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Notas de la palabra clave

Centurión de Cafarnaún (oficial romano)

Tema: Romanos

Comodidad de lectura

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ECR 177.1-5 · Volume 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Jesús entra en Cafarnaúm. Viene de los campos. Le acompañan sólo los doce; es más, los once, porque Juan no está. Se producen los consabidos saludos de la gente: una gama muy variada de expresiones (desde los sencillísimos saludos de los niños, hasta los de las mujeres, un poco tímidos, o los de quienes han recibido la gracia de un milagro, extáticos, o incluso los curiosos o irónicos: los hay para todos los gustos). Jesús responde a todos según el modo en que es saludado: caricias para los pequeños; bendiciones para las mujeres; sonrisas para los agraciados; respeto profundo para los demás.

Pero esta vez a la serie se une el saludo del centurión del lugar — creo —. Su saludo es: «¡Salve, Maestro!». Jesús responde con su expresión: «¡Que Dios vaya a ti!».

El romano prosigue: «Hace varios días que te espero. Si no me reconoces como uno de los que te escuchaban en el Monte es porque estaba vestido de paisano. ¿No me preguntas por qué estaba allí?». Mientras, la gente se ha acercado, curiosa por ver cómo se desarrolla este encuentro.

«No te lo pregunto. ¿Qué quieres de mí?».

«La orden recibida es seguir a quienes reúnen en torno a sí a la gente, porque demasiadas veces Roma ha tenido que arrepentirse de haber concedido reuniones aparentemente justas. Pero, viendo y oyendo, he pensado en ti como en... como en...

177.2

Tengo un siervo que está enfermo, Señor. Yace en su lecho, en mi casa, paralizado a causa de un mal de huesos, y sufre terriblemente. Nuestros médicos no le curan. He invitado a los vuestros a venir a mi casa, porque estas enfermedades se originan en los aires corrompidos de estas regiones y vosotros las sabéis curar con las hierbas del suelo que produce la fiebre, el suelo de la orilla donde se estancan las aguas antes de ser absorbidas por las arenas del mar; pero se han negado a venir. Me apena porque es un siervo fiel».

«Iré y te lo curaré».

«No, Señor. No te pido tanto. Soy pagano, inmundicia para vosotros. Si los médicos hebreos temen contaminarse por poner pie en mi casa, con mayor razón será contaminadora para ti, que eres divino. No soy digno de que entres en mi casa. Si dices desde aquí una palabra, una sola, mi siervo quedará curado, porque tienes mando sobre todo lo que existe. Si yo — que soy un hombre que depende de muchas autoridades, la primera de las cuales es César (por lo cual tengo que obrar, pensar, actuar como se me dice) — puedo dar órdenes a los soldados que tengo bajo mi mando, de forma que si a uno le digo: “Ve”, al otro: “Ven”, y al siervo: “Haz esto”, el uno va a donde le mando, el otro viene porque le llamo, el tercero hace lo que le digo, pues Tú, que eres quien eres, serás inmediatamente obedecido por la enfermedad y desaparecerá».

«La enfermedad no es un hombre...» objeta Jesús.

«Tú tampoco eres un hombre, eres el Hombre; puedes, por tanto, imperar sobre los elementos y las fiebres, porque todo está sujeto a tu poder».

177.3

Algunas personalidades de Cafarnaúm se llevan un poco aparte a Jesús y le dicen: «Aunque sea un romano, atiéndele, porque es un hombre de bien y nos respeta y ayuda. Fíjate que ha sido él quien ha hecho construir nuestra sinagoga; además tiene controlados a sus soldados los sábados para que no nos ultrajen. Concédele, pues, esta gracia por amor a tu ciudad, a fin de que no se sienta defraudado y no se irrite y su amor hacia nosotros se vuelva odio».

Jesús, habiendo escuchado a éstos y al centurión, se vuelve a este último sonriendo y le dice: «Ve caminando, que ahora voy yo».

Pero el centurión insiste: «No, Señor. Como he dicho, el hecho de que vinieses a mi casa sería un gran honor, pero no merezco tanto; di sólo una palabra y mi siervo quedará curado».

