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Notas de la palabra clave

José de Jacob (San José)

Tema: Familia y parentesco de Jesucristo · Página 2 de 13

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ECR 13

El Evangelio como me ha sido revelado

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Título del capítulo: Desposorio de la Virgen con José, instruido por la Sabiduría para que fuera el guardián del Misterio.

Fecha de la visión y del dictado: Martes 5 de septiembre de 1944

Calendario: 6 de marzo d.C.

Lugar (mapa) : Jerusalén

Ciclo: Matrimonio con José

Resumen: José y María están comprometidos en el Templo de Jerusalén. María luce hermosa con su ajuar de novia. Las vírgenes que la rodean se extasían ante su belleza, y sus amantes acuden al rescate de su protegida. Las doncellas se marchan y llega Isabel. Ésta le habla del ajuar nupcial diseñado por Ana, y la Virgen habla entonces de José, al que describe como un joven santo. Llega el novio y los dos prometidos se reencuentran. José es soberbio y le dice que ha pensado en el voto de la Virgen. Él lo comprende y se une a ella en un naziréat perpetuo. El sumo sacerdote los desposa entonces. Después de esto, María y José abandonan Jerusalén para ir a Nazaret... A continuación, Jesús da un dictado sobre su padre putativo.

Contenido del capítulo: 13.1: La belleza de María con sus vestidos de novia. 13.2: Sus compañeras la admiran. 13.3: Sus vestidos son la caricia de su madre. 13.4: José llega con sus vestidos más hermosos. Su discurso de bienvenida. 13.5: José habla del voto de castidad absoluta. 13.6: El Pontífice preside la boda. 13.7: Los novios salen en carroza con Zacarías e Isabel. 13.8: Elogio de la Sabiduría. 13.9: José, guardián de la Esposa y del Hijo de Dios. 13.10: José, un nuevo Aarón que creyó sin ver. 13.11: José, ejemplo corredentor de pureza, fidelidad y amor perfecto.

ECR 13.3-5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

« (...) Tu marido es tan perfecto, que es para ti padre y madre...».

«¡Oh, sí! ¡Eso es verdad! No puedo quejarme de él, ciertamente. En menos de dos meses ha venido dos veces, y hoy viene por tercera vez, desafiando a las lluvias y al tiempo ventoso, declarándose sujeto a mí... Fíjate: ¡sujeto a mí! ¡Yo, que soy una pobre mujer, y mucho más joven que él! Y no me ha negado nada. Es más, ni siquiera espera a que yo pida. Parece como si un ángel le dijera lo que deseo, y me lo dice él antes de que yo hable. La última vez me dijo: “María, creo que preferirás estar en tu casa paterna. Dado que eres hija heredera, lo puedes hacer, si lo ves oportuno. Yo iré a tu casa. Solamente para observar el rito, tú vas durante una semana a casa de Alfeo, mi hermano. María te quiere ya mucho. De allí partirá la tarde de la boda el cortejo que te llevará a casa”. ¿No es amable por su parte? No le ha importado ni siquiera el dar pie a la gente para decir que él no tiene una casa que me guste... A mí me hubiera gustado en todo caso, por estar él, que es tan bueno, en ella. Pero sin duda prefiero la mía... por los recuerdos... ¡Oh, José es bueno!».

«¿Qué dijo del voto? Todavía no me has comentado nada».

«No puso ninguna objeción. Es más, conocidas las razones del mismo, dijo: “Uniré mi sacrificio al tuyo”».

«¡Es un joven santo!». dice Ana de Fanuel.

13.4 El “joven santo” entra en este momento, acompañado de Zaca­rías.

Su figura es, literalmente hablando, espléndida. Todo de amarillo oro, parece un soberano oriental. Bolsa y puñal penden de un espléndido cinturón: aquélla, de tafilete bordado en oro; el puñal, en una vaina con guarniciones bordadas en oro, también de tafilete. Cubre su cabeza un turbante, la típica faja de tela como la llevan todavía ciertos pueblos de África, los beduinos por ejemplo; lo sujeta en torno un valioso arito de oro, delgado, que ciñe unos ramitos de mirto. Viste majestuosamente un manto completamente nuevo, con muchas franjas. Está radiante de alegría. En las manos lleva unos ramitos de mirto en flor.

