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Notas del tema

Características del cristiano

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ECR 180.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

A vosotros se os tiene que dar mucho más, porque vosotros, mis apóstoles, debéis conocer el misterio; por tanto, se os concede entender los misterios del Reino de los Cielos. Por esto os digo: “Preguntad, si no comprendéis el espíritu de la parábola”. Vosotros dais todo, y todo se os debe dar, para que a vuestra vez podáis dar todo. Vosotros dais todo a Dios: afectos, tiempo, intereses, libertad, vida. Y Dios os da todo, para compensaros y haceros capaces de dar todo en nombre de Dios a quienes vienen después de vosotros. De este modo, a quien ha dado le será dado, y con abundancia; pero, a quien sólo ha dado parcialmente o no ha dado en absoluto, le será incluso quitado lo que tenga.

Anotación

Evangelio de Mateo 13, 10-12

Mt 13, 10-12 : Los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: "¿Por qué les hablas en parábolas? Él les respondió: "A vosotros se os ha dado conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Al que tiene, se le dará, y tendrá en abundancia; al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará."

Evangelio de Mateo 25, 29

Mt 25, 29 : Al que tiene, se le dará más y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.

Evangelio de Marcos 4, 25

Mc 4, 25 : Porque al que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.

Evangelio de Lucas 8, 18

Lc 8, 18 : "Cuidado, pues, con lo que escucháis; porque al que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que cree tener se le quitará".

Evangelio de Lucas 19, 26

Lc 19, 26: "Os digo que al que tiene, se le dará; pero al que no tiene, hasta lo que tiene se le quitará".

ECR 180.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis y no lo vieron y oír lo que vosotros oís pero no lo oyeron. Se consumieron en el deseo de comprender el misterio de las palabras, pero, apagada la luz de la profecía, las palabras permanecieron como carbones apagados, incluso para el santo que las había recibido.

Sólo Dios se devela a sí mismo. Cuando su luz se retira, terminada su intención de iluminar el misterio, la incapacidad de comprender envuelve — como las vendas de una momia — la regia verdad de la palabra recibida. Por esto te he dicho esta mañana: “Un día volverás a encontrar todo lo que te he dado”. Ahora no puedes retenerlo. Pero tiempo llegará en que recibirás la luz, no sólo por un instante sino en un inseparable desposorio del Espíritu eterno con el tuyo, por lo que será infalible tu magisterio respecto a las cosas del Reino de Dios. Y, como en ti, en tus sucesores, si viven de Dios como su único pan.

Detalle

Sobre la infalibilidad papal y el dictado de Jesús, véase la anotación siguiente.

Anotación

Muchos profetas y justos han querido ver lo que vosotros veis y no lo han visto, oír lo que vosotros oís y no lo han oído. En la continuidad del texto relatado por Mateo.

Mt 13, 16-17 : Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen. En verdad os digo que muchos profetas y justos han deseado ver lo que vosotros veis y no lo han visto, oír lo que vosotros oís y no lo han oído.

Lucas lo da en otro contexto (Lc 10, 24).

Lc 10, 23-24 : Luego se volvió a sus discípulos y les dijo en particular: "¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis y no lo vieron, y oír lo que vosotros oís y no lo oyeron.

Por eso os he dicho esta mañana: Éste es el típico detalle que parece insignificante, pero que es muy útil para establecer la cronología.

Más tarde, la luz vendrá sobre ti, no por un instante, sino por una unión indisoluble del Espíritu eterno con tu alma, que hará infalible tu enseñanza en lo que concierne al Reino de Dios. A tus sucesores les sucederá lo mismo que a ti, si viven de Dios como único pan.

Nota de maria-valtorta.org :

Esta condición impuesta a la infalibilidad papal debió suscitar una objeción por parte del padre Migliorini. Maria Valtorta señala:

"Habiendo sometido a Jesús P. M(igliorini) la objeción a la infalibilidad papal, contraria a la sentencia en p. ... archivo ... línea ... de ..., Jesús responde: "Respondo a su pregunta de la siguiente manera:

Es verdad que la infalibilidad del Papa en materia espiritual es una verdad definitiva. Existe en cada uno de mis vicarios, independientemente de su forma de vida y de su grado de virtud. Pero es igualmente cierto que no encontraréis un dogma definido y proclamado por papas que estén - notoriamente o no - privados de mi gracia. El alma que no está en estado de gracia no puede estar en la amistad del Espíritu Santo.