«Pues así sea. Ve con fe. En este instante la fiebre le está dejando y la vida está volviendo a sus miembros; haz que también llegue a tu alma la Vida. Ve».

El centurión saluda militarmente, se inclina y se marcha.

177.4

Jesús se le queda mirando mientras se marcha, luego se vuelve hacia los presentes y dice: «En verdad os digo que no he encontrado tanta fe en Israel. Es verdad: [1]“El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que habitaban en la oscura región de muerte ha surgido la Luz”, y: “El Mesías, alzada su bandera sobre las naciones, las reunirá”. ¡Oh, Reino mío, verdaderamente será incontable el número de los que a ti afluyan! Más que todos los camellos y dromedarios de Madián y de Efá, y que los transportadores de oro e incienso de Saba, más que todos los rebaños de Quedar y los carneros de Nebayot, serán los que a ti vayan, y mi corazón se dilatará de júbilo al ver venir a mí a los pueblos del mar y a las potencias de las naciones. Las islas me esperan para adorarme, los hijos de los extranjeros edificarán los muros de mi Iglesia, cuyas puertas siempre estarán abiertas para acoger a los reyes y a las potencias de las naciones y para santificarlos en mí. ¡Lo que Isaías vio se cumplirá! Os digo que muchos vendrán de oriente y occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán arrojados a las tinieblas exteriores; allí habrá llanto y rechinar de dientes».

«¿Estás profetizando que los gentiles estarán al mismo nivel que los hijos de Abraham?».

«No al mismo nivel, sino a nivel superior. Que esto os duela sólo por el hecho de que es culpa vuestra. No lo digo Yo, lo dicen los Profetas, y los signos ya lo están confirmando.

177.5

Ahora que alguno de vosotros vaya a casa del centurión para constatar que el siervo ha sido curado, como lo merecía la fe del romano. Venid. Quizás en la casa hay enfermos que esperan mi llegada».

Y Jesús, con los apóstoles y algún otro — la mayoría se ha lanzado, curiosa y alborotadora, hacia la casa del centurión — se dirige a la casa de siempre, a la casa en que se aloja los días que está en Cafarnaúm.

Anotación

Le saluda con: "¡Ave, Maestro! Salve en el original italiano, como en el Salve Regina, no Ave como en elAve Maria.

Llevo varios días esperándole. Usted no me reconoce, pero yo estaba entre los que le escuchaban en la montaña. Iba vestida de paisano. De hecho, Maria Valtorta había notado su presencia el martes(EMV 171.1).

Son enfermedades que provienen del aire corrompido de estas regiones: Las fiebres de los pantanos (fiebre amarilla o paludismo) causaron graves epidemias en la antigüedad. Se mencionan varias veces en la obra. Durante siglos, estas fiebres se atribuyeron al aire malsano (aria cattiva, de donde procede la palabra italiana mala aria = aire viciado), sin establecer nunca la relación con los mosquitos. Maria Valtorta está dando a conocer una opinión que concuerda perfectamente con la creencia romana y que no está relacionada con sus conocimientos como enfermera.

Sabe curarlos con hierbas de la tierra febril de la orilla donde las aguas se estancan antes de ser absorbidas por la arena del mar. Se trata sin duda de la agrimonia (agrimonia eupatoria), que crece en los pantanos. Plinio la menciona. Su infusión se utiliza para combatir el paludismo (de palus = pantano, en latín). El pantano costero mencionado por el centurión podría ser Dor (actual Al Tantura), al sur del monte Carmelo. No se desecó hasta 1892. La malaria hacía estragos allí.

Piensa que fue él quien mandó construir la sinagoga. Sólo Lucas 7:5 menciona este detalle.

Os aseguro que vendrán muchos del este y del oeste y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán arrojados a las tinieblas exteriores, donde será el llanto y el crujir de dientes. Este es el final del relato de Mateo 8:11-12, mientras que Lucas lo menciona en otro lugar (Lucas 13:28-29).

