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Notas de la palabra clave

La Virgen María

Tema: La Virgen María en toda la EMV · Página 8 de 32

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ECR 23.10

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

23.10 “Déjame poner las manos en tu vientre”. ¡Ah, si cuando sufrís me pidierais siempre esto!

Yo soy la eterna Portadora de Jesús. Él está dentro de mi pecho, como tú le viste el año pasado, cual Hostia en el ostensorio. Quien a mí viene, a Él le encuentra; quien en mí se apoya, a Él le toca; quien a mi se dirige, con Él habla. Yo soy su vestidura. Él es el alma mía. Mi Hijo está ahora más unido a mí que durante los nueve meses de gestación. A quien a mí viene y apoya su cabeza en mi regazo, todo dolor se le adormece, toda esperanza le florece, toda gracia le fluye.

Yo oro por vosotros. Recordadlo. La beatitud de estar en el Cielo, viviendo en el esplendor de Dios, no me distrae de mis hijos que padecen en la tierra. Yo oro. Todo el Cielo ora porque el Cielo ama. El Cielo es caridad que vive, y la Caridad tiene piedad de vosotros. Pero, aunque sólo estuviera yo, habría suficiente oración para cubrir las necesidades de quien espera en Dios. Porque no ceso de orar por todos vosotros, santos y malvados, para dar: a los santos, la alegría; a los malvados, el salvífico arrepentimiento.

Venid, venid, hijos de mi dolor. Os espero al pie de la Cruz para distribuir gracias».

ECR 24

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Título del capítulo: Circuncisión de Juan el Bautista. María es fuente de gracia para los que acogen la Luz.

Fecha de la visión: Martes 4 de abril de 1944 (Martes Santo).

Fecha del dictado: Martes 4 de abril de 1944. En una copia mecanografiada, María Valtorta anota: "La Santísima Virgen María dictó estas palabras el Miércoles Santo".

Calendario: Viernes 12 de julio del año -5

Lugar (mapa): Hebrón

Ciclo: Nacimiento e infancia de Jesús

Resumen: Es la circuncisión de Juan. Hay mucha gente en casa de Zacarías. Hablan del nombre del niño y quieren ponerle el nombre de su padre, pero Isabel es inflexible: se llamará Juan. Se pide la opinión de Zacarías y éste escribe que, en efecto, se llamará Juan, "Dios es misericordioso". Entonces se le soltó la lengua y pronunció su himno. Isabel se alegró mucho. Tuvo lugar la circuncisión y el niño se tranquilizó en brazos de la Virgen. Zacarías fue a verla y le pidió perdón por no haberla reconocido cuando estaba embarazada del Salvador. La bendijo y la Inmaculada le respondió que todas las alabanzas debían ser para Dios. La Inmaculada le pidió también que rezara por ella, pues si ser madre del Salvador es un destino bendito, ser madre del Redentor debe ser un destino de atroces sufrimientos.

En el dictado que sigue, María explica que Dios perdona a los que reconocen sus pecados y se arrepienten. Nos invita a despojar nuestras almas de todo lo que las agobia y a acoger la Luz de Dios. La Virgen sigue explicando que quien posee a Dios, quien tiene la amistad de Dios, nunca está solo, porque aunque esto no quite el sufrimiento, nos da luz y una caricia que aligera nuestra cruz. También debemos saber agradecer al Altísimo sus gracias.

Por último, la Inmaculada nos explica que la hacemos sufrir mucho porque rechazamos la gracia. Cuando dio el dictado, se acercaba el Viernes Santo, por lo que nos invitó a rezar con las palabras de su Hijo en la Cruz. Finalmente, recuerda a María que, aunque ve sus alegrías, su sufrimiento siempre ha crecido exponencialmente, hasta que recibe en sus brazos a su Hijo muerto.

Contenido del capítulo: 24.1: La casa en fiesta. 24.2: El nombre. El milagro. El Benedictus. 24.3: Sólo María puede calmar el dolor del pequeño Juan al volver de su circuncisión. 24.4: Zacarías, que puede hablar de nuevo, se postra ante María. 24.5: María pide sus oraciones por la Corredentora en que se convertirá. 24.6: Dios perdona a los arrepentidos. 24.7: Él hace que el dolor sea dulce en su amargura. 24.8: El dolor de ver a un enemigo de Jesús. 24.9: El misterio del Viernes Santo. 24.10: Un dolor cada vez mayor.

