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Notas de la palabra clave

Dios Padre

Tema: Vida cristiana · Página 8 de 8

Comodidad de lectura

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ECR 207.11 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Interviene Judas Iscariote, que, aún bajo la impresión del día anterior, a pesar de que esté tratando de recuperar la libertad que tenía antes, habla poco: «Yo quisiera entender el por qué de esta necesidad de la Encarnación. De acuerdo que el único que con su palabra puede vencer a Satanás es Dios, de acuerdo que Dios es el único que puede tener capacidad de redimir, no lo pongo en duda; pero, en fin, me parece que el Verbo habría podido humillarse menos de lo que lo ha hecho naciendo como todos los hombres, sujetándose a las miserias de la infancia, etc. ¿No habría podido aparecer con forma humana ya adulta, o, si es que quería tener una madre, elegírsela adoptiva, como hizo para el padre? Creo que una vez se lo pregunté, pero no me respondió ampliamente, o al menos no lo recuerdo».

«¡Pregúntaselo, dado que estamos en el tema...!» dice Tomás.

«Yo no. Ya le he hecho disgustarse y todavía no me siento perdonado. Preguntadlo vosotros por mí».

«¡Pero hombre, nosotros aceptamos todo sin pedir tantas dilucidaciones, y tenemos que ser nosotros quienes hagan preguntas? ¡No es justo!» replica Santiago de Zebedeo.

«¿Qué es lo que no es justo?» pregunta Jesús.

Hay un momento de silencio; luego Simón Zelote, haciéndose interprete de todos, repite las preguntas de Judas de Keriot y las respuestas de los otros.

«No soy rencoroso; esto lo primero. Hago las observaciones que debo hacer, sufro y perdono. Lo digo para quien todavía tiene miedo, fruto de su turbación. Por lo que se refiere a mi real Encarnación, digo: es justo que haya sido en este modo. Vendrán días en que muchos, muchos, caerán en errores acerca de mi Encarnación, atribuyéndome precisamente esas formas erradas que Judas querría que Yo hubiera asumido: Hombre compacto en cuanto al cuerpo, pero, en realidad, volátil como un juego de luces, siendo, por tanto, y no siendo al mismo tiempo, carne. Y la maternidad de María sería tal, y al mismo tiempo no lo sería. Yo soy verdaderamente carne, María es verdaderamente la Madre del Verbo encarnado. Si la hora del nacimiento fue sólo un éxtasis, se debió al hecho de ser la nueva Eva, sin peso de culpa ni herencia de castigo. Descansar en Ella no fue una humillación para mí. ¿Rebajaba acaso al maná el tenerle dentro del Tabernáculo? Al contrario: que estar en esa morada era un honor. Otros dirán que Yo, no siendo carne real, no padecí ni morí durante mi paso por la tierra. Sí, no pudiendo negar que estuve en la tierra, se negará mi Encarnación real o mi Divinidad verdadera. La realidad es que Yo soy Uno con el Padre eternamente, y estoy unido a Dios como Carne, pues en verdad le era posible al Amor en su Perfección alcanzar lo inalcanzable revistiéndose de Carne para salvar a la carne. A todos estos errores responde mi entera vida, que da sangre desde el nacimiento hasta la muerte, y que se ha sujetado a todo lo humano, excepto al pecado. Sí, he nacido de Ella, por vuestro bien. ¡No sabéis cuánto se mitiga la Justicia desde que tiene a la Mujer como su colaboradora! ¿Estás satisfecho, Judas?».

«Sí, Maestro».

«Haz tú también lo propio conmigo».

Judas Iscariote agacha la cabeza, confundido, y... quizás realmente tocado por tanta bondad.

Todavía permanecen a la sombra fresca del manzano. Unos dormitan, otros duermen verdaderamente. María se levanta y vuelve a la gruta. Jesús la sigue...

ECR 207.11 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La realidad es que Yo soy Uno con el Padre eternamente, y estoy unido a Dios como Carne, pues en verdad le era posible al Amor en su Perfección alcanzar lo inalcanzable revistiéndose de Carne para salvar a la carne. A todos estos errores responde mi entera vida, que da sangre desde el nacimiento hasta la muerte, y que se ha sujetado a todo lo humano, excepto al pecado. Sí, he nacido de Ella, por vuestro bien. ¡No sabéis cuánto se mitiga la Justicia desde que tiene a la Mujer como su colaboradora!

