ECR 20.1-2
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
20.1 Estamos en Jerusalén. La conozco bien ya con sus calles y sus puertas.
Los dos esposos lo primero que hacen es dirigirse hacia el Templo. Reconozco la cuadra donde José dejó el burro el día de la Presentación en el Templo. También ahora deja allí — primero les ha dado de comer — a los dos burros, y con María va a adorar al Señor.
Salen. Van a una casa de personas conocidas según parece; allí comen y beben algo. María se pone a descansar hasta que vuelve José con un viejecillo. «Este hombre va por el mismo camino que tú. Deberás recorrer bien poco camino sola para llegar donde tu parienta. Fíate de él, que le conozco».
20.2 Vuelven a subirse a los burros. José acompaña a María hasta la Puerta (no la puerta por la que entraron; otra) y allí se despiden... María va sola con el viejecillo, que habla por todo lo que no hablaba José, y que se interesa de mil cosas. María contesta pacientemente.
Ahora, en la parte de delante de la albardilla lleva el baulillo (hasta entonces lo había llevado siempre José en su burrito), y ya no tiene la capa; tampoco lleva su toquilla, la cual está ahora doblada encima del baúl. Está guapísima con su vestido azul oscuro y con su velo blanco que la protege del sol. ¡Qué guapa está!
El viejecillo debe ser un poco sordo, porque, para que la oyera, María ha tenido que hablar bien fuerte; Ella, que habla siempre bajo. Ahora está ya cansado; ha agotado todo su repertorio de preguntas y de noticias y se ha quedado traspuesto sobre el burro, dejándose guiar por él, que conoce bien el camino.
María aprovecha esta tregua para recogerse en sus pensamientos y para orar. Debe ser una oración la que Ella va cantando en voz baja, mirando al cielo azul y con los brazos sobre el pecho y con rostro iluminado y beato por la emoción interior.
No veo más cosas.