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Notas de la palabra clave

Moisés (personaje bíblico)

Tema: Personajes del Libro del Éxodo · Página 2 de 2

Comodidad de lectura

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ECR 194.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

« (...) Vamos adelante, a la Ciudad santa. Tenemos que llegar hacia el atardecer de mañana. ¿Por qué tanta prisa? ¿Me lo sabrías responder? ¿No sería lo mismo llegar pasado mañana?».

«No, no sería lo mismo. Mañana es la Parasceve. Después del ocaso sólo se puede andar seis estadios; más no se puede, porque ya ha empezado el sábado con su correspondiente reposo».

«¿Se está entonces sin hacer nada los sábados?».

«No. Se reza al Señor altísimo».

«¿Cómo se llama?».

«Adonái. Pero los santos pueden pronunciar su Nombre».

«También los niños buenos. Dile, si le sabes».

«Iaavé» (este pequeñuelo lo pronuncia así: es una Y muy suave, casi una I, y la a muy alargada).

«Y, ¿por qué se reza al Señor altísimo el sábado?».

«Porque Él se lo dijo a Moisés cuando le dio las tablas de la Ley».

«¡Ah! ¡Sí? ¿Y qué dijo?».

«Dijo que se santificara el sábado. “Trabajarás durante seis días, pero el séptimo descansarás tú, y los demás contigo, porque es lo que hice Yo después de la creación”».

«¿Cómo! ¿El Señor descansó? ¿Estaba cansado por haber creado? ¿Creó realmente Él? ¿Por qué lo sabes? Yo sé que Dios no se cansa nunca».

«No se había cansado porque Dios no anda ni mueve los brazos. Lo hizo para enseñar a Adán y enseñarnos a nosotros, y para que tuviéramos un día en el que no pensásemos en otra cosa sino en Él. Y Él lo ha creado todo; seguro. Lo dice el Libro del Señor».

«Pero, ¿el Libro lo ha escrito Él?».

«No, pero es la Verdad, y hay que prestarle fe para no ir con Lucifer».

«Me has dicho que Dios ni anda ni mueve los brazos. ¿Entonces, como creó? ¿Cómo es? ¿Es una estatua?».

«No es un ídolo, es Dios; y Dios es... Dios es... déjame pensar y recordar cómo decía mi mamá y, mejor todavía, ese hombre que va en tu nombre a visitar a los pobres de Esdrelón... Mi mamá decía, para hacerme comprender a Dios: “Dios es como mi amor por ti; no tiene cuerpo, y, sin embargo, existe”. Y ese hombre pequeño, con una sonrisa muy dulce, decía: “Dios es un Espíritu eterno, uno y trino, y la segunda Persona se ha encarnado por amor a nosotros, que somos pobres, y su nombre...”. ¡Oh, mi Señor! Pero... ahora que me doy cuenta... ¡eres Tú!». El niño, lleno de estupor, se arroja al suelo adorando.

Todos acuden, creyendo que se ha caído; pero Jesús hace un gesto de silencio llevándose el dedo a los labios, y dice: «¡Levántate, Yabés! ¡Los niños no deben tener miedo de mí!».

El niño levanta la cabeza, lleno de veneración, y mira a Jesús con expresión cambiada, casi de miedo.

Jesús sonríe y le tiende la mano diciendo: «Eres sabio, pequeño israelita.»

Anotación

Tras la puesta de sol, sólo se pueden recorrer seis estadios. 6 x 185 m = 1,110 km.

El niño lo pronuncia así: una J muy suave que casi se convierte en Y, y una a muy larga. Mientras que la é es dura, cortada -añade MV en una copia mecanografiada-, a diferencia de los galileos, que dicen la primera consonante como una sgi [ésta es, al parecer, la forma toscana correspondiente a la fonética (ʃ) = ch] muy arrastrada y la última vocal muy abierta, como si fueran dos 'e' con acento grave, como en 'père' en francés. Véase la pronunciación del Nombre Divino.

Y Dios es... Dios es... déjame pensar y recordar lo que dijo mamá y, aún mejor que ella, este hombre que va en tu nombre a buscar a los pobres de Esdrelón .. . Jonás.

ECR 194.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Al final no me has dicho quién habla de mí en el Libro».

«Los Profetas, Señor; y antes todavía. Habla de ti el Libro desde la expulsión de Adán del paraíso. Luego cuando Jacob y cuando Abraham y Moisés... Me decía mi padre, que había ido a visitar a Juan — no a éste, sino al otro Juan, al del Jordán —, que él, el gran Profeta, te llamaba el Cordero... Ahora entiendo, sí, el cordero de Moisés... ¡La Pascua eres Tú!».

ECR 212.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

En verdad, en verdad os digo que Moisés rompió con ira las tablas de la Ley al ver a su pueblo en la idolatría y luego volvió a lo alto del monte; oró, adoró y obtuvo. Ello sucedió hace siglos. Pero todavía no ha cesado, ni cesará — es más, crece, como levadura en la harina — la idolatría en el corazón de los hombres. Ahora casi todos los hombres tienen su propio becerro de oro. La tierra es una selva de ídolos, cada corazón es un altar sobre el que raramente está Dios; quien no tiene una mala pasión tiene otra, quien no tiene una concupiscencia tiene otra con otro nombre; quien no vive sólo para el oro vive sólo para obtener una posición, quien no vive sólo para la carne vive sólo para el egoísmo. ¡Cuántos yoes reducidos a becerros de oro reciben adoración en los corazones! Llegará, pues, el día en que, compungidos, llamarán al Señor, y oirán la respuesta: “Invoca a tus dioses. Yo no te conozco”.

