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Notas del tema

Los Mandamientos y el Decálogo enseñados por la Iglesia

Página 36 de 40

Comodidad de lectura

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ECR 209.6-7 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«En esta tierra de Judea, no lejos de Belén de Noemí, os recuerdo que el amor alivia el dolor y devuelve la alegría. Pensad, vosotros que lloráis, en la desolación de Noemí después de que su casa se hubo quedado sin hombres. Escuchad sus palabras de desconsolado adiós a Orpá y Rut: “Volved a casa de vuestra madre. El Señor se muestre misericordioso con vosotras, como vosotras lo habéis sido con los que han muerto y conmigo...”. Escuchad cómo no se cansaba de insistir. La que había sido Noemí, la bella, y que ahora no era sino la desdichada Noemí, quebrantada por el dolor, ya no esperaba nada de la vida; solamente quería volver, para morir, a los lugares en que había sido feliz, cuando era joven, rodeada del amor de su marido y de los besos de sus hijos. Decía: “Marchaos, marchaos. Es inútil que vengáis conmigo... Yo soy como una muerta... Mi vida ya no está aquí, sino allá, al otro lado de la vida, donde ellos están. Dejad ya de sacrificar vuestra juventud al lado de una cosa que muere, porque realmente yo soy ‘una cosa’. Todo me resulta indiferente. Dios ha tomado todo lo que tenía... Soy pura angustia y sólo angustia os acarrearía... y ello pesaría en mi corazón, y el Señor me pediría cuentas — Él, que tanto ha descargado su mano sobre mí—; porque teneros a vosotras, que vivís, junto a mí, que estoy muerta, sería egoísmo. Id con vuestras madres...”.

Pero Rut se quedó, como apoyo de la doliente vejez. Rut había comprendido que siempre hay dolores mayores que el propio, y que su pena de joven viuda era más ligera que la de esta mujer que había perdido a sus dos hijos además del marido. De la misma forma, el dolor del niño huérfano que se ve obligado a vivir mendigando, privado ya de caricias, privado ya de buenos consejos, es mucho mayor que el de la madre que ha sido despojada para siempre de sus hijos. De la misma forma, el dolor de quien, por diversos motivos, llega a odiar al género humano y ve en todos los hombres un enemigo de quien defenderse y a quien temer, es aún mayor que los otros dolores, porque envuelve no sólo carne, sangre y mente, sino también al espíritu con sus deberes y derechos sobrenaturales y le lleva a la perdición.

¡Cuántas madres sin hijos para los hijos sin madres hay en el mundo! ¡Cuántas viudas sin descendencia, para que ejerzan su piedad para con los ancianos solitarios! ¡Cuántos han sido privados de amor para que se den enteramente a los infelices, con su necesidad de amar, y combatan así el odio, dando, dando, dando amor a la Humanidad infeliz, que sufre cada vez más porque cada vez odia más!

209.7

El dolor es cruz, pero también es ala. El luto despoja, pero para volver a vestir. ¡Alzaos, vosotros que lloráis! ¡Abrid los ojos, abandonad pesadillas, tinieblas y egoísmos! Mirad... el mundo es la landa donde se llora y se muere. El mundo suplica auxilio por boca de huérfanos y enfermos, por boca de los que viven en soledad, de los que vacilan, por boca de los que viven prisioneros del rencor por causa de una traición o de un acto de crueldad. Id a estos que gritan. ¡Olvidaos entre los olvidados! ¡Sanad entre los enfermos! ¡Esperad entre los desesperados! El mundo está abierto a las buenas voluntades que desean servir a Dios en el prójimo y conquistarse el Cielo: unión con Dios, reunión con aquellos cuya ausencia lloramos. Aquí nos ejercitamos, allí será la victoria. Venid. Estad cerca de todos los dolores, como Rut. Decid también vosotros: “Estaré con vosotros hasta la muerte”. Persistid aunque oigáis esta respuesta de los desgraciados que se consideran insanables: “No me llaméis ya Noemí, llamadme Mará, porque Dios me ha colmado de amargura”. En verdad os digo que un día, por vuestra persistencia, estas calamidades exclamarán: “Bendito sea el Señor, que me ha liberado de la amargura, de la desolación, de la soledad, por obra de una criatura que ha sabido hacer que su dolor diera un fruto bueno; que Dios la bendiga eternamente por haberme salvado”.

Fijaos: aquella buena acción de Rut hacia Noemí dio al Mesías al mundo, porque de David de Jesé, de Jesé de Obed, viene el Mesías, como Obed de Booz, Booz de Salmón, Salmón de Naassón, Naassón de Aminadab, Aminadab de Aram, Aram de Esrom, Esrom de Fares, para poblar los campos de Belén, preparando los antepasados del Señor: toda buena acción es origen de cosas grandes, que ni siquiera os imagináis; el esfuerzo de uno contra su propio egoísmo puede provocar una ola de amor tal, que puede subir, subir, llevando entre su transparencia a aquel que la provocó, hasta conducirle a los pies del altar, al corazón de Dios.

Que Dios os conceda la paz».

Anotación

Es en esta tierra de Judea, todavía cerca de la Belén de Noemí, donde os recuerdo cómo el amor alivia el dolor y trae la alegría. Cf. Libro de Rut, cap. 1, 1-22.

Libro de Rut 1, 1-22

Rt 1, 1-22 : En los días en que gobernaban los jueces, hubo hambre en la tierra. Un hombre de Belén de Judá se fue con su mujer y sus dos hijos a vivir a los campos de Moab. El hombre se llamaba Elimelec, y el nombre de su esposa era Noemí, y los nombres de sus dos hijos eran Mahalón y Quelón; eran efrateos de Belén de Judá. Fueron a los campos de Moab y se establecieron allí.

