ECR 60.5-6
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
60.5 Jesús con Pedro, Andrés, Santiago y Juan, va al huerto a sentarse.
60.6 « (...) «Mira, viene tu suegra».
«Maestro... Te ruego que compartas mi mesa».
«Gracias, mujer. Dios te lo pague».
Entran en la cocina y se sientan a la mesa, y la anciana sirve a los hombres, distribuyendo pródigamente el pescado en sopa y asado. «Perdonad, pero no tengo más que esto» dice. Y, para no perder la costumbre, le dice a Pedro: «¡Demasiado hacen, incluso, tus cuñados, solos como se han quedado desde que te has ido a Betsaida! Si al menos hubiera servido para hacer más rica a mi hija... Pero oigo que muy frecuentemente te ausentas y no pescas».
«Sigo al Maestro. He ido con Él a Jerusalén y el sábado estoy con Él. No pierdo el tiempo en comilonas».
«Pero no ganas dinero. Mejor sería, ya que quieres servir al Profeta, que te vinieras aquí de nuevo. Al menos esa pobre hija mía, mientras tú te dedicas a ser santo, tendría a los familiares que le dieran de comer».
«Pero ¿no te da vergüenza hablar así delante de Él, que te ha curado?».
«Yo no le critico a Él. Él se dedica a su oficio. Te critico a ti que haces el vago. Total, tú no serás nunca un profeta ni un sacerdote. Eres un ignorante y un pecador, un completo inútil».
«Porque está Él, que si no...».
«Simón, tu suegra te ha dado un consejo excelente. Puedes pescar también desde aquí. Por lo que oigo, ya antes pescabas en Cafarnaúm. Puedes volver ahora».
«¿Y vivir aquí de nuevo? Pero Maestro, Tú no...».
«Tranquilo, Pedro mío. Si tú estás aquí, estarás o en el lago o conmigo. Por tanto, ¿qué más te da estar o no estar en esta casa?». Jesús ha puesto la mano sobre el hombro de Pedro y parece que la calma de Jesús pasa al fogoso apóstol.
«Tienes razón. Siempre tienes razón. Lo haré. Pero... ¿y éstos?» (alude a Juan y a Santiago, sus socios).
«¿No pueden venir también ellos?».
«Nuestro padre, y sobre todo nuestra madre, en todo caso estarán más contentos sabiendo que estamos contigo, Jesús, que con ellos. No pondrán dificultades».
«Quizás venga también Zebedeo» dice Pedro.
«Es más que probable. Y con él otros. Vendremos, Maestro, sin duda vendremos».
Detalle
Jesús acaba de curar a la suegra de Pedro. Curada, sirvió una comida al Maestro y a sus discípulos... y reprochó a su yerno.