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Notas de la palabra clave

Localización - Casa de Kouza y Jeanne de Kouza

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ECR 107

El Evangelio como me ha sido revelado

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Jesús llega a casa de Juana de Kouza. Ella y su marido vinieron a darle la bienvenida, y el Señor pidió que se permitiera venir también a su Madre, con su cuñada, Marie d'Alphée. El mayordomo y su esposa aceptan.

La visión se duplica y María ve la partida de la Virgen y de María de Cleofás. Jonathas había venido a traerles un carro para facilitarles el viaje. Entregan la llave a Alfeo, hijo de Sara, que se felicita por la incredulidad de los nazarenos, subrayando el respeto que le muestra el criado del Tetrarca (Kuzah está de hecho a su servicio).

Finalmente, llegan las dos Marías y la Madre de Cristo intercambia unas palabras con Juana. Sufre al ver que el mundo no ama a su Hijo...

ECR 167

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús llega a casa de Juana de Kouza. Ella vino corriendo cuando oyó que el Maestro estaba allí. Allí estaban sus amigas romanas: Lidia, Valeria y Plautina. Plautina parece ser la más respetada; Valeria es aquella a cuyo hijo salvó Jesús en Cesarea. En cualquier caso, todas quieren escucharle para formarse su propia opinión sobre este filósofo. Juana teme que Jesús no se lleve bien con sus invitados, pero Cristo la tranquiliza, y cuando se reúnen de nuevo con las mujeres romanas, deja el tema de las flores -que a estas tres mujeres les gustaba mucho- y empieza a hablar de la inmortalidad y de la vida eterna del alma.

Después de que Jesús se ocupa personalmente de la pequeña Fausta, la conversación continúa sobre los filósofos que viven actualmente en Roma, que no siguen sus enseñanzas. Jesús declara que no son paganos, sino ateos, porque ya ni siquiera tienen dioses en su corazón. Sin embargo, otros filósofos paganos tenían una gran elevación de la vida, y siempre buscaban el Bien a toda costa.

Cuando las damas romanas preguntan a Jesús si es Dios, Cristo responde que es el Hijo del Dios verdadero, y el Salvador critica largamente el Olimpo, creado por la imaginación del hombre. También menciona el altar dedicado al dios desconocido, que los sabios y los verdaderos filósofos habían intuido. A continuación, Jesús habla de la Creación, y más concretamente del alma, y anima a Lidia, Valeria y Plautina a formular sus preguntas. Ellas lo hacen -el tema queda bastante centrado en el tema de la inmortalidad, el alma y la divinidad del Maestro- y luego, cuando temen represalias de sus dioses, Jesús las tranquiliza y afirma que no existen.

Finalmente, se marcha y Jeanne le acompaña a casa. Le cuenta que Kouza quiere que vuelva a Jerusalén, y el Mesías la anima a obedecer, pues así le será más fácil seguirle.