Tremenda palabra ésta, si la pronuncia Dios dirigida a un hombre. Dios ha creado al Hombre raza y conoce a cada individuo humano, así que, si dice: “Yo no te conozco”, es señal de que ha borrado con la fuerza de su voluntad a ese hombre de su memoria. ¡Yo no te conozco! ¿Será Dios demasiado severo por pronunciar este veredicto? No. El hombre ha gritado al Cielo: “Yo no te conozco” y el Cielo ha respondido al hombre: “Yo no te conozco”. Fiel como el eco...

Detalle

Idolatría del becerro de oro y sus consecuencias.

Anotación

En verdad, en verdad os digo que Moisés rompió las Tablas de la Ley con ira a la vista del pueblo idólatra, luego volvió a la montaña, oró, adoró y obtuvo misericordia. Recordando lo que leemos en Éxodo, capítulos 32 a 34.

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Libro del Éxodo, 32-34

Éxodo 32-34:

(Capítulo 32) Cuando el pueblo vio que Moisés tardaba en bajar de la montaña, se reunieron en torno a Aarón y le dijeron: "Vamos, haznos un dios que vaya delante de nosotros. En cuanto a este Moisés, el hombre que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué ha sido de él". Aarón les dijo: "Quitaos los aros de oro de las orejas de vuestras mujeres, hijos e hijas, y traédmelos". Todos se quitaron los aros de oro de las orejas y se los trajeron a Aarón. Él se los quitó de las manos, trabajó el oro con un cincel e hizo con él un becerro de fundición. Y dijeron: "Este es tu Dios, Israel, que te sacó de la tierra de Egipto". Al verlo, Aarón construyó un altar ante la imagen, y exclamó: "Mañana habrá fiesta en honor de Yahvé". Al día siguiente, habiéndose levantado temprano por la mañana, ofrecieron holocaustos y presentaron ofrendas de paz; y el pueblo se sentó a comer y a beber, y luego se levantaron a divertirse.

Entonces Yahvé dijo a Moisés: "Baja, porque tu pueblo, al que sacaste de la tierra de Egipto, se ha portado muy mal. Pronto se apartaron del camino que yo les había mandado, y se hicieron un becerro de fundición, lo adoraron y le ofrecieron sacrificios, y dijeron: Este es vuestro Dios, Israel, que os sacó del país de Egipto." Yavé dijo a Moisés: "Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. 10Ahora déjamelos a mí: ¡que arda mi ira contra ellos y los consuma! Pero yo haré de ti una gran nación.

Moisés suplicó a Yahvé, su Dios, y le dijo: "¿Por qué, Yahvé, ha de encenderse tu ira contra tu pueblo, al que sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y mano fuerte? ¿Por qué han de decir los egipcios: 'Él los sacó para su propio mal, para destruirlos en las montañas y borrarlos de la faz de la tierra'? Vuelve del ardor de tu ira y arrepiéntete del mal que quieres hacer a tu pueblo. Acuérdate de Abraham, Isaac e Israel, tus siervos, a quienes juraste: 'Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de la que he hablado la daré a vuestros descendientes, y la poseerán para siempre'.

Y Yahvé se arrepintió del mal que había hablado de hacer a su pueblo. Moisés volvió y bajó de la montaña con las dos tablas del testimonio en la mano, escritas por ambos lados. Las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios, grabada en las tablas. Josué oyó el ruido de los gritos del pueblo, y dijo a Moisés: "¡Hay un grito de guerra en el campamento!". Moisés respondió: "No es ni el sonido de gritos de victoria ni el sonido de gritos de derrota; oigo la voz del pueblo cantando". Cuando estuvo cerca del campamento, vio el becerro y las danzas. La cólera de Moisés se encendió, arrojó las tablas con las manos y las rompió al pie de la montaña. Luego tomó el becerro que habían hecho, lo quemó con fuego, lo molió hasta hacerlo polvo, echó el polvo en el agua y se la dio a beber a los hijos de Israel.

Moisés dijo a Aarón: "¿Qué te ha hecho este pueblo para que hayas traído sobre ellos un pecado tan grande?". Aarón respondió: "¡Que no se encienda la ira de mi señor! Tú mismo sabes que este pueblo es inclinado al mal. 23Ellos me dijeron: 'Haznos un dios que vaya delante de nosotros; pues en cuanto a este Moisés, el hombre que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué ha sido de él'. Yo les dije: "¡Que se despojen del oro los que lo tengan! Me lo dieron, lo arrojé al fuego y de él salió este becerro.

Moisés vio que el pueblo no tenía freno, porque Aarón les había quitado todo freno, exponiéndolos a convertirse en el hazmerreír de sus enemigos. Entonces Moisés se paró a la puerta del campamento y dijo: "¡A mí me pertenecen los que están por Yahvé!". Y todos los hijos de Leví se reunieron a su alrededor. Y les dijo: "Así ha dicho Yahvé, el Dios de Israel: 'Que cada uno de vosotros ponga su espada al cinto y recorra el campamento de puerta en puerta, matando cada uno a su hermano, cada uno a su amigo, cada uno a su pariente'". Los hijos de Leví hicieron lo que Moisés les mandó, y aquel día perecieron unos tres mil hombres. Moisés dijo: "Consagraos hoy a Yahvé, ya que cada uno de vosotros ha estado en contra de su hijo y de su padre, para que os dé hoy una bendición."

