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Notas del tema

El misterio del sufrimiento

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Comodidad de lectura

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ECR 55.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Os ruego a todos: no discutáis nunca por los méritos o por los puestos. Habría podido nacer rey; he nacido pobre, en un establo. Podría haber sido rico; he vivido del trabajo, y ahora de la caridad. Y, no obstante, creedlo amigos, no hay nadie más grande que Yo a los ojos de Dios; que Yo que estoy aquí: siervo del hombre».

«¿Siervo Tú? ¡No, jamás!».

«¿Por qué, Pedro?».

«Porque yo te serviré».

«Aunque me sirvieras como una madre sirve a su pequeñuelo, Yo he venido para servir al hombre. Seré su Salvador. ¿Qué servicio puede ser comparado a éste?».

ECR 56.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Mi padre es muy anciano y no he tenido corazón para llevarle la contraria. Pero ahora... Ya no más. Ahora yo voy a donde me llevan el corazón y la mente. Voy con Jesús. No creo ofender a la Ley actuando así. Y... si no fuera justo lo que quiero hacer, Jesús me lo diría. Haré lo que Él dice. ¿Le es lícito a un padre ponerle obstáculos a un hijo en el camino del bien? Si yo siento salvación en ello, ¿por qué impedirme conseguirla? ¿Por qué los padres algunas veces nos son enemigos?».

Simón suspira como por tristes recuerdos y baja la cabeza, pero no habla.

Detalle

Judas habla a Simón el Zelote y a Tomás de su padre, Alfeo.

ECR 56.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Dime Tú, Maestro mío, ¿no es lícito, acaso, sin faltarle al respeto, decirle a un padre: “Padre, yo te quiero. Pero, por encima de ti está Dios, y a Él le sigo”?».

«Judas, pariente y amigo mío, Yo te lo digo: vas muy adelante en el camino de la Luz. Ven. Sí, es lícito hablarle al padre así cuando es Dios quien llama. Nada está por encima de Dios. Incluso las leyes de la sangre cesan, o sea, se subliman, porque con nuestras lágrimas los ayudamos más a los padres, a las madres, y por algo más eterno que no lo cotidiano del mundo. Los llevamos con nosotros al Cielo y, por la misma vía del sacrificio de los afectos, a Dios.

Detalle

Judas habló con Jesús y le dijo:

ECR 56.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

« (...) Ven, tú que estás como avergonzado en la sombra. No temas».

«¡Señor mío!». El ex leproso está a los pies de Jesús.

«Levántate. ¿Tu nombre?».

«Simón».

«¿Tu familia?».

«Señor... era poderosa... yo también tenía poder... Pero odios de sectas y... y errores de juventud lesionaron su poder. Mi padre... ¡Oh, debo hablar contra él, que me ha costado lágrimas, no precisamente celestes! ¡Ya lo ves, ya has visto qué regalo me ha dado!».

«¿Era leproso?».

«No lo era, como tampoco yo. Tenía una enfermedad que se llama de otra forma, y que nosotros los de Israel la incluimos en las distintas lepras. Él — entonces dominaba todavía su casta — vivió y murió como poderoso en su casa. Yo... si no me hubieras salvado, habría muerto en los sepulcros».

«¿Estás solo?».

«Solo. Tengo un siervo fiel que cuida de lo que me queda. Le he instruido al respecto».

«¿Tu madre?».

«Murió». El hombre parece sentirse violento.

Jesús le observa atentamente. «Simón, me dijiste: “¿Qué debo hacer por ti?”. Ahora te digo: “¡Sígueme!”».

«¡En seguida, Señor!... Pero... pero yo... déjame que te diga una cosa. Soy, me llamaban “zelote” por la casta, y “cananeo” por madre. Ya ves que soy oscuro, en mí tengo sangre de esclava. Mi padre no tenía hijos de su mujer y me tuvo de una esclava. Su mujer, una buena mujer, me crió como a un hijo y me cuidó en infinitas enfermedades, hasta que murió...».