Cuando murió Elimelec, el marido de Noemí, ésta se quedó sola con sus dos hijos; tomaron esposas moabitas, una de las cuales se llamaba Orfa y la otra Rut, y vivieron allí unos diez años. También murieron Mahalón y Queljón, y la mujer se quedó sin sus dos hijos y sin su marido. Entonces ella y sus nueras se levantaron y salieron de los campos de Moab, porque había oído decir en el país de Moab que el Señor había visitado a su pueblo y le había dado pan. Así que ella y sus dos nueras salieron del lugar donde se había establecido, y se pusieron en camino para regresar a la tierra de Judá. Noemí dijo a sus dos nueras: "Id y volved cada una a casa de su madre. Que el Señor sea bondadoso con ustedes, como lo fue conmigo y con los que murieron. Que el Señor haga que cada una encuentre descanso en la casa de su esposo. Y las besó. Ellas alzaron la voz y lloraron, y le dijeron: "No; volveremos contigo a tu pueblo". Noemí dijo: "Volveos, hijas mías; ¿para qué habéis de venir conmigo? ¿Todavía tengo hijos en mi vientre que puedan ser vuestros maridos? Volved, hijas mías, volved. Soy demasiado vieja para volver a casarme. Y cuando digo: tengo esperanza; cuando esta misma noche me casara y tuviera hijos, ¿esperaríais a que crecieran? ¿os abstendríais por eso de volver a casaros? No, hijas mías. Es muy amargo para mí, por vuestra culpa, que la mano de Yahvé haya descendido sobre mí. Y, alzando la voz, volvieron a llorar. Entonces Orfa besó a su suegra, pero Rut se aferró a ella.

Noemí dijo a Rut: "He aquí que tu cuñada ha vuelto con su pueblo y con su dios; vuelve con tu cuñada". Rut respondió: "No me presiones para que te deje cuando me aleje de ti. Donde tú vayas, iré yo; donde tú habites, habitaré yo; tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios; donde tú mueras, moriré yo y allí seré enterrada. ¡Que Yahvé me trate con dureza si algo que no sea la muerte me separa de ti! Al ver que Rut estaba decidida a acompañarla, Noemí puso fin a sus súplicas.

Las dos siguieron su camino hasta llegar a Belén. Cuando entraron en Belén, todo el pueblo se conmovió con ellas, y las mujeres dijeron: "¿Es ésta Noemí? "20Ella les respondió: "No me llaméis Noemí; llamadme Marah, porque el Todopoderoso me ha amargado. Me fui con las manos llenas, y Yahvé me trae de vuelta con las manos vacías. ¿Por qué has de llamarme Noemí, después de que Yahvé ha testificado contra mí y el Todopoderoso me ha afligido?".

Así que Noemí regresó, y con ella su nuera, Rut la moabita, que había venido de los campos de Moab. Llegaron a Belén al comienzo de la siega de la cebada.

ECR 209.6 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

El dolor del niño huérfano que se ve obligado a vivir mendigando, privado ya de caricias, privado ya de buenos consejos, es mucho mayor que el de la madre que ha sido despojada para siempre de sus hijos. De la misma forma, el dolor de quien, por diversos motivos, llega a odiar al género humano y ve en todos los hombres un enemigo de quien defenderse y a quien temer, es aún mayor que los otros dolores, porque envuelve no sólo carne, sangre y mente, sino también al espíritu con sus deberes y derechos sobrenaturales y le lleva a la perdición.

ECR 209.7 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

El dolor es cruz, pero también es ala. El luto despoja, pero para volver a vestir. ¡Alzaos, vosotros que lloráis! ¡Abrid los ojos, abandonad pesadillas, tinieblas y egoísmos! Mirad... el mundo es la landa donde se llora y se muere. El mundo suplica auxilio por boca de huérfanos y enfermos, por boca de los que viven en soledad, de los que vacilan, por boca de los que viven prisioneros del rencor por causa de una traición o de un acto de crueldad. Id a estos que gritan. ¡Olvidaos entre los olvidados! ¡Sanad entre los enfermos! ¡Esperad entre los desesperados! El mundo está abierto a las buenas voluntades que desean servir a Dios en el prójimo y conquistarse el Cielo: unión con Dios, reunión con aquellos cuya ausencia lloramos. Aquí nos ejercitamos, allí será la victoria. Venid. Estad cerca de todos los dolores, como Rut. Decid también vosotros: “Estaré con vosotros hasta la muerte”. Persistid aunque oigáis esta respuesta de los desgraciados que se consideran insanables: “No me llaméis ya Noemí, llamadme Mará, porque Dios me ha colmado de amargura”. En verdad os digo que un día, por vuestra persistencia, estas calamidades exclamarán: “Bendito sea el Señor, que me ha liberado de la amargura, de la desolación, de la soledad, por obra de una criatura que ha sabido hacer que su dolor diera un fruto bueno; que Dios la bendiga eternamente por haberme salvado”.

Anotación

Si estos desgraciados que se creen incurables te dicen: "No me llames más Noemí, sino Mara, porque Dios me ha llenado de amargura", persiste. Cf. Rut 1, 1-22.

Libro de Rut 1, 1-22

Rut 1, 1-22 : En los días en que gobernaban los jueces, hubo hambre en la tierra. Un hombre de Belén de Judá se fue con su mujer y sus dos hijos a vivir a los campos de Moab. El hombre se llamaba Elimelec, y el nombre de su esposa era Noemí, y los nombres de sus dos hijos eran Mahalón y Quelón; eran efrateos de Belén de Judá. Fueron a los campos de Moab y se establecieron allí.