Al día siguiente, Moisés dijo al pueblo: "Habéis cometido un gran pecado. Ahora subiré a Yahvé: tal vez obtenga el perdón de vuestro pecado". Moisés volvió a Yahvé y dijo: "¡Ah, este pueblo ha cometido un gran pecado! Se han hecho un dios de oro. Perdona ahora su pecado; si no, bórrame de tu libro que has escrito". Yahvé dijo a Moisés: "Al que ha pecado contra mí lo borraré de mi libro. Ve ahora y conduce al pueblo adonde te he dicho. He aquí que mi ángel irá delante de ti, pero el día de mi visitación los castigaré por su pecado." Así golpeó Yahvé al pueblo, porque habían hecho el becerro que había hecho Aarón.

(Capítulo 33) Yahvé dijo a Moisés: "Vete de aquí, tú y el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto; sube a la tierra que prometí con juramento a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: La daré a tus descendientes. Enviaré un ángel delante de ti y expulsaré al cananeo, al amorreo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo. Subid a una tierra que mana leche y miel; pero yo no subiré entre vosotros, porque sois un pueblo de dura cerviz, para no destruiros en el camino."

Cuando el pueblo oyó estas duras palabras, se lamentó, y nadie se puso sus ornamentos. Entonces Yahvé dijo a Moisés: "Di a los hijos de Israel: 'Sois un pueblo de dura cerviz; si subiera entre vosotros un momento, os destruiría. Y ahora, quitaos los ornamentos de encima, y sabré lo que tengo que haceros". 6Los hijos de Israel se despojaron de sus ornamentos en el monte Horeb.

Moisés tomó la tienda y la levantó fuera del campamento, a cierta distancia; la llamó la tienda del encuentro; y todos los que buscaban a Yavé iban a la tienda del encuentro, que estaba fuera del campamento. Cuando Moisés fue a la tienda, todo el pueblo se puso en pie, cada uno a la puerta de la tienda, y siguieron a Moisés con la mirada hasta que entró en la tienda. En cuanto Moisés entró en la tienda, la columna de nube descendió y se detuvo a la entrada de la tienda, y Yahvé habló con Moisés. Y todo el pueblo vio la columna de nube que estaba a la entrada de la Tienda; y todo el pueblo se levantó, y cada uno se postró a la entrada de su Tienda. Y Yahvé habló a Moisés cara a cara, como habla un hombre a su amigo. Entonces Moisés regresó al campamento, pero su criado Josué hijo de Nun, un joven, no se apartó de en medio de la Tienda.

Moisés dijo a Yahvé: "Tú me dices: Haz subir a este pueblo, pero no me dices a quién enviarás conmigo. Sin embargo, dijiste: 'Te conozco por tu nombre y has hallado gracia ante mis ojos. Y ahora, si he hallado gracia ante tus ojos, hazme conocer tus caminos, para que te conozca y halle gracia ante tus ojos. Considera que esta nación es tu pueblo. Yahvé respondió: "Mi rostro irá contigo y te daré descanso". Moisés dijo: "Si tu rostro no viene, no nos despidas de aquí. ¿Cómo se sabrá que yo y tu pueblo hemos hallado gracia a tus ojos, si no caminas con nosotros? Esto es lo que nos distinguirá a mí y a tu pueblo de todos los pueblos sobre la faz de la tierra. Yahvé respondió a Moisés: "Aun así haré lo que me pides, pues has hallado gracia ante mis ojos y te conozco por tu nombre".

Moisés dijo: "Déjame ver tu gloria". Yahvé respondió: "Haré pasar toda mi bondad delante de ti, y pronunciaré el nombre de Yahvé delante de ti; porque seré clemente con quien quiera ser clemente, y misericordioso con quien quiera ser misericordioso." Dijo Yahvé: "No podrás ver mi rostro, porque el hombre no puede verme y vivir." Dijo Yahvé: "Aquí hay un lugar cerca de mí; tú estarás sobre la roca. Cuando pase mi gloria, te pondré en el hueco de la roca y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. Entonces retiraré mi mano y me verás por detrás; pero mi rostro no se verá".

(Capítulo 34) Yahvé dijo a Moisés: "Corta dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré en ellas las palabras que estaban en las primeras tablas que rompiste. Prepárate para subir mañana por la mañana al monte Sinaí y preséntate ante mí en la cima del monte. Que nadie suba contigo, y que no se vea a nadie en ninguna parte del monte, y que ni ovejas ni bueyes pasten en la ladera de este monte. Entonces Moisés cortó dos tablas de piedra como las primeras y, levantándose temprano, subió al monte Sinaí, como Yahvé le había ordenado, y tomó las dos tablas de piedra en la mano.

El Señor descendió en la nube, se detuvo junto a él y pronunció el nombre del Señor. Y Yahvé pasó por delante de él y gritó: "¡Yahvé! ¡Yahvé! Dios misericordioso y compasivo, lento a la cólera, rico en bondad y fidelidad, que conserva su gracia hasta mil generaciones, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado; ¡pero no los deja sin castigo, visitando la iniquidad de los padres en los hijos y en los hijos de los hijos hasta la tercera y hasta la cuarta generación!". Inmediatamente Moisés se postró en tierra y adoró, 9diciendo: "Si he hallado gracia ante tus ojos, Señor, dígnate Yahvé caminar entre nosotros, pues son un pueblo de dura cerviz; perdona nuestras iniquidades y nuestros pecados, y tómanos como herencia."

