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Lugares en El Evangelio como me fue revelado

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ECR 28.4-5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Salen. Siguen el muro de la posada. Tuercen por una callejuela encajonada entre aquélla y unas casas pobres. Giran hacia la parte de atrás de la posada. Buscan. Hay una especie de grutas. Por lo bajas que son y lo húmedas que están, diría que más que establos son bodegas. Las más lindas ya están ocupadas. José siente caérsele el alma a los pies.

«¡Eh! ¡Galileo!» le grita por detrás un viejo. «Allí, en el fondo, bajo aquellas ruinas, hay una guarida. Quizás todavía no se ha metido nadie».

Se apresuran hacia esa “guarida”. Es realmente una guarida. Entre las ruinas de lo que sería un edificio, hay una abertura; dentro, una gruta, más que una gruta una cavidad excavada en el monte. Diríase que son los cimientos de la antigua construcción, cuyos restos derrumbados, apuntalados con troncos de árbol casi sin desbastar, hacen de techo.

Para ver mejor, puesto que hay poquísima luz, José trae yesca y piedra de chispa, y enciende una lamparita que ha sacado del talego que lleva cruzado al pecho. Entra. Un mugido le saluda. «Ven, María; está vacía, sólo hay un buey». José sonríe. «¡Mejor que nada...!».

28.5 María baja del burrito y entra.

José ha colgado la lamparita de un clavo que está hincado en uno de los troncos de sostén. Se ve la techumbre llena de telas de araña, y pajas esparcidas por todo el suelo (que es de tierra batida y su superficie es completamente irregular; con hoyos, guijarros, detritos y excrementos). En la parte del fondo, un buey, con heno colgándole de la boca, se vuelve y mira con ojos tranquilos. Hay un tosco taburete y dos piedras en un ángulo ennegrecido — señal de que en ese lugar se enciende fuego — que está junto a una tronera.

María se acerca al buey. Tiene frío. Le pone las manos sobre el cuello para sentir su calorcillo. El buey muge; se deja. Parece como si hubiera comprendido. Se deja también cuando José le separa un poco para coger abundante heno del pesebre para hacerle a María una yacija — el pesebre es doble: está el en que come el buey, y, encima, una especie de estante con heno de reserva; éste es el que coge José. Y le hace sitio al burrito, que, cansado y hambriento, en seguida se pone a comer.

José encuentra también un cubo volcado y todo abollado. Sale — porque fuera había visto un regato — y vuelve con agua para el borriquillo. Luego se hace con un haz de ramajes que estaba en un rincón y trata de barrer un poco el suelo. Después extiende el heno, hace con él una yacija, junto al buey, en el ángulo más seco y resguardado; pero siente que este mísero heno está húmedo, y suspira. Enciende el fuego y, con una paciencia de cartujo, lo seca a manojos cerca del calor.

María, sentada en el taburete, cansada, mira sonriente. Ya está. María se dispone mejor sobre el mullido heno, con los hombros apoyados en un tronco. José termina de... aparejar la estancia extendiendo su manto como si fuera una cortina en la apertura que hace de puerta. Una protección muy relativa. Luego le ofrece a la Virgen pan y queso, y le da a beber agua de un boto.

«Duerme ahora» le dice. «Yo velaré, para que la lumbre no se apague. Menos mal que hay leña. Esperemos que dure y que arda. Así podré ahorrar aceite de la lámpara».

María se echa obedientemente. José, con la manta que tenía en los pies y con el manto de la misma María, la tapa.

«¿Y tú?... Vas a pasar frío».

«No, María. Estoy junto al fuego. Trata de descansar. Mañana irá mejor».

María cierra los ojos sin insistir más. José se pone en su rinconcillo, sentado en el taburete, con unas — pocas — ramillas secas al lado; no creo que duren mucho.

Están colocados así: María a la derecha, dando la espalda a la... puerta, semioculta por el tronco y por el cuerpo del buey, que está recostado ahora en la cama de paja; José a la izquierda y de cara a la puerta, en diagonal por tanto; estando frente al fuego, da la espalda a María, pero, de vez en cuando, se vuelve a mirarla, y la ve tranquila, como si durmiera. Rompe lentamente sus ramitas, y las va echando, una a una, en el débil fuego para que no se apague, para que dé luz, para que la poca leña dure. La única luz, ora más viva, ora mortecina, es la del fuego; la lámpara está ya apagada; en la penumbra resalta sólo el blancor del buey y del rostro y manos de José. Todo el resto es una masa que se confunde en la penumbra densa.

