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Notas del tema

Jesucristo

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Comodidad de lectura

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ECR 73.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

¿Y no fue dicho también por boca profética: “Un retoño despuntará de la raíz de Jesé y una flor saldrá de esta raíz”? Iesaí, padre de David, nació aquí. ¿El retoño de la estirpe, serrada por la raíz por usurpación de unos tiranos, no es la “Virgen” que dará a luz a su Hijo, no de hombre, puesto que entonces ya no sería virgen, sino por querer divino, por lo cual Él será “el Emmanuel” porque: Hijo de Dios, será Dios; y traerá, por tanto, a Dios a habitar entre su pueblo, como su nombre dice?

ECR 73.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Hay luz y verdad en tus palabras. Pero... ¡oh!, demasiadas heridas sangran todavía en esta tierra de Belén por el verdadero o falso Mesías... Yo no le aconsejaría que viniera jamás aquí. La tierra le rechazaría como se rechaza a un hijastro por cuya causa murieron los verdaderos hijos. Pero... si era Él... murió degollado con los otros.

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Un hombre de Belén habló a Jesús y le dijo:

Palabras clave

ECR 73.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Cuando desaparezca el odio de vuestros corazones, vendrá el Mesías; le conoceréis entonces, porque Él vive, Él ya estaba cuando tuvo lugar la matanza. Yo os digo que la matanza no ocurrió por culpa de los pastores y de los magos, sino por culpa de Satanás. El Mesías os ha nacido aquí, ha venido a traer la Luz a la tierra de sus padres. Hijo de Madre virgen de la estirpe de David, en las ruinas de la casa de David abrió al mundo el río de las gracias eternas, abrió la vida al hombre...

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Jesús dijo a un hombre de Belén:

ECR 73.8.9-11

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Simón pregunta: «¿A dónde vamos ahora, Maestro?».

«Venid conmigo. Conozco un lugar».

«Pero si no has vuelto nunca, desde que huiste, ¿cómo lo cono­ces?» pregunta, todavía enfadado, Judas.

«Lo conozco. No es bonito. He estado allí otra vez. No es en Belén... un poco fuera... Torcemos por esta parte».

Jesús adelante, luego Simón, luego Judas, el último Juan...

(...) Judas, ven aquí. Tengo que hablar contigo». Judas se llega hasta Jesús. «Toma la bolsa. Tú te encargarás de las compras. Para mañana».

«¿Y ahora dónde nos vamos a alojar?».

Jesús sonríe y calla.

73.10 Ha llegado la noche. La luna viste todo de candor. Los ruiseñores cantan entre los olivos. El riachuelo parece una cinta de plata sonora. De los prados segados llega olor de forrajes: caliente, diría... carnal. Algún mugido. Algún balido. Y estrellas, estrellas, estrellas... una siembra de estrellas en la capa del cielo, un baldaquino de gemas vivas extendido sobre las colinas de Belén.

«¡Pero aquí!... Hay ruinas. ¿A dónde nos llevas? La ciudad está más allá».

«Lo sé. Ven. Sigue el riachuelo detrás de mí. Unos pocos pasos más, y luego... luego te ofreceré el lugar de alojamiento del Rey de Israel».

Judas se encoge de hombros y calla.

Unos pocos pasos más. Luego un amasijo de casas derruidas. Restos de viviendas... Un antro entre dos aberturas de una gruesa pared.

Jesús dice: «¿Tenéis yesca? Encended».

Simón saca un pequeño farol de su bolsa, lo enciende y se lo da a Jesús.

«Entrad» dice el Maestro levantando la lamparita. «Entrad. Ésta es la estancia de la natividad del Rey de Israel».

«¡Estás de broma, Maestro! Ésta es una fétida cueva. ¡Ah, yo aquí, por supuesto, no me quedo! Me da asco: húmeda, fría, maloliente, llena de escorpiones, hasta de culebras quizás...».