ECR 24.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

24.1 Veo ambiente de fiesta en la casa. Es el día de la circuncisión.

María se ha preocupado de que todo esté lindo y en orden. Las habitaciones resplandecen de luz. Lucen por todas partes los más bellos paños, los más bellos atavíos. Hay mucha gente. María se mueve ágil entre los grupos, toda hermosa con su más bonito vestido blanco.

Isabel, reverenciada como una matrona, goza feliz su fiesta. El niño está en su regazo, saciado ya de leche.

ECR 24.4-5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

24.4 Entra Zacarías y cierra la puerta. Mira a María con lágrimas en los ojos. Hace ademán de hablar. Guarda silencio. Continúa adelante. Se arrodilla ante María y le dice: «Bendice al mísero siervo del Señor. Bendícele. Tú puedes hacerlo, tú que le llevas en tu seno. La palabra de Dios me ha hablado cuando he reconocido mi error, cuando he creído en todo cuanto me había sido dicho. Yo te veo a ti y veo tu destino feliz. Adoro en ti al Dios de Jacob. Tú, mi primer Templo, donde el sacerdote, regresado, puede de nuevo orar al Eterno. Bendita tú, que has obtenido gracia para el mundo y le traes el Salvador. Perdona a tu siervo si no ha visto antes tu majestad. Con tu venida nos has traído todas las gracias. En efecto, doquiera que vas, ¡oh Llena de Gracia!, Dios obra sus prodigios; santas son las paredes en que tú entras, santos se hacen los oídos que oyen tu voz y la carne que tú tocas, santos los corazones, porque tú confieres Gracia, Madre del Altísimo, Virgen profetizada y esperada para darle al pueblo de Dios el Salvador».

24.5 María sonríe, encendida de humildad, y habla: «Gloria al Señor, a Él sólo. De Él y no de mí viene toda gracia, y Él te la dona para que le ames y sirvas con perfección en los años que te quedan, para merecer su Reino, que será abierto por mi Hijo a los Patriarcas, a los Profetas, a los justos del Señor. Y tú, ahora que puedes orar ante el Santo, ora por la sierva del Altísimo; que, si ser Madre del Hijo de Dios es destino dichoso, ser Madre del Redentor debe ser destino de atroz sufrimiento. Ora por mí, que hora a hora siento crecer mi peso de dolor, y durante toda una vida tendré que llevarlo; no lo veo en sus detalles particulares, pero sí siento que será un peso mayor que si sobre estos hombros míos de mujer se posase el mundo y tuviera que ofrecérsele al Cielo. ¡Yo, yo sola, una pobre mujer! ¡Mi Niño! ¡El Hijo mío! El tuyo no llora si yo le acuno; pero, ¿voy a poder acunar yo al mío para calmarle el dolor?... Ora por mí, sacerdote de Dios. Mi corazón tiembla como una flor en medio de un temporal. Miro a los hombres y los amo, pero detrás de sus rostros veo aparecer al Enemigo, y veo cómo los hace enemigos de Dios, de Jesús, de mi Hijo...».

Y la visión cesa con la palidez de María y esas lágrimas suyas que hacen luciente su mirada.

Detalle

Zacarías acaba de descubrir que María es la Toda Santa, la que da a luz al Salvador.

ECR 25

El Evangelio como me ha sido revelado

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Título del capítulo : La presentación de Juan Bautista en el Templo y la partida de María. La Pasión de José.

Fecha de la visión y del dictado: Miércoles 5 y jueves 6 de abril de 1944 (Semana Santa)

Calendario: Martes 13 de agosto -5 d.C.

Lugar (mapa) : Jerusalén

Ciclo: Nacimiento e infancia de Jesús

Resumen: María, Isabel y Zacarías están en Jerusalén para la presentación de Juan Bautista en el Templo. A su llegada, María pregunta por José en un establo al que tienen que ir todos los peregrinos, pero el santo varón no está allí. El grupo continúa, pues, su camino hacia el Templo.

