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Notas de la palabra clave

Zacarías (padre de Juan el Bautista)

Tema: Elisabeth y Zacharie · Página 2 de 6

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ECR 12.1-5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

12.1 Veo una rica sala, con un suelo bonito, cortinas, alfombras y muebles taraceados. Debe formar parte del Templo todavía. Se deduce de que hay sacerdotes (entre los cuales Zacarías) y muchos hombres de las más diversas edades, o sea, de los veinte a los cincuenta años aproximadamente.

Están hablando unos con otros, bajo pero animadamente. Se los ve inquietos por algo que desconozco. Todos están vestidos de fiesta, con vestidos nuevos o, al menos, recién lavados, como si estuvieran ataviados para una celebración. Muchos se han quitado el paño con que se cubren la cabeza, otros todavía lo tienen puesto, especialmente los ancianos, mientras que los jóvenes muestran sus cabezas desnudas: unas rubio-oscuras, otras moreno-oscuras, algunas negrísimas, una — sólo ella — rojo-cobre. Las cabelleras son generalmente cortas, pero algunas de ellas llegan hasta los hombros. No deben conocerse todos entre sí porque se están observando con curiosidad. Pero parecen relacionados pues se ve que los apremia un pensamiento común.

12.2 En una de las esquinas veo a José. Está hablando con un anciano de aspecto robusto y vigoroso. José tendrá unos treinta años. Es un hombre apuesto; pelo corto, más bien rizado, de un castaño obscuro como el de la barba y el bigote, que velan un mentón bien conformado y suben hacia las mejillas moreno-rojizas, no aceitunadas como en el caso de otras personas morenas; tiene ojos obscuros, buenos y profundos, muy serios, incluso yo diría que un poco tristes. Sin embargo, cuando sonríe — como está haciendo en este momento — aparecen alegres y juveniles. Está vestido todo de marrón claro, de forma muy simple pero muy ordenada.

12.3 Entra un grupo de jóvenes levitas. Se disponen entre la puerta y una mesa larga y estrecha que está cerca de la pared en cuyo centro se encuentra la puerta, la cual queda abierta de par en par; sólo una cortina tensa, que pende hasta unos veinte centímetros del suelo, sigue cubriendo el vano.

La curiosidad se acentúa. Y más aún cuando una mano separa la cortina para dejar paso a un levita que lleva en los brazos un haz de ramas secas sobre el cual ha sido depositada delicadamente una ramilla florecida, una ligera espuma de pétalos blancos que apenas muestran un rosáceo esfumado que desde el centro se irradia, atenuándose cada vez más, hasta el extremo de los livianos pétalos. El levita deposita el haz de ramas encima de la mesa con exquisito cuidado para no lesionar el milagro de esa rama en flor en medio de tanta hojarasca.

Un murmullo recorre la sala. Los cuellos se alargan, las miradas se hacen más penetrantes, como para poder ver. Zacarías, con los sacerdotes, también trata de ver, estando como está más cerca de la mesa, pero no ve nada.

José, desde su esquina, apenas dirige los ojos hacia el haz de ramas, y, cuando su interlocutor le dice algo, él hace un gesto denegatorio como de quien dice: «¡Imposible!», y sonríe.

12.4 Un toque de trompeta desde el otro lado de la cortina. Todos guardan silencio y se disponen en perfecto orden mirando hacia la puerta, ahora enteramente abierta, dado que a la cortina la hacen deslizarse sobre sus anillos. Rodeado de otros ancianos, entra el Sumo Pontífice. Todos se postran. El Pontífice se acerca a la mesa y, en pie, comienza a hablar:

