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Notas del tema

La fecundidad y el fruto del sufrimiento

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Comodidad de lectura

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ECR 77.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¡Señor!».

«Mujer».

«Tu nombre, Señor».

«Jesús».

«No lo he oído nunca. Soy romana: mimo y bailarina. No soy experta más que en lascivias. ¿Qué quiere decir ese Nombre? El mío es Áglae y... y quiere decir: vicio».

«El mío quiere decir: Salvador».

«¿Cómo salvas? ¿A quién?».

«A quien tiene buena voluntad de salvación. Salvo enseñando a ser puros, a preferir el dolor a la pérdida del honor, a querer el bien a toda costa». Jesús habla sin acritud, pero sin siquiera volverse hacia la mujer.

«Yo estoy perdida...».

«Yo soy Aquel que busca a los perdidos».

«Yo estoy muerta».

«Yo soy Aquel que da Vida».

«Yo soy suciedad y embuste».

«Yo soy Pureza y Verdad».

«También eres Bondad, Tú, que no me miras, no me tocas, no me pisoteas. Piedad de mí...».

«Ten piedad de ti, tú, primero; de tu alma».

«¿Qué es el alma?».

«Es aquello que hace del hombre un dios y no un animal. El vicio y el pecado la matan y, una vez muerta, el hombre se vuelve animal repelente».

«¿Podré volver a verte?».

«Quien me busca me encuentra».

«¿Dónde estás?».

«Donde los corazones necesitan médico y medicinas para volver a ser honestos».

«Entonces... no te volveré a ver... Yo estoy donde no se quiere ni médico ni medicinas ni honestidad».

«Nada te impide venir a donde Yo esté. Mi Nombre será gritado por los caminos y llegará hasta ti. Adiós».

«Adiós, Señor. Déjame que te llame “Jesús”. ¡No por familiaridad!... Para que entre en mí un poco de salvación. Soy Áglae, acuérdate de mí».

«Sí. Adiós».

Detalle

Diálogo entre Aglaia, una prostituta, y Jesús.

ECR 78.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

¡Mi vía!... ¡Mi palacio! ¡Oh, qué pequeñez contienen! ¿Sabes dónde seré Rey?, ¿cuándo seré proclamado Rey? Cuando me levanten en un madero infame y por púrpura tenga mi Sangre, por corona una guirnalda de espinas, por enseña un cartel burlón, por trompas y címbalos y órganos y cítaras saludando al Rey proclamado las blasfemias de todo un pueblo, de mi pueblo. ¿Y sabes por obra de quién todo esto? De uno que no me habrá entendido, que no habrá entendido nada. Corazón de bronce hueco, en el que la soberbia, la sensualidad y la avaricia, para entonces, ya habrán destilado sus humores, y éstos habrán engendrado una maraña de serpientes que servirán como cadena para mí y... y maldición para él. Los demás no conocen tan claramente mi suerte. Te ruego que no la manifiestes. Esto quede entre tú y Yo.

ECR 78.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Gracias a los hombres de esta ciudad que han inclinado sus corazones ante el Verbo del Padre, ante el Padre cuyo Verbo soy Yo. Porque, sabed que no es al Hijo del hombre, que os está hablando, sino al Señor altísimo, a quien hay que rendir gracias y honor por este tiempo de paz con que Él vuelve a soldar la paternidad quebrada con los hijos del hombre. Alabemos al Señor verdadero, al Dios de Abraham, que ha tenido piedad de su pueblo, le ha amado y le otorga al Redentor prometido. No a Jesús, siervo de la eterna Voluntad, sino a esta Voluntad de amor, gloria y honor».

Detalle

Jesús habló al jefe de la sinagoga de Queriot y le dijo:

ECR 78.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Dios, el Rey de los reyes, ha elegido a uno sólo, a su Hijo, para construir, en los corazones, su casa. Y ha preparado ya el material. ¡Oh, cuánto oro de caridad, y cobre, y plata y hierro, y maderas raras y piedras preciosas! Todas están acumuladas en su Verbo y Él las usa para construir en vosotros la morada de Dios. Pero si el hombre no ayuda al Señor, inútilmente el Señor querrá construir su casa. Al oro se responde con el oro, a la plata con la plata, al cobre con el cobre, al hierro con el hierro. O sea, por el amor debe darse amor, continencia para servir a la Pureza, constancia para ser fieles, fuerza para no desistir. Y luego, llevar hoy la piedra, mañana la madera: hoy el sacrificio, mañana la obra, y construir, construir siempre el templo de Dios en vosotros.

ECR 79.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

79.6 «Pero quizás esa mujer quiere redimirse y tiene necesidad de ser instruida…» objeta una vez más Judas.