Tiene lugar el rito de la purificación y los sacerdotes se alegran de dar esta fiesta por uno de los suyos. La gente se sorprende de que Isabel sea la madre: al principio, todos piensan que María es la madre de Juan. Pero se dan cuenta de que eso no es posible, pues María ya está embarazada, mientras que Juan sólo tiene unos días. Cuando Isabel presentó al niño en el Templo, ya no hubo lugar a dudas, y todos quedaron asombrados.

El rito había terminado y José seguía sin aparecer. Zacarías sugirió que esperaran en casa de los padres de Zebedeo, para que, si el carpintero no llegaba, su mujer pudiera volver a Galilea con unos pecadores que pasaban por la casa. Sin embargo, esperaron todo lo que pudieron y José llegó por fin.

Saludó a la Virgen con alegría y respeto y deseó ver al niño. Isabel y Zacarías le concedieron su deseo, y luego se despidieron. San José sugirió entonces a la Llena de Gracia que partiera de noche, para que el viaje le resultara más agradable. Ella aceptó. Mientras se preparaba, José se dio cuenta de que María estaba embarazada. Pero no dijo nada...

A continuación, María hizo un dictado sobre la Pasión de José. Explicó que duró tres días, pero que fue intensa: la Virgen tuvo que luchar contra la tentación de desanimarse. Podía ver el sufrimiento de su esposo, pero no podía aliviarlo de ninguna manera para obedecer el mandato de Dios, que le había dicho que guardara silencio. María calló y José sufrió, pero era santo, y por eso Dios le concedió su iluminación.

Por último, María nos exhorta siempre a pedir la gracia y a actuar con confianza, dondequiera y cuandoquiera que estemos.

Contenido del capítulo: 25.1: María se sorprende al no ver a José cuando llega al Templo. 25.2: Zacarías es recibido con honores. La multitud se asombra de la edad de la madre. 25.3: María no encuentra a José en la posada. Lo espera en casa de los padres de Zebedeo. 25.4: José llega y se disculpa. 25.5: Está preocupado por María. 25.6: Zacarías e Isabel se van. María vuelve a un magnífico jardín. 25.7: José sale durante la noche y se da cuenta del estado de María. 25.8: El dolor de un amante es el mayor regalo que Dios puede hacer a los que creen en su Hijo. 25.9: José también tuvo su Pasión. El sufrimiento de María en ese momento. 25.10: La gran santidad de José. 25.11: Tú también debes vivir tu Pasión. 25.12: Después de Pascua (1944), habrá silencio ante el dolor del Redentor.

ECR 25.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Durante la noche entre el miércoles y el jueves de la Semana Santa, veo cuanto sigue.

Zacarías, Isabel, María (ésta con el pequeño Juan en brazos) y Samuel (con un cordero y una cesta con la paloma) están bajando de un cómodo carro, al que viene atado el burrito de María. Se apean delante de la caballeriza de costumbre — que debe ser la etapa de todos los peregrinos que vienen al Templo — para dejar sus cabalgaduras.

María llama a un hombre de baja estatura, el dueño de la caballeriza, y le pregunta si durante el día precedente o en las primeras horas de la mañana ha llegado algún nazareno. «Ninguno, mujer» contesta el viejecillo. María se queda extrañada, pero no dice nada más.

Le encarga a Samuel que le busque un puesto al burro. Luego alcanza a los dos ancianos padres y refiere el retardo de José: «Algo le habrá entretenido, pero seguro que viene hoy». Vuelve a coger al niño — se le había dejado a Isabel — y se encaminan hacia el Templo.

ECR 25.1-2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Durante la noche entre el miércoles y el jueves de la Semana Santa, veo cuanto sigue.

Zacarías, Isabel, María (ésta con el pequeño Juan en brazos) y Samuel (con un cordero y una cesta con la paloma) están bajando de un cómodo carro, al que viene atado el burrito de María. Se apean delante de la caballeriza de costumbre — que debe ser la etapa de todos los peregrinos que vienen al Templo — para dejar sus cabalgaduras.

(...) [Todos van al Templo.]