«Y a pesar de todo... amigos, aquí, la noche del 25 de Encenias, de la Virgen nació Jesucristo, el Emmanuel, el Verbo de Dios hecho carne por amor al hombre: quien os está hablando. En aquel entonces, como ahora, el mundo se mostró sordo ante las voces del Cielo que hablaban a los corazones... y rechazó a mi Madre... y aquí... No, Judas, no desvíes con desagrado la mirada de esos murciélagos que revolotean, de esos lagartos, de esas telas de araña; no te recojas con asco tu bonita vestimenta bordada para que no arrastre sobre el suelo cubierto de excrementos de animales. Esos murciélagos son los hijos de los hijos de los que en realidad fueron los primeros juguetes agitados ante los ojos del Niño, por el cual los ángeles cantaban el “Gloria” que oyeron los pastores, que estaban ebrios, sí, pero sólo de extática alegría, de verdadera alegría. Esos lagartos, con su esmeralda, fueron los primeros colores que impresionaron mi pupila, los primeros después del candor del vestido y del rostro maternos; esas telas de araña, los baldaquinos de mi cuna regia. Este suelo... ¡oh!, lo puedes pisar sin desdén... Está cubierto de excrementos... pero está santificado por el pie de Ella, la Santa, la gran Santa, la Pura, la Intacta, la Puérpera deípara, aquella que dio a luz porque debía dar a luz, dio a luz porque Dios, no el hombre, se lo dijo y la fecundó de sí mismo. Ella, la Sin Mancha, lo ha comprimido con sus pies. Tú lo puedes pisar. Y Dios quiera que por las plantas de tus pies te suba al corazón la pureza que Ella espiró...».

73.11 Simón se ha arrodillado. Juan va derecho hacia el pesebre y llora con la cabeza apoyada en él. Judas está aterrado... le vence la emoción y, dejando de pensar en su bonita vestimenta, se arroja al suelo, coge el orlo del vestido de Jesús, lo besa y se golpea el pecho diciendo: «¡Misericordia, Maestro bueno, por la ceguera de tu siervo! Mi soberbia cae... te veo cual eres. No el rey que yo pensaba, sino el Príncipe eterno, el Padre del siglo futuro, el Rey de la paz. ¡Piedad, Señor y Dios mío! ¡Piedad!».

«Sí. ¡Toda mi piedad! Ahora dormiremos donde durmieron el Infante y la Virgen, ahí donde Juan se ha colocado en el lugar de la Madre en adoración, aquí donde Simón parece mi padre putativo... O, si lo preferís, os hablo de aquella noche...».

«¡Oh! sí, Maestro. Danos a conocer cómo naciste».

«Para que sea perla de luz en nuestros corazones. Y para que se lo podamos transmitir al mundo».

«Y venerar a tu Madre, no sólo por ser madre tuya, sino por ser... ¡por ser la Virgen!».

Primero ha hablado Judas, luego Simón, luego Juan con rostro lloroso y risueño, junto al pesebre...

«Venid aquí sobre el heno. Escuchad...».... y Jesús cuenta su noche natal: «...Estando por cumplírsele a mi Madre el tiempo de dar a luz, por orden de César Augusto, el delegado imperial, Publio Sulpicio Quirino, siendo gobernador de Palestina Senzio Saturnino, publicó un edicto cuyo contenido era empadronar a todos los habitantes del Imperio. Los no esclavos debían dirigirse a los lugares de origen para inscribirse en los registros del Imperio. José, esposo de mi Madre, era de la estirpe de David, como también de David era mi Madre. Obedeciendo por ello al edicto, dejaron Nazaret para venir a Belén, cuna de la estirpe real. Muy frío el tiempo...».

Jesús continúa su narración y todo termina así.