Saluda diciendo: «¡A ti la paz, mi prometida! Paz a todos». Recibido el saludo de respuesta, dice: «Vi tu alegría el día en que te di la ramita de tu huerto. He pensado traerte este mirto que procede de la gruta que tanto estimas. Quería haberte traído las rosas que están en frente de tu casa, las primeras que están floreciendo ahora; pero las rosas no duran varios días de viaje... Habría llegado trayendo sólo espinas, y yo a ti, dilecta mía, te quiero ofrecer sólo rosas, y quiero sembrar tu camino de flores blandas y perfumadas, para que apoyes tu pie sobre ellas y no encuentres ni inmundicias ni asperezas».

«¡Oh, gracias, hombre de corazón bueno! ¿Cómo has logrado que llegara fresco?».

«He atado a la silla un recipiente y he metido dentro estas ramitas con las flores todavía en capullo. Durante el viaje han florecido. Tómalas, María. Que tu frente se enguirnalde de pureza, símbolo de la mujer prometida; aunque siempre será mucho menor que la pureza que hay en tu corazón».

Isabel y las maestras engalanan a María con la florida guirnaldita que se forma al fijar en el precioso aro los ramitos cándidos del mirto, e intercalan unas pequeñas, cándidas rosas, que había en un jarrón encima de un arca.

María hace ademán de coger su amplio manto cándido para colocárselo prendido a los hombros. Pero su prometido la precede en el gesto y la ayuda a fijar con dos hebillas de plata, en los hombros, este amplio manto suyo. Las maestras disponen los pliegues con amor y gracia.

13.5 Todo está preparado. Mientras esperan a no sé qué, José dice (lo dice apartándose un poco con María): «He pensado este tiempo en tu voto. Ya te dije que lo comparto. Pero, cuanto más pienso en ello, más me doy cuenta de que no es suficiente el nazireato temporal, aunque se vaya renovando. Yo te he comprendido, María. No merezco todavía la palabra de la Luz, pero sí me llega un murmullo de su voz, y ello me pone en condiciones de leer tu secreto, al menos en sus líneas maestras. Soy un pobre ignorante, María. Soy un pobre obrero. Ni sé de letras ni tengo tesoros, mas a tus pies pongo mi tesoro, para siempre. Mi castidad absoluta, para ser digno de estar a tu lado, Virgen de Dios, “hermana mía, novia, cerrado huerto, fuente sellada”, como dice el Antepasado nuestro, que quizás escribió el Cantar viéndote a ti... Yo seré el guardián de este huerto de perfumes en que se dan las más preciadas frutas, donde mana una vena de agua viva con ímpetu suave: ¡tu dulzura, prometida mía, que con tu candor — ¡oh, llena de hermosura! — me has conquistado el espíritu! ¡Oh, tú, más hermosa que una aurora; Sol, que resplandeces porque te resplandece el corazón; oh, toda amor para con tu Dios y para con el mundo al que quieres dar el Salvador con tu sacrificio de mujer! ¡Ven, mi amada!». Y coge delicadamente su mano para guiarla hacia la puerta.

Los siguen todos los demás. Afuera se añaden las joviales compañeras, enteramente de blanco todas ellas y con velos.

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José y María se comprometen en el Templo. Isabel habló del feliz esposo y dijo a María:

ECR 13.8-11

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

13.8 Dice Jesús:

«¿Qué dice el libro de la Sabiduría al cantar sus alabanzas?: “En la sabiduría está presente, efectivamente, el espíritu de inteligencia, santo, único, múltiple, sutil”. Y continúa enumerando sus dotes, para terminar el período con estas palabras: “... que todo lo puede, todo lo prevé; que comprende a todos los espíritus, inteligente, puro, sutil. La sabiduría penetra con su pureza, es vapor de la virtud de Dios... por ello en ella no hay nada impuro... imagen de la bondad de Dios. Es única y, no obstante, lo puede todo; es inmutable y da vida nueva a todas las cosas; se comunica a las almas santas; forma a los amigos de Dios y a los profetas”.