Jesús, acompañado de los apóstoles y de algunas otras personas, se dirigió a la casa donde solía alojarse cuando estaba en Cafarnaún. La casa de Tomás de Cafarnaún. Tomás era probablemente un pariente lejano de Jesús.

Evangelio de Mateo 8, 5-13

Mt 8, 5-13 : Al entrar Jesús en Cafarnaún, se le acercó un centurión y le rogó: "Señor, mi criado yace paralítico en casa, sufriendo terriblemente. Jesús le dijo: "Iré yo mismo y le curaré". El centurión le respondió: "Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo, pero di la palabra y mi criado quedará sano. Yo mismo, que estoy bajo autoridad, tengo soldados a mis órdenes; a uno le digo: "Ve", y va; a otro: "Ven", y viene; y a mi esclavo: "Haz esto", y lo hace." Jesús se maravilló de estas palabras y dijo a los que le seguían: "Os aseguro que no he encontrado en nadie de Israel una fe semejante. Por eso os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente y ocuparán sus puestos con Abraham, Isaac y Jacob en el banquete del reino de los cielos, pero los hijos del reino serán arrojados a las tinieblas exteriores; allí será el llanto y el crujir de dientes. Jesús dijo al centurión: "Vete a tu casa y que se te haga conforme a tu fe. Y el criado quedó sano en aquella misma hora.

Evangelio de Lucas 7, 1-10

Lc 7, 1-10 : Cuando Jesús terminó de explicar todas sus palabras a la gente, entró en Cafarnaún. Había allí un centurión cuyo esclavo estaba enfermo y a punto de morir, y el centurión le tenía mucho cariño. Cuando oyó hablar de Jesús, envió a algunos judíos notables para pedirle que viniera a salvar a su esclavo. Cuando llegaron hasta Jesús, le rogaron encarecidamente: "Se lo merece. Ama a nuestra nación: fue él quien nos construyó la sinagoga". Jesús se puso en camino con ellos, y ya no estaba lejos de la casa, cuando el centurión envió a unos amigos a decirle: "Señor, no te tomes esta molestia, pues no soy digno de que entres bajo mi techo. Por eso no me he dado permiso para venir a verte. Pero di la palabra y deja que mi siervo se cure. Yo estoy subordinado a una autoridad, pero tengo soldados a mis órdenes; a uno le digo: 'Ve', y va; a otro: 'Ven', y viene; y a mi esclavo: 'Haz esto', y lo hace." Al oír esto, Jesús quedó admirado de él. Se volvió y dijo a la multitud que le seguía: "Os aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe. Cuando volvieron a casa, encontraron al esclavo en buen estado de salud.

Evangelio de Lucas 13, 28-29

Lc 13, 28-29 : Entonces será el llanto y el crujir de dientes cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras vosotros sois arrojados fuera. Vendrán de Oriente y de Occidente, de Aquilón y del Sur, y ocuparán sus puestos en el banquete del reino de Dios.

Libro de Isaías, 9, 1

Is 9, 1 : El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz, y la luz ha brillado sobre los que vivían en tierra de sombra de muerte.

Libro de Isaías 11, 10-12

Is 11, 10-12 : Y acontecerá en aquel día que la raíz de Jesé, levantada como estandarte para los pueblos, será buscada por las naciones, y su morada será gloriosa. Y acontecerá en aquel día, que el Señor extenderá su mano por segunda vez para redimir al resto de su pueblo, al resto de las tierras de Asiria y Egipto, de Patros, Etiopía, Elam, Sennaar, Hamat y las islas del mar. Levantará un estandarte para las naciones y reunirá a los desterrados de Israel; reunirá a los dispersos de Judá de los cuatro confines de la tierra.

Libro de Isaías 60, 5-10

Is 60, 5-10 : Entonces lo verás y estarás radiante; tu corazón saltará y se ensanchará; porque vendrán a ti las riquezas del mar, los tesoros de las naciones. Multitudes de camellos te cubrirán, los dromedarios de Madián y de Efa; vendrán todos los de Sabá, trayendo oro e incienso, y proclamarán las alabanzas de Yahvé. Todos los rebaños de Cedar se reunirán contigo; los carneros de Nabaiot te servirán; subirán a mi altar como ofrenda agradable, y glorificaré la casa de mi gloria.