ECR 73.10

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Y a pesar de todo... amigos, aquí, la noche del 25 de Encenias, de la Virgen nació Jesucristo, el Emmanuel, el Verbo de Dios hecho carne por amor al hombre: quien os está hablando. En aquel entonces, como ahora, el mundo se mostró sordo ante las voces del Cielo que hablaban a los corazones... y rechazó a mi Madre... y aquí... No, Judas, no desvíes con desagrado la mirada de esos murciélagos que revolotean, de esos lagartos, de esas telas de araña; no te recojas con asco tu bonita vestimenta bordada para que no arrastre sobre el suelo cubierto de excrementos de animales. Esos murciélagos son los hijos de los hijos de los que en realidad fueron los primeros juguetes agitados ante los ojos del Niño, por el cual los ángeles cantaban el “Gloria” que oyeron los pastores, que estaban ebrios, sí, pero sólo de extática alegría, de verdadera alegría. Esos lagartos, con su esmeralda, fueron los primeros colores que impresionaron mi pupila, los primeros después del candor del vestido y del rostro maternos; esas telas de araña, los baldaquinos de mi cuna regia. Este suelo... ¡oh!, lo puedes pisar sin desdén... Está cubierto de excrementos... pero está santificado por el pie de Ella, la Santa, la gran Santa, la Pura, la Intacta, la Puérpera deípara, aquella que dio a luz porque debía dar a luz, dio a luz porque Dios, no el hombre, se lo dijo y la fecundó de sí mismo. Ella, la Sin Mancha, lo ha comprimido con sus pies. Tú lo puedes pisar. Y Dios quiera que por las plantas de tus pies te suba al corazón la pureza que Ella espiró...».

ECR 74

El Evangelio como me ha sido revelado

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Jesús está en Belén con Juan, Judas y Simón el Zelote. Se dirigen a la propia ciudad, porque Cristo quiere mostrarles dónde le saludaron los magos. Judas hace gala de todo su sentido práctico y utiliza artimañas para obtener información sobre Ana de Belén, que había dado cobijo a la Sagrada Familia. Hace pasar al grupo apostólico por judíos de Jerusalén, y el posadero, un hombre llamado Ezequías, les habla de la matanza de los Inocentes y de la muerte de Ana. Jesús fue a visitar las ruinas y luego habló a la gente de Belén. Pero se volvieron abiertamente hostiles cuando habló de su Madre y del Mesías. La multitud se agitó y arrojó piedras, pero Jesús fue incapaz de apaciguarlos o consolar su dolor. En un gesto heroico, Judas protege a Jesús y el grupo se retira. El Salvador no insiste y decide ir al encuentro de los pastores de la Natividad.

ECR 74.1

El Evangelio como me ha sido revelado

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74.1 Son las primeras horas de una luminosa mañana de verano. El cielo toma unas pinceladas de rosa en algunas finas nubecitas que parecen deshiladuras de gasa perdidas en una alfombra de raso turquino. Hay todo un cantar de pájaros, ya ebrios de luz... gorriones, mirlos, petirrojos silban, gorjean, riñen por un tallito, por una larva, por una ramita que llevarse al nido, por una larva para llenar el buche, por una ramita que les sirva como dormitorio. Golondrinas se lanzan, como saetas, desde el cielo al pequeño riachuelo para mojarse el pecho de nieve, coloreado en su ápice de óxido, y, tomada la frescura de la ola, atrapada la mosquita que aún duerme colgada de un tierno tallo, se vuelven hacia arriba con un rapidísimo zigzag, como el destello de una hoja bruñida, chillando alegres.

Dos aguzanieves, vestidas de seda cenicienta, pasean graciosas como dos damiselas a lo largo de la orilla del riachuelo manteniendo bien alta la larga cola adornada de velludillos negros; se miran en el agua, se ven hermosas, continúan su paseo, mientras un mirlo, verdadero pilluelo del bosque, les hace burla y los silba por detrás con su largo pico amarillo. Dentro de un tupido manzano silvestre, que se yergue solitario junto a las ruinas, una ruiseñora llama insistentemente a su compañero, y se calla sólo cuando le ve llegar con una larga larva que se retuerce oprimida por el fino pico. Dos palomas zuranas, que probablemente huyeron de algún palomar ciudadano y que han elegido vivir libremente entre las grietas del torreón derruido, se entregan zureando a sus manifestaciones de afecto: él seductor, pudorosa ella.

Jesús, con los brazos cruzados, mira a todos estos animalitos alegres, y sonríe.

ECR 74.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

74.2 «Vamos».

«¿A dónde, Maestro?».

«A Belén».

«¡¿Sí?! Me parece que no hay un buen ambiente respecto a nosotros...».

«No importa. Vamos. Quiero mostraros dónde bajaron los magos y dónde estaba Yo».