13.9 Ya has visto cómo José, no por cultura humana, sino por instrucción sobrenatural, sabe leer en el libro sellado de la Virgen sin mancha; y cómo se acerca extremamente a las verdades proféticas con ese su “ver” un misterio sobrehumano donde los demás veían únicamente una gran virtud. Impregnado de esta sabiduría, que es vapor de la virtud de Dios y emanación cierta del Omnipotente, se conduce con espíritu seguro por el mar de este misterio de gracia que es María, se armoniza con Ella con espirituales contactos — en que se hablan, más que los labios, los dos espíritus en el sagrado silencio de las almas — donde sólo Dios oye voces que perciben también los que le son gratos por servirle con fidelidad y por estar llenos de Él.

La sabiduría del Justo, que aumenta por la unión con la Toda Gracia y por la cercanía a Ella, le prepara a penetrar en los secretos más altos de Dios y a poderlos tutelar y defender de insidias humanas y demoníacas. Y contemporáneamente le va renovando. Del justo hace un santo; del santo, el custodio de la Esposa y del Hijo de Dios.

Sin quitar el sello de Dios, él, el casto, que ahora lleva su castidad a heroísmo angélico, puede leer la palabra de fuego escrita sobre el diamante virginal por el dedo de Dios, y en él lee aquello que su prudencia no dice, y que es mucho más grande que lo que leyó Moisés en las tablas de piedra. Y a fin de que ningún ojo profano alcance este Misterio, él se pone, como sello sobre el sello, como arcángel de fuego, a la entrada del Paraíso, dentro del cual el Eterno encuentra sus delicias “paseando al fresco del atardecer” y hablando con Aquella que es su amor, bosque de azucena en flor, aura perfumada de aromas, viento suave de frescura matutina, hermosa estrella, delicia de Dios. La nueva Eva está allí, en su presencia. No es hueso de sus huesos ni carne de su carne; sí, compañera de su vida, Arca viva de Dios. Él la recibe para tutelarla, y a Dios debe restituírsela, pura como la ha recibido.

“Desposada con Dios” estaba escrito en ese libro místico de inmaculadas páginas... Y cuando la duda, sibilante, en la hora de la prueba, le sugirió su tormento, él, como hombre y como siervo de Dios, sufrió, como ninguno, por causa del temido sacrilegio. Pero ésta fue la prueba futura. Ahora, en este tiempo de gracia, él ve y se pone a sí mismo al servicio más auténtico de Dios. Luego vendrá la tempestad de la prueba, como para todos los santos, para ser probados y venir así a ser ayudantes de Dios.

13.10 ­¿Qué se lee en el Levítico? “Di a Aarón, tu hermano, que no entre en cualquier tiempo en el santuario que está detrás del Velo, ante el Propiciatorio que cubre al Arca, para no morir — pues Yo apareceré en la nube sobre el oráculo —, si no hace antes estas cosas: ofrecerá un novillo por el pecado y un carnero como holocausto; llevará la túnica de lino y con calzones de lino cubrirá su desnudez”.

Y verdaderamente José entra, cuando Dios quiere y cuanto Dios quiere, en el santuario de Dios; y traspasa el velo que cela el Arca sobre la cual está suspendido el Espíritu de Dios; y se ofrece a sí mismo y ofrecerá al Cordero, holocausto por el pecado del mundo, expiación de tal pecado. Y esto lo hace, vestido de lino, mortificados los miembros viriles para abolir su sensualidad, la cual, una vez, al inicio de los tiempos, triunfó, lesionando el derecho de Dios sobre el hombre; mas ahora será conculcada en el Hijo, en la Madre y en el padre putativo, para restituir a los hombres a la Gracia y devolverle a Dios su derecho sobre el hombre. Esto lo hace con su castidad perpetua.

