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Notas del tema

Palabras clave principales y transversales 🌟.

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Comodidad de lectura

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ECR 68.3-5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Entre tanto, algunas personas, curiosas, se han acercado a los dos, cuyo aspecto imponente — distinto en ambos — atrae e impresiona.

Jesús baja la mirada. Sonríe a esta pequeña multitud con esa sonrisa suya cuya dulzura ningún pintor podrá nunca reflejar fidedignamente y ningún creyente que no la haya visto puede imaginar. Y dice: «Venid, si os sentís deseosos de palabras eternas».

68.4 Se dirige hacia un arco del pórtico; bajo él, apoyado en una columna, empieza a hablar. Toma como punto de partida lo que había sucedido por la mañana.

«Esta mañana, entrando en Sión, he visto que por pocos denarios dos hijos de Abraham estaban dispuestos a matarse. Habría podido maldecirlos en nombre de Dios, porque Dios dice: “No matarás”, y también afirma que quien no obedece a su ley será maldito. Pero he tenido piedad de su ignorancia respecto al espíritu de la Ley y me he limitado a impedir el homicidio, para que puedan arrepentirse, conocer a Dios, servirle obedientemente, amando no sólo a quien los ama, sino también a los enemigos.

Sí, Israel. Un nuevo día surge para ti. Más luminoso se hace el precepto del amor. ¿Acaso empieza el año con el nebuloso Etanim, o con el triste Kisléu de jornadas más breves que un sueño y noches tan largas como una desgracia? No, el año comienza con el florido, luminoso, alegre Nisán, cuando todo ríe y el corazón del hombre, aun el más pobre y triste, se abre a la esperanza porque llega el verano, la cosecha, el sol, la fruta; cuando dulce es dormir, incluso en un prado florecido, con las estrellas como candil; cuando es fácil alimentarse porque todo terrón produce hierba o fruto para el hambre del hombre.

Mira, Israel. Ha terminado el invierno, tiempo de espera. Ahora toca la alegría de la promesa que se cumple. El Pan y el Vino pronto se ofrecerán para saciar tu hambre. El Sol está entre vosotros. Todo, ante este Sol, adquiere un respiro más dulce y amplio, incluso el precepto de nuestra Ley, el primero, el más santo entre los preceptos santos: “Ama a tu Dios y ama a tu prójimo”.

En el marco de la luz relativa que hasta ahora te ha sido concedida, se te dijo — no habrías podido hacer más, porque sobre ti pesaba todavía la cólera de Dios por la culpa de Adán de falta de amor — se te dijo: “Ama a los que te aman y odia a tu enemigo”. Pero era tu enemigo no sólo quien traspasaba las fronteras de tu patria, sino también el que te había faltado en privado, o que te parecía que hubiera faltado. Así que el odio anidaba en todos los corazones, porque ¿quién es el hombre que, queriendo o sin querer, no ofende al hermano, y quién el que llega a la vejez sin que le hayan ofendido?

Yo os digo: amad incluso a quien os ofende. Hacedlo pensando que Adán fue un prevaricador respecto a Dios, y que por Adán todo hombre lo es, y que no hay ninguno que pueda decir: “Yo no he ofendido a Dios”. Y, sin embargo, Dios perdona no una sola vez, sino muchas, muchísimas, muchísimas veces, y es prueba de ello la permanencia del hombre sobre la tierra. Perdonad, pues, como Dios perdona. Y, si no podéis hacerlo por amor hacia el hermano que os ha perjudicado, hacedlo por amor a Dios, que os da pan y vida, que os tutela en las necesidades terrenas y ha orientado todo lo que sucede a procuraros la eterna paz en su seno. Ésta es la Ley nueva, la Ley de la primavera de Dios, del tiempo florecido de la Gracia que se ha hecho presente entre los hombres, del tiempo que os dará el Fruto sin igual que os abrirá las puertas del Cielo.

68.5 La voz que hablaba en el desierto no se oye, pero no está muda. Habla todavía a Dios en favor de Israel y le habla todavía en el corazón a todo israelita recto, y dice — después de haberos enseñado: a hacer penitencia para preparar los caminos al Señor que viene; a tener caridad dando lo superfluo a quien no tiene ni siquiera lo necesario; a ser honestos no causando extorsiones o maltratando a nadie — os dice: “El Cordero de Dios, quien quita los pecados del mundo, quien os bautizará con el fuego del Espíritu Santo está entre vosotros; Él limpiará su era, recogerá su trigo”.

Sabed reconocer a Aquel que el Precursor os indica. Sus sufrimientos se elevan a Dios para procuraros luz. Ved. Ábranse vuestros ojos espirituales. Conoceréis la Luz que viene. Yo recojo la voz del Profeta que anuncia al Mesías, y, con el poder que me viene del Padre, la amplifico, y añado mi poder, y os llamo a la verdad de la Ley. Preparad vuestros corazones a la gracia de la Redención cercana. El Redentor está entre vosotros. Dichosos los dignos de ser redimidos por haber tenido buena voluntad.

La paz sea con vosotros».

Detalle

Jesús se refiere a un acontecimiento que tuvo lugar en EMV 64.7.

