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Notas del tema

Características del cristiano

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Comodidad de lectura

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ECR 58.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Pero seremos nosotros solos tus apóstoles?».

«¿Celoso, Pedro? No. No lo seas. Vendrán otros, y en mi corazón habrá amor para todos. No seas avaro, Pedro. Tú no sabes todavía Quién es el que te ama. ¿Has contado alguna vez las estrellas? ¿Y las piedras del fondo de este lago? No. No podrías. Pues aún menos podrías contar los latidos de amor de que es capaz mi corazón. ¿Has podido alguna vez contar cuántas veces este mar puede besar la orilla con su ósculo de ola en el curso de doce lunas? No. No podrías. Pues aún menos podrías contar las olas de amor que de este corazón se derraman para besar a los hombres. Estáte seguro, Pedro, de mi amor».

ECR 60.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«(...) ¡No puedo soportar el que no te quieran!».

«¡Oh, Pedro, verás faltas de amor mucho mayores! ¡Te llevarás muchas sorpresas, Pedro! Personas que el mundo llamado “santo” desprecia como publicanos, y que, sin embargo, serán ejemplo para el mundo, y ejemplo no seguido por los que los desprecian; paganos que estarán entre mis mayores fieles; meretrices que se vuelven puras, por voluntad y penitencia; pecadores que se enmiendan...».

«Mira: que se enmiende un pecador... todavía. ¡Pero una meretriz y un publicano!...».

«¿No lo crees?».

«Yo no».

«Estás equivocado, Simón.»

Detalle

Pedro le dijo a Jesús:

ECR 61.1-2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Jesús se ha subido a un montón de cestos y corderías a la entrada del huerto de la casa de la suegra de Pedro. El huerto está abarrotado de gente, y además hay más gente en la orilla guijarrosa del lago, parte sentada en el suelo, parte en las barcas sacadas a tierra. Da la impresión de que esté hablando ya desde hace algo de tiempo, porque el discurso está empezado. Yo oigo:

«... Seguro que muchas veces en vuestro corazón habréis pensado así, pero no es así. El Señor no se ha mostrado falto de benignidad para con su pueblo, a pesar de que éste le haya sido infiel miles y miles de veces.

Escuchad esta parábola. Os ayudará a entender.

Un rey tenía muchos y muy espléndidos caballos en sus caballerizas, pero a uno de ellos le estimaba especialmente. Le había soñado aún antes de tenerle. Una vez conseguido, le había puesto en un lugar de delicias, adonde iba con el ojo y con el corazón, mimando a ese predilecto suyo, soñando con hacer de él la maravilla de su reino. Y cuando el caballo, rebelándose a las órdenes, había desobedecido y había huido yendo a otro dueño, aun con dolor y rigor, el rey había prometido al rebelde perdón después del castigo. Y, fiel a esto, incluso desde lejos cuidaba de su predilecto con solicitud, mandándole dones y guardianes que le mantuvieran su recuerdo en el corazón.

Pero el caballo, aunque sufriera por su destierro, no era constante, como lo era el rey, en amar y en desear el perdón completo: a veces era bueno, a veces malo, y lo bueno no superaba a lo malo; es más, sucedía lo contrario. No obstante, el rey tenía paciencia y con reprensiones y caricias trataba de hacer de su más estimado caballo un dócil amigo. Cuanto más pasaba el tiempo, más reacio se volvía el animal. Deseaba vivamente a su rey, lloraba por el látigo de los otros dueños, pero no quería ser verdaderamente de su rey. No tenía la voluntad de serlo. Derrengado, angustiado, gimiendo, no decía: “Lo que soy es por culpa mía”, sino que le echaba la culpa a su rey.

