ECR 29.7
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
El pecado de Eva era árbol de cuatro ramas: soberbia, avaricia, glotonería, lujuria. Y había que quebrar las cuatro antes de hacerle estéril en sus raíces.
Notas del tema
Comodidad de lectura
ECR 29.7
El pecado de Eva era árbol de cuatro ramas: soberbia, avaricia, glotonería, lujuria. Y había que quebrar las cuatro antes de hacerle estéril en sus raíces.
ECR 29.8
¿Has reflexionado, más bien, alguna vez, en qué tipo de humillaciones tuve que sufrir de parte de los hombres y sin defenderme en manera alguna? Incluso José, que era justo, me había acusado en su corazón. Los demás, que no eran justos, habían pecado de murmuración sobre mi estado, y el rumor de sus palabras había venido, como ola amarga, a estrellarse contra mi humanidad.
le dijo María a María:
ECR 29.9
Una madre no renuncia nunca a su hijo, si no se ve obligada a ello. Ya sea la patria, o el amor de una esposa, o el mismo Dios quienes piden el hijo a su corazón, ella se resiste a la separación. Es natural que sea así. El hijo crece dentro de nosotras, y el vínculo de su persona con la nuestra jamás queda completamente roto. A pesar de que el conducto del vital ombligo haya sido cortado, siempre permanece un nervio que nace en el corazón de la madre (un nervio espiritual, más vivo y sensible que un nervio físico) y arraiga en el corazón del hijo, y que siente como si le estiraran hasta el límite de lo soportable, si el amor de Dios o de una criatura, o las exigencias de la patria alejan al hijo de la madre; y que se rompe, lacerando el corazón, si la muerte arranca un hijo a su madre.
ECR 29.10
¡El Cielo!... Mi meta. Donde estaba Dios. Mi única hambre. Hambre que no es gula sino necesidad bendecida por Dios, por este Dios que quiere que sintamos apetito de Él.
Marie dice:
ECR 29.11
Todo vicio no refrenado conduce a un vicio mayor.
ECR 29.11
En vez de descender, siempre subí; en vez de hacer bajar, atraí siempre hacia arriba; y de mi compañero, que era un hombre honesto, hice un ángel.
Marie dice:
ECR 29.12
[He] anulado en mí hasta el último vestigio de Eva, la última raíz de aquel árbol de las cuatro ramas venenosas, aquel árbol que tenía hincada su raíz en el sentido y que había arrastrado a la caída a la humanidad, y que hasta el final de los siglos y hasta la última mujer os morderá las entrañas.
Marie dice:
ECR 29.12
29.12 Y a pesar de todo no era suficiente para que la mujer pudiera poseer la paz que Eva había perdido. Esa paz os la procuré al pie de la Cruz, viendo morir a Aquel que tú has visto nacer. Y, cuando me sentí arrancar las entrañas ante el grito de mi Hijo, quedé vacía de toda feminidad de connotación humana: ya no carne sino ángel. María, la Virgen desposada con el Espíritu, murió en ese momento; quedó la Madre de la Gracia, la que os generó la Gracia desde su tormento y os la dio. La hembra, a la que había vuelto a consagrar mujer la noche de Navidad, a los pies de la Cruz conquistó los medios para venir a ser criatura del Cielo.
Esto hice yo por vosotras, negándome toda satisfacción, incluso las satisfacciones santas. De vosotras, reducidas por Eva a hembras no superiores a las compañeras de los animales, he hecho — basta con que lo queráis — las santas de Dios. Por vosotras subí, y, como a José, os elevé. La roca del Calvario es mi Monte de los Olivos. Ése fue mi impulso para llevar al Cielo, santificada de nuevo, el alma de la mujer, junto con mi carne, glorificada por haber llevado al Verbo de Dios y anulado en mí hasta el último vestigio de Eva, la última raíz de aquel árbol de las cuatro ramas venenosas, aquel árbol que tenía hincada su raíz en el sentido y que había arrastrado a la caída a la humanidad, y que hasta el final de los siglos y hasta la última mujer os morderá las entrañas. Desde allí, donde ahora resplandezco envuelta en el rayo del Amor, os llamo y os indico cuál es la Medicina para venceros a vosotras mismas: la Gracia de mi Señor y la Sangre de mi Hijo.