Yavé dijo: "He aquí, yo hago un pacto: en presencia de todo tu pueblo haré maravillas que no se han hecho en ninguna tierra ni entre ninguna nación; y todos los pueblos que te rodean verán la obra de Yavé, porque terribles son las cosas que haré contigo.

Presta atención a lo que te ordeno hoy. He aquí que yo expulso delante de vosotros al amorreo, al cananeo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo. Guardaos de pactar con los habitantes de la tierra contra la que marcháis, no sea que se conviertan en una trampa en medio de vosotros. 13Pero derribaréis sus altares, quebraréis sus columnas y derribaréis sus bosques. No adoraréis a otros dioses, porque Yavé se llama Celoso, un Dios celoso. Por tanto, no hagáis alianza con los habitantes de la tierra, no sea que cuando ellos se prostituyan con sus dioses y les ofrezcan sacrificios, os inviten a entrar y comáis de sus sacrificios; no sea que toméis de sus hijas para vuestros hijos, y sus hijas, prostituyéndose con sus dioses, hagan que también vuestros hijos se prostituyan con sus dioses.

No haréis dioses de metal fundido.

La Fiesta de los Panes sin Levadura: siete días comeréis panes sin levadura, como yo os he mandado, a la hora señalada en el mes de Abib, porque en el mes de Abib salisteis de Egipto.

Todo primogénito macho de vuestros rebaños, sea buey u oveja, es mío. Redimirás al primogénito del asno con un cordero; y si no lo redimieres, le romperás el pescuezo. Redimirás a todo primogénito de tus hijos, y no vendrán ante mí con las manos vacías.

Trabajaréis seis días, pero descansaréis el séptimo, incluso en la labranza y la siega.

Celebraréis la fiesta de las Semanas, de la primera cosecha de trigo, y la fiesta de la Siega al final del año.

Tres veces al año comparecerán todos los varones ante el Señor Yahvé, Dios Israel. Porque echaré a las naciones de delante de ti y extenderé tus fronteras; y nadie codiciará tu tierra mientras subas a presentarte ante Yahvé, tu Dios, tres veces al año.

No ofrecerás la sangre de mi víctima con pan leudado, y el sacrificio de la fiesta pascual no se guardará hasta la mañana.

Traerás las primicias de los primeros frutos de tu tierra a la casa del Señor, tu Dios.

No cocerás el cabrito en la leche de su madre.

Yahvé dijo a Moisés: "Escribe tú estas palabras, porque conforme a ellas hago alianza contigo y con Israel."

Moisés estuvo allí con Yahvé cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua. Y Yahvé escribió en las tablas las palabras de la alianza, las diez palabras.

Moisés bajó del monte Sinaí; Moisés tenía las dos tablas del testimonio en la mano cuando bajó del monte; y Moisés no sabía que la piel de su rostro se había vuelto radiante mientras hablaba con Yahvé. Aarón y todos los hijos de Israel vieron a Moisés, y he aquí que la piel de su rostro resplandecía; y tuvieron miedo de acercarse a él. Moisés los llamó, y Aarón y todos los jefes de la congregación se acercaron a él, y él les habló. Entonces se acercaron todos los hijos de Israel, y él les dio todas las órdenes que había recibido de Yahvé en el monte Sinaí.

Cuando Moisés terminó de hablarles, se puso un velo sobre el rostro. Cuando Moisés se presentó ante Yavé para hablar con él, se quitó el velo hasta que salió; entonces salió y contó a los hijos de Israel lo que se le había ordenado. 35Y cuando los hijos de Israel vieron el rostro de Moisés, vieron que la piel del rostro de Moisés estaba radiante; y Moisés volvió a ponerse el velo sobre el rostro, hasta que entró a hablar con Yavé.

ECR 212.5-7 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

...Jesús está hablando en la casa de Isaac. La gente abarrota la estancia y el patio, y hasta incluso la plaza; Jesús, para que todos le puedan oír, se pone en el medio de la estancia, de forma que su voz se extienda tanto por el patio como por la plaza. Debe estar hablando de un aspecto que ha surgido de alguna pregunta o de algún hecho. Dice:

«... Pues bien, podéis estar seguros de que, como dice Jeremías[1], llegada la hora de la verdad, se darán cuenta de lo doloroso y amar-go que es haber abandonado al Señor. Amigos, para ciertos delitos no hay nitro ni saponaria capaces de quitar la señal; ni siquiera el fuego del Infierno la corroe: es indeleble.

También en este caso debe reconocerse la exactitud de las palabras de Jeremías, pues los grandes de Israel, los nuestros, asemejan a las burras salvajes de que habla el Profeta. Están habituados al desierto de su corazón. Creedme: mientras uno está con Dios, aunque sea pobre, como Job, aunque esté solo o desnudo, no está nunca ni solo ni pobre ni desnudo, no es nunca un desierto. Ellos, sin embargo, han quitado a Dios de su corazón; por eso, están en un árido desierto. Como burras salvajes olisquean en el viento la presencia de los burros, que, en su caso, por su sed inapagable, se llama poder, dinero — además de lujuria en el verdadero sentido de la palabra —, y van tras ese olor, hasta cometer el reato. Sí, van tras él, y seguirán yendo, y no saben que no son los pies los que tienen desnudos sino el corazón, desguarnecido ante los dardos de Dios, que vengará su delito. Llegada esa hora, ¡cuán confusos quedarán reyes y príncipes, sacerdotes y escribas! Ellos, en verdad, han dicho, y dicen, a lo que es nada, o, peor aún, pecado: “¡Tú eres mi padre, tú me has engendrado!”.