¿Quiénes son éstos que vuelan como nubes, como palomas a su palomar? Porque las islas esperan en mí, y las naves de Tarsis vendrán primero; para traer de lejos a tus hijos, con su plata y su oro, para honrar el nombre de Yahvé, tu Dios, y del Santo de Israel, porque él te ha glorificado. Los hijos de los extranjeros construirán tus murallas, y sus reyes serán tus siervos; porque yo te golpeé con mi ira, pero en mi bondad tuve compasión de ti.

ECR 181.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Una aurora clara aljofara el lago y envuelve las colinas en niebla, ligera como velo de muselina, tras la cual se ven más graciosos los olivos y nogales y las casas y las cimas de los pueblos ribereños. Las barcas se deslizan serenas, silenciosas, en dirección a Cafarnaúm. Pero, en un momento dado, Pedro gira la caña del timón; tan bruscamente, que la barca se ladea.

«¿Qué haces!» dice Andrés.

«Allí hay una barca de uno de esos avestruces. Está saliendo de Cafarnaúm. Tengo buenos ojos, y, desde ayer noche, olfato de perro rastrero. No quiero que nos vean. Vuelvo al río. Iremos a pie».

La otra barca ha hecho la misma maniobra, pero Santiago, que va al timón, pregunta a Pedro: «¿Por qué haces esto?».

«Ya te lo diré. Ven detrás de mí».

Jesús, que está sentado en la popa, vuelve de su ensimismamiento ya casi a la altura del Jordán. «Pero ¿qué haces, Simón?» pregunta.

«Bajamos aquí. Hay un chacal merodeando. No podemos ir a Cafarnaúm hoy. Primero voy yo a ver el ambiente; yo con Simón y Natanael. Tres personas dignas contra tres indignas... si es que no son más las indignas».

«¡No veas ahora asechanzas por todas partes! ¿No es la barca de Simón el fariseo?».

«Sí, justamente ésa».

«No estaba cuando la captura de Juan».

«No sé nada».

«Siempre es respetuoso conmigo».

«No sé nada».

«Me haces aparecer como una persona que huye».

«No sé nada».

A pesar de que Jesús no tenga ganas de reír, debe por fuerza sonreír ante la santa testarudez de Pedro.

«¡Pero tendremos que ir a Cafarnaúm, ¿no?! Si no es hoy, será en otro momento...».

«Ya te he dicho que voy antes yo y veo cómo está el ambiente, y... si es necesario... sí, lo haré también... será un malísimo trago... pero lo haré por amor a ti... Iré... iré donde el centurión a solicitar protección...».

«¡No, hombre, no hace falta!».

La barca se detiene en la pequeña playa desierta que está en el lado opuesto a Betsaida. Bajan todos.

«Venid vosotros dos. Tú también, Felipe. Los jóvenes quedaos aquí. Tardaremos poco».

El neodiscípulo Elías suplica: «Ven a mi casa, Maestro. Para mí sería un motivo de gran alegría que te hospedases en ella...».

«Voy a tu casa. Simón, nos encontraremos en casa de Elías. Adiós, Simón. Ve, pero sé bueno, prudente y misericordioso. Ven, que quiero besarte y bendecirte».

Pedro no da seguridad de que será bueno, ni paciente ni misericordioso; se limita a guardar silencio. Se besan recíprocamente. Es el mismo gesto de saludo de Jesús con el Zelote, Bartolomé y Felipe. Y las dos comitivas se separan ya, tomando direcciones opuestas.

Detalle

Es el día después del arresto de Juan el Bautista.

Anotación

- ¡Veo la barca de un búho! Está saliendo de Cafarnaún. Deben de estar a 3 ó 4 km de Cafarnaún, y Pedro reconoce la barca perteneciente a uno de los fariseos.

Jesús, que iba sentado en la popa, se despierta cuando está casi a la altura del Jordán. Popa o parte trasera de una barca. Este es su lugar "habitual", como podemos ver en EMV 448.3 y EMV 185.2).

