180,5: ¿Por qué hablas en parábolas? 180,6: Explicación de la parábola del sembrador. 180.7: Juan aparece consternado para anunciar la captura del Bautista por uno de sus discípulos. 180.8: Juan teme que le ocurra lo mismo a Jesús. 180.9: Circunstancias del arresto. 180.10: Jesús sale solo. Los apóstoles, temerosos, vigilan.
Edición anterior: Tomo 3, capítulo 40