En verdad, en verdad os digo que Moisés rompió con ira las tablas de la Ley al ver a su pueblo en la idolatría y luego volvió a lo alto del monte; oró, adoró y obtuvo. Ello sucedió hace siglos. Pero todavía no ha cesado, ni cesará — es más, crece, como levadura en la harina — la idolatría en el corazón de los hombres. Ahora casi todos los hombres tienen su propio becerro de oro. La tierra es una selva de ídolos, cada corazón es un altar sobre el que raramente está Dios; quien no tiene una mala pasión tiene otra, quien no tiene una concupiscencia tiene otra con otro nombre; quien no vive sólo para el oro vive sólo para obtener una posición, quien no vive sólo para la carne vive sólo para el egoísmo. ¡Cuántos yoes reducidos a becerros de oro reciben adoración en los corazones! Llegará, pues, el día en que, compungidos, llamarán al Señor, y oirán la respuesta: “Invoca a tus dioses. Yo no te conozco”.

Tremenda palabra ésta, si la pronuncia Dios dirigida a un hombre. Dios ha creado al Hombre raza y conoce a cada individuo humano, así que, si dice: “Yo no te conozco”, es señal de que ha borrado con la fuerza de su voluntad a ese hombre de su memoria. ¡Yo no te conozco! ¿Será Dios demasiado severo por pronunciar este veredicto? No. El hombre ha gritado al Cielo: “Yo no te conozco” y el Cielo ha respondido al hombre: “Yo no te conozco”. Fiel como el eco...

212.6

Meditad además esto: el hombre está obligado a conocer a Dios por deber de gratitud y por respeto a su propia inteligencia.

Por gratitud. Dios ha creado al hombre y le ha dado el don inefable de la vida; además le ha provisto del regalo superinefable de la Gracia, que el hombre perdió por su culpa. He aquí que éste recibe una gran promesa: “Te restituiré la Gracia”. Dios, el ofendido, habla en este modo al ofensor, casi como si Dios fuera el culpable, obligado a dar satisfacción. Y Dios ha mantenido su promesa: Yo estoy aquí para restituir la Gracia al hombre. Dios no se limita a dar lo sobrenatural, sino que incluso rebaja su Esencia divina a proveer a las gravosas necesidades de la carne y sangre del hombre, y ofrece el calor del sol, el alivio del agua, cereales, vino, árboles y animales de todas las especies. Así, el hombre ha recibido de Dios todos los medios para la vida. Es el Benefactor. La gratitud es obligada, y hay que mostrarla esforzándose en conocerle.

Por respeto a la propia razón. El imbécil, el estúpido, no muestran gratitud hacia quien los cuida, porque no comprenden el verdadero valor de esas atenciones, y odian a la persona que los lava y acerca la comida a su boca, que los guía a la cama o los acuesta, porque, siendo, como son, animalescos a causa de su desgracia, confunden los cuidados con las torturas. El hombre que falta en este sentido para con Dios se deshonra a sí mismo, que es un ser dotado de razón. Sólo un estúpido o demente no logra distinguir a su padre de un extraño, al benefactor del enemigo. El hombre inteligente conoce a su padre y a su benefactor y se complace en conocerlos cada vez más, incluso en las cosas que ignora por haber sucedido antes de que él naciera de su padre o fuera beneficiado por su benefactor. Pues así debemos actuar para con el Señor, para mostrar que somos inteligentes, y no mentecatos.

Sucede que en Israel demasiados son como estos dementes que no reconocen a su padre o a su benefactor. Jeremías se pregunta: “¿Podrá, acaso, una virgen olvidarse de sus atavíos o una esposa de ceñir su cintura?”. Pues Israel está poblado de vírgenes insensatas que olvidan sus atavíos y de esposas impúdicas que olvidan los cinturones recatados y se ponen oropeles de meretriz; y esto se ve más extendido cuanto más se sube a las clases que deberían ser maestras del pueblo. Pues bien, he aquí el reproche que Dios, con cólera y llanto, les dirige: “¿Por qué te esfuerzas en mostrar que tu conducta es buena para buscar afecto, cuando en realidad enseñas la malicia y esos modos tuyos de actuar, y han encontrado en los bordes de tus vestiduras la sangre de los pobres e inocentes?”.

212.7

Amigos, la distancia es un bien y un mal. Estar muy lejos de los lugares donde a menudo hablo es un mal, porque os impide oír las palabras de Vida. Os doléis de ello y tenéis razón. Pero considerad que también es un bien porque así estáis lejos de los lugares donde fermenta el pecado, hierve la corrupción y se oye el zumbido de la insidia que obra contra mí, poniéndome zancadillas e insinuando a los corazones dudas y mentiras respecto a mí. Bien, pues yo os prefiero lejos antes que corrompidos. Me ocuparé de vuestra formación. Como podéis ver, Dios ya lo había hecho antes de que nos conociéramos y consecuentemente nos amáramos: me conocíais sin habernos visto nunca. Isaac ha sido el heraldo entre vosotros. Pues bien, enviaré a muchos como Isaac para que os refieran mis palabras. Mas debéis saber también que Dios puede hablar en todas partes, de Tú a tú, con el espíritu humano, y educarle en su doctrina.

No tengáis miedo a que por estar solos podáis errar. No. Si no queréis, no seréis infieles al Señor y a su Cristo. Pero si, a pesar de todo, hay quien no puede realmente estar lejos del Mesías, sepa que el Mesías le abre el corazón y los brazos y le dice: “Ven”. Venid los que queráis venir; quedaos los que os queráis quedar. Mas unos y otros predicad a Cristo con una vida honesta; predicadle contra la deshonestidad que anida en demasiados corazones, contra la ligereza de los infinitos que no saben permanecer fieles y que se olvidan de ponerse sus atavíos y de ceñirse las cinturas como conviene a las almas llamadas al desposorio con Cristo.