Éste, después de haber intentado todo, recurrió a su última prueba. “Hasta ahora — dijo — he mandado mensajeros y amigos. Ahora mandaré a mi propio hijo. Él tiene mi mismo corazón y hablará con mi mismo amor y tendrá para con él caricias y dones como los míos, es más, aún más dulces, porque mi hijo es yo mismo pero sublimado por el amor”. Y mandó al hijo.

Ésta es la parábola.

61.2

Ahora decid: ¿os parece que ese rey quería a su animal preferido?».

La gente dice a una voz: «Infinitamente le quería».

«¿Podía el animal quejarse de su rey por todo el mal que había sufrido por haberle dejado?».

«No, no podía» responde la multitud.

«Responded también a esto: ese caballo cómo os parece que habrá acogido al hijo de su rey, que venía para rescatarle, curarle y llevarle de nuevo al lugar de delicias?».

«Con alegría, es natural, con gratitud y afecto».

«Y si el hijo del rey le ha referido al caballo: “Yo he venido para esto y esto, pero tú ahora debes ser bueno, obediente, lleno de buena voluntad, fiel a mí”, ¿qué decís que habrá respondido el caballo?».

«¡Eso ni se pregunta! Habrá contestado — ahora que sabía lo que le costaba estar segregado del reino — que quería ser como decía el hijo del rey».

«Entonces, según vosotros, ¿cuál era el deber de ese caballo?».

«Ser aun más bueno de lo que se le pedía, más afectuoso, más dócil, para que le fuera perdonado el mal pasado, por gratitud por el bien recibido».

«¿Y si no hubiera actuado así?».

«Merecería la muerte, porque sería peor que una fiera salvaje».

«Amigos, habéis juzgado bien. Comportaos vosotros como querríais que hubiera actuado ese caballo. Vosotros, hombres, criaturas predilectas del Rey de los Cielos, Dios, Padre mío y vuestro; vosotros, a quienes, después de los Profetas, Dios envía a su propio Hijo, sed, ¡oh! sed — os lo pido por lo que más queráis, por vuestro bien, y porque os amo como sólo un Dios puede amar, ese Dios que está en mí para obrar el milagro de la Redención —, sed al menos como juzgáis que debe ser ese animal. ¡Ay de quien se rebaja a sí mismo, hombre, a un grado inferior al animal! Si podía haber disculpa todavía para aquellos que hasta el momento presente pecaban — porque demasiado tiempo y demasiado polvo del mundo han transcurrido desde que la Ley fue dada, y sobre ésta el polvo se ha posado —, ahora ya no. Yo he venido para traeros de nuevo la palabra de Dios. El Hijo del hombre está entre los hombres para llevarlos de nuevo a Dios. Seguidme. Yo soy el Camino, la Verdad, la Vida».

Detalle

Parábola del caballo amado por el rey. El hombre es la criatura amada de Dios

ECR 64.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

(...) El Amado del Padre tiene todavía un jardín en esta tierra en que impera Satanás: el jardín al que va a saciarse de su alimento celeste: amor y pureza; el pensil del que coge las flores que aprecia, en las cuales no hay mancha de sentido, de avaricia, de soberbia: éstos — Jesús acaricia a todos los niños que puede, pasando su mano sobre la corona de cabecitas atentas (una única caricia que apenas los toca y les hace sonreír de alegría) —; éstos son mis lirios.

No tuvo Salomón, en su riqueza, vestidura más hermosa que el lirio que perfuma la hoya, ni diadema de más aérea y espléndida gracia que la que tiene el lirio en su cáliz de perla. Y, no obstante, para mi corazón no hay lirio que valga lo que uno de éstos; no hay jardín, no hay jardín de ricos, todo cultivado de lirios, que me valga cuanto uno sólo de estos puros, inocentes, sinceros, sencillos párvulos.

¡Oh hombres, oh mujeres de Israel, oh vosotros, grandes y humildes por riqueza o por cargo, oíd! Vosotros estáis aquí porque queréis conocerme y amarme. Pues bien, debéis saber cuál el la condición primera para ser míos. Mirad que no os digo palabras difíciles, ni os pongo ejemplos aún más difíciles; os digo: tomad a éstos como ejemplo.