Elías, el nuevo discípulo, pide limosna: se trata de un nuevo discípulo, conocido enEMV 179.

Los dos grupos se separan en direcciones opuestas. Pedro, con Simón el Zelote, Felipe y Bartolomé, va por la costa hacia el suroeste, en dirección a Cafarnaún, mientras que el grupo de Jesús sube hacia el norte para alcanzar el camino que lleva a Corozain.

ECR 182.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Pedro no vuelve hasta la mañana siguiente. El regreso es más sereno que la partida, porque no ha encontrado sino buena acogida en Cafarnaúm, y en la ciudad ya no están ni Elí ni Joaquín.

«Deben ser ellos los del complot. He preguntado a unos amigos que cuándo se habían marchado, y he comprendido que habían ido a visitar al Bautista como penitentes y no habían vuelto; y creo que no volverán tan pronto, ahora que he dicho que estaban presentes durante el arresto... Ha producido revuelo este arresto del Bautista... Y me las ingeniaré para que lo sepan hasta los mosquitos... Es nuestra mejor arma. He visto también al fariseo Simón... Bueno... si es como se me ha presentado, su actitud me parece buena. Me dijo, remarcando las palabras: “Aconséjale al Maestro que no siga el curso del Jordán por el valle occidental. Es más segura la otra parte”. Y terminó: “Yo no te he visto, no he hablado contigo. Recuérdalo. Obra en consecuencia, por el bien mío, tuyo y de todos. Di al Maestro que soy amigo suyo”, y miraba hacia arriba, como si estuviera hablándole al viento. Siempre — incluso cuando hacen cosas buenas — son falsos y... y... bueno, digo “extraños” para que no me reprendas. Eso sí... fui a dar un toquecito al centurión... Así... diciendo: “¿Está bien tu siervo?”. Y, habiéndome sido confirmado, respondí: “¡Menos mal! Pues estáte atento a tenerle sano, porque están al acecho del Maestro. Ya han cogido prisionero Juan el Bautista...”. El romano lo ha cazado al vuelo. ¡Es sagaz! Me respondió: “Dondequiera que haya una enseña, estará protegido y habrá quien recuerde a los israelitas que bajo el signo de Roma no se permiten complots, so pena de muerte o cárcel”. Son paganos... pero le habría besado. ¡Me gusta la gente que comprende y que hace! Así que podemos ir».

«Vamos. Pero no hacía falta todo esto» dice Jesús.

«¡Hacía falta, hacía falta!».

Jesús se despide de la hospitalaria familia que le ha acogido, como también del neodiscípulo, al cual parece que le ha dado instrucciones.

Detalle

Pedro fue a Cafarnaúm y preguntó por la traición de Juan el Bautista.

Anotación

Pedro no llegó hasta la mañana siguiente. Estaba más tranquilo que al principio, porque había encontrado en Cafarnaún una cálida acogida y la ciudad se había librado de Elí y Joaquín. Se trataba de los dos fariseos de Cafarnaún más sospechosos de haber organizado el arresto del Bautista (véase EMV 180.9).

También conocí al fariseo Simón y... Pero si es como me pareció, parece bien dispuesto. Fue este fariseo quien organizó el banquete en el que María Magdalena lloró a los pies de Jesús (cf. EMV 236,1).

Me dijo, subrayando las palabras: "Aconseja al Maestro que no vaya por la orilla occidental del Jordán. La otra orilla es más segura. " Jesús menciona este" consejo" en EMV 187.3.

Sin embargo, fui a hacerle una pequeña visita al centurión. Así que Pedro consiguió superar sus prejuicios contra los gentiles, como preveía por amor a Jesús, en EMV 181.1.

"Dondequiera que haya un signo romano, será una salvaguardia para él, y habrá alguien que recuerde a los judíos que, bajo los signos romanos, no está permitido conspirar sin exponerse a la muerte o a la galera. "Bajo la Pax Romana, no eran raros los ejemplos de conspiradores condenados a muerte.

