ECR 32.7
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
Es Orden Dios en cada una de sus Personas.
Notas de la palabra clave
Comodidad de lectura
ECR 32.7
Es Orden Dios en cada una de sus Personas.
ECR 36.9
En aquella casa se respetaba el orden: sobrenatural, moral y material. Dios, como Señor supremo que es, recibe culto y amor: éste es el orden sobrenatural. José es el cabeza de familia, y recibe afecto, respeto y obediencia: orden moral. La casa es un don de Dios, como también el vestido y los enseres; en todas las cosas se manifiesta la Providencia de Dios, de ese Dios que proporciona la lana a las ovejas, plumas a los pájaros, hierba a los prados, heno a los animales, semillas y ramas a las aves; de ese Dios que teje el vestido del lirio de los valles. Casa, vestido, enseres: estas cosas hay que recibirlas con gratitud, bendiciendo la mano divina que las otorga, tratándolas con respeto, como don del Señor; no mirándolas, porque sean pobres, con enfado; y sin maltratarlas abusando de la Providencia: éste es el orden material.
María acaba de tener una visión de la Sagrada Familia en Egipto.
ECR 87.2
ECR 139
El grupo apostólico atraviesa los montes de Emaús. Avanzan a buen ritmo hacia Galilea. Judas, de buen humor, pregunta si pueden volver más tarde a Keriot, y Juan pregunta si puede llevar a Santiago de Zebedeo y a Andrés a Belén. El Iscariote pide entonces consejo a Jesús sobre su alma, y Jesús lo hace con caridad, diciendo que su mente está desordenada y que todo se desmorona a la menor señal de viento. Le aconseja que actúe con orden y que se quede con los buenos para combatir la tentación. Pedro llegó mientras tanto y quiso saber de qué hablaban. Jesús habla de orden y santidad evocando la imagen del lado derecho de un mapa. Pedro elogió a Andrés, pero Jesús le aseguró que los Doce trabajaban para ser buenos y mejores.
ECR 139.2
Traducción en curso
ECR 139.4
ECR 139.4-5
Traducción en curso
ECR 139.4
ECR 176.5 · Volumen 3
Mis siervos verdaderos, con sus inmolaciones, no crean fantasmas, sino que los cancelan de los corazones; ellos, mis verdaderos siervos, no se imponen a los hombres, sino que muestran a Dios a los corazones de los hombres; lo único que hacen es cumplir la voluntad del Padre y llevan a otros a cumplirla (de la misma forma que una ola impulsa a la que la precede y atrae a la que la sigue), sin colocarse sobre un trono para decir: ‘Mirad’. Ellos, mis siervos verdaderos, hacen lo que Yo digo, sin pensar sino en hacerlo, y sus obras llevan ese signo mío de paz inconfundible, de mansedumbre, de orden.