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Notas del tema

Lugares en El Evangelio como me fue revelado

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ECR 64.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

64.7 Vuelve a la orilla, seguido, precedido, bendecido por muchos que le suplican: «Nosotros no te hemos oído. No podíamos entrar. Háblanos también a nosotros».

Jesús hace un gesto de aceptación y, dado que la multitud le oprime hasta casi ahogarle, monta en la barca de Pedro. No es suficiente. El asedio es sofocante. «Mete la barca en el mar y sepárate bastante».

La visión cesa aquí.

Detalle

Jesús pronunció un sermón en casa de Pedro, dedicado en particular a los niños. El sermón se encuentra en EMV 65 porque la visión está dividida en dos.

ECR 65

El Evangelio como me ha sido revelado

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Jesús predicó en la barca de Pedro, hablando de la cosecha de primavera. Aplica su lección a las almas, diciendo que llega la sequía de Satanás, el viento helado del mundo, las ráfagas de pasión y disgusto. En todo esto se necesita vigilancia y constancia. Señalando una higuera en el jardín de Pedro, explica que el árbol ha hecho todo lo posible por sobrevivir y obedecer la voluntad de Dios, y que nosotros debemos hacer lo mismo, pues somos hijos del Señor.

Cristo nos anima a buscar la Fuerza, la Vida y la Luz, y por tanto a venir a Cristo, y nos conmina a seguir los Mandamientos, especialmente a amar.

Terminado el sermón, Jesús fue al lago a pescar. Pedro dudaba, pero obedeció. Se produjo la pesca milagrosa y Simón de Jonás exclamó que era un pecador. Jesús le dijo que le siguiera. Pedro lo dejó todo con Andrés, Santiago y Juan.

ECR 66

El Evangelio como me ha sido revelado

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Jesús está solo. Judas viene a reunirse con él. El hombre de Keriot quiere seguirle y Jesús se entristece mucho. Conociendo su estado de ánimo, Jesús le revela que su Reino no es de este mundo, que su Reinado no es terrenal. Incluso le dice que Cristo será traicionado, y Judas le asegura que nunca hará tal cosa. Lo dice por su honor, pero el Salvador le señala que no hay nada más frágil. Jesús insiste entonces en que es amable, pobre y pacífico: que no conseguirá nada terrenal siguiéndole. Pero, sean cuales sean sus argumentos, Judas quiere seguirle. Incluso dice que Jesús debe llevárselo si es pecador y va camino de perderse. Jesús acepta y la visión termina ahí.

ECR 67

El Evangelio como me ha sido revelado

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Jesús está solo. Se encuentra con dos hombres que se pelean e intentan apuñalarse. Cristo interviene de nuevo, advirtiéndoles que se detengan; entonces, como no le hacen caso, realiza un milagro y las cuchillas se rompen.

Mientras llegan los soldados de Roma, Jesús dirige un breve sermón a los hombres de Israel, y luego también a los paganos presentes, exhortándoles a amar, y señalando también que no es mediante la violencia como salimos victoriosos, sino mediante la santidad. La ira es un pecado que puede apartarnos de la bendición de Dios, y los hijos del Señor deben ser amables y amarse los unos a los otros.

Cuando terminó de hablar, le preguntaron si era el Mesías, y Jesús no lo negó. Le vuelven a preguntar si hacía milagros, y tampoco lo niega, e incluso hace milagros cuando le traen enfermos. La multitud se alegra y Jesús bendice.

Entonces llegó Judas y preguntó qué había pasado. Le pregunta si se va a quedar en Jerusalén, pero Jesús le dice que va a viajar a Judea, y le promete ir a Keroth. Finalmente, ambos hablan de Juan el Bautista, a quien Herodes ha arrestado. Si Jesús es la Bondad, el Precursor es la Penitencia. La visión termina aquí.

ECR 67.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

67.1 Veo a Jesús que va solo por un camino sombreado; parece un fresco vallecito rico en aguas. Digo “vallecito” porque está ligeramente enclavado entre pequeñas elevaciones del terreno y porque además por su centro discurre un riachuelo.

El lugar está desierto en la hora matutina. Hay, sobre todo, olivos, especialmente en la colina de la izquierda, mientras que la otra, menos provista de vegetación, tiene arbustos bajos de lentisco, acacias espinosas, pitas, etc. etc. Debe acabar de nacer el día, un bonito día sereno de principios de verano, y, si quitamos el canto de los pájaros entre los árboles y el arrullo lamentoso de tórtolas salvajes que hacen sus nidos en las quiebras del monte más árido, no se oye nada más. Incluso el pequeño torrente, de aguas muy escasas, reducidas sólo al centro del lecho, parece no hacer rumor alguno y se desliza reflejando en ellas el verde de los alrededores, por lo que parece de color esmeralda oscuro.

Jesús atraviesa un puentecito primitivo: un tronco semialisado, colocado por encima del torrente, sin protecciones laterales (un puente que no ofrece seguridad), y continúa por la otra orilla.

Ahora se ven muros y puertas y se ve también arremolinarse en las puertas todavía cerradas a mercaderes de hortalizas u otros alimentos, para entrar en la ciudad. Hay un gran rebuznar de asnos, y coces entre ellos; tampoco bromean los propietarios de los mismos. Y hay insultos... y también vuela algún porrazo, no sólo sobre los costados asnales, sino incluso sobre las cabezas humanas.

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Cerca de la Porte des Poissons.

Palabras clave

ECR 68.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

68.1 Veo a Jesús entrando, con Judas a su lado, en el recinto del Templo; pasa la primera terraza, o rellano de la grada si se prefiere; se detiene en un pórtico que rodea un amplio patio solado con mármoles de colores distintos. El lugar es muy bonito y está lleno de gente.