ECR 192.5-6 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Engannim debe ser una bonita ciudad, no grande, bien abasteci da de agua de las colinas a través de un acueducto elevado que es probablemente obra romana. Jesús y los suyos están ya en las cercanías de la ciudad. En esto, perciben el rumor de una patrulla militar que está acercándose. Deben ponerse al seguro arrimándose al borde del camino. Los cascos de los caballos resuenan contra el suelo, que aquí, en las cercanías de la ciudad, muestra apenas la pavimentación bajo la tierra que se ha ido acumulando junto con detritos; en efecto, jamás una escoba ha limpiado este camino.

«¡Salve, Maestro! ¿Cómo por aquí?» exclama Publio Quintiliano, mientras se apea y se acerca a Jesús con una abierta sonrisa, llevando de la brida al caballo. Sus soldados, al ver esto en su superior, aminoran la marcha.

«Voy a Jerusalén por la Pascua».

«Yo también. Se refuerza la guardia para estas fiestas, incluso porque estará en la ciudad Poncio Pilatos, y también está Claudia. Nosotros patrullamos los caminos para protegerla a ella. ¡Son caminos tan inseguros!... Las águilas ponen en fuga a los chacales» dice riendo el soldado mientras mira a Jesús, y sigue diciendo en tono más bajo: «Este año, doble guardia para guardar las espaldas del sucio Antipas. Hay mucho descontento por el arresto del Profeta; descontento en Israel y, como consecuencia, entre nosotros. Pero, ya nos hemos encargado de hacer llegar a oídos del Sumo Sacerdote y demás compadres un... benigno toque de... flautas» y concluye en voz baja: «Ve seguro, que las uñas ahora están metidas en las zarpas. ¡Ja! ¡ja! Nos tienen miedo. Carraspea uno y creen que ha rugido. ¿Vas a hablar en Jerusalén? Acércate al Pretorio. Claudia habla de ti como de un gran filósofo. Te conviene porque... el procónsul es Claudia».

192.6 Quintiliano mira a su alrededor y ve a Pedro cargado, rojo y sudado. «¿Y ese niño?».

«Un huérfano que he tomado conmigo».

«¡Pero... ese hombre tuyo se está esforzando demasiado! Niño, ¿tienes miedo a ir unos metros a caballo? Te pongo aquí, bajo mi clámide; iré suave. Cuando lleguemos a las puertas, te dejo que sigas con ese hombre».

El niño no ofrece resistencia; debe ser dulce como un cordero. Publio le levanta en vilo y le sienta consigo en su montura.

Al dar la orden de ir despacio a los soldados, ve también al hombre de Endor. Le mira fijamente y dice: «¿Tú también por aquí?».

«Sí. Ya no vendo huevos a los romanos, pero los pollos están todavía allí. Ahora estoy con el Maestro...».

«¡Bien para ti! Así te sentirás más confortado. ¡Adiós! ¡Salve, Maestro, te espero en aquel pequeño grupo de árboles». Y espolea a su cabalgadura.

«¿Os conocéis?» le preguntan muchos de los presentes a Juan de Endor.

«Sí, como proveedor de pollos. Antes no me conocía. Una vez fui llamado a la comandancia a Naím, para fijar los precios, y estaba él. Desde entonces, cuando iba a Cesarea a comprar libros o algún utensilio siempre me saludaba. Me llama o Cíclope o Diógenes. No es malo. A pesar de mi odio por los romanos, no me mostré nunca agresivo con él porque me podía ser útil».

«¿Has oído, Maestro? ¿Ves?, han surtido buen efecto mis palabras al centurión de Cafarnaúm. Ahora voy más tranquilo» dice Pedro.

Y llegan a la mata de árboles a cuya sombra se ha apeado la patrulla.

«Mira, te devuelvo el niño. ¿Mandas algo, Maestro?».

«No, Publio. Dios te muestre su rostro».

«¡Salve!». Monta y espolea, seguido por los suyos con un

gran rumor metálico de herraduras y corazas que se entrechocan.

Anotación

Hay mucho descontento por el arresto del profeta: en EMV 180.

Mi discurso al centurión de Cafarnaún surtió efecto: en EMV 182.