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Notas del tema

Las virtudes y características divinas de Jesucristo

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Comodidad de lectura

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ECR 64.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

64.6 Así, puede entrar la madre con el pequeñuelo: un niño todavía lactante, esquelético. Le acerca. Dice solamente: «Jesús, Tú los amas. Lo has dicho. ¡Que este amor y tu Madre...!» ... y se echa a llorar.

Jesús toma al lactante — realmente moribundo —, se le pone contra el corazón, le tiene un momento con la boca en la carita cérea de labiuchos violáceos y párpados ya caídos. Un momento le tiene así... y, cuando le separa de su barba rubia, la carita tiene color rosáceo, la boquita expresa una sonrisa indecisa de infante, los ojitos miran alrededor vivarachos y curiosos, las manitas, antes cerradas y caídas, gesticulan entre el pelo y la barba de Jesús, que ríe.

«¡Oh, hijo mío!» grita, dichosa, la mamá.

«Toma, mujer. Sé feliz y buena».

Y la mujer toma al niño renacido y le estrecha contra su pecho, y el pequeño reclama inmediatamente sus derechos de alimento: hurga, abre, encuentra... y mama, mama, mama, ávido y feliz.

Jesús bendice a los presentes. Pasa entre ellos.

Detalle

Jesús acaba de curar al paralítico y la multitud se marcha.

ECR 64.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Jesús bendice a los presentes. Pasa entre ellos. Va a la puerta, donde está el enfermo que tenía mucha fiebre.

«¡Maestro! ¡Sé bueno!».

«Y tú también. Usa la salud en la justicia». Le acaricia y sale.

ECR 66.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Yo tengo a Dios conmigo. Yo soy su Verbo. Soy aquel que anunciaron los Profetas, que fue prometido a los Patriarcas, el esperado de las muchedumbres. Pero, ¿por qué, ¡oh Israel!, te has vuelto tan ciega y sorda que ya no sabes leer ni ver, oír ni comprender lo verdadero de los hechos? Mi Reino no es de este mundo, Judas. Disuádete. Vengo a traerle a Israel la Luz y la Gloria, mas no las de la Tierra. Vengo a llamar a los justos de Israel al Reino. Porque de Israel y con Israel debe formarse y venir la planta de vida eterna cuya linfa será la Sangre del Señor, la planta que se extenderá por toda la Tierra hasta el fin de los siglos. Mis primeros seguidores serán de Israel; mis primeros confesores, de Israel; mas también mis perseguidores, mis verdugos y quien me traicionará serán de Israel...

Detalle

Jesús habló a Judas y le dijo:

ECR 66.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Tú, Judas, me sigues por una idea que es humana. Yo te debo disuadir de ello. No he venido para esto».

«Pero, ¿Tú no eres el que ha sido designado para Rey de los judíos, aquél de quien hablaron los profetas? Otros han surgido, pero les faltaban demasiadas cosas, y han caído como hojas que el viento ya no sostiene. Tú tienes a Dios contigo, hasta el punto de que obras milagros. Allí donde está Dios, el éxito de la misión está asegurado».

«Es verdad lo que has dicho: que Yo tengo a Dios conmigo. Yo soy su Verbo. Soy aquel que anunciaron los Profetas, que fue prometido a los Patriarcas, el esperado de las muchedumbres. Pero, ¿por qué, ¡oh Israel!, te has vuelto tan ciega y sorda que ya no sabes leer ni ver, oír ni comprender lo verdadero de los hechos? Mi Reino no es de este mundo, Judas. Disuádete. Vengo a traerle a Israel la Luz y la Gloria, mas no las de la Tierra. Vengo a llamar a los justos de Israel al Reino. Porque de Israel y con Israel debe formarse y venir la planta de vida eterna cuya linfa será la Sangre del Señor, la planta que se extenderá por toda la Tierra hasta el fin de los siglos. Mis primeros seguidores serán de Israel; mis primeros confesores, de Israel; mas también mis perseguidores, mis verdugos y quien me traicionará serán de Israel...».

«No, Maestro. Eso no sucederá nunca. Aunque todos te traicionasen yo estaré contigo y te defenderé».

«¿Tú, Judas? ¿Y en qué basas tu seguridad?».

«En mi honor de hombre».

