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Notas de la palabra clave

No tentarás al Señor tu Dios

Tema: El Decálogo y los Mandamientos

Comodidad de lectura

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ECR 46.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

46.7 Ven, entonces, y ve lo que hay en la Casa de Dios, ve cómo incluso los sacerdotes no rehúsan hacer transacciones entre el espíritu y la carne; porque, al fin y al cabo, son hombres y no ángeles. Cumple un milagro espiritual. Yo te llevo al pináculo del Templo, Tú transfigúrate en belleza allí arriba, y luego llama a las cohortes de ángeles y di que hagan de sus alas entrelazadas alfombra para tus pies y te porten así al patio principal. Que te vean y se acuerden de que Dios existe. De vez en cuando es necesario manifestarse, porque el hombre tiene una memoria muy frágil, especialmente en lo espiritual. Tú sabes qué dichosos se sentirán los ángeles de proteger tu pie y servirte de escalera cuando bajes».

«“No tientes al Señor tu Dios”, está escrito».

«Comprendes que tu aparición tampoco mudaría las cosas y el Templo continuaría siendo un mercado y un lugar de corrupción. Tu divina sabiduría sabe que los corazones de los ministros del Templo son un nido de víboras, que se devoran, y devoran, con tal de aumentar su poder. »

Detalle

En el desierto, Satanás tienta a Cristo. Tras hablarle de la mujer y ofrecerle saciar su hambre, le tienta ofreciéndole ir al Templo.

ECR 127

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús se encuentra por primera vez con tres discípulos de Juan el Bautista. Juan el Bautista se siente libre y feliz de ver que las almas se acercan a Cristo. Dice que él debe disminuir, mientras que Jesús debe crecer. Los discípulos también informan de los comentarios del Precursor sobre Aglaia (la mujer con velo de Belle-Eau) y, a continuación, Jesús habla de Juan y de su alma inmaculada gracias a la Visitación de María. Después termina la conversación y Jesús habla a los presentes sobre "No tentarás al Señor tu Dios". Se detiene largamente en la muerte de Doras, que ya no se preocupaba de su alma y sólo se preocupaba de su cuerpo, de la tierra y de sus propias riquezas. Habría sido mejor que se hubiera arrepentido en lugar de morir impenitente.