ECR 78.2
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
78.2 Judas sale con una mujer de unos cincuenta años. Es más bien alta, aunque no como el hijo, que ha recibido de ella sus ojos negros y su pelo rizado. Pero los ojos de ella son mansos, más bien tristes, mientras que los de Judas son imperiosos y astutos.
«Te saludo, Rey de Israel» dice postrándose con un verdadero saludo de súbdita. «Concede a tu sierva hospedarte».
«Paz a ti, mujer. Que Dios os acompañe a ti y a tu hijo».
«¡Oh, sí! ¡A mi hijo!». Es más un suspiro que una respuesta.
«Levántate, madre. Yo también tengo una Madre y no puedo permitir que me beses los pies. En nombre de mi Madre te beso, mujer. Es tu hermana... en el amor y en el destino doloroso de madre de los signados».
«¿Qué quieres decir, Mesías?» pregunta Judas un poco inquieto.
Pero Jesús no responde; está abrazando a la mujer, a la cual ha levantado benignamente. Ahora la besa en las mejillas. Luego, cogiéndola de la mano, va hacia la casa.
Detalle
Jesús se encuentra por primera vez con María de Kerioth, la madre de Judas.