Cuando murió Elimelec, el marido de Noemí, ésta se quedó sola con sus dos hijos; tomaron esposas moabitas, una de las cuales se llamaba Orfa y la otra Rut, y vivieron allí unos diez años. También murieron Mahalón y Queljón, y la mujer se quedó sin sus dos hijos y sin su marido. Entonces ella y sus nueras se levantaron y salieron de los campos de Moab, porque había oído decir en el país de Moab que el Señor había visitado a su pueblo y le había dado pan. Así que ella y sus dos nueras salieron del lugar donde se había establecido, y se pusieron en camino para regresar a la tierra de Judá. Noemí dijo a sus dos nueras: "Id y volved cada una a casa de su madre. Que el Señor sea bondadoso con ustedes, como lo fue conmigo y con los que murieron. Que el Señor haga que cada una encuentre descanso en la casa de su esposo. Y las besó. Ellas alzaron la voz y lloraron, y le dijeron: "No; volveremos contigo a tu pueblo". Noemí dijo: "Volveos, hijas mías; ¿para qué habéis de venir conmigo? ¿Acaso tengo todavía hijos en mi vientre que puedan ser vuestros maridos? Volved, hijas mías, volved. Soy demasiado vieja para volver a casarme. Y cuando digo: tengo esperanza; cuando esta misma noche me casara y tuviera hijos, ¿esperaríais a que crecieran? ¿os abstendríais por eso de volver a casaros? No, hijas mías. Es muy amargo para mí, por vuestra culpa, que la mano de Yahvé haya descendido sobre mí. Y, alzando la voz, volvieron a llorar. Entonces Orfa besó a su suegra, pero Rut se aferró a ella.

Noemí dijo a Rut: "He aquí que tu cuñada ha vuelto con su pueblo y con su dios; vuelve con tu cuñada". Rut respondió: "No me presiones para que te deje cuando me aleje de ti. Donde tú vayas, iré yo; donde tú habites, habitaré yo; tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios; donde tú mueras, moriré yo y allí seré enterrada. ¡Que Yahvé me trate con dureza si algo que no sea la muerte me separa de ti! Al ver que Rut estaba decidida a acompañarla, Noemí puso fin a sus súplicas.

Las dos siguieron su camino hasta llegar a Belén. Cuando entraron en Belén, todo el pueblo se conmovió con ellas, y las mujeres dijeron: "¿Es ésta Noemí? "20Ella les respondió: "No me llaméis Noemí; llamadme Marah, porque el Todopoderoso me ha amargado. Me fui con las manos llenas, y Yahvé me trae de vuelta con las manos vacías. ¿Por qué has de llamarme Noemí, después de que Yahvé ha testificado contra mí y el Todopoderoso me ha afligido?".

Así que Noemí regresó, y con ella su nuera, Rut la moabita, que había venido de los campos de Moab. Llegaron a Belén al comienzo de la siega de la cebada.

ECR 209.7 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Toda buena acción es origen de cosas grandes, que ni siquiera os imagináis; el esfuerzo de uno contra su propio egoísmo puede provocar una ola de amor tal, que puede subir, subir, llevando entre su transparencia a aquel que la provocó, hasta conducirle a los pies del altar, al corazón de Dios.

ECR 211.3 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Si no queréis ser anatemas ante el Señor y ante mí, su siervo, amad al Mesías. Y no dudéis. Su testimonio es éste: espíritu de paz, amor perfecto, sabiduría que supera a cualquier otra, doctrina celestial, mansedumbre absoluta, poder sobre todas las cosas, humildad total, castidad angelical. No podréis equivocaros: cuando respiréis paz ante un hombre que se dice Mesías, cuando bebáis amor (el amor que emana de Él), cuando paséis de vuestras tinieblas a la Luz, cuando veáis la redención de los pecadores y la curación de los cuerpos, decid: ‘¡Éste es verdaderamente el Cordero de Dios!’

Detalle

Juan el Bautista habla a los habitantes de Hebrón y les dice que amen al Mesías.

ECR 211.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«“El Señor dijo a Josué: ‘Habla a los hijos de Israel y diles: Separad las ciudades de que os hablé por medio de Moisés para los fugitivos, para que en ellas se puedan refugiar los que involuntariamente hayan matado a una persona, pudiendo evitar así la ira del pariente próximo, del vengador de la sangre’ ”. Pues bien, Hebrón es una de estas ciudades. También está escrito: “Los ancianos de la ciudad no entregarán al inocente en manos de quien le busca para matarle; antes bien, le acogerán, le darán morada, y permanecerá allí hasta el juicio y hasta la muerte del sumo sacerdote de entonces, después de lo cual podrá volver a su ciudad y a su casa”.

En esta ley está ya presente y establecido el amor misericordioso hacia el prójimo. Dios ha impuesto esta ley porque no es lícito condenar al acusado sin haberle escuchado, ni matar en un momento de ira. Lo mismo puede decirse también para los delitos y las acusaciones de orden moral. No es lícito acusar si no se conoce, ni juzgar sin haber oído al acusado. Mas, hoy día, a las acusaciones y condenas debidas a culpas supuestas en todos, o a culpas imaginadas, se ha añadido una nueva serie: la que se dirige y se pronuncia contra los que se presentan en nombre de Dios. Durante los siglos pasados, se ha repetido contra los Profetas; ahora es contra el Precursor del Cristo y contra el Cristo.