«No hay esclavos o libertos a los ojos de Dios. A sus ojos, una sola es la esclavitud: el pecado. Y Yo he venido a hacerla desaparecer. Os llamo a todos, porque el Reino es de todos. ¿Eres culto?».

«Soy culto. Tenía incluso un lugar entre los grandes, mientras el mal permaneció velado bajo el vestido. Pero cuando subió al rostro... no daban crédito a sus ojos mis enemigos al ver que podían usarlo para confinarme entre los “muertos”, aunque — como dijo un médico romano de Cesarea que consulté — la mía no fuera lepra verdadera, sino serpigo hereditario, por lo que era suficiente que no procreara para no propagarlo. ¿Puedo no maldecir a mi padre?».

«Debes no maldecirle. Te ha hecho todo tipo de mal...».

«¡Sí! Dilapidador, vicioso, cruel, sin corazón ni afecto. Me ha negado la salud, las caricias, la paz, me ha sellado con un nombre despreciable y con una enfermedad oprobiosa... De todo se ha adueñado. Incluso del futuro del hijo. Me ha arrebatado todo: incluso la alegría de ser padre».

«Por eso te digo: “¡Sígueme!”. A mi lado, siguiéndome, encontrarás Padre e hijos. Levanta la mirada, Simón. Allí el verdadero Padre te sonríe. Observa los espacios de la tierra, los continentes, las regiones. Hay hijos e hijos; hijos del alma para los que no tienen hijos. Te esperan a ti, y muchos como tú esperan. Bajo mi signo ya nadie será abandonado. En mi signo ya no hay soledades ni diferencias. Es signo de amor y da amor.

ECR 56.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

A mi lado, siguiéndome, encontrarás Padre e hijos. Levanta la mirada, Simón. Allí el verdadero Padre te sonríe. Observa los espacios de la tierra, los continentes, las regiones. Hay hijos e hijos; hijos del alma para los que no tienen hijos. Te esperan a ti, y muchos como tú esperan. Bajo mi signo ya nadie será abandonado. En mi signo ya no hay soledades ni diferencias. Es signo de amor y da amor.

ECR 59.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Alejad de vosotros la maldición de la culpa. Cada uno tiene la suya. Cada uno tiene eso que es contrario a los diez mandamientos de salvación eterna. Esaminaos cada uno con sinceridad y encontraréis el punto en que habéis errado. Humildemente arrepentíos de ello con sinceridad. Desead arrepentiros. No de palabra (de Dios nadie se burla, no se le engaña), sino con la voluntad firme que os lleve a cambiar de vida, a volver a la Ley del Señor. El Reino de los Cielos os espera. Mañana.

¿Mañana?, os preguntáis. La hora de Dios, aunque venga al final de una vida longeva como la de los Patriarcas, es siempre un mañana solícito. La eternidad no tiene como medida de tiempo el lento discurrir de la clepsidra. Esas medidas de tiempo que vosotros llamáis días, meses, años, siglos, son latidos del Espíritu Eterno que os mantiene en vida. Mas vosotros sois eternos en vuestro espíritu, y debéis tener para el espíritu el mismo método de medida del tiempo que tiene vuestro Creador. Debéis decir, por tanto: “Mañana será el día de mi muerte”; que no es tal muerte para el fiel, sino reposo de espera, en espera del Mesías que abra las puertas del Cielo.

ECR 59.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Desead arrepentiros. No de palabra (de Dios nadie se burla, no se le engaña), sino con la voluntad firme que os lleve a cambiar de vida, a volver a la Ley del Señor. El Reino de los Cielos os espera. Mañana.

¿Mañana?, os preguntáis. La hora de Dios, aunque venga al final de una vida longeva como la de los Patriarcas, es siempre un mañana solícito. La eternidad no tiene como medida de tiempo el lento discurrir de la clepsidra. Esas medidas de tiempo que vosotros llamáis días, meses, años, siglos, son latidos del Espíritu Eterno que os mantiene en vida. Mas vosotros sois eternos en vuestro espíritu, y debéis tener para el espíritu el mismo método de medida del tiempo que tiene vuestro Creador. Debéis decir, por tanto: “Mañana será el día de mi muerte”; que no es tal muerte para el fiel, sino reposo de espera, en espera del Mesías que abra las puertas del Cielo.