Quien piense que tal cosa es posible, ¡piensa realmente como un hereje!

Dios es justo: como trata a los pobres, trata a los ricos. como trata a los laicos, trata al Soberano Pontífice. Por desgracia, hay zonas oscuras en la historia de mi Iglesia. Querer cerrar los ojos y no ver estas zonas oscuras es vivir a oscuras sobre toda la Iglesia, incluso sobre los muchísimos tiempos angélicamente luminosos, divinamente luminosos, gloriosos de mi Iglesia.

Porque también nosotros debemos ser sinceros en estas cosas, como yo lo fui con mis apóstoles, mis discípulos y los que me seguían. Muchas multitudes, no todas santas, no todas tibias, no todas malvadas. Reconocí el mérito o demérito de cada uno, di a cada uno lo que merecía, sin tener en cuenta razones emocionales particulares. La verdad es la verdad, en todas las cosas.

Esto también es cierto en el estudio de la historia. Y en el estudio de la historia de mi Iglesia. La historia, para ser historia y no fábula, debe ser imparcial. Las edades oscuras, además, son las predichas en las alusiones proféticas al ídolo-pastor y a este Sebna, prefecto del Templo (este personaje fue retomado solemnemente en el mensaje a Pío XII del 23 de diciembre de 1948). Que escuece y quema, lo admito. Pero no se puede decir 'Anatema' a una verdad.

Apóyate en esta certeza: los dogmas son verdaderos y la infalibilidad existe porque yo no concedo dogmas a quien no los merece. Esto es lo que se incluía en la frase que dio lugar a la objeción.

Estáis satisfechos. Váyase en paz. Os he dado esta aclaración inmediatamente porque soy el autor de estas palabras y, por tanto, las conozco y las recuerdo, aunque el dictado no esté presente."

30-6-45, 8 de la mañana".

Encontramos la misma idea en las palabras de Jesús al apóstol Santiago, hijo de Alfeo, en EMV 258.6: "Dios dará su luz según el grado que hayas alcanzado. Dios no dejará que te falte la luz, a menos que venga el pecado y apague en ti la gracia".

Esta doctrina de la infalibilidad, querida por Cristo, fue reafirmada 20 años más tarde en la Constitución apostólica sobre la Iglesia, Lumen gentium, § 25: "Esta infalibilidad, de la que el divino Redentor quiso dotar a su Iglesia en la definición de la doctrina relativa a la fe o a las costumbres, se extiende hasta el contenido de la Revelación divina, que debe ser custodiada con veneración y fielmente expuesta. El Romano Pontífice, Cabeza del Colegio de los Obispos, posee esta infalibilidad en virtud de su oficio...".

Nota de la segunda edición:

Si viven de Dios como único pan: esta condición puesta a la infalibilidad papal debió suscitar una objeción por parte del padre Migliorini, a quien María Valtorta transmitió esta respuesta de Jesús (fechada el 30 de junio de 1945). Citamos los pasajes principales: [...] Jesús me respondió: "Es verdad que la infalibilidad del Papa en materia espiritual es una verdad definitiva. Existe en cada uno de mis vicarios, independientemente de su forma de vida y de su grado de virtud. Pero es igualmente cierto que no encontraréis un dogma definido y proclamado por papas que estén - notoriamente o no - privados de mi gracia. El alma que no está en estado de gracia no puede estar en la amistad del Espíritu Santo. [...] Confiad, pues, en esta certeza: los dogmas son verdaderos y la infalibilidad existe porque yo no concedo dogmas a quienes no los merecen. Esto es lo que se incluía en la frase que dio lugar a la objeción [...]. " La misma idea se encuentra en las palabras de Jesús al apóstol Santiago, hijo de Alfeo, en 258,6: "Dios dará su luz según el grado que hayas alcanzado. Dios no dejará que te falte la luz, a menos que el pecado apague en ti la gracia. "

ECR 180.6 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Escuchad ahora el espíritu de la parábola.

Tenemos cuatro tipos de campos: los fértiles, los espinosos, los pedregosos y los que están llenos de senderos. Tenemos también cuatro tipos de espíritus.