«Hombres de la estirpe de David, que habéis convenido en este lugar por convocatoria mía, escuchad. El Señor ha hablado, ¡gloria a Él! De su Gloria un rayo ha descendido y, como sol de primavera, ha dado vida a una rama seca, y ésta ha florecido milagrosamente cuando ninguna rama de la tierra hoy está en flor, hoy, último día de las Luminarias, cuando aún no se ha derretido la nieve caída sobre las alturas de Judá y es lo único cándido que hay entre Sión y Betania. Dios ha hablado haciéndose padre y tutor de la Virgen de David, que no tiene tutor alguno aparte de Dios. Santa doncella, gloria del Templo y de la estirpe, ha merecido la palabra de Dios para conocer el nombre del esposo grato al Eterno. ¡Muy justo debe ser para haber sido elegido por el Señor para tutelar a su amada Virgen! Por ello nuestro dolor de perderla se aplaca, y cesa toda preocupación acerca de su destino como esposa. Y a aquel que ha sido señalado por Dios le confiamos, plenamente seguros, la Virgen que posee la bendición de Dios y la nuestra. El nombre del prometido es José de Jacob, betlemita, de la tribu de David, carpintero en Nazaret de Galilea. José, acércate; el Sumo Sacerdote te lo ordena».

Gran murmullo. Cabezas que se vuelven, ojos y manos que señalan, expresiones de desilusión y expresiones de alivio. Alguno, especialmente entre los viejos, debe haberse sentido contento de no haber sido destinado para ello.

José, muy colorado y visiblemente turbado, se abre paso. Ya está ante la mesa, frente al Pontífice, al cual ha saludado con reverencia.

«Venid todos y mirad el nombre grabado en la rama. Coja cada uno su ramilla, para asegurarse de que no hay trampa».

Los hombres obedecen. Miran la ramilla que delicadamente tiene el Sumo Sacerdote; cada uno coge la suya: unos la rompen, otros la guardan. Todos miran a José: hay quien mira y calla, otros le felicitan. El anciano con el que antes estaba hablando dice: «¿No te lo había dicho, José? ¡Quien menos se siente seguro es el que vence la partida!». Ya han pasado todos.

12.5 El Sumo Sacerdote da a José la ramilla florecida, y, poniéndole la mano en el hombro, le dice: «No es rica, y tú lo sabes, la esposa que Dios te dona, pero posee todas las virtudes. Hazte cada día más digno de Ella. En Israel no hay flor alguna tan linda y pura como Ella. Salid todos ahora. Que se quede José; y tú, Zacarías, pariente, trae a la prometida».

Salen todos, excepto el Sumo Sacerdote y José. Vuelven a correr la cortina, cubriendo así la puerta.

José está todo humilde junto al majestuoso Sacerdote. Una pausa silenciosa y éste le dice: «María debe manifestarte un voto que ha hecho. Ayúdala en su timidez. Sé bueno con la mujer buena».

«Pondré mi virilidad a su servicio y ningún sacrificio por Ella me pesará. Estáte seguro de ello».

Entra María con Zacarías y Ana de Fanuel.

«Ven, María» dice el Pontífice. «Éste es el esposo que Dios te ha destinado. Es José de Nazaret. Regresarás, por tanto, a tu ciudad. Ahora os voy a dejar. Que Dios os dé su bendición. Que el Señor os mire y os bendiga, os muestre su rostro y tenga siempre piedad de vosotros. Que vuelva a vosotros su rostro y os dé la paz».

Zacarías sale escoltando al Pontífice. Ana felicita al prometido y luego también sale.

ECR 13.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

13.7 Los esposos salen al patio, le atraviesan, van hacia la salida, que está cerca de la sección de las mujeres dedicadas al Templo. Los está esperando un carro cómodo y voluminoso. Va provisto de una cortina protectora. En él ya están colocados los pesados arcones de María.

Despedidas, besos y lágrimas, bendiciones, consejos, recomendaciones... María sube con Isabel y se pone en el interior del carro; en la parte de delante se ponen José y Zacarías. Se han quitado los mantos de fiesta y se han arrollado en unas capas oscuras.

El carro se pone en marcha, al trote pesado de un caballazo oscuro. Los muros del Templo se alejan, y luego los de la ciudad. Ya se ve el campo, nuevo, fresco, florido bajo los primeros soles de la primavera, con los trigos ya alzados un buen palmo del suelo, que parecen esmeraldas transformadas en hojitas ondulantes bajo una brisa ligera con sabor a flores de melocotonero y manzano, con sabor a tréboles en flor y a hierbabuenas silvestres.

Detalle

Al final de los esponsales de María, Isabel y Zacarías acompañan a José y María a la salida del Templo.