ECR 29

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Título del capítulo : El nacimiento de Jesús. El poder salvador de la maternidad divina de María.

Fecha de la visión y del dictado: Martes 6 de junio de 1944

Calendario: Miércoles 11 de diciembre 5 d.C.

Lugar (mapa) : Belén

Ciclo: Nacimiento e infancia de Jesús

Resumen: María y José están en el pesebre de Belén. José se ha dormido, pero María no. Ella ve que su esposo duerme y sonríe ampliamente, luego se pone discretamente en posición de oración. La Virgen reza intensamente. José se despierta por fin y dirige unas palabras a María, para ver si necesita algo. Luego, él también decidió rezar junto al fuego.

La luz de la luna se acercó a María y, en un momento dado, ella levantó la cabeza, como respondiendo a una llamada. Sonrió y la luz se hizo cada vez más fuerte, envolviéndola por completo. Cuando la luz se hizo soportable para María, la Inmaculada Concepción cogió a su Hijo en brazos. El niño lloró y ella llamó a su marido. Él se quedó como fulminado por un rayo al ver al Salvador, pero María le invitó a acercarse y se lo ofreció al Padre con José. Entonces ella confió a Jesús a su padre putativo mientras él iba a buscar los pañales. Al principio se mostró muy reservado, por miedo a ser irrespetuoso, pero una vez que lo tuvo en sus brazos, abandonó su intención original y lo cuidó como si fuera la niña de sus ojos. Junto con María, lo envuelven en pañales y en una manta que han calentado junto al fuego, y entonces su Madre pregunta con razón dónde van a poner al Niño. José sugiere entonces colocarlo en un pesebre junto al buey, porque la madera le protegería de las corrientes de aire, el heno le serviría de almohada y el aliento del animal, apacible y tranquilo, le calentaría un poco. Y así lo hicieron. Y entonces ambos adoraron al Redentor que había bajado del Cielo para salvarnos.

María da entonces un dictado a María. Anuncia a María un tiempo de sufrimiento, pero le dice que es a través del sufrimiento como ganamos la paz, "así como la gracia para nosotros mismos y para los demás". Habla de Jesús Hombre, que después de la Pasión volvió a ser Jesús Dios, pero que no tuvo paz en el momento de la prueba, porque si no, no habría sufrido.

A continuación, la Madre da una lección para todos, explicando cómo participó en la redención de la mujer a través de su maternidad divina.

Superó el orgullo humillándose hasta lo más profundo de su ser. Superó la codicia de nuestros primeros padres entregando a su Hijo por adelantado. Venció la codicia de conocimiento y placer aceptando conocer sólo lo que Dios quería que conociera. La Plenitud de la Gracia superó la lujuria, que es la gula llevada al punto de la glotonería. Finalmente, le dio la paz al pie de la Cruz, cuando vio morir a su Hijo. La Virgen murió en ese momento, para convertirse en la Madre de la Gracia.

Subraya que hizo todo esto por las mujeres, para que nosotras pudiéramos ser santas de Dios.

Contenido del capítulo: 29.1: María y José en oración. 29.2: Una luz transfigura a María. 29.3: El niño nace en una luz deslumbrante. 29.4: El niño es ofrecido a Dios y entregado a José. 29.5: Prisa para protegerlo del frío. 29.6: Es en el sufrimiento donde ganamos la paz. 29.7: Redimí el cuádruple pecado de Eva. 29.8: Humildad frente a orgullo. 29.9 : Renuncia frente a codicia. 29.10: Hambre de Dios frente a gula. 29.11 : Castidad frente a lujuria. 29.12 : Paz obtenida al pie de la cruz. 29.13 : Participando en la redención.

ECR 29.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

29.5 María ha abierto el baulillo y ha sacado unos pañales y unas fajas, ha ido al fuego y las ha calentado. Ahora se acerca a José y envuelve al Niño en esos paños calentitos, y con su velo le cubre la cabeza. «¿Dónde le ponemos ahora?» pregunta.