ECR 68.1-3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

68.1 Veo a Jesús entrando, con Judas a su lado, en el recinto del Templo; pasa la primera terraza, o rellano de la grada si se prefiere; se detiene en un pórtico que rodea un amplio patio solado con mármoles de colores distintos. El lugar es muy bonito y está lleno de gente.

Jesús mira a su alrededor y ve un sitio que le gusta. Pero, antes de dirigirse a él, dice a Judas: «Llámame al responsable de este lugar. Debo presentarme para que no se diga que falto a las costumbres y al respeto».

«Maestro, Tú estás por encima de las costumbres. Nadie tiene más derecho que Tú a hablar en la Casa de Dios; Tú, su Mesías».

«Yo eso lo sé, y tú también lo sabes, pero ellos no. No he venido para escandalizar, como tampoco para enseñar a violar la Ley o las costumbres; antes bien, he venido justamente para enseñar respeto, humildad y obediencia; para hacer desaparecer los escándalos. Por ello quiero pedir el permiso para hablar en nombre de Dios, haciéndome reconocer digno de ello por el responsable del lugar».

«La otra vez no lo hiciste».

«La otra vez me abrasaba el celo de la Casa de Dios, profanada por demasiadas cosas. La otra vez Yo era el Hijo del Padre, el Heredero que en nombre del Padre y por amor de su Casa actuaba con la majestad que me es propia y que está por encima de magistrados y sacerdotes. Ahora soy el Maestro de Israel, y le enseño a Israel también esto. Y además, Judas, ¿tú crees que el discípulo es más que su Maestro?».

«No, Jesús».

«¿Y tú quién eres? ¿Y quién soy Yo?».

«Tú, el Maestro; yo, el discípulo».

«Y entonces, si reconoces que son así las cosas, ¿por qué quieres enseñar a tu Maestro? Ve y obedece. Yo obedezco a mi Padre, tú obedece a tu Maestro. Condición primera del Hijo de Dios es ésta: obedecer sin discutir, pensando que el Padre sólo puede dar órdenes santas; condición primera del discípulo es obedecer a su Maestro, pensando que el Maestro sabe y sólo puede dar órdenes justas».

«Es verdad. Perdona. Obedezco».

«Perdono. Ve. Escucha, Judas, esta otra cosa: acuérdate de esto, recuérdalo siempre».

«¿Obedecer? Sí».

«No. Recuerda que Yo fui respetuoso y humilde para con el Templo; para con el Templo, o sea, con las clases poderosas. Ve».

Judas le mira pensativo, interrogativamente... pero no se atreve a preguntar nada más, y se va meditabundo.

68.2 Vuelve con un personaje solemnemente vestido. «Éste es, Maestro, el magistrado».

«La paz sea contigo. Solicito enseñar, entre los rabíes de Israel, a Israel».

«¿Eres rabí?».

«Lo soy».

«¿Quién fue tu maestro?».

«El Espíritu de Dios, que me habla con su sabiduría y me ilumina cada una de las palabras de los Textos Santos».

«¿Eres más que Hil.lel, Tú, que sin maestro afirmas que sabes toda doctrina? ¿Cómo puede uno formarse si no hay uno que le for­me?».

«Como se formó David, pastorcito ignorante que llegó a ser rey poderoso y sabio por voluntad del Señor».

«Tu nombre».

«Jesús de José de Jacob, de la estirpe de David, y de María de Joa­quín, de la estirpe de David, y de Ana de Aarón; María, la Virgen que casó en el Templo, porque era huérfana, el Sumo Sacerdote, según la ley de Israel».

«¿Quién lo prueba?».

«Todavía debe haber aquí levitas que se acuerden de ese hecho, coetáneos de Zacarías de la clase de Abías, pariente mío. Pregúntaselo a ellos, si dudas de mi sinceridad».

«Te creo. ¿Pero quién me prueba que sepas enseñar?».

«Escúchame y podrás juzgar por ti mismo».

«Si quieres puedes enseñar... Pero... ¿no eres nazareno?».

«Nací en Belén de Judá en tiempos del censo ordenado por el César. Proscritos a causa de disposiciones injustas, los hijos de David están por todas partes. Pero la estirpe es de Judá».

«Ya sabes... los fariseos... toda Judea... respecto a Galilea...».

«Lo sé. No temas. En Belén vi la luz por primera vez, en Belén Efratá de donde viene mi estirpe; si ahora vivo en Galilea es sólo para que se cumpla lo que está escrito...».

El magistrado se aleja unos metros acudiendo a una llamada.

68.3 Judas pregunta: «¿Por qué no has dicho que eres el Mesías?».

«Mis palabras lo dirán».

«¿Qué es lo que está escrito y debe cumplirse?».

«La reunión de todo Israel bajo la enseñanza de la palabra del Cristo. Yo soy el Pastor de que hablan los Profetas, y vengo a reunir a las ovejas de todas las regiones, a curar a las enfermas, a conducir al pasto bueno a las errantes. Para mí no hay Judea o Galilea, Decápolis o Idumea. Sólo hay una cosa: el Amor que mira con un único ojo y une en un único abrazo para salvar...».

Se le ve inspirado a Jesús. ¡Tanto sonríe a su sueño, que parece emanar destellos! Judas le observa admirado.

ECR 68.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Maestro, este hombre está casi ciego y quiere ver. Le he dicho que Tú puedes curarle».

«Puedo para quien tiene fe. Hombre, ¿tienes fe?».

«Yo creo en el Dios de Israel. Vengo aquí para meterme en Betesda, pero siempre hay uno que me precede».

«¿Puedes creer en mí?».

«Si creo en el ángel de la piscina, ¿no voy a creer en ti, de quien tu discípulo dice que eres el Mesías?».