ECR 14

El Evangelio como me ha sido revelado

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Título del capítulo : La pareja llega a Nazaret

Fecha de la visión: 6 de septiembre de 1944

Calendario:6 de marzo d.C.

Localización (mapa) : Nazaret

Ciclo: Matrimonio con José

Resumen: María describe Nazaret. María regresa a su ciudad después de vivir durante años en el Templo. Se desposa con José y éste la acompaña, junto con Zacarías e Isabel. Nazaret celebró con ellos. Llegan a la casa y José, Zacarías e Isabel le muestran la casa y el jardín de Joaquín. La Virgen conoció también a Alfeo, a María de Cleofás y a sus hijos. Luego conoció a Sara y a su hijo, Alfée, el novio de Ana. José recorrió la casa con su esposa y el hermano de ésta se enteró de que no celebrarían la boda de inmediato. Sorprendido, José le responde que no celebrarán la ceremonia hasta que María tenga dieciséis años. El futuro santo le hizo prometer que le llamaría siempre que lo necesitara. La familia se despidió y Zacarías decidió dejar a Isabel para que enseñara a su prima a ser una perfecta ama de casa. Esto permitirá también a María decorar su casa a su gusto.

Contenido del capítulo: 14.1: El camino por las colinas de Galilea. 14.2: Entrada triunfal en Nazaret. 14.3: José señala desde lejos la casa de María. Él es quien trabajará allí. 14.4: María acoge a Alfeo y a Sara. 14.5: José se ofrece a María como confidente. 14.6: La boda tendrá lugar cuando ella tenga dieciséis años. 14.7: Isabel se quedará un tiempo con su prima.

ECR 14.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

14.2 Un carro avanza por la calzada, el carro que lleva a José y a María y a los primos de Ella; el viaje está tocando a su fin.

María mira con el ojo ansioso de quien quiere conocer, o mejor, reconocer, aquello que ya un día vio, pero no lo recuerda, y sonríe cuando una sombra de recuerdo vuelve y se posa, como una luz, en esta o aquella cosa, en este o aquel punto. Isabel la ayuda a recordar, y también Zacarías y José, señalando esta o aquella cumbre, esta o aquella casa. (...)

[Llegan a casa de Mary.]

«Ésa es tu casa, María» dice José señalando con el látigo una casita que está justo en la base de una ondulación de la colina, y que tiene en la parte de atrás un hermoso y amplio huerto, exuberante, que termina en un pequeño olivar. Más allá, la consabida cerca de espino albar y cácteas señala el límite de la propiedad. Las tierras, que fueron de Joaquín, están al otro lado...

«Te ha quedado poco, ¿ves?». dice Zacarías. «La enfermedad de tu padre fue larga y económicamente cara. Y caros fueron también los gastos para reparar el daño que hizo Roma. ¿Lo ves? La calle le ha cortado a la casa sus tres principales habitaciones. Se ha quedado más pequeña. Para ampliarla sin gastos excesivos, se cogió una parte del monte que forma una gruta; Joaquín tenía en ese lugar las provisiones y Ana sus telares. Haz con esto lo que creas más oportuno».

«¡Que sea poco no importa! Siempre me será suficiente. ».

Detalle

María regresa a Nazaret tras años de vivir en el Templo. Está prometida a José y éste la acompaña, junto con Zacarías e Isabel.

ECR 14.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

14.7 Vuelven a entrar en la casa. Encienden las lámparas.

«María está cansada» dice José. «Dejémosla tranquila con sus primos».

Saludos de todos los que se marchan... José se queda todavía unos minutos y habla con Zacarías en voz baja.

«Tu primo te deja a Isabel durante un poco. ¿Contenta? Yo sí, porque te ayudará a... ser una perfecta ama de casa; con ella podrás colocar como quieras tus cosas y tu ajuar, y yo vendré todas las tardes a ayudarte; con ella podrás conseguir lana y todo lo que necesites, y yo me encargaré de los gastos. Acuérdate de que has prometido que recurrirías a mí para todo. Adiós, María. Duerme el primer sueño de señora en esta casa tuya, y que el ángel de Dios te le haga sereno. Que el Señor sea siempre contigo».