Anotación

El Señor se dirigió a Josué con estas palabras: "Habla a los hijos de Israel y diles: 'Estableced las ciudades de refugio de las que os hablé por medio de Moisés, para que quien haya matado involuntariamente encuentre refugio en ellas y escape así de la ira del pariente más próximo, el vengador de la sangre. " Cf. Josué 20, 1-9 y Éxodo 21, 12-13. Véanse los extractos a continuación.

Continúa diciendo: "Y los ancianos de la ciudad no entregarán al inocente en manos del que intente matarlo, sino que lo recibirán y le permitirán habitar allí, y permanecerá allí hasta el juicio y hasta la muerte del sumo sacerdote entonces en funciones; después de lo cual podrá volver a su ciudad y a su casa. " Cf. Jos 20,1-9 y Núm 35,25-28. Véase más adelante.

En esta ley se observa y organiza el amor misericordioso hacia el prójimo. Es la ley de las ciudades de refugio y la ley de las ciudades levíticas.

Ciudades derefugio: Esta ley, a la que se refiere la cita precedente (Jos 20,1-6), se refiere a las ciudades de refugio, que servían de asilos para los homicidas involuntarios. De este modo, quedaban exentas de la ley de venganza (que Judas menciona en las últimas líneas de EMV 566.8, quizá refiriéndose a Génesis 9:6 y a ciertos pasajes que recordaremos más adelante). Había seis ciudades de refugio, entre ellas Hebrón (como aquí) y Cedes (como en EMV 342.1.2.7.9).

Ciudades levíticas: formaban parte de las 48 ciudades levíticas, donde vivían los levitas. Véase el extracto bíblico más abajo, en el Libro de Josué, capítulo 21.

Las prescripciones relativas a ambas se encuentran en Éxodo 21:12-13 | Números 35 | Deuteronomio 4:41-43 | Deuteronomio 19:1-13 | Josué 20-21. Véanse los extractos a continuación.

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Libro de Josué 20, 1-9 (ciudades de refugio)

Josué 20, 1-9: Yahvé habló a Josué, diciendo: "Habla a los hijos de Israel y diles: 'Como os ordené por medio de Moisés, fijaos ciudades de refugio, adonde pueda huir el homicida que haya matado a alguien por error sin saberlo, y ellas os servirán de refugio contra el vengador de la sangre. El asesino huirá a una de estas ciudades; se detendrá a la entrada de la puerta de la ciudad y explicará su caso a los ancianos de esa ciudad; ellos lo acogerán con ellos en la ciudad y le darán un lugar donde vivir con ellos. Si el vengador de la sangre le persigue, no entregarán al homicida en sus manos, pues sin saberlo ha matado a su prójimo, al que antes no odiaba. El homicida permanecerá en esa ciudad hasta que comparezca ante la asamblea para ser juzgado, hasta la muerte del sumo sacerdote que estará en funciones en esos días. Entonces el asesino dará media vuelta y regresará a su ciudad y a su hogar, a la ciudad de la que huyó."

Consagraron a Cedes en Galilea, en la región montañosa de Neftalí; a Siquem, en la región montañosa de Efraín; y a Cariath-arbe, que es Hebrón, en la región montañosa de Judá. Al otro lado del Jordán, frente a Jericó por el este, eligieron Bosor, en el desierto, en la llanura, ciudad de la tribu de Rubén; Ramot en Galaad, de la tribu de Gad, y Gaulón en Basán, de la tribu de Manasés. Estas fueron las ciudades asignadas a todos los hijos de Israel y al extranjero que moraba entre ellos, para que quien hubiera matado a alguien por error pudiera refugiarse allí, y no muriera a manos del vengador de la sangre antes de comparecer ante la asamblea.

Libro de los Números 35, 25-28

Núm 35:25-28 : Y la asamblea librará al homicida del vengador de la sangre, y lo hará volver a la ciudad de refugio a la que huyó; y morará allí hasta la muerte del sumo sacerdote ungido con el óleo santo. Si el homicida sale antes de ese tiempo del territorio de la ciudad de refugio adonde huyó, y si el vengador de la sangre lo encuentra fuera del territorio de su ciudad de refugio, y si el vengador de la sangre mata al homicida, éste no será culpable de homicidio; porque el homicida deberá permanecer en su ciudad de refugio hasta la muerte del sumo sacerdote; y, después de la muerte del sumo sacerdote, el homicida podrá regresar a la tierra donde está su posesión.

Libro del Éxodo 21, 12-13

Éx 21, 12-13 : El que hiera de muerte a un hombre deberá ser condenado a muerte. Pero si no le ha tendido una trampa y Dios se lo ha presentado en su mano, yo le señalaré un lugar donde pueda refugiarse.

Libro del Deuteronomio 4, 41-43

Deut 4, 41-43 : Entonces Moisés apartó tres ciudades al otro lado del Jordán, al este, para que si un homicida mataba por descuido a su prójimo y no había sido antes su enemigo, pudiera refugiarse en una de estas ciudades y salvar la vida. Estas eran: Bosor, en el desierto, en la llanura, para los rubenitas; Ramot, en Galaad, para los gaditas, y Golán, en Basán, para los manasitas.