«Cosa más frágil que una tela de araña, Judas. Es a Dios a quien tenemos que pedirle la fuerza de ser honestos y fieles. ¡El hombre!... El hombre lleva a cabo obras de hombre. Para llevar a cabo obras del espíritu — y seguir al Mesías en verdad y justicia quiere decir realizar obras de espíritu — hace falta matar al hombre y hacer que vuelva a nacer. ¿Eres capaz de tanto?».

«Sí, Maestro. Y además... cierto que no todo Israel te amará, pero no llegará al punto de darle a su Mesías verdugos y traidores: ¡te espera desde hace siglos!».

«Me los dará. Ten presente a los Profetas, sus palabras... y cómo terminaron. Yo estoy destinado a defraudar a muchos, y tú eres uno de ellos. Judas, tienes aquí, frente a ti, a una persona mansa, pacífica, pobre y que quiere seguir siendo pobre. No he venido para imponerme o guerrear; no disputo ningún reino ni ningún poder a los fuertes y a los poderosos; Yo sólo a Satanás le disputo las almas, y vengo a vencer las cadenas de Satanás con el fuego de mi amor. Vengo para enseñar misericordia, sacrificio, humildad, continencia. Yo te digo, y digo a todos: no tengáis sed de riquezas humanas; trabajad más bien por las monedas eternas. Judas, si me crees uno que ha de triunfar sobre Roma y sobre las castas que imperan, desengáñate. Herodes y César, y los que son como ellos, pueden dormir tranquilos mientras Yo hablo a las turbas. No he venido para arrancar cetros a nadie... mi cetro, eterno, ya está preparado, pero nadie, que no fuera amor como soy Yo, lo querría empuñar.»

ECR 66.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Tómame contigo, Maestro. No puedes rechazarme. Si eres el Salvador y ves que yo soy un pecador, una oveja descarriada, un ciego que no va por camino justo, ¿por qué rehúsas salvarme? Tómame contigo. Te seguiré hasta la muerte...».

«¡Hasta la muerte! Cierto. Esto es cierto. Luego...».

«¿Luego, Maestro?».

«El futuro está en el seno de Dios. Vete. Mañana nos volveremos a ver junto a la Puerta de los Peces».

«Gracias, Maestro. El Señor sea contigo».

«Y su misericordia te salve».

Y todo termina.

Detalle

Judas insiste en ser uno de los discípulos de Jesús.

ECR 67

El Evangelio como me ha sido revelado

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Jesús está solo. Se encuentra con dos hombres que se pelean e intentan apuñalarse. Cristo interviene de nuevo, advirtiéndoles que se detengan; entonces, como no le hacen caso, realiza un milagro y las cuchillas se rompen.

Mientras llegan los soldados de Roma, Jesús dirige un breve sermón a los hombres de Israel, y luego también a los paganos presentes, exhortándoles a amar, y señalando también que no es mediante la violencia como salimos victoriosos, sino mediante la santidad. La ira es un pecado que puede apartarnos de la bendición de Dios, y los hijos del Señor deben ser amables y amarse los unos a los otros.

Cuando terminó de hablar, le preguntaron si era el Mesías, y Jesús no lo negó. Le vuelven a preguntar si hacía milagros, y tampoco lo niega, e incluso hace milagros cuando le traen enfermos. La multitud se alegra y Jesús bendice.

Entonces llegó Judas y preguntó qué había pasado. Le pregunta si se va a quedar en Jerusalén, pero Jesús le dice que va a viajar a Judea, y le promete ir a Keroth. Finalmente, ambos hablan de Juan el Bautista, a quien Herodes ha arrestado. Si Jesús es la Bondad, el Precursor es la Penitencia. La visión termina aquí.

ECR 67.2-5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

67.2 Dos se enzarzan seriamente por causa del burro de uno, que se ha servido de la magnífica cesta de lechugas del otro burro comiéndose una buena cantidad. Tal vez es sólo un pretexto para desfogarse de un viejo resentimiento. El hecho es que de debajo de los vestidos, que llegan sólo hasta las pantorrillas, aparecen dos feos cuchillos cortos, anchos como una mano: semejan dagas seccionadas pero bien afiladas, y brillan al sol. Gritos de mujeres, vocerío de hombres. Nadie interviene para separar a estos dos, que están ya preparados para el rústico duelo.