¿No estaba José en el Gólgota? ¿Os parece que no está en el número de los corredentores? En verdad os digo que fue el primero de ellos, y que grande es, por tanto, ante los ojos de Dios. Grande por el sacrificio, la paciencia, la constancia y la fe. ¿Qué fe será mayor que ésta, que creyó sin haber visto los milagros del Mesías?

13.11 Sea alabado mi padre putativo, ejemplo para vosotros de aquello que en vosotros más falta: pureza, fidelidad y perfecto amor. Gloria al magnífico lector del Libro sellado, que fue instruido por la Sabiduría para saber comprender los misterios de la Gracia y que fue elegido para tutelar la Salvación del mundo contra las insidias de todos los enemigos».

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Después de dar la visión de los esponsales de José y María, Jesús habla de su padre putativo y dice:

ECR 14

El Evangelio como me ha sido revelado

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Título del capítulo : La pareja llega a Nazaret

Fecha de la visión: 6 de septiembre de 1944

Calendario:6 de marzo d.C.

Localización (mapa) : Nazaret

Ciclo: Matrimonio con José

Resumen: María describe Nazaret. María regresa a su ciudad después de vivir durante años en el Templo. Se desposa con José y éste la acompaña, junto con Zacarías e Isabel. Nazaret celebró con ellos. Llegan a la casa y José, Zacarías e Isabel le muestran la casa y el jardín de Joaquín. La Virgen conoció también a Alfeo, a María de Cleofás y a sus hijos. Luego conoció a Sara y a su hijo, Alfée, el novio de Ana. José recorrió la casa con su esposa y el hermano de ésta se enteró de que no celebrarían la boda de inmediato. Sorprendido, José le responde que no celebrarán la ceremonia hasta que María tenga dieciséis años. El futuro santo le hizo prometer que le llamaría siempre que lo necesitara. La familia se despidió y Zacarías decidió dejar a Isabel para que enseñara a su prima a ser una perfecta ama de casa. Esto permitirá también a María decorar su casa a su gusto.

Contenido del capítulo: 14.1: El camino por las colinas de Galilea. 14.2: Entrada triunfal en Nazaret. 14.3: José señala desde lejos la casa de María. Él es quien trabajará allí. 14.4: María acoge a Alfeo y a Sara. 14.5: José se ofrece a María como confidente. 14.6: La boda tendrá lugar cuando ella tenga dieciséis años. 14.7: Isabel se quedará un tiempo con su prima.

ECR 14.2-3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

14.2 Un carro avanza por la calzada, el carro que lleva a José y a María y a los primos de Ella; el viaje está tocando a su fin.

María mira con el ojo ansioso de quien quiere conocer, o mejor, reconocer, aquello que ya un día vio, pero no lo recuerda, y sonríe cuando una sombra de recuerdo vuelve y se posa, como una luz, en esta o aquella cosa, en este o aquel punto. Isabel la ayuda a recordar, y también Zacarías y José, señalando esta o aquella cumbre, esta o aquella casa.

Casas, sí. Porque Nazaret ya aparece extendida sobre la ondulación de su colina. Recibiendo por la izquierda el Sol occiduo, muestra, con pinceladas de rosa, el color blanco de sus casitas, anchas y bajas, culminadas por una terraza. Algunas de ellas, al darlas el sol de lleno, parecen, de lo rojas que se han puesto las fachadas, estar al lado de un fuego. Y el sol enciende también el agua de los caces y de los bajos pozos, que no tienen casi brocal, de donde suben, chirriando, los cubos para la casa o los odres para la huerta.

Niños y mujeres se acercan al borde de la calzada, queriendo ver el interior del carro, y saludan a José, que es muy conocido en el lugar. Pero luego se muestran titubeantes y tímidos ante las otras tres personas.

Sin embargo, dentro ya de la pequeña ciudad, no hay titubeos ni temor. Mucha, mucha gente de todas las edades está a la entrada del pueblo bajo un rústico arco hecho con flores y ramas, y nada más que el carro aparece por detrás del recodo de la última casa de campo, que está colocada oblicuamente, se produce un verdadero gorjeo de voces agudas y un agitarse de ramas y flores. Son las mujeres, las chiquillas y los niños de Nazaret que saludan a la novia. Los hombres, más contenidos, están detrás de este seto agitado y gorjeante, y saludan con gravedad.