«Adiós, José. Queda tú también bajo las alas del ángel de Dios. Gracias, José, por todo. En la medida en que pueda, te pagaré por tu amor, con el mío».

José saluda a los primos y sale.

Y con él cesa la visión.

Detalle

María regresa a Nazaret tras años de vivir en el Templo. Está prometida a José y éste la acompaña, junto con Zacarías e Isabel. Recorren la casa y José interviene.

ECR 21

El Evangelio como me ha sido revelado

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Título del capítulo : Visita a Isabel

Fecha de la visión: Sábado 1 de abril de 1944

Calendario: Domingo 24 de marzo d.C. -5

Localización (mapa) : Hebrón

Ciclo: Nacimiento e infancia de Jesús

Resumen: María llega a Hebrón. María describe el lugar, luego describe más concretamente la llegada de la Virgen. Se detiene ante una casa bastante lujosa, donde no falta de nada, y la Inmaculada Concepción intenta hacer notar su presencia. Una ancianita curiosa le presenta una campanilla y la bombardea a preguntas. Afortunadamente, llegó un criado -probablemente un jardinero- y salvó a la Madre de las habladurías. María entró rápidamente después de dar las gracias a la ancianita. El criado la lleva dentro y le cuenta lo que ha sucedido en la casa: habla del parto de Isabel, pero también del silencio de Zacarías, que ya no puede hablar. Intenta llamar a su mujer, Sara, que es otra criada, pero en su lugar llega Isabel. Ella ve a María, María ve a Isabel, y ambas corren la una hacia la otra. Se estrechan en un cálido abrazo, y es entonces cuando el Espíritu Santo envuelve a Isabel. El Precursor es santificado, y Juan el Bautista se vuelve sin mancha. Isabel y María pronuncian las palabras del Evangelio, y entonces llega Zacarías, pero no es consciente del estado espiritual de María. En cambio, pregunta por la Virgen y José, e Isabel se limita a decirle que es madre. Pero ninguno de los dos dijo nada más.

A continuación, María escribe sobre cómo recibió la visión y declara que vio a María en la sepultura de Cristo.

Contenido del capítulo: 21.1: A través de las montañas de Judea. 21.2: La rica finca de Zacarías en Hebrón. 21.3: La extraña campana y la apertura de la puerta. 21.4: El viejo Samuel da noticias de Zacarías e Isabel. 21.5: El abrazo de Isabel y María, la iluminación interior, el Magnificat. 21.6: La llegada de Zacarías. 21.7: Visiones según sus necesidades espirituales.

ECR 21.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Sepa que Isabel es anciana, y también Zacarías. Y ahora, además de sordo, está mudo. Los dos sirvientes son también viejos, ¿sabe?

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Una ancianita, que vio a María acercarse a la casa de Zacarías e Isabel, le enseña a tocar la campanilla para darse la bienvenida y le habla de los dueños de la casa.

ECR 21.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¡Ah..., gran dicha y gran desgracia para esta casa! El Cielo ha concedido un hijo a la estéril. ¡Bendito sea por ello el Altísimo! Pero Zacarías volvió de Jerusalén mudo hace ya siete meses. Se hace entender con gestos, o escribiendo. ¿Ha tenido noticia de ello? Mi señora, en medio de esta alegría y este dolor, la ha echado mucho de menos. Siempre hablaba de usted con Sara. Decía: “¡Si estuviese aquí conmigo mi pequeña María...! Si hubiera seguido hasta ahora en el Templo, habría enviado a Zacarías a traerla. Pero el Señor ha querido que fuese la esposa de José de Nazaret. Sólo Ella podría consolarme en este dolor y ayudarme a rezar a Dios, porque todo en Ella es bondad. En el Templo todos la echan de menos y están tristes. La pasada fiesta, cuando fui con Zacarías la última vez a Jerusalén a dar gracias a Dios por haberme dado un hijo, oí de sus maestras estas palabras: ‘Al Templo parecen faltarle los querubines de la Gloria desde que la voz de María no suena ya entre estas paredes’ ”. ¡Sara! ¡Sara! Mi mujer es un poco sorda. Ven, ven, que te llevo yo».

