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Notas del tema

Vicios, defectos, imperfecciones, pecados y malas inclinaciones

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Comodidad de lectura

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ECR 207.11 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Interviene Judas Iscariote, que, aún bajo la impresión del día anterior, a pesar de que esté tratando de recuperar la libertad que tenía antes, habla poco: «Yo quisiera entender el por qué de esta necesidad de la Encarnación. De acuerdo que el único que con su palabra puede vencer a Satanás es Dios, de acuerdo que Dios es el único que puede tener capacidad de redimir, no lo pongo en duda; pero, en fin, me parece que el Verbo habría podido humillarse menos de lo que lo ha hecho naciendo como todos los hombres, sujetándose a las miserias de la infancia, etc. ¿No habría podido aparecer con forma humana ya adulta, o, si es que quería tener una madre, elegírsela adoptiva, como hizo para el padre? Creo que una vez se lo pregunté, pero no me respondió ampliamente, o al menos no lo recuerdo».

«¡Pregúntaselo, dado que estamos en el tema...!» dice Tomás.

«Yo no. Ya le he hecho disgustarse y todavía no me siento perdonado. Preguntadlo vosotros por mí».

«¡Pero hombre, nosotros aceptamos todo sin pedir tantas dilucidaciones, y tenemos que ser nosotros quienes hagan preguntas? ¡No es justo!» replica Santiago de Zebedeo.

«¿Qué es lo que no es justo?» pregunta Jesús.

Hay un momento de silencio; luego Simón Zelote, haciéndose interprete de todos, repite las preguntas de Judas de Keriot y las respuestas de los otros.

«No soy rencoroso; esto lo primero. Hago las observaciones que debo hacer, sufro y perdono. Lo digo para quien todavía tiene miedo, fruto de su turbación. Por lo que se refiere a mi real Encarnación, digo: es justo que haya sido en este modo. Vendrán días en que muchos, muchos, caerán en errores acerca de mi Encarnación, atribuyéndome precisamente esas formas erradas que Judas querría que Yo hubiera asumido: Hombre compacto en cuanto al cuerpo, pero, en realidad, volátil como un juego de luces, siendo, por tanto, y no siendo al mismo tiempo, carne. Y la maternidad de María sería tal, y al mismo tiempo no lo sería. Yo soy verdaderamente carne, María es verdaderamente la Madre del Verbo encarnado. Si la hora del nacimiento fue sólo un éxtasis, se debió al hecho de ser la nueva Eva, sin peso de culpa ni herencia de castigo. Descansar en Ella no fue una humillación para mí. ¿Rebajaba acaso al maná el tenerle dentro del Tabernáculo? Al contrario: que estar en esa morada era un honor. Otros dirán que Yo, no siendo carne real, no padecí ni morí durante mi paso por la tierra. Sí, no pudiendo negar que estuve en la tierra, se negará mi Encarnación real o mi Divinidad verdadera. La realidad es que Yo soy Uno con el Padre eternamente, y estoy unido a Dios como Carne, pues en verdad le era posible al Amor en su Perfección alcanzar lo inalcanzable revistiéndose de Carne para salvar a la carne. A todos estos errores responde mi entera vida, que da sangre desde el nacimiento hasta la muerte, y que se ha sujetado a todo lo humano, excepto al pecado. Sí, he nacido de Ella, por vuestro bien. ¡No sabéis cuánto se mitiga la Justicia desde que tiene a la Mujer como su colaboradora! ¿Estás satisfecho, Judas?».

«Sí, Maestro».

«Haz tú también lo propio conmigo».

Judas Iscariote agacha la cabeza, confundido, y... quizás realmente tocado por tanta bondad.

Todavía permanecen a la sombra fresca del manzano. Unos dormitan, otros duermen verdaderamente. María se levanta y vuelve a la gruta. Jesús la sigue...

ECR 208.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Ora sólo así: “Padre nuestro que estás en los Cielos, en tus manos encomiendo el deseo de mi corazón...”. Verás cómo el Padre te escucha en el mejor de los modos. (...) Díselo a Él. Dile: “¡Sabes cuánto quiero a mi anciano padre y a todos los que son infelices! Tú lo puedes todo, lo dejo en tus manos”. (...) Déjalo, déjalo en manos de Dios, y verás lo bien que Él dispone todo. ¿Lo vas a hacer así?».

ECR 208.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

¿No puedes orar, por ahora, por [alguien]? Bueno, pues no ores, pero no odies. ¿Sabes lo que tienes que hacer? No debes nunca volverte hacia atrás a pensar en el pasado...

ECR 208.9 · Volume 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Escúchame. Yo pienso, por el contrario, que tu hijo me ha tomado realmente de la mano y me ha dicho: “Ve a ver a mi querida madre. Lleva contigo al Salvador. Yo estoy aquí mejor que en la tierra, pero ella lo único que oye es su llanto, no puede oír las palabras que le susurro entre besos. ¡Pobre mamá, está como poseída por un demonio que la tienta a la desesperación porque quiere separarnos! Sin embargo, si se resigna y cree que Dios todo lo hace para bien, estaremos unidos para siempre, con mi padre y mi hermano. Jesús puede hacerlo”. Y he venido... con Él... ¿No quieres verle?...