Libro del Deuteronomio 19, 1-13

Deut 19, 1-13: Cuando Yahvé tu Dios haya destruido a las naciones cuya tierra Yahvé tu Dios te da, y tú las hayas expulsado y estés viviendo en sus ciudades y en sus casas, entonces separarás tres ciudades en medio de la tierra que Yahvé tu Dios te da en posesión. Repararás los caminos que conducen a ellas, y dividirás en tres partes la tierra que el Señor tu Dios te da en herencia, para que todo homicida huya a estas ciudades. Y éste es el caso en que el homicida que se refugie allí salvará su vida: si ha matado inadvertidamente a su prójimo, sin haber sido antes su enemigo. Por ejemplo, un hombre va a cortar leña al bosque con otro; su mano levanta el hacha para cortar un árbol; el hierro se escapa del mango, golpea a su compañero y lo mata: este hombre huirá a una de estas ciudades y su vida se salvará. De lo contrario, el vengador de la sangre, persiguiendo al asesino en el ardor de su cólera, le alcanzaría, si el camino fuera demasiado largo, y le asestaría un golpe mortal; y, sin embargo, este hombre no habría merecido la muerte, puesto que no tenía odio previo hacia la víctima. Por eso te doy este mandato: aparta tres ciudades. Y si Yahvé tu Dios ensancha tus fronteras, como juró a tus padres, y te da toda la tierra que prometió a tus padres que te daría, con tal de que guardes y cumplas todos estos mandamientos que hoy te doy, amando a Yahvé tu Dios y andando siempre por sus caminos, añadirás tres ciudades más a estas tres, para que no se derrame sangre inocente en medio de la tierra que Yahvé tu Dios te da en herencia, y no haya sangre sobre ti. Pero si un hombre odia a su prójimo, lo embosca y lo hiere de muerte, y luego huye a una de estas ciudades, los ancianos de su ciudad enviarán a apresarlo y lo entregarán en manos del vengador de la sangre, para que muera. Tu ojo no tendrá piedad de él, y quitarás la sangre inocente de Israel, y prosperarás.

ECR 211.6-8 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

¿Es que ya no hay siervos de Dios en Israel? Sí los hay. Lo que pasa es que son “ídolos”.

En la carta de Jeremías a los exiliados están escritas entre muchas cosas éstas. Quiero que pongáis atención en ellas, porque toda palabra del Libro es una enseñanza que, desde que el Espíritu la hace escribir por un hecho presente, se refiere a un hecho futuro. Así pues, está escrito: ...“Cuando entréis en Babilonia veréis dioses de oro, plata, piedra, madera... Cuidaos de no imitar las obras de los extranjeros. Y no tengáis miedo a sus ídolos... Decid en vuestro corazón: ‘Sólo a ti se te debe adorar, Señor’ ”.

La carta enumera las particularidades de estos ídolos, que tienen lengua fabricada por un artífice, de la que no se sirven contra sus falsos sacerdotes, que los despojan de su oro para ataviar a las meretrices y luego toman el oro profanado por el sudor de la prostitución para volver a componer al ídolo; de estos ídolos que pueden ser corroídos por la herrumbre o la polilla y que están limpios y ordenados solamente cuando el hombre los lava y los compone, pues por sí mismos nada pueden hacer a pesar de tener en la mano el cetro o la segur.

Y termina el Profeta diciendo: “Por tanto, no los temáis”. Luego añade: “Estos dioses son inútiles como vasijas rotas. Sus ojos están llenos del polvo que levantan los pies de los que entran en el templo. Están bien custodiados: como en una tumba, o como quien hubiera ofendido al rey, porque cualquier persona podría despojarlos de sus valiosas vestiduras. No ven la luz de las lámparas; son, en el templo, como las vigas. Las lámparas lo único que hacen es ahumarlos, mientras lechuzas, golondrinas u otros pájaros vuelan sobre sus cabezas y los motean de excrementos, y los gatos se guarecen entre sus vestiduras y las rompen. Por tanto, no hay que tenerles miedo, son cosas muertas. El oro no les sirve para nada, sólo es una cosa externa; si no se limpia, no brillan. Tampoco sintieron nada cuando los fabricaron. El fuego no los despertó. Los compraron a precios fabulosos. Los llevan a donde el hombre quiere, porque son vergonzosamente impotentes... ¿Y por qué, pues, se les llama dioses? Porque se les dedica adoración, ofrendas y la pantomima de falsas ceremonias (los que las celebran no las sienten, quienes las ven no creen en ellas). Si se les hace algún mal, como si es un bien, no responden. Son incapaces de elegir o destronar a un rey. No pueden devolver las riquezas, ni tampoco el mal. No pueden salvar a un hombre de la muerte, ni al débil de las manos del déspota. No sienten piedad ni por las viudas ni por los huérfanos. Asemejan a las piedras de la montaña...”.

Así, más o menos, dice la carta.

211.7

Mirad, ya no tenemos santos, sino ídolos, en las filas del Señor; por este motivo el mal es capaz de alzarse contra el bien: el mal que motea de excremento el intelecto y el corazón de los que ya no son santos, y anida entre sus falsas vestiduras de bondad.

Ya no saben pronunciar las palabras de Dios. Es lógico: su lengua es obra humana y hablan, por tanto, palabras de hombre — ¡cuando no de Satanás! —. Sólo saben arremeter insensatamente contra inocentes y pobres; pero guardan silencio ante la corrupción grave. En efecto, habiéndose corrompido todos, no pueden acusar al otro de las mismas culpas propias: con ambición — no por el Señor sino por Satanás —, trabajan aceptando el oro de la lujuria y del desmán, y lo trafican y substraen, en manos de un frenesí que desborda todo límite y arrasa cuanto encuentra a su paso. Sin cesar, se les deposita encima el polvo, que fermenta sobre ellos. Externamente, su rostro está limpio, pero el ojo de Dios ve muy sucio su corazón. La herrumbre del odio y el gusano del pecado los corroe. No saben cómo hacer para salvarse. Blanden maldiciones, como cetros o hachas, sin saber que sobre ellos pesa la maldición. Están encerrados en su pensamiento y en su odio, cual cadáveres en sus sepulcros o prisioneros en sus cárceles, y permanecen ahí, agarrándose a las barras, pues temen que una mano los aleje de ese lugar: en efecto, donde están, estos muertos son todavía algo (momias, nada más que momias, de aspecto humano, y sólo el aspecto, pues su cuerpo está reducido a madera seca), mientras que afuera serían objetos desechados por el mundo que busca la Vida, que necesita la Vida como el niño el pecho materno y que acepta a quien le da Vida y no hedor de muerte.