José mira alrededor, piensa... «Mira — dice —, corremos un poco más para acá a los dos animales y la paja, y bajamos ese heno de allí arriba y le ponemos a Él aquí dentro. La madera del borde le resguardará del aire, el heno será su almohada, el buey con su aliento le calentará un poquito. Mejor el buey. Es más paciente y tranquilo». Y se pone manos a la obra mientras María acuna a su Niño estrechándole contra su corazón, con su carrillo sobre la cabecita para darle calor.

José reaviva el fuego, sin ahorrar leña, para hacer una buena hoguera, y se pone a calentar el heno, de forma que según lo va secando, para que no se enfríe, se lo va metiendo en el pecho; luego, cuando ya tiene suficiente para un colchoncito para el Infante, va al pesebre y lo dispone como una cunita. «Ya está» dice. «Ahora sería necesaria una manta, porque el heno pica; y además para taparle...».

«Coge mi manto» dice María.

«Vas a tener frío».

«¡Oh, no tiene importancia! La manta es demasiado áspera; el manto, sin embargo, es suave y caliente. Yo no tengo frío en absoluto. ¡Lo importante es que Él no sufra más!».

José coge el amplio manto de suave lana azul oscura y lo dispone doblado encima de la paja, y deja un borde colgando fuera del pesebre. El primer lecho del Salvador está preparado.

Su Madre, con dulce paso ondeante, le lleva al pesebre, en él le coloca, y le tapa con la parte del manto que había quedado fuera y con ella arropa también la cabecita desnuda, que se hunde en el heno, protegida apenas por el fino velo de María. Queda sólo destapada la carita, del tamaño de un puño de hombre, y los Dos, inclinados hacia el pesebre, le miran con beatitud mientras duerme su primer sueño; en efecto, el calorcito de los paños y de la paja le ha calmado el llanto y le ha hecho conciliar el sueño al dulce Jesús.

ECR 30

El Evangelio como me ha sido revelado

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Título del capítulo : El anuncio a los pastores, primeros adoradores del Verbo hecho hombre.

Fecha de la visión y del dictado: Miércoles 7 de junio de 1944 (Vigilia del Cuerpo de Cristo)

Calendario: Miércoles 11 de diciembre -5 d.C.

Lugar (mapa) : Belén

Ciclo: Nacimiento e infancia de Jesús

Resumen: La visión de María comienza en el campo de Belén. Hay una luz muy brillante en el cielo, que atrae la atención de animales y personas. Uno de los pastores sale y llama a sus compañeros, que se quedan intrigados por el fenómeno. Uno de los pastores más jóvenes incluso empieza a llorar, hasta que recupera la compostura y parece cautivado por algo: ya no presta atención a los demás y se adelanta. Esto hace reflexionar a sus compañeros, que refunfuñan un poco, pero el joven Leví les habla de una luz que desciende. Entonces fue el primero en ver a un ángel y todos se arrodillaron para recibir al siervo del Señor. El ángel mensajero les dio la feliz noticia del nacimiento del Salvador, y entonces una multitud de ángeles cantó el Gloria. Después regresaron al cielo, dejando solos a los pastores. Pero los pastores no se demoraron: partieron en dirección a la cuna, llevando una hermosa manta para el Niño y una oveja para proporcionarle leche caliente.

Llegaron... Pero no sabían cómo hacerlo. Así que invitaron al más joven, Leví, para que observara lo que ocurría. El pastor miró y les dijo que la Virgen estaba cuidando a su bebé, que lloraba de hambre y de frío. Los pastores quieren que se acerque Leví, pero el joven quiere que se acerque Elías, que ya ha conocido a María y a José en MTS 28. Los pastores se dan así a conocer y pueden adorar al niño. Les ofrecen sus regalos y dejan entrar a Elías, que ha permanecido en la entrada, sin atreverse a acercarse. Jesús pudo así recibir leche caliente.

Los pastores señalan que la Sagrada Familia no puede quedarse aquí y prometen ayudarles y difundir la noticia del nacimiento del Señor. Cuando José les señala que son pobres y que no podrán compensarles, ellos dicen que no quieren nada. Al contrario, querían servir al Niño y a sus padres. Cuando María respondió a sus preguntas y les dijo que sus padres eran Zacarías e Isabel, Elías se ofreció a ir a verle y decirle que María de Nazaret le había pedido que fuera a Belén.

Finalmente, cada pastor se presentó por su nombre y luego se retiraron... dejando atrás sus corazones, como explicó María Valtorta.