Detalle

La Virgen María habla a una madre viuda que ha perdido a sus dos hijos.

ECR 209.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

En verdad os digo: Venid a mí los que estéis afligidos, desazonados, los que tengáis el corazón herido o estéis cansados, que compartiré con vosotros vuestro dolor y os daré paz; venid a través de mis apóstoles, a través de mis discípulos y discípulas, que cada día aumentan con nuevas personas voluntariosas: encontraréis consuelo en vuestras penas, compañía en vuestras soledades, el amor de vuestros hermanos con que olvidar el odio del mundo; encontraréis, por encima de todos, consolador por encima de todos, compañero perfecto, el amor de Dios; ya no dudaréis de nada; no volveréis a decir: “¡Todo está acabado para mí!”, sino: “Ahora todo empieza para mí en un mundo sobrenatural que cancela toda distancia y separación”; y los hijos huérfanos volverán a unirse con sus padres, ya sublimados en el seno de Abraham, y padres y madres, esposas y viudos, encontrarán a los hijos o al consorte perdidos.

Anotación

Evangelio de Mateo 11, 28-29

Mt 11, 28-29 : Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Llevad mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.

ECR 209.6-7 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«En esta tierra de Judea, no lejos de Belén de Noemí, os recuerdo que el amor alivia el dolor y devuelve la alegría. Pensad, vosotros que lloráis, en la desolación de Noemí después de que su casa se hubo quedado sin hombres. Escuchad sus palabras de desconsolado adiós a Orpá y Rut: “Volved a casa de vuestra madre. El Señor se muestre misericordioso con vosotras, como vosotras lo habéis sido con los que han muerto y conmigo...”. Escuchad cómo no se cansaba de insistir. La que había sido Noemí, la bella, y que ahora no era sino la desdichada Noemí, quebrantada por el dolor, ya no esperaba nada de la vida; solamente quería volver, para morir, a los lugares en que había sido feliz, cuando era joven, rodeada del amor de su marido y de los besos de sus hijos. Decía: “Marchaos, marchaos. Es inútil que vengáis conmigo... Yo soy como una muerta... Mi vida ya no está aquí, sino allá, al otro lado de la vida, donde ellos están. Dejad ya de sacrificar vuestra juventud al lado de una cosa que muere, porque realmente yo soy ‘una cosa’. Todo me resulta indiferente. Dios ha tomado todo lo que tenía... Soy pura angustia y sólo angustia os acarrearía... y ello pesaría en mi corazón, y el Señor me pediría cuentas — Él, que tanto ha descargado su mano sobre mí—; porque teneros a vosotras, que vivís, junto a mí, que estoy muerta, sería egoísmo. Id con vuestras madres...”.

Pero Rut se quedó, como apoyo de la doliente vejez. Rut había comprendido que siempre hay dolores mayores que el propio, y que su pena de joven viuda era más ligera que la de esta mujer que había perdido a sus dos hijos además del marido. De la misma forma, el dolor del niño huérfano que se ve obligado a vivir mendigando, privado ya de caricias, privado ya de buenos consejos, es mucho mayor que el de la madre que ha sido despojada para siempre de sus hijos. De la misma forma, el dolor de quien, por diversos motivos, llega a odiar al género humano y ve en todos los hombres un enemigo de quien defenderse y a quien temer, es aún mayor que los otros dolores, porque envuelve no sólo carne, sangre y mente, sino también al espíritu con sus deberes y derechos sobrenaturales y le lleva a la perdición.

¡Cuántas madres sin hijos para los hijos sin madres hay en el mundo! ¡Cuántas viudas sin descendencia, para que ejerzan su piedad para con los ancianos solitarios! ¡Cuántos han sido privados de amor para que se den enteramente a los infelices, con su necesidad de amar, y combatan así el odio, dando, dando, dando amor a la Humanidad infeliz, que sufre cada vez más porque cada vez odia más!

209.7

El dolor es cruz, pero también es ala. El luto despoja, pero para volver a vestir. ¡Alzaos, vosotros que lloráis! ¡Abrid los ojos, abandonad pesadillas, tinieblas y egoísmos! Mirad... el mundo es la landa donde se llora y se muere. El mundo suplica auxilio por boca de huérfanos y enfermos, por boca de los que viven en soledad, de los que vacilan, por boca de los que viven prisioneros del rencor por causa de una traición o de un acto de crueldad. Id a estos que gritan. ¡Olvidaos entre los olvidados! ¡Sanad entre los enfermos! ¡Esperad entre los desesperados! El mundo está abierto a las buenas voluntades que desean servir a Dios en el prójimo y conquistarse el Cielo: unión con Dios, reunión con aquellos cuya ausencia lloramos. Aquí nos ejercitamos, allí será la victoria. Venid. Estad cerca de todos los dolores, como Rut. Decid también vosotros: “Estaré con vosotros hasta la muerte”. Persistid aunque oigáis esta respuesta de los desgraciados que se consideran insanables: “No me llaméis ya Noemí, llamadme Mará, porque Dios me ha colmado de amargura”. En verdad os digo que un día, por vuestra persistencia, estas calamidades exclamarán: “Bendito sea el Señor, que me ha liberado de la amargura, de la desolación, de la soledad, por obra de una criatura que ha sabido hacer que su dolor diera un fruto bueno; que Dios la bendiga eternamente por haberme salvado”.