María describe lo que tuvo que pasar para participar en la corredención de las mujeres. Superó el orgullo humillándose hasta lo más profundo de su ser. Venció la codicia de nuestros primeros padres renunciando por adelantado a su Hijo. Venció la codicia, tanto de conocimiento como de placer, aceptando conocer sólo lo que Dios quería que conociera. Y superó la lujuria, que es la gula llevada al extremo de la glotonería. Continúa su explicación a María:
ECR 29.13
Haz descansar a tu alma con la luz de esta alborada de Jesús para tener fuerza en las futuras crucifixiones que no te van a ser evitadas, porque te queremos aquí, y aquí se viene a través del dolor; porque te queremos aquí, y más alto se viene cuanto mayor ha sido la pena sobrellevada para obtener Gracia para el mundo.
ECR 30
Título del capítulo : El anuncio a los pastores, primeros adoradores del Verbo hecho hombre.
Fecha de la visión y del dictado: Miércoles 7 de junio de 1944 (Vigilia del Cuerpo de Cristo)
Calendario: Miércoles 11 de diciembre -5 d.C.
Lugar (mapa) : Belén
Ciclo: Nacimiento e infancia de Jesús
Resumen: La visión de María comienza en el campo de Belén. Hay una luz muy brillante en el cielo, que atrae la atención de animales y personas. Uno de los pastores sale y llama a sus compañeros, que se quedan intrigados por el fenómeno. Uno de los pastores más jóvenes incluso empieza a llorar, hasta que recupera la compostura y parece cautivado por algo: ya no presta atención a los demás y se adelanta. Esto hace reflexionar a sus compañeros, que refunfuñan un poco, pero el joven Leví les habla de una luz que desciende. Entonces fue el primero en ver a un ángel y todos se arrodillaron para recibir al siervo del Señor. El ángel mensajero les dio la feliz noticia del nacimiento del Salvador, y entonces una multitud de ángeles cantó el Gloria. Después regresaron al cielo, dejando solos a los pastores. Pero los pastores no se demoraron: partieron en dirección a la cuna, llevando una hermosa manta para el Niño y una oveja para proporcionarle leche caliente.
Llegaron... Pero no sabían cómo hacerlo. Así que invitaron al más joven, Leví, para que observara lo que ocurría. El pastor miró y les dijo que la Virgen estaba cuidando a su bebé, que lloraba de hambre y de frío. Los pastores quieren que se acerque Leví, pero el joven quiere que se acerque Elías, que ya ha conocido a María y a José en MTS 28. Los pastores se dan así a conocer y pueden adorar al niño. Les ofrecen sus regalos y dejan entrar a Elías, que ha permanecido en la entrada, sin atreverse a acercarse. Jesús pudo así recibir leche caliente.
Los pastores señalan que la Sagrada Familia no puede quedarse aquí y prometen ayudarles y difundir la noticia del nacimiento del Señor. Cuando José les señala que son pobres y que no podrán compensarles, ellos dicen que no quieren nada. Al contrario, querían servir al Niño y a sus padres. Cuando María respondió a sus preguntas y les dijo que sus padres eran Zacarías e Isabel, Elías se ofreció a ir a verle y decirle que María de Nazaret le había pedido que fuera a Belén.
Finalmente, cada pastor se presentó por su nombre y luego se retiraron... dejando atrás sus corazones, como explicó María Valtorta.
Jesús hizo entonces un dictado y declaró que los pastores eran los primeros adoradores del Verbo. Tienen todas las cualidades necesarias para ser almas eucarísticas, pues poseen una fe definida, generosidad, humildad, deseo, obediencia pronta y, por último, amor. Por último, Cristo subraya que los que tienen alma de niño, como Leví, saben ver a Dios con más claridad y tienen más valor para dirigirse a María. Nos invita a rezar a María, porque quien va a María lo encuentra y quien se lo pide a María lo recibe a través de su Madre.
Contenido del capítulo: 30.1: Una luna deslumbrante en el campo. 30.2: Un pastorcillo atraído por una luz más brillante. 30.3: Un ángel se aparece y habla a los pastores. 30.4: Una multitud de ángeles canta el Gloria. 30.5: El pastor del día anterior señala el pesebre. 30.6: Lo que el joven pastor ve detrás del manto en la entrada. 30.7: Se presentan una piel de oveja y leche caliente. 30.8: Elías encontrará una casa y avisará a Zacarías. 30.9: Los doce pastores se nombran y besan al niño. 30.10: Elogios para los pastores. 30.11: El que va a María me encuentra.