Jesús hizo entonces un dictado y declaró que los pastores eran los primeros adoradores del Verbo. Tienen todas las cualidades necesarias para ser almas eucarísticas, pues poseen una fe definida, generosidad, humildad, deseo, obediencia pronta y, por último, amor. Por último, Cristo subraya que los que tienen alma de niño, como Leví, saben ver a Dios con más claridad y tienen más valor para dirigirse a María. Nos invita a rezar a María, porque quien va a María lo encuentra y quien se lo pide a María lo recibe a través de su Madre.

Contenido del capítulo: 30.1: Una luna deslumbrante en el campo. 30.2: Un pastorcillo atraído por una luz más brillante. 30.3: Un ángel se aparece y habla a los pastores. 30.4: Una multitud de ángeles canta el Gloria. 30.5: El pastor del día anterior señala el pesebre. 30.6: Lo que el joven pastor ve detrás del manto en la entrada. 30.7: Se presentan una piel de oveja y leche caliente. 30.8: Elías encontrará una casa y avisará a Zacarías. 30.9: Los doce pastores se nombran y besan al niño. 30.10: Elogios para los pastores. 30.11: El que va a María me encuentra.

ECR 30.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

30.1 Y ahora veo extensos campos. La Luna está en su cenit surcando tranquila un cielo colmado de estrellas. Parecen bullones de diamante hincados en un enorme palio de terciopelo azul oscuro; la Luna ríe en medio con su carota blanquísima de la que descienden ríos de luz láctea que pone blanca la tierra. Los árboles, desnudos, sobre este suelo emblanquecido, parecen más altos y negros; y los muros bajos, que acá o allá se levantan como lindes, parecen de leche. Una casita lejana parece un bloque de mármol de Carrara.

A mi derecha veo un recinto, dos de cuyos lados son un seto de espinos; los otros dos, una tapia baja y tosca. En ésta apoya la techumbre de una especie de cobertizo ancho y bajo, que en el interior del recinto está construido parte de fábrica y parte de madera: como si en verano las partes de madera se debieran quitar y se transformase así el cobertizo en un pórtico. De dentro del cercado viene, de tanto en tanto, un balar intermitente y breve. Deben ser ovejas que sueñan, o que quizás creen que pronto se hará de día, por la luz que da la Luna (...).

ECR 31

El Evangelio como me ha sido revelado

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Título del capítulo : La visita de Zacarías. La santidad de José y la obediencia a los sacerdotes.

Fecha de la visión y del dictado: Jueves 8 de junio de 1944 (Corpus Christi)

Calendario: Lunes 30 de diciembre -5 d.C.

Lugar (mapa) : Belén

Ciclo: Nacimiento e infancia de Jesús

Resumen: Zacarías llega a Belén. José viene a darle la bienvenida, porque María está dando leche a Jesús. El carpintero pregunta por Juan, que está creciendo muy bien, pero que tiene problemas de dentición: por eso no lo ha llevado consigo. Isabel tampoco ha venido, no sólo para cuidar a su hijo, sino también porque hace mucho frío. José comprendió y describió al sacerdote las difíciles condiciones que habían vivido tras el nacimiento de Jesús. Como dijo el marido de María, todo estaba preparado en Nazaret, pero aquí no tenían nada.

La Virgen llega mientras tanto y presenta al Niño, después de saludar al sacerdote. Zacarías adora a Jesús con el mayor respeto. El anciano entrega entonces regalos suyos y de Isabel. La Inmaculada lamenta no haber podido venir con Juan, y Zacarías le asegura que los verá pronto. De hecho, el anciano pensaba que debían vivir en Belén, para que, llegado el momento, fuera mejor aceptado por el Sanedrín y para que Zacarías pudiera servirle de maestro.

José y María se miran y no están especialmente de acuerdo con la visión de Zacarías. Uno piensa en su trabajo, la otra en su casa y en todo lo que han dejado atrás. Esto es lo que dice María, sobre todo porque es difícil ir a buscar sus cosas, ya que no tienen casa para guardarlo todo en Belén. Por encima de todo, María pensaba en José y José pensaba en María. Sin embargo, su casto esposo estaba dispuesto a trabajar el doble si era por Jesús.

María intentó finalmente oponerse por última vez, señalando que el Mesías se llamaría Nazareno, pero Zacarías no atendió a razones, y los santos padres accedieron a sus deseos...