María, ahora que la cortina ha sido quitada, dejando al descubierto el carro — lo habían hecho ya antes de llegar al pueblo, porque el sol ya no molestaba, y para permitirle a María el ver bien su tierra natal — aparece en su belleza de flor. Blanca y rubia como un ángel, sonríe con bondad a los niños, que le echan flores y besos, a las jóvenes de su edad, que la llaman por el nombre, a las mujeres casadas, a las madres, a las ancianas, que la bendicen con sus voces cantadoras. Inclina su cabeza ante los hombres, y especialmente ante uno de ellos, que quizás es el rabino o la personalidad principal del pueblo.

El carro prosigue por la calle principal a paso lento, seguido de la muchedumbre por un buen trecho, muchedumbre para la que esta llegada es un acontecimiento.

14.3 «Ésa es tu casa, María» dice José señalando con el látigo una casita que está justo en la base de una ondulación de la colina, y que tiene en la parte de atrás un hermoso y amplio huerto, exuberante, que termina en un pequeño olivar. Más allá, la consabida cerca de espino albar y cácteas señala el límite de la propiedad. Las tierras, que fueron de Joaquín, están al otro lado...

«Te ha quedado poco, ¿ves?». dice Zacarías. «La enfermedad de tu padre fue larga y económicamente cara. Y caros fueron también los gastos para reparar el daño que hizo Roma. ¿Lo ves? La calle le ha cortado a la casa sus tres principales habitaciones. Se ha quedado más pequeña. Para ampliarla sin gastos excesivos, se cogió una parte del monte que forma una gruta; Joaquín tenía en ese lugar las provisiones y Ana sus telares. Haz con esto lo que creas más oportuno».

«¡Que sea poco no importa! Siempre me será suficiente. Me pondré a trabajar...».

«No, María» — es José quien habla —. «Yo seré quien trabaje. Tú sólo tejerás y coserás las cosas de la casa. Soy joven y fuerte, y soy tu esposo. No me atormentes viéndote trabajar».

«Haré como tú quieras».

«Sí, en esto yo quiero. Para todas las demás cosas tu deseo es ley, pero en esto no».

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María regresa a Nazaret tras años de vivir en el Templo. Está prometida a José y éste la acompaña, junto con Zacarías e Isabel.

ECR 14.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La siguiente cosa es abrir puertas y ventanas... El último sol entra curioso.

María se ha quitado el manto y el velo. Menos las flores de mirto, todavía va vestida como en los esponsales. Sale al huerto, que presenta un aspecto exuberante. Mira, sonríe, y, todavía de la mano de José, da un paseo. Se la ve como quien volviera a tomar posesión de un lugar perdido.

José le muestra el resultado de sus trabajos: «Mira, aquí he cavado para recoger el agua de la lluvia, porque estas cepas están siempre sedientas. A este olivo le he vuelto a cortar las ramas más viejas para darle vigor; y he plantado estos manzanos, porque dos estaban muertos; y luego, allí he plantado unas higueras. Cuando crezcan resguardarán a la casa del sol excesivo y de las miradas curiosas. La pérgola es la misma que había; lo único que he hecho ha sido cambiar los palos que estaban deteriorados, y también una labor de poda. Espero que dé mucha uvas. Y aquí, mira» y la lleva, orgulloso, hacia el terreno en pendiente que resguarda la casa por detrás y que es límite del huerto por el lado de tramontana, «y aquí he excavado una pequeña gruta, y la he reforzado, y, cuando agarren estas plantas, será casi igual que la que tenías. Falta el manantial... pero, espero hacer llegar aquí desde el manantial un regatillo. Pienso trabajar durante las largas tardes de verano cuando venga a verte...».

ECR 14.5.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

14.5 Descargan los pesados baúles y los meten en la casa. Entran. Reconozco ahora que es la casita de Nazaret, como será luego, durante la vida de Jesús.