Por una parte, están los espíritus honestos, los espíritus de buena voluntad, preparados por esta misma buena voluntad y por la obra buena de un apóstol, de un “verdadero” apóstol. Porque hay apóstoles que tienen el nombre pero no el espíritu de apóstoles: su efecto sobre las voluntades que se están formando es más mortífero que los propios pájaros, espinos y piedras; con sus intransigencias, prisas, reprensiones y amenazas, trastocan todo, de tal forma, que alejan para siempre de Dios. Hay otros que, al contrario, por regar continuamente benevolencia desfasada, ajan la semilla en un terreno demasiado blando. Enervan, con su enervamiento, las almas que están bajo su custodia. Mas refirámonos a los verdaderos apóstoles, es decir, a los espejos límpidos de Dios: son paternos, misericordiosos, pacientes, y, al mismo tiempo, fuertes como su Señor. Pues bien, los espíritus preparados por éstos y por la propia voluntad se pueden comparar a los campos fértiles, exentos de piedras y zarzas, limpios de malas hierbas y cizaña; en ellos prospera la palabra de Dios; cada palabra — una semilla — produce una macolla y luego espigas maduras, y da en unos casos el cien, en otros el sesenta, en otros el treinta por ciento. ¿Entre los que me siguen hay de éstos? Sin duda. Y serán santos. Los hay de todas las castas, de todos los países, incluso gentiles hay (que darán también el cien por ciento por su buena voluntad; por ella únicamente, o también, además de por ella, por la de un apóstol o discípulo que me los prepara).

Detalle

Jesús explica la parábola del sembrador.

ECR 181.5-7 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Esto en el sentido universal. Pero, para vosotros, hay otro sentido más, que responde a las preguntas que en distintas ocasiones, especialmente desde ayer noche, os estáis haciendo. Vosotros os preguntáis: “¿Pero, entonces, entre la masa de los discípulos puede haber traidores?”, y se estremece vuestro interior de horror y turbación. Pues bien, puede haberlos; es más, los hay.

El Sembrador esparce la buena semilla. En este caso, más que “esparcir” se podría decir: “coge”, porque el maestro, sea Yo o sea Juan el Bautista, había elegido a sus discípulos. ¿Cómo es que, entonces, se han pervertido? No, no, digo mal llamando “semilla” a los discípulos; podríais entenderlo mal; diré “campo”. Cada discípulo es un campo, elegido por el maestro para constituir el área del Reino de Dios, los bienes de Dios. A ellos dedica el maestro su esfuerzo para cultivarlos y que den todo el fruto. Todos los cuidados, todos; con paciencia, amor, sabiduría, esfuerzo, constancia; ve también sus tendencias malas, sus sequedades y avideces, obcecaciones y debilidades. Y espera, siempre espera, corroborando su esperanza con la oración y la penitencia, porque quiere llevarlos a la perfección.

Pero las parcelas de terreno están abiertas; no son un jardín cerrado, amurallado, cuyo patrono sea sólo el maestro y en las cuales pueda entrar sólo él. Están abiertas. Puestas en el centro del mundo, en medio del mundo; todos se pueden acercar y entrar en ellas. Todos y todo. ¡No es la cizaña la única mala semilla sembrada! La cizaña podría ser símbolo de la ligereza amarga del espíritu del mundo. No, en estos campos nacen, arrojadas por el Enemigo, todas las otras semillas: ortigas, esteba, cuscuta, convólvulos, cicuta y otras plantas venenosas. ¿Por qué? ¿Qué son?

Las ortigas son los espíritus punzantes, indomables, que hieren por exceso de veneno y causan mucho malestar. La esteba son los parásitos, que agotan al maestro sin saber hacer cosa alguna que no sea arrastrarse y chupar, gozando del trabajo de éste y perjudicando a los que ponen su mejor voluntad, que verdaderamente sacarían mayor provecho si el maestro no se viera turbado y distraído por las atenciones que exige la esteba. Los convólvulos ociosos que no se levantan del suelo si no es aprovechándose de los demás. Las cuscutas son tormento en el camino ya de por sí penoso del maestro, tormento también para los discípulos fieles que le siguen; son como garfios, se hincan, desgarran, arañan, introducen desconfianza y sufrimiento. Las plantas venenosas representan a los delincuentes entre los demás discípulos, aquellos que incluso traicionan o matan, como la cicuta y otras plantas tóxicas. ¿Habéis visto alguna vez qué bonitas son, con sus florecillas que se transforman en bolitas blancas, rojas, o de color cerúleo-violeta? ¿Quién puede pensar que esa corola estelar, cándida o apenas rosada, con su corazoncito de oro... quién puede pensar que esos corales multicolores, tan semejantes a otros tantos pequeños frutos — delicia de pájaros y niños —, pueden, una vez maduros, ocasionar la muerte? Nadie. Y los inocentes caen en la trampa: creen que todos son buenos como ellos, los cogen... y mueren.