María hizo entonces un dictado sobre la santidad de José, a quien no le importaba trabajar más, renunciar a todo si era por sus dos tesoros: María y José. Luego habló de Zacarías, que era sacerdote, pero cuyo corazón estaba menos vuelto hacia el Cielo que el de José. Zacarías piensa humanamente y cree saber más que María, hasta el punto de poder servir de maestro al Maestro. Por supuesto, María se opone a lo que él dice y podría haber triunfado en su conversación, pero se retira por la dignidad del sacerdote.

Tras señalar que un sacerdote suele estar iluminado por Dios, María subraya finalmente que obedecer siempre salva, aunque el consejo que se reciba no sea absolutamente perfecto. Quedarse en Belén y Judea fue una suerte cuando llegó la huida a Egipto: desde Nazaret, habría sido mucho más difícil.

Para concluir, María nos enseña que el respeto al sacerdote es siempre un signo de buena formación cristiana. Aunque pierdan su llama apostólica, siguen siendo los que hacen descender el Pan del Cielo, y este contacto los hace "santos como un cáliz sagrado". Por tanto, debemos considerarlos como tales y rezar por ellos si sus almas están paralizadas y enfermas. Debemos rogar a Cristo por su santificación, porque salvar un alma sacerdotal "es salvar muchas almas".

Contenido del capítulo: 31.1: Llegada de Zacarías solo, a quien José cuenta los acontecimientos de la Natividad. 31.2: "La Hostia" en brazos de Zacarías. 31.3: Regalos de Isabel para el niño. 31.4: El Mesías debe crecer en Belén. 31.5: Zacarías convence a la pareja para que se establezcan en Belén. 31.6: La santidad de José. 31.7: Zacarías contra José. 31.8: Los verdaderos sacerdotes y los otros. 31.9: La obediencia siempre salva. 31.10: El respeto al sacerdote es siempre una señal de integridad cristiana.

ECR 31.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Veo la larga sala donde presencié el encuentro de los Magos con Jesús y su acto de adoración. Comprendo que me encuentro en la casa hospitalaria que ha acogido a la sagrada Familia. Asisto a la llegada de Zacarías. Isabel no está.

ECR 31.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

El Cristo tenía que nacer en Belén. Así estaba profetizado.

ECR 31.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

31.4 «¿Nazaret? Pero si debéis quedaros aquí. El Mesías debe crecer en Belén. Es la ciudad de David. El Altísimo le ha traído, a través de la voluntad de César, a nacer en la tierra de David, la tierra santa de Judea. ¿Por qué llevarle a Nazaret? Ya sabéis qué es lo que piensan los judíos de los nazarenos. El día de mañana este Niño deberá ser el Salvador de su pueblo. La capital no debe despreciar a su Rey por el hecho de despreciar a su ciudad de proveniencia. Vosotros sabéis como yo lo insidioso que es en sus razonamientos el Sanedrín y lo desdeñosas que son las tres castas principales... Además aquí, no lejos de mí, podré ayudaros bastante, y podré poner todo lo que tengo — no tanto de cosas materiales cuanto de dones morales — al servicio de este Recién Nacido. Y cuando esté en edad de entender me sentiré dichoso de ser maestro suyo, como de mi hijo, para que así, incluso, cuando sea mayor, me bendiga. Tenemos que pensar en el gran destino suyo, y que, por tanto, debe poderse presentar al mundo con todas las cartas para poder ganar fácilmente su partida. Está claro que Él poseerá la Sabiduría, pero el solo hecho de que haya tenido a un sacerdote por maestro le hará más acepto a los difíciles fariseos y a los escribas, y le facilitará la misión».

Detalle

Tras la Natividad, Zacarías se opuso a que la Sagrada Familia regresara a Nazaret.

ECR 31.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Allí hemos dejado todo. José ha trabajado para mi Jesús sin ahorrar esfuerzo ni dinero. Ha trabajado de noche, para trabajar durante el día para los demás y ganar así lo necesario para poder comprar las maderas más bonitas, la lana más esponjosa, el lino más cándido, para preparar todo para Jesús. Ha hecho colmenas, ha trabajado hasta de albañil para darle otra distribución a la casa, de forma que la cuna pudiera estar en mi habitación hasta que Jesús fuese más grande, y que luego pudiese dar espacio a la cama; porque Jesús estará conmigo hasta que sea un jovencito.

Detalle

María describe la casa tal como era antes de que partieran hacia Nazaret.