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Un criado de la casa de Isabel se dirigió a María y le dijo:

ECR 21.6-7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

21.6 El sirviente, cuando había visto que Isabel no se sentía mal y que quería manifestar su pensamiento a María, se había retirado prudentemente; ahora vuelve del huerto acompañado de un anciano de aspecto majestuoso, de barba y pelo enteramente blancos, el cual, con vistosos gestos y sonidos guturales, saluda desde lejos a María.

«Zacarías está llegando» dice Isabel tocando en el hombro a la Virgen, que está orando absorta. «Mi Zacarías está mudo. Está bajo sanción divina por no haber creído. Ya te contaré luego. Ahora espero en el perdón de Dios porque has venido tú; tú, llena de Gracia».

María se levanta. Va hacia Zacarías. Se inclina hasta el suelo ante él. Le besa la orla de la vestidura blanca que le cubre hasta los pies. Esta vestidura es muy amplia y está sujeta a la cintura por una ancha franja bordada.

Zacarías, con gestos, da la bienvenida a María, y juntos van donde Isabel. Entran todos en una vasta habitación, muy bien puesta, de la planta baja. Ofrecen asiento a María y mandan que le sirvan una taza de leche recién ordeñada — todavía tiene la espuma — y unas pequeñas tortas.

Isabel da órdenes a la sirvienta, quien, embadurnadas de harina todavía las manos y el pelo más blanco de cuanto en realidad lo es, por la harina que tiene, por fin ha hecho acto de presencia. Quizás estaba haciendo el pan. Da órdenes también al sirviente — al que oigo llamar Samuel — para que lleve el baulillo de María a la habitación que le indica. Todos los deberes de una señora de casa para con su huésped.

Entretanto, María responde a las preguntas que Zacarías le hace escribiendo con un estilo en una tablilla encerada. Por las respuestas, comprendo que le está preguntando por José y por cómo se encuentra siendo su prometida. Y comprendo también que a Zacarías le es negada toda luz sobrenatural acerca de la gravidez de María y su condición de Madre del Mesías. Es Isabel quien, acercándose a su marido y poniéndole con amor una mano en el hombro, como para hacerle una casta caricia, le dice: «María también es madre. Regocíjate por su felicidad». Y no dice nada más. Mira a María; y María la mira, pero no la invita a decir nada más, por lo cual guarda silencio.

¡Dulce, dulcísima visión que me cancela el horror que me quedó al ver el suicidio de Judas!

Anotación

Lucas 1, 5-25 : En tiempos de Herodes el Grande, rey de Judea, había un sacerdote de los abianitas llamado Zacarías. Su mujer era también descendiente de Aarón; se llamaba Isabel. Ambos eran justos ante Dios: seguían todos los mandamientos y preceptos del Señor de manera intachable. No tuvieron hijos, pues Elisabet era estéril, y ambos eran de edad avanzada. Mientras Zacarías servía a Dios durante el tiempo asignado a los sacerdotes de su grupo, fue elegido por sorteo, según la costumbre de los sacerdotes, para ir a ofrecer incienso en el santuario del Señor. Toda la multitud estaba orando fuera a la hora de la ofrenda del incienso. Se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se estremeció y sintió miedo.

El ángel le dijo: "No temas, Zacarías, porque tu oración ha sido escuchada: tu mujer Isabel te dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te alegrarás y te regocijarás, y muchos se alegrarán de su nacimiento, porque será grande ante el Señor. No beberá vino ni sidra, y estará lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre; hará que muchos hijos de Israel vuelvan al Señor, su Dios; irá delante, en presencia del Señor, con el espíritu y el poder del profeta Elías, para hacer volver el corazón de los padres hacia sus hijos, para hacer volver a los rebeldes a la sabiduría de los justos, y para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto."

Entonces Zacarías dijo al ángel: "¿Cómo voy a saber que esto sucederá? Porque yo soy un anciano y mi mujer es anciana".

El ángel respondió: "Soy Gabriel y estoy en presencia de Dios. He sido enviado para hablarte y darte esta buena noticia. Pero he aquí que serás silenciado y no podrás hablar hasta el día en que se cumpla, porque no has creído en mis palabras; se cumplirán a su tiempo.