25.2 Los hombres que están de guardia le reciben a Zacarías con honor, y los otros sacerdotes le saludan y felicitan. Zacarías, hoy, con sus vestiduras sacerdotales y la alegría del padre que se siente feliz, está guapísimo. Parece un patriarca. Creo que Abraham debía asemejarse a él cuando jubilaba por ofrecer a Isaac al Señor.

Veo la ceremonia de la presentación del nuevo israelita y la purificación de la madre. Es todavía más pomposa que la de María, porque por el hijo de un sacerdote los sacerdotes hacen mucha fiesta. Acuden en masa y se ponen manos a la obra diligentes en torno al grupito de las mujeres y del recién nacido.

También otras personas se han acercado curiosas. Oigo los comentarios. Dado que María lleva en brazos al pequeñuelo mientras se dirigen al lugar establecido, la gente cree que es la madre.

Pero una mujer dice: «No puede ser. ¿No veis que está encinta? El niño no tiene más de unos pocos días y Ella está ya abultada».

«Ya... pero» dice otro «sólo puede ser Ella la madre. La otra es vieja. Será una parienta. No puede ser madre a esa edad».

«Vamos detrás de ellos y así vemos quién tiene razón».

Bien grande viene a ser el asombro cuando se ve que la que cumple el rito de la purificación es Isabel, que ofrece su corderillo balante para el holocausto y su paloma por el pecado.

«La madre es aquélla. ¿Has visto?».

«¡No!».

«Sí».

La gente, incrédula, sigue cuchicheando. Cuchichean tanto, que el grupo sacerdotal que está presente en el rito se ve obligado a emitir un «¡Chsss!» imperativo. La gente se calla un momento, pero musita aún más fuerte cuando Isabel, radiante de santo orgullo, toma al niño y se adentra en el Templo para presentarle al Señor.

«Es ella realmente».

«Es siempre la madre quien lo ofrece».

«Y entonces, ¿qué milagro es éste?».

«¿Qué será ese niño concedido en edad tan tardía a esa mujer?».

«¿Qué signo es éste?».

«¿No sabéis — dice uno que en ese momento llega jadeante — que es hijo del sacerdote Zacarías, de la estirpe de Aarón, aquel que quedó mudo estando ofreciendo el incienso en el Santuario?».

«¡Misterio! ¡Misterio! ¡Y ahora ya puede hablar otra vez! El nacimiento del hijo le ha soltado la lengua».

«¿Qué espíritu será el que le habló y le incapacitó la lengua para acostumbrarle al silencio sobre los secretos de Dios?».

«¡Misterio! ¿Qué verdad será la que conoce Zacarías?».

«¿No será que su hijo es el Mesías esperado por Israel?».

«Ha nacido en Judea, no en Belén, ni de una virgen. No puede ser Mesías».

«¿Y entonces quién?».

Mas la respuesta queda en los silencios de Dios y la gente se queda con su curiosidad.

Cumplido el ceremonial, los sacerdotes ahora también agasajan a la madre y al pequeñuelo; la única que pasa poco observada es María; es más, incluso la evitan casi con repulsión cuando se dan cuenta del estado suyo.

Detalle

Lucas 1, 65-66 : Al instante se le abrió la boca y se le soltó la lengua, y [Zacarías] habló y bendijo a Dios.

El temor se apoderó de toda la gente de la vecindad, y todos estos acontecimientos se contaron por toda la región montañosa de Judea. Todos los que oían hablar de ellos los guardaban en su corazón y decían: "¿Qué será entonces este niño?". En efecto, la mano del Señor estaba con él.

ECR 25.3-5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

25.3 Terminadas todas las felicitaciones, la mayor parte vuelve a la calle. María quiere pasar de nuevo por la caballeriza para ver si ya ha llegado José... No ha llegado. Y se queda desilusionada y pensativa.

Isabel se preocupa por Ella. «Hasta la hora sexta podemos estar aquí, pero luego tenemos que irnos para llegar a casa antes de la primera vigilia... es todavía demasiado pequeño para estar más tiempo de noche».

Y María, tranquila y triste, dice: «Me quedaré en un patio del Templo, iré donde mis maestras... No sé. Algo haré».