Detalle

Algunos afirmarán que Jesús no tuvo carne real y no conoció ni el sufrimiento ni la muerte. Negarán su Encarnación y su divinidad. Jesús dijo entonces:

ECR 208.2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«En el Cielo no hay huérfanos. Allí tenemos a Dios, y Dios es todo. Aquí tampoco somos huérfanos, porque el Padre está siempre con nosotros».

«Pero Jesús, en esa bonita oración que tú durante el día y mi madre durante la noche me habéis enseñado, dice: “Padre nuestro que estás en los Cielos”. Nosotros no estamos en el Cielo todavía. ¿Cómo podemos estar con Él?».

«Porque Dios está en todas partes, hijo mío. Dios vela por el niño que nace y por el anciano que muere. Sobre cualquier niño que esté naciendo en este momento en el lugar más remoto de la tierra están la mirada y el amor de Dios, y estarán hasta su muerte».

Anotación

En esa hermosa oración que me enseñasteis tú y mi madre, ella de noche y tú de día: cf. EMV 206.

ECR 216.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Una llanura martilleada por el Sol, que encandece los cereales maduros y extrae de ellos un olor que ya recuerda al pan. Huele a sol, a ropa lavada, a mieses en sazón... a verano.

Sí, cada estación — podría decir incluso cada mes y cada hora del día — tiene su olor, como también lo tiene cada lugar, para una persona de sentidos bien afinados y agudo espíritu de observación. El olor de un día invernal con viento cortante es muy distinto del olor suave de un día neblinoso de invierno, o del olor que la nieve esparce. Qué distinto de éstos es el olor de la primavera que llega, que anuncia su presencia antes de llegar, como un perfume que no es perfume, muy distinto del olor del invierno. Una buena mañana nos levantamos y... el aire tiene un olor distinto: es el primer suspiro de la primavera. Y así se va adelante: olores de los pomares en flor, luego olores de los jardines, de las mieses, hasta llegar a ese olor caliente de vendimia, pasando, como un intermedio, por el olor de la tierra después de una tormenta...

¿Y las horas? Sería necedad decir que el olor de la aurora es como el del mediodía, y éste como el de la tarde o el de la noche. El primero, fresco y virginal. El segundo, riente y lleno de vitalidad. El otro, cansado y saturado de todo lo que exhaló durante el día: sus olores. El último, el nocturno, es moderado, recogido, como si la tierra fuera una enorme cuna abierta para recibir el sueño de sus pequeñuelos.

¿Y los lugares? ¡Oh, el olor del litoral, tan distinto desde el alba a la tarde, del mediodía a la noche, de la tempestad a la calma, de las zonas de arrecife a las de playa baja! ¿Y el olor de las algas cuando quedan al aire después de las mareas, y parece como si el mar hubiera abierto sus entrañas para hacernos aspirar el olor acre de su fondo?: ¡qué distinto del de las llanuras de tierra adentro!, como éste lo es del de los lugares de colinas, y éste último del olor de los altos montes.

Grande es la infinitud del Creador, que ha imprimido una señal de luz o color o perfume o sonido o forma o altura en cada una de las infinitas cosas que ha creado. ¡Oh, belleza infinita del Universo — que no te veo sino... así, a través de las visiones y el recuerdo de lo que vi, amando a Dios y elevando a Él mi oración a través de tus obras y de la alegría que me producía el verlas —, cuán grande eres, potente, inagotable, exenta de monotonía! No, no eres monótono, ni inspiras monotonía, Universo de mi Señor; antes al contrario, el hombre al mirarte se renueva, se hace más bueno, más puro, se eleva, olvida... ¡Oh, deseo de mirarte continuamente y de olvidar lo bajo de los hombres, y amarlos en su alma y por su alma, para llevarlos a Dios!...

Así, siguiendo a Jesús, que va con sus apóstoles por esta llanura llena de mieses, me pongo de nuevo a divagar y me dejo apresar por la alegría de hablar de mi Dios en sus espléndidas obras; pues amor es, porque la criatura alaba en las criaturas aquello que en ellas ama, o, simplemente, alaba a las criaturas que ama. Lo mismo se da de la criatura al Creador: quien le ama le alaba, y cuanto más le ama más le alaba, por Él y por sus obras. Mas ahora impongo silencio a mi corazón para seguir a Jesús no como adoradora sino como fiel cronista.

Detalle

María Valtorta alaba al Creador en la Creación.