¿Quién hay, entre vosotros, que no tenga en casa en la edad de la puericia, de la niñez, a un hijo, a un nieto o sobrino, a un hermano? ¿No es un descanso, un alivio, un motivo de unión entre esposos, entre familiares, entre amigos, uno de estos inocentes, cuya alma es pura como alba serena, cuyo rostro aleja las nubes y crea esperanzas, cuyas caricias secan las lágrimas e infunden fuerza vital? ¿Por qué tienen tanto poder ellos, que son débiles, inermes, ignorantes todavía?: porque tienen en sí a Dios, tienen la fuerza y la sabiduría de Dios, la verdadera sabiduría: saben amar y creer, creer y querer, vivir en este amor y en esta fe. Sed como ellos: sencillos, puros, amorosos, sinceros, creyentes.

No hay sabio en Israel que sea mayor que el más pequeño de éstos, cuya alma es de Dios y de cuya alma es el Reino. Benditos del Padre, amados del Hijo del Padre, flores de mi jardín, mi paz esté con vosotros y con quienes os imiten por mi amor.

Detalle

Jesús está entre los niños y ellos hablan de él a la multitud.

ECR 65.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Cuando en primavera todo florece, el hombre del campo dice contento: “Obtendré mucho fruto”, y se regocija su corazón por esta esperanza. Pero, desde la primavera al otoño, desde el mes de las flores al de la fruta, ¡cuántos días, cuántos vientos y lluvias y sol y temporales vendrán! A veces la guerra, o la crueldad de los poderosos, o enfermedades de las plantas, o del campesino. Así es que los árboles, que prometían mucho fruto, — al no cavárselos o recalzarlos, regarlos, podarlos, sujetarlos o limpiarlos — se ponen mustios y mueren totalmente, o muere su fruto.

Vosotros me seguís. Me amáis. Vosotros, como plantas en primavera, os adornáis de propósitos y amor. Verdaderamente Israel en esta alba de mi apostolado es como nuestros dulces campos en el luminoso mes de Nisán. Pero, escuchad. Como quemazón de sequía, vendrá Satanás a abrasaros con su hálito envidioso de mí. Vendrá el mundo con su viento helado a congelar vuestro florecer. Vendrán las pasiones como temporales. Vendrá el tedio como lluvia obstinada. Todos los enemigos míos y vuestros vendrán para hacer estéril lo que debería brotar de esta tendencia santa vuestra a florecer en Dios. Yo os lo advierto, porque sé las cosas.

Pero, ¿entonces todo se perderá cuando Yo, como el agricultor enfermo — más que enfermo, muerto —, ya no pueda ofreceros palabras y milagros? No. Yo siembro y cultivo mientras dura mi tiempo; crecerá y madurará en vosotros, si vigiláis bien.

Mirad esa higuera de la casa de Simón de Jonás. Quien la plantó no encontró el punto justo y propicio. Trasplantada junto a la húmeda pared de septentrión, habría muerto si no hubiera deseado tutelarse a sí misma para vivir. Y ha buscado sol y luz. Vedla ahí: toda retorcida, pero fuerte y digna, bebiendo de la aurora el sol con el que se procura el jugo para sus cientos y cientos de dulces frutos. Se ha defendido por sí misma. Ha dicho: “El Creador me ha proyectado para alegrar y alimentar al hombre. ¡Yo quiero que mi deseo acompañe al suyo!”. ¡Una higuera! ¡Una planta sin habla! ¡Sin alma! Y vosotros, hijos de Dios, hijos del hombre, ¿vais a ser menos que esa leñosa planta?