¡Creen que todos son buenos como ellos! ¡Oh, qué verdad que sublima al maestro[1] y condena a quien le traiciona! ¿Cómo? ¿La bondad no desarma?, ¿no hace inocua a la mala voluntad? No, no la hace inocua porque el hombre que ha caído en manos del Enemigo es insensible a todo lo superior, y cualquier cosa superior, para él, cambia de aspecto: la bondad será entonces debilidad que puede ser lícitamente pisoteada, y agudiza su mala voluntad, como el olor de la sangre agudiza en una fiera el deseo de degollar. También el maestro es siempre inocente... y deja que el traidor le envenene, porque no quiere, y no puede dejar pensar a los otros que un hombre pueda llegar a matar a un inocente.

181.6

En los campos del maestro (los discípulos) penetran los enemigos, que son muchos (el primero, Satanás; los otros, sus siervos, o sea, los hombres, las pasiones, el mundo y la carne). El discípulo más vulnerable frente a aquéllos es el que no está enteramente con su maestro, sino a caballo entre el maestro y el mundo. No sabe, no quiere separarse enteramente de lo que constituye mundo, carne, pasiones y demonio, para ser enteramente de aquel que a Dios le lleva. Sobre éste esparcen sus semillas el mundo y la carne, las pasiones y el demonio. Oro, poder, mujer, orgullo, miedo a un juicio negativo del mundo, espíritu de utilitarismo: “Los grandes son los más fuertes. Los sirvo para tener su amistad”... ¡Y uno se hace un delincuente, se condena, por estas míseras cosas!...

¿Por qué el maestro, viendo la imperfección de su discípulo — si bien no quiere rendirse ante el pensamiento de que será su asesino —, no le cercena inmediatamente de sus filas? Ésta es la pregunta que os hacéis.

La respuesta es: “Porque hacerlo sería inútil”. Haciéndolo no lo suprimiría como enemigo; antes al contrario, su enemistad se duplicaría y se haría más diligente, por la rabia de haber sido descubierto o el dolor de haber sido expulsado. Dolor, sí, porque a veces el discípulo malo no se da cuenta de que lo es; tan sutil es la obra demoniaca que no la advierte (viene a ser poseído por el demonio sin sospechar que está siendo sometido a esta operación). Rabia, sí, rabia por haber sido conocido en lo que es; esto sucede cuando no es inconsciente de la operación de Satanás y sus adeptos (los hombres que tientan al débil en sus debilidades para quitar del mundo al santo que ofende sus maldades con el contraste de su bondad).

Y entonces el santo ora y se abandona en Dios: “hágase lo que permites que se haga”, dice, añadiendo sólo la cláusula: “si sirve para tu finalidad”. El santo sabe que ha de llegar la hora en que serán separadas de sus espigas las malas plantas de cizaña. ¿Y quién lo hará? Dios mismo, que no permite más de cuanto es útil para la victoria de su voluntad de amor».

181.7

«Pero si admites que siempre son Satanás y sus adeptos... me parece que disminuye la responsabilidad del discípulo» dice Mateo.

«No lo creas. Si el Mal existe, también existe el Bien, y en el hombre existe el discernimiento y con éste la libertad».

«Dices que Dios no permite más de cuanto es útil al triunfo de su voluntad de amor. Por tanto, este error incluso es útil, si lo permite, y sirve para que triunfe la voluntad divina» dice Judas Iscariote.

«Con lo cual arguyes, como Mateo, que ello justifica el delito del discípulo. Dios había creado al león exento de saña y a la serpiente sin veneno; ahora el primero es feroz y la segunda venenosa. Pero Dios, por este motivo, los ha separado del hombre. Medita en esto y aplica apropiadamente.»

Detalle

Jesús acaba de contarnos la parábola del trigo y la cizaña, y su significado universal. Luego vuelve a la traición de Juan el Bautista por uno de sus discípulos.

Anotación

Usted se preguntará: "Pero, ¿puede haber traidores entre los discípulos? " Véase el capítulo anterior, en EMV 180.8. La traición de un discípulo de Juan el Bautista, que provocó el arresto del profeta, causó un gran revuelo.