ECR 68.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Yo soy el Pastor de que hablan los Profetas, y vengo a reunir a las ovejas de todas las regiones, a curar a las enfermas, a conducir al pasto bueno a las errantes. Para mí no hay Judea o Galilea, Decápolis o Idumea. Sólo hay una cosa: el Amor que mira con un único ojo y une en un único abrazo para salvar...

ECR 68.6-7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Pedidle algún milagro. Es poderoso. Cura. Lee los corazones. Da respuesta a todos los porqués».

«Háblale; para mí, que estoy enfermo. El ojo derecho está muerto, el izquierdo se está secando...».

«Maestro».

«Judas». Jesús, que estaba acariciando a una niña pequeña, se vuelve.

«Maestro, este hombre está casi ciego y quiere ver. Le he dicho que Tú puedes curarle».

«Puedo para quien tiene fe. Hombre, ¿tienes fe?».

«Yo creo en el Dios de Israel. Vengo aquí para meterme en Betesda, pero siempre hay uno que me precede».

«¿Puedes creer en mí?».

«Si creo en el ángel de la piscina, ¿no voy a creer en ti, de quien tu discípulo dice que eres el Mesías?».

Jesús sonríe. Se moja el dedo con saliva y roza apenas el ojo enfermo. «¿Qué ves?».

«Veo las cosas sin la niebla de antes. Y el otro, ¿no me lo curas?».

Jesús sonríe de nuevo. Vuelve a hacer lo mismo, esta vez con el ojo ciego. «¿Qué ves?» le pregunta, levantando del párpado caído la yema del dedo.

«¡Ah, Señor de Israel, veo tan bien como cuando de niño corría por los prados! ¡Bendito Tú, eternamente!». El hombre llora postrado a los pies de Jesús.

«Ve. Sé bueno ahora por gratitud hacia Dios».

68.7 Un levita, que había llegado cuando estaba concluyéndose el milagro, pregunta: «¿Con qué facultad haces estas cosas?».

«¿Tú me lo preguntas? Te lo diré, si me respondes a una pregunta. Según tu parecer, ¿es más grande un profeta que profetiza al Mesías o el Mesías mismo?».

«¡Qué pregunta! El Mesías es el más grande: ¡es el Redentor que el Altísimo ha prometido!».

«Entonces, ¿por qué los profetas hicieron milagros? ¿Con qué facultad?».

«Con la facultad que Dios les daba para probar a las multitudes que Él estaba con ellos».

«Pues bien, con esa misma facultad Yo hago milagros. Dios está conmigo, Yo estoy con Él. Yo les pruebo a las multitudes que es así, y que el Mesías bien puede, con mayor razón y en mayor medida, lo que podían los profetas».

El levita se marcha pensativo y todo termina.

Detalle

Jesús habla y Judas anima a la gente a pedirle un milagro. Jesús realiza uno, y al final le preguntan con qué autoridad lo hace.

ECR 69

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús sale del Templo con Judas. Judas quiere ir con él, pero Jesús le dice que tiene que rezar con el Padre. Afirma que el espíritu debe primar siempre sobre la carne, y que casi hay que matar la carne en favor de la vida sobrenatural. Judas pregunta entonces cómo es posible que no nos preocupemos por la carne y evoca el mandamiento "No matarás". Jesús respondió que debemos comer con continencia, sin envenenarnos ni comer en exceso, porque eso halaga nuestro gusto. A continuación, retomó el tema del suicidio y habló largo y tendido sobre él. Cristo declara que quien se suicida peca por orgullo. Judas señala que la gente se suicida por desesperación, pero Jesús dice que la desesperación no es otra cosa que orgullo: porque creemos que no tenemos ayuda en ninguna parte, ni siquiera de Dios, que es Padre y puede tendernos la mano. Judas señala que todos los que se suicidaron en las Escrituras antes de su venida habían pecado, pero el Maestro declara que habrán podido recibir la Misericordia de Dios, aunque nunca esté permitido hacer violencia a uno mismo ni a los demás. Después de la venida del Verbo, en cambio, el pecado del suicidio será siempre severamente condenado por la Justicia de Dios si el pecador se suicida, declarando que queda separado para siempre de Dios y no puede recibir el perdón de Dios. Puesto que la vida es un don de Dios, debemos amarla y utilizarla para ganar la eternidad.

Judas comprende el pensamiento de Cristo, pero tiene dificultades para aplicarlo. Hablan de la tentación de Cristo, y luego Jesús habla de los ángeles (espíritus puros) y del hombre, rey de la creación, a quien Jesús ha venido a rehabilitar.

A punto de dejar a Jesús, Judas le pregunta si no puede llevarlo a otro lugar que no sea el olivar, para que sea "mejor considerado". Pero, aunque Jesús le agradece su consideración, le gusta quedarse en este ambiente humilde. Vendrá para todos, tanto para los pequeños como para los grandes, pero sobre todo se quedará donde haya humildad. Finalmente, los dos hombres se separan poco después.

ECR 69.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Yo te digo que hay que saber tomar de los alimentos sustento, pero no veneno. Y si se ve que un alimento nos es nocivo (porque se producen reacciones en nosotros por las cuales ese alimento es nefasto, siendo más fuerte que nuestros humores buenos, los cuales lo podrían neutralizar) es necesario dejar de tomar ese alimento, aunque sea apetitoso al gusto. Mejor pan, sin más, y agua de la fuente, que no los platos rebuscados de la mesa del rey que tienen especias que alteran y envenenan.