Vigilad bien para dar frutos de vida eterna. Yo os cultivo y al final os daré la savia más poderosa que existe. No hagáis, no hagáis que Satanás ría ante las ruinas de mi trabajo, de mi sacrificio y también de vuestra alma. Buscad la luz. Buscad el sol. Buscad la fuerza. Buscad la vida. Yo soy Vida, Fuerza, Sol, Luz de quien me ama. Estoy aquí para llevaros al lugar del que provengo. Hablo aquí para llamaros a todos e indicaros la Ley de los diez mandamientos que dan la vida eterna. Y con consejo amoroso os digo: “Amad a Dios y al prójimo”; es condición primera para cumplir cualquier otro bien, es el más santo de los diez santos mandamientos. Amad. Aquellos que amen en Dios, a Dios y al prójimo y por el Señor Dios tendrán en la Tierra y en el Cielo la paz como tienda y corona».

La gente, después de la bendición de Jesús, se aleja, pero como no queriendo marcharse. No hay ni enfermos ni pobres.

Detalle

Al comienzo de su vida pública en Cafarnaún, Jesús habla de plantas y cosechas, comparándose con los hombres, y luego habla de la figuer de Pedro, que intentaba sobrevivir. Luego lo aplica a las almas.

Aprendemos que las plantas no tienen alma.

ECR 65.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Mirad esa higuera de la casa de Simón de Jonás. Quien la plantó no encontró el punto justo y propicio. Trasplantada junto a la húmeda pared de septentrión, habría muerto si no hubiera deseado tutelarse a sí misma para vivir. Y ha buscado sol y luz. Vedla ahí: toda retorcida, pero fuerte y digna, bebiendo de la aurora el sol con el que se procura el jugo para sus cientos y cientos de dulces frutos. Se ha defendido por sí misma. Ha dicho: “El Creador me ha proyectado para alegrar y alimentar al hombre. ¡Yo quiero que mi deseo acompañe al suyo!”. ¡Una higuera! ¡Una planta sin habla! ¡Sin alma! Y vosotros, hijos de Dios, hijos del hombre, ¿vais a ser menos que esa leñosa planta?

Vigilad bien para dar frutos de vida eterna. Yo os cultivo y al final os daré la savia más poderosa que existe. No hagáis, no hagáis que Satanás ría ante las ruinas de mi trabajo, de mi sacrificio y también de vuestra alma. Buscad la luz. Buscad el sol. Buscad la fuerza. Buscad la vida. Yo soy Vida, Fuerza, Sol, Luz de quien me ama. Estoy aquí para llevaros al lugar del que provengo. Hablo aquí para llamaros a todos e indicaros la Ley de los diez mandamientos que dan la vida eterna. Y con consejo amoroso os digo: “Amad a Dios y al prójimo”; es condición primera para cumplir cualquier otro bien, es el más santo de los diez santos mandamientos. Amad. Aquellos que amen en Dios, a Dios y al prójimo y por el Señor Dios tendrán en la Tierra y en el Cielo la paz como tienda y corona».

ECR 66.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

« (...) Aunque todos te traicionasen yo estaré contigo y te defenderé».

«¿Tú, Judas? ¿Y en qué basas tu seguridad?».

«En mi honor de hombre».

«Cosa más frágil que una tela de araña, Judas. Es a Dios a quien tenemos que pedirle la fuerza de ser honestos y fieles. ¡El hombre!... El hombre lleva a cabo obras de hombre. Para llevar a cabo obras del espíritu — y seguir al Mesías en verdad y justicia quiere decir realizar obras de espíritu — hace falta matar al hombre y hacer que vuelva a nacer. ¿Eres capaz de tanto?».

ECR 67.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

El hombre no es un animal sin razón que se lanza y muerde por derecho a la presa. El hombre tiene una razón y un alma: por la razón debe saberse guiar como hombre, por el alma debe saber hacer esto santamente. Quien no lo hace así, se pone por debajo de los animales, se rebaja al abrazo con los demonios, porque endemonia su alma con el pecado de ira.