ECR 154.4
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El Evangelio como me ha sido revelado
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ECR 168.7 · Volumen 3
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
En Agua Especiosa vivía como un animal. Vivía pobre pero feliz. Ni el rocío ni el río me limpiaron como sus palabras. ¡Oh, ni una sola perdí! Una vez perdonó a un asesino. Oí sus palabras y estuve por decirle: “¡Perdóname también a mí!”. Otra vez habló de la inocencia perdida. ¡Oh, qué llanto de nostalgia! Otra vez curó a un leproso... y estuve por gritar: “¡Límpiame a mí de mi pecado...!”. Otra vez curó a un demente romano... y lloré... y mandó que me dijeran que las patrias pasan pero el Cielo permanece. Una noche de tormenta me ofreció la casa... y se preocupó de que el encargado me diera posada... y, a través de un niño, me dijo: “No llores”... ¡Oh, qué bondad la suya!, ¡qué miseria la mía!: tan grandes ambas, que no me atreví a portar mi miseria a sus pies, a pesar de que uno de los suyos, de noche, me instruyera acerca de la infinita misericordia de tu Hijo. Luego, mi Salvador se fue, insidiado por quienes veían pecado en el deseo de un alma renacida... Le esperé... Pero le esperaba también la venganza de aquellos que son aun mucho más indignos que yo de mirarle, porque yo he pecado como pagana contra mí misma, pero ellos pecan, conociendo ya a Dios, contra el Hijo de Dios... Y me maltrataron. Pero me hirieron más sus acusaciones que las piedras; hirieron más ellos mi alma que mi carne, hundiéndola en la desesperación.
¡Oh, qué tremenda lucha conmigo misma! Andrajosa, sangrante, herida, febril, ya sin Médico, sin techo ni pan, miré hacia atrás, miré al futuro... El pasado me decía: “Vuelve”; el presente: “Mátate”; el futuro: “Ten esperanza”. He tenido esperanza. No me he quitado la vida.