Están en el Templo, sí, y el humo de las lámparas — de los honores — los ahuma, pero la luz no les llega; todas las pasiones — los pájaros y gatos — anidan en ellos, pero el fuego de la misión no les da el místico tormento de ser consumidos por el fuego de Dios. Son refractarios al Amor. El fuego de la caridad no los enciende, la caridad no los viste con sus áureos esplendores: la caridad de dúplice forma y origen: caridad para con Dios y para con el prójimo, la forma; caridad de Dios y del hombre, el origen. Dios se aleja, en efecto, del hombre que no ama, siendo así que el origen divino cesa; el hombre se aleja del malvado, cesando así el segundo origen. La Caridad arrebata todo al hombre que no tiene amor. Se dejan comprar con precio maldito, se dejan llevar a donde quieren la ganancia y el poder.

¡No, no es lícito! Ninguna moneda puede comprar la conciencia, y menos aún la de los sacerdotes y maestros. No es lícito mostrarse sumisos ante las cosas fuertes de la tierra cuando quieren conducirnos a obrar en contra de lo que Dios ha establecido: esto no es sino impotencia espiritual, y está escrito: “El eunuco no entrará en la asamblea del Señor”. Si, pues, no puede ser del pueblo de Dios el impotente por naturaleza, ¿podrá ser su ministro el impotente de espíritu? En verdad os digo que muchos sacerdotes y maestros, habiendo perdido su virilidad espiritual, han venido a ser, culpablemente, eunucos espirituales. Muchos. ¡Demasiados!

211.8

Meditad, observad, comparad, y os daréis cuenta de que tenemos muchos ídolos y pocos ministros del Bien, que es Dios. Ahora se ve por qué sucede que las ciudades-refugio no son ya tales. Ya no se respeta nada en Israel. Los santos mueren por el odio hacia ellos de los no santos.

Pues bien, mi propuesta es una llamada. (...) Venid a servir a Dios. El tiempo está cercano. No os coja desapercibidos la Redención. Haced que llueva en terreno sembrado; si no, en vano caerá la lluvia. (...) La Salud está en seguir la Voz del Señor y creer en su Palabra. Venid en masa, (...) al servicio de Dios. Yo paso y os llamo. No seáis menos que las meretrices, a las cuales les es suficiente una palabra de misericordia para abandonar el camino recorrido precedentemente y tomar el del Bien.

Cuando he llegado me han preguntado: “Pero, ¿no nos guardas rencor?”. ¿Rencor! ¡No; antes bien, amor! Espero incluso veros entre las filas de mi pueblo, del pueblo que guío hacia Dios en el nuevo éxodo hacia la verdadera Tierra Prometida (el Reino de Dios), al otro lado del Mar Rojo de los sentidos, más allá de los desiertos del pecado, libres ya de todo tipo de esclavitud, hacia la Tierra eterna, de pingües delicias, colma de paz...

¡Venid! Es el Amor que pasa; quien quiera puede seguirle, porque para ser acogidos por Él se requiere solamente buena voluntad.

Anotación

En la carta de Jeremías a los exiliados dice, entre otras cosas, lo siguiente. Carta de Jeremías 1,1-72 (a veces insertada en Baruc 6). El extracto bíblico figura a continuación.

Dice: "El eunuco no entrará en la congregación del Señor. "En Deuteronomio 23,2.

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Libro del Deuteronomio 23, 2

Deut 23,2: El que tenga los testículos aplastados o la uretra cortada no entrará en la asamblea de Yahvé.

Libro de Jeremías 1, 1-72 (a veces transpuesto en el Libro de Baruc 6, 1-72) - Sobre los ídolos

Jeremías 1, 1-72 | Ba 6, 1-72 : Copia de la carta que Jeremías envió a los que estaban a punto de ser llevados cautivos a Babilonia por el rey de los babilonios, para decirles lo que Dios le había mandado decirles. A causa de los pecados que habéis cometido ante Dios, vais a ser llevados cautivos a Babilonia por Nabucodonosor, rey de los babilonios. Cuando lleguéis a Babilonia, permaneceréis allí muchos años y durante mucho tiempo, hasta siete generaciones, y luego os sacaré en paz. Pero en Babilonia veréis dioses de plata, oro y madera, que se llevan a hombros y que causan temor entre las naciones. Tened cuidado, pues, de no imitar también vosotros a esos extranjeros y dejaros dominar por el temor a esos dioses. Cuando veáis multitudes que se reúnen delante y detrás de ellos y les rinden homenaje, decid en vuestro corazón: "Es a ti, Maestro, a quien hay que adorar. Porque mi ángel está contigo y cuida de tu vida.