El pueblo esperaba a Zacarías y se extrañó de que se quedara en el santuario. Cuando salió, no pudo hablarles, y comprendieron que había tenido una visión en el santuario. Les hizo señales y permaneció en silencio. Cuando terminó su tiempo de servicio litúrgico, se fue a casa. Algún tiempo después, su esposa Isabel concibió un hijo. Durante cinco meses lo mantuvo en secreto. Se dijo a sí misma: "Esto es lo que el Señor ha hecho por mí, en estos días en que ha puesto sus ojos para borrar lo que era mi vergüenza ante los hombres".

ECR 22

El Evangelio como me ha sido revelado

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Título del capítulo : Los días pasados en Hebrón. Los frutos de la caridad de María hacia Isabel.

Fecha de la visión y del dictado: Domingo 2 de abril de 1944

Calendario: Abril del año 5-5

Localización (mapa) : Hebrón

Ciclo: Nacimiento e infancia de Jesús

Resumen: María vive en Hebrón. Isabel llega cerca de ella y hablan de sus respectivas maternidades. La mujer de Zacarías ya no sufre ahora que la Virgen está aquí, pero antes sufría mucho a causa de su vejez. María, en comparación, no sufre, pero no tiene el peso de la Falta.

Isabel quería hilar ropa para Juan el Bautista, pero María dijo que ella haría el trabajo por ella. La Virgen argumentó que tenía mucho tiempo y que primero pensaría en su prima, ya que el nacimiento del Precursor era inminente. Después pensaría en su hijo, Jesús.

Fue entonces cuando la Inmaculada Concepción reveló a Isabel el nombre de su Hijo y le reveló su angustia. María conocía a los profetas, y ya intuía que Jesús sería el Cordero, el Varón de dolores. Isabel la consuela, sin embargo, diciéndole que Dios estará con ella y que su hijo será amado por los siglos de los siglos.

Las dos mujeres hablan entonces de Zacarías, que es mudo. Esto causó una gran pena a su esposa. Ella esperaba que, cuando naciera el niño, éste pudiera volver a hablar. La bendita madre desea que su hijo se llame Juan, y revela su sufrimiento a su prima. Para distraerla, María le propone salir al exterior y se encuentran cerca de un pequeño rebaño de corderos.

La visión cambia; esta vez, el tiempo ha pasado. María va a buscar a Isabel. Hablan de Jesús y de su aparición. Luego hablan de José, y María le dice que ha dejado que Dios intervenga. Aparte de Isabel, nadie debía saber de su maternidad divina, e Isabel, que lo comprendió, le señaló que incluso se lo había dicho a Zacarías. Zacarías entró entonces y María rezó las oraciones. Ella exhorta al sacerdote a creer en la misericordia de Dios, porque el hombre piensa que nunca podrá volver a hablar.

Por último, María da una lección sobre la caridad, sobre cómo hacer crecer en nosotros los dones de Dios. Debemos ser siempre caritativos, no egoístas. También nos da una lección sobre el paso del tiempo: Dios es su dueño, y ayuda a los que esperan en Él. "El egoísmo no adelanta nada, lo retrasa todo. La caridad no retrasa nada, hace avanzar las cosas". Por último, la Madre señala que encontró mucha paz en casa de Isabel, y que si no la hubiera atormentado el pensamiento de José y de su Hijo, el Redentor del mundo, habría sido feliz. Pero María significa a la vez luz y amargura...

Contenido del capítulo: 22.1: María cose para el hijo de Isabel. 22.2: Isabel se siente mucho mejor desde la visita de María. 22.3: María se conmueve al pensar en el Varón de dolores de Isaías. 22.4: Isabel se angustia por el silencio de Zacarías. 22.5: Paseo por el jardín entre palomas, cabritos y corderos. 22.6: María hila y teje. 22.7: Imagina cómo será su hijo. 22.8: Dios revela el misterio a José. 22.9: Zacarías habla de nuevo. El Mesías nacerá en Belén. 22.10: Amor al prójimo. 22.11: Mi amor al prójimo y mi amor a Dios. 22.12: La caridad hace que las cosas sucedan. 22.13: Amargura mezclada con dulzura.