José toma de la mano — un gesto habitual en él — a María, y entra así. Pero en el umbral de la puerta le dice: «Ahora, aquí, en el umbral de esta puerta, quiero de ti una promesa: que cualquier cosa que te suceda, o cualquier cosa que necesites, tu único amigo, la única persona en quien pienses para solicitar ayuda, sea yo, y que, bajo ningún motivo, debas sufrir sola ninguna pena. Yo estoy a tu entera disposición, y para mí será una satisfacción el hacerte feliz el camino, y, dado que la felicidad no siempre está en nuestra mano, al menos, hacértelo tranquilo y seguro».

«Te lo prometo, José». (...)

(...) [El hermano de José, Alfeo, pregunta:]

«Según tus planes, ¿cuándo vas a pensar en la boda?».

«Cuando María cumpla dieciséis años. Después de la fiesta de los Tabernáculos. ¡Dulces serán las tardes de invierno para los recién casados!...». Y sigue sonriendo mirando a María: una sonrisa que conlleva un pacto secreto y delicado; de una castidad fraterna consoladora.

Luego continúa caminando y explicando: «Ésta es la habitación grande que había en el monte. Si te parece bien, cuando venga, instalaré en ella mi taller. Está unida, pero no forma parte de la casa. Así no molestaré con los ruidos, o creando otros trastornos. No obstante, si no quieres que sea así...».

«No, José; así está muy bien».

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María regresa a Nazaret tras años de vivir en el Templo. Está prometida a José y éste la acompaña, junto con Zacarías e Isabel.

ECR 14.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Cómo es eso?» dice Alfeo. «¿No vais a celebrar la boda este verano?».

«No. María quiere tejer los paños de lana, que es lo único que le falta a su ajuar. Y a mí eso me satisface. María es tan joven, que el esperar un año o más no es nada. Entretanto se ambienta a la casa...».

«¡Bueno! Tú siempre has sido un poco distinto de los demás, y lo sigues siendo. No sé quién pudiera no tener prisa en tener por esposa a una flor como María, ¡y tú metes meses por medio!...».

«Alegría muy esperada, alegría más intensamente gustada» responde José con una sonrisa sutil.

El hermano se encoge de hombros y dice: «¿Y entonces?, según tus planes, ¿cuándo vas a pensar en la boda?».

«Cuando María cumpla dieciséis años. Después de la fiesta de los Tabernáculos. ¡Dulces serán las tardes de invierno para los recién casados!...». Y sigue sonriendo mirando a María: una sonrisa que conlleva un pacto secreto y delicado; de una castidad fraterna consoladora.

Detalle

María regresa a Nazaret tras años de vivir en el Templo. Está prometida a José y Alfeo, su hermano, se entera de que no celebrarán la boda inmediatamente.

ECR 14.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

14.7 Vuelven a entrar en la casa. Encienden las lámparas.

«María está cansada» dice José. «Dejémosla tranquila con sus primos».

Saludos de todos los que se marchan... José se queda todavía unos minutos y habla con Zacarías en voz baja.

«Tu primo te deja a Isabel durante un poco. ¿Contenta? Yo sí, porque te ayudará a... ser una perfecta ama de casa; con ella podrás colocar como quieras tus cosas y tu ajuar, y yo vendré todas las tardes a ayudarte; con ella podrás conseguir lana y todo lo que necesites, y yo me encargaré de los gastos. Acuérdate de que has prometido que recurrirías a mí para todo. Adiós, María. Duerme el primer sueño de señora en esta casa tuya, y que el ángel de Dios te le haga sereno. Que el Señor sea siempre contigo».

«Adiós, José. Queda tú también bajo las alas del ángel de Dios. Gracias, José, por todo. En la medida en que pueda, te pagaré por tu amor, con el mío».

José saluda a los primos y sale.

Y con él cesa la visión.

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María regresa a Nazaret tras años de vivir en el Templo. Está prometida a José y éste la acompaña, junto con Zacarías e Isabel. Recorren la casa y José interviene.