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Notas de la palabra clave

Sufrimiento y dolor de Maria Valtorta

Tema: Maria Valtorta y su obra · Página 1 de 2

Comodidad de lectura

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ECR 35.12

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

35.12 A ti, pequeño Juan, te podría hablar sobre el dolor de María por su doble, brusca separación de la casa y de la patria. Pero no hay necesidad de palabras. Tú lo comprendes y ello te hace morir. Dame tu dolor. Sólo quiero esto. Es más que cualquier otra cosa que puedas darme. Es viernes, María. Piensa en mi dolor y en el de María en el Gólgota para poder soportar tu cruz.

Nuestra paz y nuestro amor quedan contigo.

Detalle

María acaba de ver La huida a Egipto.

ECR 43.5-6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

43.5 Ahora ya tenéis, en escenas que reflejan momentos diversos, la santa Humanidad de mi Hijo, desde el alba al ocaso. Si el padre M. lo considera oportuno, puede componer una secuencia ordenada, de forma que quede un todo sin lagunas. Si es que lo estima útil.

Podríamos haber dado todo junto, pero la Providencia juzgó que así estaba bien; por ti, alma mía. En cada uno de los dictados te hemos dado la medicina para aquellas heridas que te serían infligidas. Te la hemos ido dando con antelación, para prepararte. Mientras está granizando, nada parece protegernos, mas no es así. Si bien es cierto que la tempestad reaviva la humanidad que duerme sepultada bajo las aguas espirituales, no lo es menos que también saca a la superficie las gemas de una doctrina sobrenatural que, habiendo sido depositadas en vuestro corazón, esperaban precisamente esa hora de tempestad para emerger y deciros: “Acordaos de que también existimos nosotros”.

Y no es sólo una razón de Providencia, alma mía, sino que también hay en ello una razón de bondad. En efecto, ¿cómo te hubiera sido posible, en el actual estado de postración en que te encuentras, ver u oír ciertas visiones o ciertos dictados? Te habrían lesionado en modo tal, que te habrían incapacitado para tu misión de “portavoz”. Por eso, los hemos dado antes, evitando así quebrarte el corazón — pues somos buenos — con visiones y palabras demasiado acordes con tu sufrir, que te lo habrían agudizado hasta portarlo al espasmo. No somos crueles, María. Siempre actuamos de forma que recibáis de Nosotros consuelo, y no temor o aumento de vuestro dolor. Nos es suficiente que os fiéis de Nosotros. Nos es suficiente que, con José, digáis: “Si me queda Jesús, todo me queda”, para que vayamos con dones celestes a consolar vuestro espíritu.

43.6 No te prometo dones y consolaciones humanas; sí, las mismas consolaciones que tuvo José: sobrenaturales.

ECR 43.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Sí, María, pero... ¿Eres de Jesús? ¿Quieres serlo? ¿Dónde, cómo murió Jesús? Niña querida mía, llora, pero persevera en la fortaleza. El martirio no está en la forma del tormento, está en la constancia con que el mártir lo soporta. Por tanto, tan martirio es una pena moral cuanto lo es un arma, cuando aquélla se soporta con la misma finalidad. Tú soportas por amor a mi Hijo. Todo lo que haces por los hermanos es siempre amor a Jesús, el cual los quiere salvos. Por tanto, lo que vives es martirio; persevera en él. No quieras actuar por ti sola. Es suficiente — puesto que estás sometida a presión demasiado fuerte como para poder tener todavía el vigor de guiarte por ti sola y de dominar incluso tu humanidad, impidiéndole llorar —, es suficiente con que dejes que el dolor te torture sin rebelarte. Basta que le digas a Jesús: “¡Ayúdame!”. Lo que tú no puedes hacer, Él lo hará en ti. Permanece en Él. Siempre en Él. No quieras salir de Él; y no saldrás si tú no lo quieres. Y aunque de hecho, como ahora, la intensidad del dolor te impida ver dónde estás, tú estarás siempre en Jesús.

ECR 46.11

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

46.11 Dice Jesús:

«Ayer estabas sin tu fuerza, que es mi voluntad; eras, por tanto, un ser semivivo. He permitido reposar a tus miembros, te he sometido al único ayuno que te pesa: el de mi palabra. ¡Pobre María! Has pasado el Miércoles de Ceniza. En todo sentías el sabor de la ceniza, porque estabas sin tu Maestro. No se me sentía, pero estaba.

Esta mañana, puesto que el ansia es recíproca, te he susurrado en tu duermevela: “Agnus Dei qui tollis peccata mundi, dona nobis pacem”, y te lo he hecho repetir muchas veces y muchas te lo he repetido. Has creído que iba a hablar sobre esto. No. Primero estaba el punto que te he mostrado y que te voy a comentar. Luego, esta noche, te ilustro este otro.

ECR 54.9

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

54.9 Son las 4 de la tarde y ya descienden sobre mí las sombras de un sopor que siento que será violento, lógica consecuencia de la penosa hora de ayer...

Detalle

26 de octubre de 1944.

El uniforme que llevaba corresponde a la EMV 53.3.