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Notas de la palabra clave

Efectos de la Palabra de Dios

Tema: Consideraciones sobre la Palabra de Dios

Comodidad de lectura

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ECR 47.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Tú sólo tienes palabras que nos dan luz, que descienden y, donde había tinieblas de desolación por carecer de guía, proporcionan claror de sol».

Detalle

Juan habló con Jesús y le dijo:

ECR 58.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Cada siglo es una noche en la cual es guía y luz, no la pura luz de Orión o la de la Luna marinera, sino la palabra de Cristo y la Gracia que vendrá de Él.

ECR 83.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Jesús está en el campo, en una zona de tierras opimas: magníficas parcelas de árboles frutales, viñedos espléndidos con racimos cargados de uvas, que tienden ya a teñirse de oro y de rubí... Está sentado entre frutales comiendo algo de fruta que le ha ofrecido un campesino.

Quizás poco antes ha estado hablando, porque el campesino dice: «Me alegro de poder aliviar tu sed, Maestro. Tu discípulo ya nos había hablado de tu sabiduría, pero aun así nos hemos quedado asombrados al escucharte. Cerca como estamos de la Ciudad Santa, se va frecuentemente a ella para vender fruta y verduras. Se sube entonces también al Templo y se escucha a los rabíes. Pero no hablan, no, como Tú. Uno vuelve diciendo: “Si es así, ¿quién se salva?”. Tú, por el contrario... ¡oh, a uno le parece sentir el corazón aligerado! Un corazón que vuelve a ser niño, aunque se siga siendo hombre. Soy un hombre rudo... no sé explicarme, pero Tú, sin duda, entiendes».

«Sí. Te entiendo. Quieres decir que, con la seriedad y el conocimiento de las cosas, propios de quien es adulto, sientes, después de haber escuchado la Palabra de Dios, que la simplicidad, la fe, la pureza te renacen en el corazón, y te parece como si volvieras a ser niño, sin culpas ni malicia, con mucha fe, como cuando de la mano de tu madre subías al templo por primera vez u orabas sobre sus rodillas. Esto quieres decir».

«Esto, sí, exactamente esto. ¡Dichosos vosotros que estáis siempre con Él!» dice luego a Juan, Simón y Judas, que comen jugosos higos, sentados en una tapia baja. Y termina: «Y dichoso yo por tenerte como huésped durante una noche.»

ECR 179.3 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Pedro entonces confiesa su gran pesar: «Es que soy cerrado de mollera, y me distraigo con facilidad. Cuando hablas en una plaza, en un monte, en medio de una muchedumbre, no sé por qué, comprendo todo, pero luego no recuerdo nada. Se lo he dicho también a los compañeros y me han dado razón. La otra gente — me refiero al pueblo que te escucha — te comprende y luego se acuerda de lo que has dicho. ¡Cuántas veces hemos oído confesar a uno: “No he vuelto a hacer esto porque Tú lo has dicho”, o: “He venido porque una vez te oí decir esta otra cosa y se me quedó grabado en el pensamiento”. Sin embargo, nuestro caso... ¡ay!, ¡ay!, es como un curso de agua que pasa sin detenerse: la orilla ya no tiene esa agua que ha pasado. Viene otra, sí, continuamente, y mucha, pero sigue pasando, sigue pasando... Yo pienso, con gran temor, que, si es como dices, llegará el momento en que Tú ya no podrás seguir haciendo de río y... y yo... ¿Qué le voy a poder dar a quien tenga sed, si no conservo ni una gota de lo mucho que me das?».

También los otros apoyan las quejas de Pedro, lamentándose de no encontrar nunca nada de lo que escuchan, cuando querrían encontrarlo para responder a los muchos que los preguntan.

Jesús sonríe y responde: «No creo que sea así. La gente está muy contenta también de vosotros...».

«¡Sí, claro, para lo que hacemos!... Abrirte paso dando codazos, llevar a los enfermos, recoger las dádivas y decir: “¡Sí, sí, aquél es el Maestro!”. ¡Pues vaya una cosa, ¿no?!».

«No te rebajes demasiado, Simón».

«No me estoy rebajando, es que me conozco».

«Es la más difícil de las sabidurías. De todas formas, quiero quitarte este gran miedo. Las veces que hable y veáis que no habéis podido comprender y retener todo, preguntadme, sin miedo a parecer latosos o a desanimarme. Siempre tenemos algunas horas de intimidad; abridme en esos momentos vuestro corazón. Yo doy mucho a muchos, ¿qué no os daría a vosotros, a quienes amo con un amor que Dios no podría superar? Has hablado de la ola que va sin dejar rastro en la orilla. Llegará un día en que te darás cuenta de que cada una de las olas ha depositado en ti una semilla, y que cada una de las semillas ha producido una planta, y verás ante ti flores y árboles para todos los casos, te asombrarás de ti mismo, de lo que el Señor ha hecho contigo, porque entonces estarás redimido de la esclavitud del pecado y tus virtudes actuales habrán adquirido muy alta perfección».

«Si Tú lo dices, Señor, descanso en estas palabras tuyas».