ECR 133.1
El Evangelio como me ha sido revelado
Traducción en curso
Notas del tema
Comodidad de lectura
ECR 133.1
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ECR 135.1.5
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ECR 158.2
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ECR 163.3
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ECR 165.1-2
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ECR 167.8-9
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ECR 167.12
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ECR 170.9
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ECR 180.6 · Volumen 3
Los campos espinosos son aquellos en que la indolencia ha dejado penetrar espinosas marañas de intereses personales que ahogan la buena semilla. Es necesaria siempre una vigilancia sobre uno mismo; siempre, siempre... Nunca decir: “¡Ya estoy formado, he recibido ya la semilla, puedo estar tranquilo porque daré semilla de vida eterna!”. Es necesaria siempre una vigilancia: la lucha entre el Bien y el Mal es continua. ¿Alguna vez os habéis parado a observar una colonia de hormigas que se establece en una casa? Ya se las ve junto al hogar. La mujer ya no vuelve a dejar alimentos allí sino que los pone encima de la mesa; mas el olfato de las hormigas examina el aire y asaltan la mesa. La mujer pone los alimentos en el abaz, pero ellas pasan adentro a través de la cerradura. Entonces la mujer cuelga del techo esos alimentos, pero las hormigas recorren un largo camino por paredes y viguetas, bajan por la cuerda y comen. Entonces la mujer las quema, las envenena... y se queda tranquila creyendo que las ha destruido. ¡Ah, si no vigila, qué sorpresa! Ya salen las otras nuevas que han nacido... y vuelta a empezar. Esto durante el tiempo que dura la vida. Es necesario vigilarse para extirpar las plantas malas desde el primer momento en que aparecen; si no, harán un techo de zarzas y ahogarán el trigo. Los cuidados mundanos, el engaño de las riquezas, crean la maraña, ahogan la planta de la semilla de Dios y no dejan que llegue a hacerse espiga.
ECR 181.1 · Volumen 3
Una aurora clara aljofara el lago y envuelve las colinas en niebla, ligera como velo de muselina, tras la cual se ven más graciosos los olivos y nogales y las casas y las cimas de los pueblos ribereños. Las barcas se deslizan serenas, silenciosas, en dirección a Cafarnaúm. Pero, en un momento dado, Pedro gira la caña del timón; tan bruscamente, que la barca se ladea.
«¿Qué haces!» dice Andrés.
«Allí hay una barca de uno de esos avestruces. Está saliendo de Cafarnaúm. Tengo buenos ojos, y, desde ayer noche, olfato de perro rastrero. No quiero que nos vean. Vuelvo al río. Iremos a pie».
La otra barca ha hecho la misma maniobra, pero Santiago, que va al timón, pregunta a Pedro: «¿Por qué haces esto?».
«Ya te lo diré. Ven detrás de mí».
Jesús, que está sentado en la popa, vuelve de su ensimismamiento ya casi a la altura del Jordán. «Pero ¿qué haces, Simón?» pregunta.
«Bajamos aquí. Hay un chacal merodeando. No podemos ir a Cafarnaúm hoy.»
Es el día después de la detención de Juan el Bautista y los apóstoles sospechan de todo el mundo.
- ¡Veo el barco de un búho! Este apodo en boca de Pedro se inspira en el búho de Palestina, también conocido como búho cornudo o búho del desierto (Bubo ascalaphus). Vive en gran número en ruinas y lugares desolados, que se prestan a su lúgubre grito(fuente).
Hay un chacal a la vista. El chacal (schoual) se llama a veces zorro en el Antiguo Testamento. De hecho, físicamente se parecen.