Vosotros me habéis dicho, con alegría: “Desde que viniste no hemos tenido ya ni enfermos ni muertos. Tu bendición nos ha protegido”. Sí, la salud es una cosa grande. Pero haced que esta venida mía de ahora os haga sanos de espíritu a todos, siempre y en todo. En vista de esto os bendigo y os doy mi paz: a vosotros, a vuestros niños, a los campos, casas y mieses, a los rebaños y árboles frutales. Usadlo con santidad, no viviendo para ello, sino de ello, dando lo superfluo a quien esté carente, y tendréis la medida prensada de las bendiciones del Padre, y un lugar en el Cielo.

Podéis marcharos. Yo me quedo a orar...».

Anotación

Como dice Jeremías, verán por la prueba cuán doloroso y amargo es haber abandonado al Señor. Jeremías 2:19. El capítulo 2 trata de la apostasía de Israel.

El rey y los príncipes, los sacerdotes y los escribas serán avergonzados, porque han dicho y siguen diciendo: "Tú eres mi padre. ¡Tú me has engendrado! En referencia al Salmo 2:7.

En verdad, en verdad os digo que Moisés rompió las Tablas de la Ley con ira a la vista del pueblo idólatra, luego volvió a la montaña, oró, adoró y obtuvo misericordia. Eso fue hace siglos. Véase el libro del Éxodo, capítulos 32 a 34.

Jeremías pregunta: "¿Puede una virgen olvidar sus galas y una esposa su ceñidor? " Jeremías 2:32.

"¿Por qué tratáis de alardear de la honradez de vuestro comportamiento para buscar el amor, cuando enseñáis la perversión y vuestros caminos, y la sangre de los pobres y de los inocentes está en las faldas de vuestros vestidos? " Jeremías 2:34.

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Libro de Jeremías 2, 19.32.34

Jer 2, 19: ¡Vuestra impiedad os castiga y vuestras rebeliones os castigan! Sabed, pues, y ved cuán impío y amargo es que hayáis abandonado a Yahvé, vuestro Dios, y no tengáis temor de mí, - dice el Señor Yahvé de los ejércitos.

Jer 2,32: ¿Acaso olvida la virgen su adorno, la novia su ceñidor? Y mi pueblo se ha olvidado de mí durante días sin número.

Jer 2,34: Hasta en las faldas de tus vestidos está la sangre de los pobres inocentes; no los sorprendiste allanando sus moradas, sino que los mataste por todas estas cosas.

Libro de los Salmos 2, 7

Sal 2, 7 : Publicaré el decreto: Yahvé me ha dicho: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy.

Libro del Éxodo 32-34

Éxodo 32-34 : Cuando el pueblo vio que Moisés tardaba en bajar de la montaña, se reunieron en torno a Aarón y le dijeron: "Vamos, haznos un dios que vaya delante de nosotros. Pues en cuanto a este Moisés, el hombre que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué ha sido de él". Aarón les dijo: "Quitaos los aros de oro de las orejas de vuestras mujeres, hijos e hijas, y traédmelos". Todos se quitaron los aros de oro de las orejas y se los trajeron a Aarón. Él se los quitó de las manos, trabajó el oro con un cincel e hizo con él un becerro de fundición. Y dijeron: "Este es tu Dios, Israel, que te sacó de la tierra de Egipto". Cuando Aarón lo vio, construyó un altar ante la imagen, y exclamó: "Mañana habrá fiesta en honor de Yahvé". Al día siguiente, habiéndose levantado temprano por la mañana, ofrecieron holocaustos y presentaron ofrendas de paz; y el pueblo se sentó a comer y a beber, y luego se levantaron a divertirse.

Entonces Yahvé dijo a Moisés: "Baja, porque tu pueblo, al que sacaste de la tierra de Egipto, se ha portado muy mal. Pronto se apartaron del camino que yo les había mandado, y se hicieron un becerro de fundición, lo adoraron y le ofrecieron sacrificios, y dijeron: Este es vuestro Dios, Israel, que os sacó del país de Egipto." Yavé dijo a Moisés: "Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. 10Ahora déjamelos a mí: ¡que arda mi ira contra ellos y los consuma! Pero yo haré de ti una gran nación.

Moisés suplicó a Yahvé, su Dios, y le dijo: "¿Por qué, Yahvé, ha de encenderse tu ira contra tu pueblo, al que sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y mano fuerte? ¿Por qué han de decir los egipcios: 'Él los sacó para su propio mal, para destruirlos en las montañas y borrarlos de la faz de la tierra'? Vuelve del ardor de tu ira y arrepiéntete del mal que quieres hacer a tu pueblo. Acuérdate de Abraham, Isaac e Israel, tus siervos, a quienes juraste: 'Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de la que he hablado la daré a vuestros descendientes, y la poseerán para siempre'.