ECR 59.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

59.5 Se levanta a rebatirle un israelita togado y de barba abundante. Habla así: «Maestro, cuanto dices me parece en contraste con lo que está escrito en el libro segundo de los Macabeos, gloria de Israel. En él puede leerse: “Efectivamente, es signo de gran benevolencia el no permitir a los pecadores que sigan durante largo tiempo sus caprichos, sino pasar en seguida al castigo. El Señor no hace como con las otras naciones, que las espera con paciencia, para castigarlas en el día del juicio, colmada ya la medida de los pecados”. Sin embargo Tú hablas como si el Altísimo pudiera ser muy tardo a la hora de castigarnos, esperándonos, como a los otros pueblos, para el tiempo del Juicio, cuando esté colmada la medida de los pecados. Verdaderamente los hechos te desmienten. Israel sufre el castigo, como dice el historiógrafo de los Macabeos. Si fuera como Tú dices, ¿no habría desacuerdo entre tu doctrina y la contenida en la frase que te he mencionado?».

«No sé quién eres, pero quienquiera que seas te respondo. No hay desacuerdo en la doctrina, sino en el modo de interpretar las palabras. Tú las interpretas según el modo humano, Yo según el del espíritu. Tú, representante de la mayoría, ves todo con referencia a lo presente y caduco. Yo, representante de Dios, todo lo explico, y aplico, a lo eterno y sobrenatural. Sí, Yeohveh os ha castigado en lo temporal, en la soberbia y en la justicia de ser un “pueblo” según la tierra. Pero, ¡cuánto os ha amado y cuánta paciencia tiene con vosotros — más que con cualquier otro — concediéndoos el Salvador, su Mesías, para que le escuchéis y os salvéis antes de la hora de la ira divina! No quiere que seáis pecadores. Pero, si os ha castigado en lo caduco, viendo que la herida no se cura, antes al contrario insensibiliza cada vez más vuestro espíritu, he aquí que os manda no castigo sino salvación. Os manda a Aquel que os cura y os salva, Yo, quien os está hablando».

Detalle

Jesús acaba de predicar, animando a las almas a convertirse para entrar en el Reino de Dios. Para ello, deben dejar el pecado y arrepentirse.

Segundo libro de los Macabeos
2 M 6, 13-14 : Porque es señal de gran bondad no tolerar por mucho tiempo a los que cometen impiedades, sino infligirles el castigo sin demora. En efecto, con respecto a las demás naciones, el Maestro espera con gran paciencia, antes de castigarlas, hasta que hayan llegado al colmo de sus pecados1.

ECR 59.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

59.6 «¿No te parece que eres audaz al profesarte representante de Dios? Ninguno de los Profetas se atrevió a tanto y Tú... ¿Quién eres Tú, que así hablas?, y ¿por orden de quién hablas?».

«Los Profetas no podían decir de sí mismos lo que Yo digo de mí. ¿Que quién soy? El Esperado, el Prometido, el Redentor. Ya le habéis oído decir a su Precursor: “Preparad el camino del Señor... El Señor Dios viene... Como un pastor apacentará a su rebaño, aun siendo el Cordero de la verdadera Pascua”. Entre vosotros están los que han oído del Precursor estas palabras, y han visto el cielo resplandecer por una luz que bajaba en forma de paloma, y han oído una voz que hablaba diciendo quién era Yo. ¿Que por orden de quién hablo? De Aquel que es y que me envía».

«Tú puedes decir lo que quieras, pero quién nos dice que no seas un mentiroso o un iluso. Tus palabras son santas, pero algunas veces Satanás profiere palabras engañosas teñidas de santidad para inducir al error. Nosotros no te conocemos».

«Yo soy Jesús de José de la tribu de David, nacido en Belén Efratá, según las promesas, llamado nazareno porque tengo casa en Nazaret. Esto según el mundo. Según Dios soy su Mensajero.»