Jesús, que iba caminando meditabundo, levanta la cabeza, ve, y, con paso velocísimo, acude a separarlos. «¡Quietos, en nombre de Dios!» ordena.

«¡No! ¡Quiero terminar de una vez con este maldito perro!».

«¡Yo también! ¿Te gustan las orlas? Te voy a hacer una con tus tripas».

Los dos giran alrededor de Jesús, dándole empujones, insultándole para que se quite de en medio, tratando de clavarse los cuchillos; pero no lo consiguen, porque Jesús con movimientos inteligentes del manto desvía los cuchillos y dificulta la precisión de los golpes. Ya su manto presenta algunos jirones.

La gente chilla: «Salte, nazareno, pagarás Tú las consecuencias». Pero Él no se mueve y trata de restablecer la calma, llamando la mente a Dios. ¡Inútil! La ira tiene enloquecidos a los dos contendientes.

Jesús emana milagro. Manda por última vez: «¡Os ordeno estaros quietos!».

«¡No! ¡Quítate! ¡No te metas donde no te llaman, perro na­za­re­no!».

Entonces Jesús extiende las manos, con aspecto de potencia fulgurante. No dice ni una palabra, pero las hojas de los cuchillos caen desmenuzadas al suelo, como si fueran de cristal y hubieran pegado contra una peña.

Los dos miran los mangos cortos, inservibles, que han quedado entre sus dedos. El estupor apacigua la ira. La multitud grita de asombro.

67.3 «¿Y ahora?» pregunta Jesús severo. «¿Dónde está vuestra fuerza?».

Los soldados que estaban de guardia en la puerta, habiendo acudido a los últimos gritos, miran también estupefactos, y uno se agacha a recoger los fragmentos de las hojas y, no creyendo que sean de acero, los prueba en la uña.

«¿Y ahora?» repite Jesús. «¿Dónde está vuestra fuerza?, ¿en qué basáis vuestro derecho?; ¿en esos trozos de metal que ahora son fragmentos entre el polvo?, ¿en esos trozos de metal que no tenían más fuerza que la del pecado de ira contra un hermano y que os despojaba de toda bendición divina y, por tanto, de toda fuerza? ¡Oh..., míseros quienes se fundan en medios humanos para vencer, sin saber que no es la violencia, sino la santidad, lo que nos hace vencedores en la Tierra! ¡Y no sólo en ella, pues, efectivamente, Dios está con los justos!

Oíd, todos vosotros de Israel, y también vosotros, soldados de Roma: la Palabra de Dios habla para todos los hijos del hombre, y no será el Hijo del hombre quien se la niegue a los gentiles.

El segundo de los preceptos del Señor es precepto de amor hacia el prójimo. Dios es bueno y quiere benevolencia en sus hijos. Quien no es benévolo con su prójimo no puede llamarse hijo de Dios ni puede tener a Dios consigo. El hombre no es un animal sin razón que se lanza y muerde por derecho a la presa. El hombre tiene una razón y un alma: por la razón debe saberse guiar como hombre, por el alma debe saber hacer esto santamente. Quien no lo hace así, se pone por debajo de los animales, se rebaja al abrazo con los demonios, porque endemonia su alma con el pecado de ira.

Amad. No os digo más que eso. Amad a vuestro prójimo como desea el Señor Dios de Israel. No seáis siempre de la sangre de Caín. Y, ¿por qué lo sois?: vosotros, que podríais ser ya homicidas, por pocas monedas; otros, por unos pocos palmos de tierra, por un puesto mejor, por una mujer. ¿Qué son estas cosas? ¿Son cosas eternas? No. Duran mucho menos que la vida, la cual, a su vez, dura un instante de eternidad. ¿Y qué perdéis si las seguís?: la paz eterna prometida a los justos, la que el Mesías os traerá junto con su Reino. Venid por el camino de la Verdad, seguid la Voz de Dios. Amaos. Sed honestos. Sed continentes. Sed humildes y justos. Marchaos y meditad».

67.4 «¿Quién eres Tú que dices semejantes palabras y reduces a pedazos las espadas con tu voluntad? Sólo uno hace estas cosas: el Mesías. Ni siquiera Juan el Bautista es superior a Él. ¿Eres Tú el Mesías?» preguntan tres o cuatro.