Y Yahvé se arrepintió del mal que había hablado de hacer a su pueblo. Moisés volvió y bajó de la montaña con las dos tablas del testimonio en la mano, escritas por ambos lados. Las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios, grabada en las tablas. Josué oyó el ruido de los gritos del pueblo, y dijo a Moisés: "¡Hay un grito de guerra en el campamento!". Moisés respondió: "No es ni el sonido de gritos de victoria ni el sonido de gritos de derrota; oigo la voz del pueblo cantando". Cuando estuvo cerca del campamento, vio el becerro y las danzas. La ira de Moisés se encendió, arrojó las tablas con las manos y las rompió al pie de la montaña. Luego tomó el becerro que habían hecho, lo quemó con fuego, lo molió hasta hacerlo polvo, echó el polvo en el agua y se la dio a beber a los hijos de Israel.

Moisés dijo a Aarón: "¿Qué te ha hecho este pueblo para que hayas traído sobre ellos un pecado tan grande?". Aarón respondió: "¡Que no se encienda la ira de mi señor! Tú mismo sabes que este pueblo es inclinado al mal. 23Ellos me dijeron: 'Haznos un dios que vaya delante de nosotros; pues en cuanto a este Moisés, el hombre que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué ha sido de él'. Yo les dije: "¡Que se despojen del oro los que lo tengan! Me lo dieron, lo arrojé al fuego y de él salió este becerro.

Moisés vio que el pueblo no tenía freno, porque Aarón les había quitado todo freno, exponiéndolos a convertirse en el hazmerreír de sus enemigos. Entonces Moisés se paró a la puerta del campamento y dijo: "¡A mí me pertenecen los que están por Yahvé!". Y todos los hijos de Leví se reunieron a su alrededor. Y les dijo: "Así ha dicho Yahvé, el Dios de Israel: 'Que cada uno de vosotros ponga su espada al cinto y recorra el campamento de puerta en puerta, matando cada uno a su hermano, cada uno a su amigo, cada uno a su pariente'". Los hijos de Leví hicieron lo que Moisés les mandó, y aquel día perecieron unos tres mil hombres. Moisés dijo: "Consagraos hoy a Yahvé, ya que cada uno de vosotros ha estado en contra de su hijo y de su padre, para que os dé hoy una bendición."

Al día siguiente, Moisés dijo al pueblo: "Habéis cometido un gran pecado. Ahora subiré a Yahvé: tal vez obtenga el perdón de vuestro pecado". Moisés volvió a Yahvé y dijo: "¡Ah, este pueblo ha cometido un gran pecado! Se han hecho un dios de oro. Perdona ahora su pecado; si no, bórrame de tu libro que has escrito". Yahvé dijo a Moisés: "Al que ha pecado contra mí lo borraré de mi libro. Ve ahora y conduce al pueblo adonde te he dicho. He aquí que mi ángel irá delante de ti, pero el día de mi visitación los castigaré por su pecado." Así golpeó Yahvé al pueblo, porque habían hecho el becerro que había hecho Aarón.

(Capítulo 33) Yahvé dijo a Moisés: "Vete de aquí, tú y el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto; sube a la tierra que prometí con juramento a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: La daré a tus descendientes. Enviaré un ángel delante de ti y expulsaré al cananeo, al amorreo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo. Subid a una tierra que mana leche y miel; pero yo no subiré entre vosotros, porque sois un pueblo de dura cerviz, para que no os destruya por el camino."

Cuando el pueblo oyó estas duras palabras, se lamentó, y nadie se puso sus ornamentos. Entonces Yahvé dijo a Moisés: "Di a los hijos de Israel: 'Sois un pueblo de dura cerviz; si subiera entre vosotros un momento, os destruiría. Y ahora, quitaos los ornamentos de encima, y sabré lo que tengo que haceros". 6Los hijos de Israel se despojaron de sus ornamentos en el monte Horeb.

Moisés tomó la tienda y la levantó fuera del campamento, a cierta distancia; la llamó la tienda del encuentro; y todos los que buscaban a Yavé iban a la tienda del encuentro, que estaba fuera del campamento. Cuando Moisés fue a la tienda, todo el pueblo se puso en pie, cada uno a la puerta de la tienda, y siguieron a Moisés con la mirada hasta que entró en la tienda. En cuanto Moisés entró en la tienda, la columna de nube descendió y se detuvo a la entrada de la tienda, y Yahvé habló con Moisés. Y todo el pueblo vio la columna de nube que estaba a la entrada de la Tienda; y todo el pueblo se levantó, y cada uno se postró a la entrada de su Tienda. Y Yahvé habló a Moisés cara a cara, como habla un hombre a su amigo. Entonces Moisés regresó al campamento, pero su criado Josué hijo de Nun, un joven, no se apartó de en medio de la Tienda.

Moisés dijo a Yahvé: "Tú me dices: Haz subir a este pueblo, pero no me dices a quién enviarás conmigo. Sin embargo, dijiste: 'Te conozco por tu nombre y has hallado gracia ante mis ojos. Y ahora, si he hallado gracia ante tus ojos, hazme conocer tus caminos, para que te conozca y halle gracia ante tus ojos. Considera que esta nación es tu pueblo. Yahvé respondió: "Mi rostro irá contigo y te daré descanso". Moisés dijo: "Si tu rostro no viene, no nos despidas de aquí. ¿Cómo se sabrá que yo y tu pueblo hemos hallado gracia a tus ojos, si no caminas con nosotros? Esto es lo que nos distinguirá a mí y a tu pueblo de todos los pueblos sobre la faz de la tierra. Yahvé respondió a Moisés: "Aun así haré lo que me pides, pues has hallado gracia ante mis ojos y te conozco por tu nombre".