«Hay en ella ya muchas chispas capaces de suscitar el incendio en que puede quemarse su vicio para quedar el alma virginizada de nuevo por el arrepentimiento. Hace poco os he hablado de levadura que esparciéndose entre la harina convierte a ésta en santo pan. Escuchad una breve parábola. Esa mujer es harina, una harina en la cual el Maligno ha mezclado sus polvos de infierno; Yo soy la levadura, o sea, mi palabra es la levadura. Pero, ¿puede hacerse el pan, aún en el caso de que la levadura sea buena, si en la harina hay mucho cascabillo, o si mezclado hay piedras y arena y ceniza? No puede hacerse. Hace falta quitar de la harina, con paciencia, las cascarillas, la ceniza, las piedras y la arena. La Misericordia pasa y ofrece la criba... La primera: hecha con breves verdades fundamentales, necesarias para ser comprendidas por uno que está en la red de la completa ignorancia, del vicio, del paganismo. Si el alma lo acoge, comienza la primera purificación. La segunda es la criba del alma en sí, que confronta su ser con el Ser que se ha revelado, y se horroriza. Y comienza su obra. Por medio de una operación cada vez más minuciosa, después de las piedras, de la arena y de la ceniza, llega incluso a quitar lo que ya es harina pero con granitos todavía grandes, demasiado grandes para producir un óptimo pan. Cuando ya está completamente dispuesta, vuelve a pasar la Misericordia y se introduce en esa harina preparada — también ésta es una preparación, Judas — y la hace fermentar y la hace pan. Pero es una operación larga y de “voluntad” del alma. Esa mujer... esa mujer tiene ya en sí esa mínima cosa que era justo darle y que le puede servir para llevar a cabo su trabajo. Dejemos que lo lleve a cabo, si quiere hacerlo, sin disturbarla. Todo disturba a un alma que se está labrando: la curiosidad, el celo imprudente, las intransigencias y la excesiva compasión».

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Jesús cuenta una parábola sobre Aglaia.

ECR 80

El Evangelio como me ha sido revelado

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Jesús llega al Lugar de la Tentación, acompañado de Juan, Judas y Simón el Zelote. Es un lugar desolado. Judas pensaba que sólo había estado allí unas horas, pero el Señor le demostró que estaba equivocado. Le explicó que había ido allí para preparar su Misión. El Iscariote pensó que había estado con algunos maestros y rabinos, pero ¿quién podía enseñar algo a la Palabra de Dios?

Jesús explicó entonces que los hombres tienen un destino y que deben elegir entre el Amigo o Satanás. Por último, sugirió a los apóstoles que se quedaran aquí unos días para enseñarles el poder de la penitencia. Juan y Simón el Zelote aceptaron de buen grado. Judas se mostró menos entusiasta, pero no se atrevió a marcharse.

Al cabo de unos días, la visión de María continuó. Jesús explicó que su estancia en el desierto había durado cuarenta días y había tenido lugar durante el invierno. Explicó su bautismo, dado por Juan, y luego la Tentación del Diablo. En particular, habla de su naturaleza de Dios-Hombre y responde también a la pregunta de Judas sobre si pudo o no ser tentado. Al final de su discurso, pide a los discípulos que no hablen a María de la hostilidad del mundo hacia Jesús. Ella sufriría demasiado...

ECR 80.4

El Evangelio como me ha sido revelado

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(...) O dejarse herir hasta llegar a ser un amasijo de carne hecha pedazos (tan inútil, como carne, que hasta su cruel pie la desprecia), o morir bajo ellas.

Si sabéis proporcionaros ese martirio, proporcionaros ese martirio, entonces pasa la Misericordia, la Única que todavía puede tener piedad de esa repugnante miseria de la cual el mundo — uno de sus dueños — siente ahora asco y contra la cual el otro dueño, Satanás, envía sus flechas de venganza. Y la Misericordia, la Única que pasa, se agacha, la recoge, la atiende, la vuelve a sanar y le dice: “Ven, no temas, no te mires porque tus llagas, a pesar de haber cicatrizado ya, son tan innumerables que te causarían horror por lo mucho que te afean. Yo no te las miro, miro tu voluntad; por esa voluntad buena estás marcada así. Por eso Yo te digo: Te amo, ven conmigo”...

ECR 80.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Yo necesito arrancar dos almas a Satanás. Sólo la penitencia lo puede. Os pido ayuda. Supondrá una formación también para vosotros. Aprenderéis cómo se arrebatan las presas a Satanás: no tanto con las palabras cuanto con el sacrificio... ¡Las palabras!... El estrépito satánico impide oírlas... Toda alma en manos del Enemigo se encuentra envuelta en torbellinos de voces infernales...