Pues la lengua de estos dioses ha sido pulida por un obrero; está recubierta de oro y plata, pero son mentira y no pueden hablar. En cuanto a una muchacha que ama las galas, han cogido oro y han hecho coronas para ponerlas en las cabezas de estos dioses. Los sacerdotes llegan a robar el oro y la plata de sus dioses y lo utilizan para sus propios fines; incluso se lo dan a las prostitutas de sus casas. Adornan a estos dioses de plata, oro y madera con ricas vestiduras como los hombres, pero no pueden protegerse de la herrumbre ni de los gusanos. Cuando se han vestido de púrpura, todavía tienen que limpiarse la cara, porque el polvo de la casa los cubre espesamente. Aquí hay uno que sostiene un cetro, como un gobernador de provincia: no matará a nadie que lo ofenda. Otro lleva una espada o un hacha en la mano, pero no puede defenderse del enemigo ni de los ladrones. Esto demuestra que no son dioses, así que no les temas.

Igual que el vaso de un hombre, cuando se rompe, se vuelve inútil, lo mismo ocurre con sus dioses. Si los colocas en una casa, sus ojos se llenan del polvo de los pies de los que entran. Así como se cierran cuidadosamente las puertas de la cárcel a un hombre que ha ofendido al rey, o a un hombre que está a punto de ser ejecutado, así los sacerdotes defienden la morada de sus dioses con puertas fuertes, con cerraduras y cerrojos, para que no sean asaltados por ladrones. Encienden lámparas, incluso más que para ellos mismos, y estos dioses no pueden ver ninguna de ellas. Son como una de las vigas de la casa, y se dice que sus corazones son devorados por las alimañas que salen de la tierra y los devoran a ellos y a sus ropas sin que lo sientan. Sus rostros se vuelven negros por el humo que sale de la casa. Búhos, golondrinas y otras aves revolotean alrededor de sus cuerpos y cabezas, y los propios gatos retozan del mismo modo. Por esto sabrás que no son dioses; así que no les temas.

El oro con que están recubiertos para embellecerlos, si alguien no les quita el óxido, no lo harán brillar; pues ni siquiera sintieron nada cuando los fundieron. Estos ídolos fueron comprados al precio más alto, y no hay aliento de vida en ellos. Al no tener pies, son llevados a hombros, mostrando así a los hombres su vergonzosa impotencia. ¡Que quienes los sirven se confundan con ellos! Si caen al suelo, no se levantan por sí mismos; y si alguien los levanta, no se mueven por sí mismos; y si se inclinan, no se enderezan. Las ofrendas se colocan ante ellos como ante los muertos. Los sacerdotes venden las víctimas que se les ofrecen y se lucran con ellas; sus esposas las salan y no dan nada a los pobres ni a los enfermos. Las mujeres parturientas o en estado impuro tocan sus sacrificios. Sabiendo, pues, por estas cosas, que no son dioses, no les temáis.

¿Y por qué llamarlos dioses? Porque son las mujeres las que vienen a traer sus ofrendas a estos dioses de plata, oro y madera. Y en sus templos se sientan los sacerdotes con las túnicas rasgadas, las cabezas y los rostros afeitados y las cabezas descubiertas. Rugen y gritan ante sus dioses, como en un banquete fúnebre. Sus sacerdotes los despojan de sus vestiduras y visten con ellas a sus mujeres e hijos. Tanto si se les hace mal como si se les hace bien, no pueden hacer ni lo uno ni lo otro; no pueden establecer un rey ni derrocarlo. Tampoco pueden dar riquezas, ni siquiera una moneda. Si alguien que les ha hecho un voto no lo cumple, no les pedirán nada. No salvarán a un hombre de la muerte; no arrebatarán al débil de la mano del poderoso. No darán vista al ciego, ni librarán al angustiado. No se apiadarán de la viuda, ni harán bien al huérfano. Estos ídolos de madera, recubiertos de oro y plata, son como rocas cortadas de una montaña, y los que les sirven serán avergonzados. ¿Cómo podemos creer o decir que son dioses?

Los propios caldeos los deshonran cuando, al ver a un hombre que no puede hablar, se lo presentan a Bel, pidiéndole al mudo que hable, como si el dios pudiera oír algo. Y aunque se dan cuenta, no pueden abandonar a estos ídolos, pues no tienen sentimientos. Las mujeres, envueltas en cuerdas, van y se sientan en los caminos, quemando harina gruesa; y cuando una de ellas, arrastrada por algún transeúnte, se ha acostado con él, reprocha a su vecina no haber sido juzgada digna del mismo honor, y no haber visto rota su trenza de junco. Todo lo que se dice de los ídolos es mentira. ¿Cómo, pues, podemos creer o decir que son dioses?

Han sido modelados por artesanos y orfebres; no pueden ser de otro modo que lo que los obreros quieren que sean. Y a los obreros que los crearon no les queda mucho tiempo de vida: ¿cómo podrían ser sus obras de larga duración? No han dejado a la posteridad más que mentiras y desgracias. Cuando viene la guerra, o alguna otra calamidad, los sacerdotes deliberan entre sí dónde se esconderán con sus dioses: ¿cómo, pues, no se entiende que no son dioses, que no pueden salvarse de la guerra o de alguna otra calamidad?

Estos ídolos de madera, recubiertos de oro y plata, serán reconocidos más tarde como una mentira; para todas las naciones y reyes será evidente que no son dioses, sino obras de hombres, y que no hay en ellos ninguna obra divina. ¿Para quién, pues, no será evidente que no son dioses?

Nunca establecerán un rey sobre una tierra, ni darán lluvia a los hombres. No podrán juzgar sus propios asuntos, ni protegerán contra la injusticia, pues nada pueden hacer, como cuervos que se interponen entre el cielo y tu tierra. Y cuando el fuego caiga sobre la casa de estos dioses de madera, recubierta de oro y plata, sus sacerdotes huirán y se salvarán; pero ellos se consumirán como vigas en medio de las llamas. No resistirán a un rey ni a un ejército enemigo. ¿Cómo podemos admitir o pensar que son dioses?