Moisés dijo: "Déjame ver tu gloria". Yahvé respondió: "Haré pasar toda mi bondad delante de ti, y pronunciaré el nombre de Yahvé delante de ti; porque seré clemente con quien quiera ser clemente, y misericordioso con quien quiera ser misericordioso." Dijo Yahvé: "No podrás ver mi rostro, porque el hombre no puede verme y vivir." Dijo Yahvé: "Aquí hay un lugar cerca de mí; tú estarás sobre la roca. Cuando pase mi gloria, te pondré en el hueco de la roca y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. Entonces retiraré mi mano y me verás por detrás; pero mi rostro no se verá".

(Capítulo 34) Yahvé dijo a Moisés: "Corta dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré en ellas las palabras que estaban en las primeras tablas que rompiste. Prepárate para subir mañana por la mañana al monte Sinaí y preséntate ante mí en la cima del monte. Que nadie suba contigo, y que no se vea a nadie en ninguna parte del monte, y que ni ovejas ni bueyes pasten en la ladera de este monte. Entonces Moisés cortó dos tablas de piedra como las primeras y, levantándose temprano, subió al monte Sinaí, como Yahvé le había ordenado, y tomó las dos tablas de piedra en la mano.

El Señor descendió en la nube, se detuvo junto a él y pronunció el nombre del Señor. Y Yahvé pasó por delante de él y gritó: "¡Yahvé! ¡Yahvé! Dios misericordioso y compasivo, lento a la cólera, rico en bondad y fidelidad, que conserva su gracia hasta mil generaciones, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado; ¡pero no los deja sin castigo, visitando la iniquidad de los padres en los hijos y en los hijos de los hijos hasta la tercera y hasta la cuarta generación!". Inmediatamente Moisés se postró en tierra y adoró, 9diciendo: "Si he hallado gracia ante tus ojos, Señor, dígnate Yahvé caminar entre nosotros, pues son un pueblo de dura cerviz; perdona nuestras iniquidades y nuestros pecados, y tómanos como herencia."

Yavé dijo: "He aquí, yo hago un pacto: en presencia de todo tu pueblo haré maravillas que no se han hecho en ninguna tierra ni entre ninguna nación; y todos los pueblos que te rodean verán la obra de Yavé, porque terribles son las cosas que haré contigo.

Presta atención a lo que te ordeno hoy. He aquí que yo expulso delante de vosotros al amorreo, al cananeo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo. Guardaos de pactar con los habitantes de la tierra contra la que marcháis, no sea que se conviertan en una trampa en medio de vosotros. 13Pero derribaréis sus altares, quebraréis sus columnas y derribaréis sus bosques. No adoraréis a otros dioses, porque Yavé se llama Celoso, un Dios celoso. Por tanto, no hagáis alianza con los habitantes de la tierra, no sea que cuando ellos se prostituyan con sus dioses y les ofrezcan sacrificios, os inviten a entrar y comáis de sus sacrificios; no sea que toméis de sus hijas para vuestros hijos, y sus hijas, prostituyéndose con sus dioses, hagan que también vuestros hijos se prostituyan con sus dioses.

No haréis dioses de metal fundido.

La Fiesta de los Panes sin Levadura: siete días comeréis panes sin levadura, como yo os he mandado, a la hora señalada en el mes de Abib, porque en el mes de Abib salisteis de Egipto.

Todo primogénito macho de vuestros rebaños, sea buey u oveja, es mío. Redimirás al primogénito del asno con un cordero; y si no lo redimieres, le romperás el pescuezo. Redimirás a todo primogénito de tus hijos, y no vendrán ante mí con las manos vacías.

Trabajaréis seis días, pero descansaréis el séptimo, incluso en la labranza y la siega.

Celebraréis la fiesta de las Semanas, de la primera cosecha de trigo, y la fiesta de la Siega al final del año.

Tres veces al año comparecerán todos los varones ante el Señor Yahvé, Dios Israel. Porque echaré a las naciones de delante de ti y extenderé tus fronteras; y nadie codiciará tu tierra mientras subas a presentarte ante Yahvé, tu Dios, tres veces al año.

No ofrecerás la sangre de mi víctima con pan leudado, y el sacrificio de la fiesta pascual no se guardará hasta la mañana.

Traerás las primicias de los primeros frutos de tu tierra a la casa del Señor, tu Dios.

No cocerás el cabrito en la leche de su madre.

Yahvé dijo a Moisés: "Escribe tú estas palabras, porque conforme a ellas hago alianza contigo y con Israel."

Moisés estuvo allí con Yahvé cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua. Y Yahvé escribió en las tablas las palabras de la alianza, las diez palabras.

Moisés bajó del monte Sinaí; Moisés tenía las dos tablas del testimonio en la mano cuando bajó del monte; y Moisés no sabía que la piel de su rostro se había vuelto radiante mientras hablaba con Yahvé. Aarón y todos los hijos de Israel vieron a Moisés, y he aquí que la piel de su rostro resplandecía; y tuvieron miedo de acercarse a él. Moisés los llamó, y Aarón y todos los jefes de la congregación se acercaron a él, y él les habló. Entonces se acercaron todos los hijos de Israel, y él les dio todas las órdenes que había recibido de Yahvé en el monte Sinaí.

Cuando Moisés terminó de hablarles, se puso un velo sobre el rostro. Cuando Moisés se presentó ante Yavé para hablar con él, se quitó el velo hasta que salió; entonces salió y contó a los hijos de Israel lo que se le había ordenado. 35Y cuando los hijos de Israel vieron el rostro de Moisés, vieron que la piel del rostro de Moisés estaba radiante; y Moisés volvió a ponerse el velo sobre el rostro, hasta que entró a hablar con Yavé.