Zacarías interviene con una propuesta que enseguida aceptan como una buena resolución. «Vamos a casa de los familiares de Zebedeo. José, sin duda, te buscará allí, y, si él no fuera allí, te será fácil encontrar a alguien que te acompañe hacia Galilea, porque en esa casa hay un continuo ir y venir de pescadores de Genesaret».

Toman el borriquillo y van adonde estos parientes de Zebedeo, los cuales son los mismos de la casa en que se detuvieron José y María cuatro meses antes.

Las horas pasan deprisa y José no aparece. María domina su contrariedad acunando al niño; pero se la ve pensativa. Como para esconder su estado, no se ha quitado nunca el manto, a pesar de que el intenso calor les hace sudar a todos.

25.4 Por fin se oye llamar fuerte a la puerta. Es el anuncio de la llegada de José. El rostro de María resplandece sosegado.

José la saluda, porque Ella se ha presentado antes y le ha saludado con reverencia: «¡La bendición de Dios sea contigo, María!».

«Y contigo, José. ¡Alabado sea el Señor porque has venido! Zacarías e Isabel iban a marcharse ya para estar en casa antes de que fuera de noche».

«Tu mensajero llegó a Nazaret estando yo en Caná para unos trabajos. Lo supe anteayer por la tarde. Me puse en marcha enseguida. Pero, por mucho que haya venido sin detenerme, he llegado tarde, porque había perdido una herradura el burro. ¡Perdona!».

«¡Perdona tú, por haber estado tanto tiempo lejos de Nazaret! La verdad es que se sentían tan felices de tenerme con ellos, que pensé darles hasta ahora esta satisfacción».

«Has hecho bien, Mujer. ¿Dónde está el niño?».

Entran en la habitación donde Isabel está dando de mamar a Juan, antes de marcharse. José felicita a los padres por la fortaleza del niño, que ha sido separado del pecho para mostrárselo a José, y que chilla y patalea como si le estuvieran despellejando. Ante esta protesta, todos se echan a reír. También ríen los parientes de Zebedeo, y se unen a la conversación. Habían venido trayendo fruta fresca, leche y pan para todos, y una gran bandeja de pescado.

25.5 María habla muy poco. Está tranquila y silenciosa, sentada en su rinconcito, con las manos bajo su manto sobre el regazo. Habla poco y se mueve poco, incluso cuando bebe una taza de leche, y al comer un racimo de uvas doradas con un poco de pan. Mira a José apenada y escrutadora al mismo tiempo.

También él la mira. Pasado un rato, inclinándose hacia su hombro, le pregunta: «¿Estás cansada? ¿Te duele algo? Estás pálida y triste».

«Me duele separarme de Juanín. Le quiero. Le he tenido sobre mi corazón desde pocos momentos después de nacer...».

José no pregunta nada más.

Ha llegado la hora de la partida de Zacarías. El carro se para delante de la puerta. Todos se acercan. Las dos primas se abrazan con amor. María besa una y otra vez al pequeñuelo antes de depositarle sobre el regazo de su madre, que ya está sentada en el carro. Luego saluda a Zacarías y le pide su bendición. Al arrodillarse delante del sacerdote, el manto se le desliza de los hombros y las formas le aparecen en la luz intensa de la tarde estiva. No sé si José las percibe en este momento en que está ocupado en saludar a Isabel. El carro se pone en movimiento.

ECR 25.6-7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

25.6 José con María entran de nuevo en casa. Ella vuelve a su sitio del rincón semioscuro. «Si no te importa viajar de noche, yo propondría salir con la puesta del Sol. El calor, durante el día, es fuerte; la noche, en cambio, estará fresca y serena. Lo digo por ti, para que no cojas demasiado sol. Para mí no es nada el estar bajo el sol intenso, pero tú...».

«Como quieras, José. Yo también veo conveniente caminar de noche».

«La casa — dice José — está toda en orden, como también el huertecillo. ¡Vas a ver qué flores más bonitas! Vas a llegar a tiempo de verlas florecer todas. El manzano, la higuera y la vid están repletos de frutos como nunca lo han estado; y he tenido que apuntalar el granado, pues sus ramas están cargadísimas de frutos, maduros ya como jamás se vio en esta época. Y el olivo... Dispondrás de aceite en abundancia. Ha tenido una florescencia milagrosa y no se ha perdido ni una flor. Todas son ya pequeñas aceitunas. Cuando estén maduras, el árbol parecerá lleno de oscuras perlas. Tan bonito como tu huerto no hay ningún otro en Nazaret. La familia está asombrada. Alfeo dice que se trata de un prodigio».