No escaparán a ladrones y salteadores, estos dioses de madera, cubiertos de plata y oro. Hombres más poderosos que ellos les quitarán la plata y el oro y se irán con las ricas vestiduras con que han sido cubiertos, y estos dioses no podrán valerse por sí mismos. Así que es mejor ser un rey que muestra su fuerza, o un recipiente útil en la casa que el amo usa, que ser estos falsos dioses; o una puerta en una casa que guarda lo que hay en ella, que ser estos falsos dioses; o un pilar de madera en la casa de un rey, que ser estos falsos dioses. El sol, la luz y las estrellas, que son brillantes y enviados en beneficio de los hombres, obedecen a Dios. Asimismo el relámpago, cuando aparece, es hermoso de contemplar; el viento también sopla sobre toda la tierra; y las nubes, cuando Dios les ordena que cubran toda la tierra, hacen lo que se les ordena. También el fuego, cuando es enviado desde lo alto para consumir las montañas y los bosques, hace lo que se le ordena. Pero los ídolos no son comparables, ni en belleza ni en poder, a todas estas cosas. Por eso no debemos pensar ni decir que son dioses, ya que no pueden discernir lo que es justo ni hacer el bien a los hombres. Sabiendo, pues, que no son dioses, no los temáis.

No pueden maldecir ni bendecir a los reyes. No muestran a las naciones señales en el cielo; no brillan como el sol ni dan luz como la luna. Las bestias son mejores que ellos, porque pueden huir y encontrar refugio y ser útiles para sí mismos. Por eso, de ninguna manera nos parece evidente que sean dioses; así que no les temáis.

Igual que un espantapájaros en un campo de pepinos no te protege de nada, así sucede con sus dioses de madera, cubiertos de oro y plata. Igual que un arbusto espinoso en un jardín sobre el que se posan todos los pájaros, o un muerto arrojado a un lugar oscuro, así son sus dioses de madera, recubiertos de oro y plata. Incluso la púrpura y la escarlata que se destiñen sobre ellos muestran que no son dioses. Ellos mismos acabarán siendo devorados y se convertirán en una vergüenza en la tierra. Mejor es el justo que no tiene ídolos; no tendrá que temer la confusión.

ECR 212.1-2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Toda Yuttá corre al encuentro de Jesús, con flores silvestres de las laderas de sus montes y con las primicias de los frutos de sus campos, además de las sonrisas de sus niños y las bendiciones de sus habitantes. Antes de que Jesús ponga pie en el pueblo, se ve rodeado de estas buenas personas que, avisadas por Judas de Keriot y Juan, que habían sido enviados con anticipación, acuden a honrar al Salvador con las cosas mejores que han encontrado; sobre todo, con su amor.

Jesús no hace otra cosa sino bendecir con el gesto y la palabra a estas personas, adultos o niños, que están pegadas alrededor de Él y le besan sus vestiduras y sus manos, o que depositan en sus brazos, para que los bendiga con un beso, a los lactantes; la primera que lo hace es Sara: le pone en su corazón a ese espléndido nene de diez meses que es ya Iesaí.

Tan impetuoso es el amor, que hace difícil proseguir el camino; no obstante, es como una ola que aligera. Creo que Jesús camina, más por el impulso de esta ola que por el de sus propios pies. Sin duda, la alegría que le proporciona este amor eleva su Corazón bien alto, al cielo sereno. Su rostro refulge como en los momentos de más viva alegría de Hombre-Dios; no es ese rostro de poder, de magnética mirada, de cuando realiza milagros; tampoco es el rostro majestuoso de cuando expresa su unión continua con el Padre, ni el severo de cuando reprime un pecado: todos esplendorosos, aunque con diversa luminosidad. La luz de ahora es la de las horas de distensión de todo su yo, agredido por todas partes, obligado a vigilar siempre hasta los más mínimos gestos o palabras, suyos o de los demás, rodeado de todas las asechanzas de este mundo que lanzan — maléfica tela de araña — sus hilos satánicos para envolver a la divina Mariposa que es el Hombre-Dios, queriendo paralizar su vuelo y aprisionar su espíritu, para que no salve al mundo; queriendo amordazar su palabra, para que no instruya a los supremos y culpables ignorantes de la tierra; atar sus manos, para que no santifiquen — sus manos de Sacerdote eterno — a los hombres corrompidos por el demonio y la carne; tapar sus ojos, para que la perfección de su mirada, verdadero imán, perdón, amor, encanto que vence toda resistencia excepto la del perfecto satanás, no atraiga hacia sí a los corazones.

212.2

¡Oh! ¿Es que, acaso, no sigue siendo así con Cristo por obra de sus enemigos? ¿Es que hoy día, la Ciencia y la Herejía, el Odio y la Envidia, los enemigos de la Humanidad, nacidos de la misma Humanidad cual ramas envenenadas en árbol bueno, no hacen, acaso, todo esto para que la Humanidad muera; ellos, que la odian más aún que a Cristo, puesto que la odian activamente privándola de su alegría al descristianizarla, mientras que a Jesús no pueden quitarle nada, siendo Él Dios y ellos polvo? Sí, lo hacen.

Mas Cristo se refugia en los corazones fieles, y desde allí mira, habla, bendice a la Humanidad, y luego... y luego se da a estos corazones, y ellos... y ellos, aunque permanezcan aquí, tocan el Cielo beato, y arden hasta el punto de que todo su ser sufre un delicioso tormento (...)

Detalle

María comienza describiendo su visión, luego pasa a describir a Jesús con más detalle y continúa con una reflexión personal.