ECR 34.11
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
En el Paraíso, "se habla una sola lengua: la de Dios".
Notas del tema
Comodidad de lectura
ECR 34.11
En el Paraíso, "se habla una sola lengua: la de Dios".
ECR 34.12
Habituadas sus almas a la meditación, tenían una conciencia sensibilísima, afinada por una atención constante, por una aguda introspección, que había hecho de su interior un espejo en que se reflejaban las más ligeras sombras de los hechos cotidianos. Habían hecho de su conciencia una maestra, una voz que los advertía y les gritaba ante la más pequeña, no digo falta, sino mirada a la falta, a lo que es humano, a la complacencia de lo que es yo. Y por eso, cuando se ponen frente a esta maestra, frente a este espejo severo y nítido, saben que no les mentirá.
ECR 34.12
“¡Oh, qué dulce el sentir que en nosotros no hay nada que sea contrario a Dios; sentir que Él mira con complacencia al corazón del hijo fiel y lo bendice! Este sentir produce aumento de fe y confianza, y esperanza y fortaleza y paciencia. Es momento de tempestad, mas ésta pasará, porque Dios me ama y sabe que le amo, y me seguirá ayudando”: esto dicen quienes poseen esa paz que procede de una conciencia recta, reina de todas sus acciones.
ECR 34.15
Las virtudes engendran siempre otras virtudes. De las virtudes orientadas a Dios proceden las virtudes orientadas al prójimo.
ECR 35.5
Basta con salvar a Jesús; si es así, todo nos queda.
José dijo esta frase en el contexto de la huida a Egipto, pero también podría interpretarse así: "Lo único que tenemos que hacer es vivir con Jesús en el corazón y entonces todo quedará en nuestras manos".
ECR 35.5
Tengo a mi Dios. Ya ves que no pierdo nada de lo que más amo.
ECR 35.5
Aunque no volviéramos a ver este cielo, estos campos, o los aún más amados campos de Galilea, siempre tendremos todo, porque le tendremos a Él.
José habla de Jesús y dice:
ECR 35.7
El Decálogo es la Ley; mi Evangelio, la doctrina que os la hace más clara y más atractiva de seguirse. Serían suficientes esta Ley y esta Doctrina para obtener, de los hombres, santos.
ECR 35.9
Para ser grandes en mi Reino hay que hacerse “pequeños”. Quien quiera ser “grande” a los ojos del mundo no es apto para reinar en mi Reino; paja es para el lecho de los demonios. Porque la grandeza del mundo está en antítesis con la Ley de Dios.
El mundo llama “grandes” a quienes — con medios casi siempre ilícitos — saben conseguir los mejores puestos y, para hacerlo, hacen del prójimo escabel, y ponen su pie encima y le aplastan; llama “grandes” a los que saben matar para reinar — matar moral o materialmente — y arrebatan puestos o se enseñorean de las naciones y se enriquecen desangrando a los demás, arrebatándoles la riqueza individual o colectiva. El mundo llama frecuentemente “grandes” a los delincuentes. No. La “grandeza” no está en la delincuencia, está en la bondad, la honradez, el amor, la justicia. ¡Observad qué venenosos frutos — recogidos en su malvado, demoníaco jardín interior — vuestros “grandes” os ofrecen!
Mateo 20, 25-28 : Jesús los reunió y les dijo: "Como sabéis, los jefes de las naciones las dominan y los grandes hacen sentir su poder. Pero entre vosotros no será así: el que quiera hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor; y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo. Así que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos.
Marcos 10, 41-45: Jesús los reunió y les dijo: "Como sabéis, los que son tenidos por jefes de las naciones las dominan; los grandes les hacen sentir su poder. Pero entre vosotros no debe ser así. El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos".
Lucas 22, 25-27: Pero Jesús les dijo: "Los reyes de las naciones las gobiernan, y los que tienen autoridad sobre ellas se llaman bienhechores. Pero a vosotros no. Al contrario, que el mayor entre vosotros se haga como el más joven, y el que tiene autoridad como el que sirve. Porque, ¿quién es más grande, el que se sienta a la mesa o el que sirve? ¿No lo es el que está a la mesa? Pero yo estoy entre vosotros como el que sirve.
ECR 35.9
La “grandeza” no está en la delincuencia, está en la bondad, la honradez, el amor, la justicia.