«Obra de tus cuidados».

«¡Oh, no! ¡Yo soy sólo un pobre hombre! ¿Qué he hecho yo realmente? Cuidar un poco los árboles, echar un poco de agua a las flores... Mira, te he hecho una fuente donde acaba el huerto, al lado de la gruta, y he dispuesto allí un pilón. Así no tendrás que salir para coger agua. La he traído de ese manantial que está encima del olivar de Matías. Es pura y abundante. Te he hecho llegar un pequeño regato. He construido un canalillo bien tapado, y ahora llega y canta como un arpa. Me dolía el que tuvieras que ir a la fuente del pueblo y volver cargada con las ánforas llenas de agua».

«Gracias José. ¡Tú eres bueno!».

Los dos esposos guardan silencio ahora, como cansados. José incluso se queda traspuesto. María ora.

25.7 Cae la tarde. Los huéspedes insisten en que antes de ponerse en camino coman otra vez. José come pan y pescado; María, sólo fruta y leche.

Luego inicia la marcha. Montan sus burritos. José ha atado sobre su asno, como cuando venían, el baulillo de María, y, antes de que Ella monte en el borriquillo, comprueba que la albardilla esté bien segura. Veo que José observa a María cuando se monta, pero no dice nada.

Bajo las primeras estrellas que empiezan a latir en el cielo, comienza el viaje. Se apresuran, quizás para llegar a las puertas antes de que las cierren. Al salir de Jerusalén y coger la vía de Galilea, ya el cielo sereno está repleto de estrellas y hay un gran silencio en el campo. Sólo se oye el canto de algún ruiseñor y el choque de las pezuñas de los dos borriquillos contra el terreno duro de la vía abrasada por el verano.

ECR 26

El Evangelio como me ha sido revelado

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Título del capítulo: José pide perdón a María. Fe, caridad y humildad para recibir a Dios.

Fecha de la visión y del dictado: Miércoles 31 de mayo de 1944

Calendario: Sábado 17 de agosto del año -5

Lugar (mapa) : Nazaret

Ciclo: Nacimiento e infancia de Jesús

Resumen: María está sola en su casa de Nazaret. Está sola, rezando, hasta que llaman a la puerta: es José. Viene a pedirle perdón y la Virgen le dice que no tiene nada que perdonarle. Pero su marido le responde que sabía que estaba embarazada de Emmanuel, y que había hecho mal al no dejar que se lo explicara. Iba a actuar sin consultarla primero, y lo consideró un insulto a su esposa. Así que le pide perdón, y el carpintero le revela todo el sufrimiento de sus últimos días. Él le preguntó por qué no le había contado su secreto, y María le respondió que si su humildad no hubiera sido tan perfecta, no se le habría concedido la gracia de ser la Madre del Salvador. Sea como fuere, José propuso celebrar la boda cuanto antes y empezar a planear la venida de Jesús. Él se angustia ante la idea de recibir a su Dios en su casa, pero María le tranquiliza y le habla de la alegría de ser los padres del Redentor.

A continuación, la Virgen dicta y comenta este episodio. A continuación, habla de las condiciones esenciales para agradar a Dios y tenerlo en el corazón: la fe, la caridad y la humildad absoluta. Además, la Madre nos anima a permanecer ocultos y a dejar que el Señor nos proclame sus siervos, como María, que le dejó actuar como quiso cuando estaba encinta del Espíritu Santo.

Contenido del capítulo: 26.1: Ver a María. 26.2: María se escabulle bajo la sombra de un manzano. 26.3: José llega y se disculpa por haber sospechado de ella. 26.4: María no hizo más que obedecer a Dios. 26.5: La boda tendrá lugar la semana siguiente. 26.6: Estaba pálida porque sufría el dolor de José. 26.7: Humildad en su máxima expresión, como la que llevaba. 26.8 : Las condiciones para agradar y recibir a Dios. 26.9 : Dejad que el Señor os proclame sus siervos.