Fijaos: aquella buena acción de Rut hacia Noemí dio al Mesías al mundo, porque de David de Jesé, de Jesé de Obed, viene el Mesías, como Obed de Booz, Booz de Salmón, Salmón de Naassón, Naassón de Aminadab, Aminadab de Aram, Aram de Esrom, Esrom de Fares, para poblar los campos de Belén, preparando los antepasados del Señor: toda buena acción es origen de cosas grandes, que ni siquiera os imagináis; el esfuerzo de uno contra su propio egoísmo puede provocar una ola de amor tal, que puede subir, subir, llevando entre su transparencia a aquel que la provocó, hasta conducirle a los pies del altar, al corazón de Dios.

Que Dios os conceda la paz».

Anotación

Es en esta tierra de Judea, todavía cerca de la Belén de Noemí, donde os recuerdo cómo el amor alivia el dolor y trae la alegría. Cf. Libro de Rut, cap. 1, 1-22.

Libro de Rut 1, 1-22

Rt 1, 1-22 : En los días en que gobernaban los jueces, hubo hambre en la tierra. Un hombre de Belén de Judá se fue con su mujer y sus dos hijos a vivir a los campos de Moab. El hombre se llamaba Elimelec, y el nombre de su esposa era Noemí, y los nombres de sus dos hijos eran Mahalón y Quelón; eran efrateos de Belén de Judá. Fueron a los campos de Moab y se establecieron allí.

Cuando murió Elimelec, el marido de Noemí, ésta se quedó sola con sus dos hijos; tomaron esposas moabitas, una de las cuales se llamaba Orfa y la otra Rut, y vivieron allí unos diez años. También murieron Mahalón y Queljón, y la mujer se quedó sin sus dos hijos y sin su marido. Entonces ella y sus nueras se levantaron y salieron de los campos de Moab, porque había oído decir en el país de Moab que el Señor había visitado a su pueblo y le había dado pan. Así que ella y sus dos nueras salieron del lugar donde se había establecido, y se pusieron en camino para regresar a la tierra de Judá. Noemí dijo a sus dos nueras: "Id y volved cada una a casa de su madre. Que el Señor sea bondadoso con ustedes, como lo fue conmigo y con los que murieron. Que el Señor haga que cada una encuentre descanso en la casa de su esposo. Y las besó. Ellas alzaron la voz y lloraron, y le dijeron: "No; volveremos contigo a tu pueblo". Noemí dijo: "Volveos, hijas mías; ¿para qué habéis de venir conmigo? ¿Todavía tengo hijos en mi vientre que puedan ser vuestros maridos? Volved, hijas mías, volved. Soy demasiado vieja para volver a casarme. Y cuando digo: tengo esperanza; cuando esta misma noche me casara y tuviera hijos, ¿esperaríais a que crecieran? ¿os abstendríais por eso de volver a casaros? No, hijas mías. Es muy amargo para mí, por vuestra culpa, que la mano de Yahvé haya descendido sobre mí. Y, alzando la voz, volvieron a llorar. Entonces Orfa besó a su suegra, pero Rut se aferró a ella.

Noemí dijo a Rut: "He aquí que tu cuñada ha vuelto con su pueblo y con su dios; vuelve con tu cuñada". Rut respondió: "No me presiones para que te deje cuando me aleje de ti. Donde tú vayas, iré yo; donde tú habites, habitaré yo; tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios; donde tú mueras, moriré yo y allí seré enterrada. ¡Que Yahvé me trate con dureza si algo que no sea la muerte me separa de ti! Al ver que Rut estaba decidida a acompañarla, Noemí puso fin a sus súplicas.

Las dos siguieron su camino hasta llegar a Belén. Cuando entraron en Belén, todo el pueblo se conmovió con ellas, y las mujeres dijeron: "¿Es ésta Noemí? "20Ella les respondió: "No me llaméis Noemí; llamadme Marah, porque el Todopoderoso me ha amargado. Me fui con las manos llenas, y Yahvé me trae de vuelta con las manos vacías. ¿Por qué has de llamarme Noemí, después de que Yahvé ha testificado contra mí y el Todopoderoso me ha afligido?".

Así que Noemí regresó, y con ella su nuera, Rut la moabita, que había venido de los campos de Moab. Llegaron a Belén al comienzo de la siega de la cebada.