¡La gente buena cree que los demás son tan buenos como ellos! ¡Ah, qué verdad que exalta al maestro y condena al que lo traiciona! Durante la relectura del manuscrito por parte del padre Migliorini, Maria Valtorta anotó en este punto: "Trabajar para redimir con bondad, trabajar sin esperanzas ni ilusiones, por puro deseo de cumplir al máximo con el propio deber, trabajar para que los demás no se den cuenta de que éste es malo, para que no lo odien... ¡Qué divina lección da el Divino Maestro a los guías espirituales y a todos los cristianos!"

"Dios no permite que nadie se oponga al triunfo de su amorosa voluntad más de lo que es útil". En una hoja insertada en la copia mecanografiada, Maria Valtorta escribió:

"Dios ha dado al hombre el intelecto para comprender, la razón para guiarse como criatura razonable, la conciencia para aconsejar, la ley para saber regularse, la libertad para merecer lo que quiera merecer: Dios y la gloria, o el infierno y la condenación.

Además, le ha dado la gracia o predestinación a la gracia para que sea un estímulo o un medio, para elevar las cosas enumeradas a continuación a un nivel capaz de darle un gusto santo por lo sobrenatural y por Dios.

Ahora bien, en el hombre inteligente, razonable, consciente, libre y, sobre todo, instruido en la Fe, conocedor de su último fin y de la Ley divina, sólo deben existir las acciones que la Ley prescribe y el conocimiento del fin incita a practicar, así como la razón y la conciencia las indican como buenas para todos, incluso para los que no conocen la religión revelada, con el fin dela recompensa eterna que el intelecto humano, tanto más cuando está iluminado por la Gracia, es infinitamente superior a todas las concepciones que un creyente pueda imaginar.

Pero sucede a veces que el hombre, actuando contra la razón, convierte su libertad en yugo de la más cruel de las esclavitudes: la del demonio y la del pecado, prefiriendo el Mal al Bien.

Aunque Dios permita al hombre hacer lo que quiera por su propia voluntad, para juzgarlo y confirmarlo en gracia o para juzgar que merece castigo, nada disminuye la culpa del hombre. Porque si bien es cierto que el hombre, a instancias de Dios o por instigación de Satanás, puede hacer el bien o el mal, no es menos cierto que el hombre debe seguir sólo a Dios y sus amorosas invitaciones, pues es de Él de quien ha recibido todos aquellos dones naturales, morales y sobrenaturales capaces de hacer de él un hijo de Dios, un heredero del Reino."

ECR 182.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Lo mismo hace Satanás: os vigila para conocer vuestros puntos flacos, merodea alrededor de vosotros, parece inocuo, ausente, atento a otras cosas, cuando en realidad os está vigilando; luego, de repente, salta para arrastraros al pecado; y alguna vez lo consigue.

Pero tenéis cerca a un médico y a un ser compasivo: Dios y vuestro ángel. Si os habéis herido, si habéis enfermado, no os separéis de ellos, cual perro afecto de rabia; antes bien, llorando, elevad a ellos vuestro grito de ayuda. Dios perdona al arrepentido, vuestro ángel está dispuesto a suplicar por vosotros y con vosotros a Dios.

ECR 182.5 · Volume 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Amaos entre vosotros y amad a este niño. Todos os debéis sentir un poco padres de este huérfano. Que la presencia de un niño entre vosotros modere vuestras acciones con el freno santo del respeto hacia los niños. Y que vuestra presencia a su lado supla lo que la muerte le ha arrebatado. Hay que amar al prójimo. Este niño es el prójimo que Dios os confía de manera especial. Educadle bueno y creyente, honesto y sin vicios. Vale mucho más que una de estas ovejas. Pues bien, si cuidáis de ellas porque son del patrono y os castigaría si las dejaseis morir, ¡cuánto mayor habrá de ser vuestro cuidado para con esta alma que Dios os confía por Él mismo y por el difunto padre! Bien triste es su condición de huérfano, no la agravéis aprovechándoos de su tierna edad y de su orfandad para avasallarle. Pensad que Dios ve las acciones y las lágrimas de todos los hombres, y todo lo tiene en cuenta para premiar y castigar.

Y tú, niño, recuerda que nunca estás solo. Dios te ve, y también el espíritu de tu padre. Cuando algo te turbe y te proponga hacer el mal, di: “No, no quiero la eterna orfandad”. Huérfano para siempre serías, en efecto, si condenaras tu corazón con el pecado.

Detalle

Jesús habla a unos pastores que cuidan a un joven huérfano.