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Notas de la palabra clave

Riqueza material

Tema: Temas de la A a la Z · Página 2 de 5

Comodidad de lectura

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ECR 78.6-7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«(...) Os traigo la Luz. Nada más que esto. No poseo riquezas ni prometo honores de esta Tierra, pero sí poseo todas las riquezas sobrenaturales de mi Padre, y a aquellos que sigan a Dios en amor y caridad les prometo el honor eterno del Cielo.

La paz sea con vosotros».

78.7

La gente, que ha estado escuchando atenta, bisbisea un poco inquieta. Jesús habla con el jefe de la sinagoga. Se unen al grupo también otras personas — quizás son las personalidades —.

«Maestro... ¿pero entonces no eres el Rey de Israel? Nos habían dicho...».

«Lo soy».

«Pero Tú has dicho...».

«Que no poseo ni prometo riquezas del mundo. No puedo decir más que la verdad. Así es. Conozco vuestro pensamiento, y el error viene de un desacierto en la interpretación unido a un muy grande respeto vuestro hacia el Altísimo. Se os dijo: “Viene el Mesías”, y vosotros habéis pensado, como muchos en Israel, que Mesías y rey fueran lo mismo. Elevad más alto el espíritu. Observad este hermoso cielo de verano. ¿Pensáis que termina allí su límite, allí donde el aire parece una bóveda de zafiro? No. Más allá están los estratos más puros, los azules más netos, hasta llegar a aquél, inimaginable, del Paraíso, adonde el Mesías guiará a los justos muertos en el Señor. La misma diferencia hay entre la regalidad mesiánica como la cree el hombre y la real, toda divina».

«Pero, ¿podremos nosotros, pobres hombres, elevar el espíritu adonde Tú dices?».

«Basta que lo queráis, y, si lo queréis, Yo os ayudaré».

«¿Cómo te tenemos que llamar, si no eres rey?».

«Maestro, Jesús; como queráis. Maestro soy y soy Jesús, el Salvador».

Detalle

Jesús predicó en Kerioth y dijo:

ECR 78.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Todos peregrinos y extranjeros en esta tierra, sabed reuniros e ir hacia el Reino prometido. El camino son los mandamientos puestos en práctica no por temor a un castigo, sino por amor a ti, Padre santo; el arca, un corazón perfecto en el cual está el nutritivo maná de la sabiduría y florece la vara de la pura voluntad. Y, para que la casa sea luminosa, venid a la Luz del mundo. Yo os la traigo. Os traigo la Luz. Nada más que esto. No poseo riquezas ni prometo honores de esta Tierra, pero sí poseo todas las riquezas sobrenaturales de mi Padre, y a aquellos que sigan a Dios en amor y caridad les prometo el honor eterno del Cielo.

ECR 80.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Las dos potencias enemigas son Satanás y la carne. En la carne incluyo la vuestra y la del mundo, o sea, las pompas y seducciones del mundo, o sea, la riqueza, las fiestas, los honores, el poder que del mundo y en el mundo se tienen, y que no siempre se tienen honradamente, y menos aún se saben usar honradamente si por un complejo de causas el hombre llega a esas cosas.

Satanás, maestro de la carne y del mundo, también habla a través de éste y de la carne; también él tiene sus reglas... ¡Oh, que si las tiene!... Y — dado que el yo está envuelto en carne y la carne tiende a la carne como las limaduras de hierro tienden hacia el imán, y, dado que el canto del Seductor es más dulce que el gorgorito del ruiseñor en celo entre rayos de luna y perfume de rosales — es más fácil ir hacia estas reglas, volverse hacia estas potencias, decirles: “Os considero amigas, entrad”. Entrad... ¿habéis visto alguna vez a un aliado que permanezca siempre honesto, sin pedir el ciento por uno a cambio de la ayuda prestada? Así hacen esas potencias. Entran... Y se hacen las dueñas. ¿Dueñas? No: cómitres. Os atan, ¡oh hombres!, a su banco de galera, os encadenan ahí, no os dejan alzar ya el cuello de su yugo, y su látigo os llena de surcos de sangre, si tratáis de huir de ellas: o dejarse herir hasta llegar a ser un amasijo de carne hecha pedazos (tan inútil, como carne, que hasta su cruel pie la desprecia), o morir bajo ellas.

Si sabéis proporcionaros ese martirio, proporcionaros ese martirio, entonces pasa la Misericordia, la Única que todavía puede tener piedad de esa repugnante miseria de la cual el mundo — uno de sus dueños — siente ahora asco y contra la cual el otro dueño, Satanás, envía sus flechas de venganza. Y la Misericordia, la Única que pasa, se agacha, la recoge, la atiende, la vuelve a sanar y le dice: “Ven, no temas, no te mires porque tus llagas, a pesar de haber cicatrizado ya, son tan innumerables que te causarían horror por lo mucho que te afean. Yo no te las miro, miro tu voluntad; por esa voluntad buena estás marcada así. Por eso Yo te digo: Te amo, ven conmigo”... Y la lleva a su Estado. Entonces podéis entender que Misericordia y Rey amigo son una misma persona. Halláis de nuevo las reglas que Él os había mostrado y que vosotros no habías querido seguir. Ahora lo deseáis... y llegáis a la paz: de la conciencia, primero; a la paz de Dios, después.