«Lo soy».

«¿Tú? ¿Eres Tú el que cura a los enfermos y predica a Dios en Galilea?».

«Soy Yo».

«Mi anciana madre está muriéndose. ¡Sálvala!».

«Y yo, ¿ves? Estoy perdiendo las fuerzas a causa de los dolores. Tengo hijos todavía pequeños. ¡Cúrame!».

«Ve a tu casa. Tu madre esta noche te preparará la cena; y tú, queda curado. ¡Lo quiero!».

La muchedumbre grita. Luego dicen: «¡Tu Nombre! ¡Tu Nom­bre!».

«¡Jesús de Nazaret!».

«¡Jesús! ¡Jesús! ¡Hosanna! ¡Hosanna!».

La multitud está alborozada. Los asnos pueden hacer lo que quieran, que ya nadie se preocupa de ellos. Algunas madres acuden desde la ciudad — se ve que ha corrido la voz — y aúpan a sus pequeñuelos. Jesús bendice y sonríe, tratando de abrirse paso en el círculo de personas que aclaman, para entrar en la ciudad e ir a donde quiere. Pero la multitud no está dispuesta a ello. «¡Quédate con nosotros! ¡En Judea! ¡En Judea! ¡También nosotros somos hijos de Abraham!» gritan.

67.5 «¡Maestro!» — Judas llega presuroso —. «Maestro, has llegado antes que yo... ¿Qué sucede?».

«¡El Rabí ha hecho milagros! No en Galilea; aquí, aquí le queremos con nosotros».

«¿Lo ves, Maestro? Todo Israel te ama. Es justo que también estés aquí. ¿Por qué lo rehúyes?».

«No lo rehúyo, Judas. He venido adrede solo, para que la rudeza de los discípulos galileos no hiriese la finura judía. Quiero reunir a todas las ovejas de Israel bajo el cetro de Dios».

«Por eso te dije: “Tómame contigo”. Yo soy judío y sé cómo tratar a los judíos. ¿Te vas a quedar, entonces, en Jerusalén?».

«Pocos días. Para esperar a un discípulo que también es judío. Después iré por la Judea...».

«¡Yo iré contigo! Te acompañaré. ¿Piensas ir a mi pueblo? Te llevaré a mi casa. ¿Vas a venir, Maestro?».

«Iré...».

Detalle

Milagros de cuchillas rotas.

ECR 67.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

67.6 Del Bautista, tú que eres judío y vives en contacto con la gente de alta categoría, ¿sabes algo?».

«Sé que todavía está prisionero, pero que le quieren liberar porque la multitud, si no le devuelven a su profeta, amenaza una sedición. ¿Le conoces?».

«Le conozco».

«¿Le amas? ¿Qué piensas de él?».

«Pienso que no ha habido ninguno que asemeje a Elías más que él».

«¿Le consideras verdaderamente el Precursor?».

«Lo es. Es la estrella de la mañana que anuncia al Sol. Bienaventurados los que se han preparado para el Sol a través de su predicación».

«Es muy severo Juan».

«No más para los demás que para sí mismo».

«Es verdad. Pero es difícil seguirle en su penitencia. Tú eres más bueno y es fácil amarte».

«Y sin embargo...».

«¿Y, sin embargo, Maestro?...».

«Y, sin embargo, de la misma forma que a él se le odia por su austeridad, a mí me odiarán por mi bondad, porque la una y la otra predican a Dios, y Dios les resulta antipático a los malos. Está signado que así sea. De la misma forma que él me precede en la predicación, así me precederá en la muerte. Pero, ¡ay de los asesinos de la Penitencia y de la Bondad!».

«¿Por qué siempre estas tristes previsiones, Maestro? La multitud te ama, ¿no lo ves?...».

«Porque es seguro. La multitud humilde, sí, me ama. Pero la multitud no es toda humilde, ni de humildes. Pero, la mía no es tristeza; es tranquila visión del futuro y adhesión a la voluntad del Padre, que me ha mandado para esto. Y para esto Yo he venido. Ya hemos llegado al Templo. Voy al Bel Nidrás a amaestrar a las multitudes. Si quieres, quédate».

«Voy contigo. Sólo tengo una finalidad: servirte y hacerte triunfar».

Entran en el Templo y todo termina.