ECR 204.1 · Volumen 3
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
En la paz del sábado, Jesús está descansando junto a un campo de lino todo florecido, propiedad de Lázaro. Más que estar junto al campo, yo diría que está sumergido en el alto lino. Sentado en un caballón, se absorbe en sus pensamientos. Con Él no hay sino alguna silenciosa mariposa o alguna rumorosa lagartija, que le mira con sus ojitos de azabache, levantando su cabecita triangular de garganta clara y palpitante. Nada más. En la tarde caliente, calla hasta el más mínimo soplo de viento por entre los altos tallos.
De lejos, quizás del jardín de Lázaro, llega la canción de una mujer, y con ella los alegres gritos del niño, que está jugando con alguien. Luego una, dos, tres voces: «¡Maestro! ¡Jesús!».
Jesús sale bruscamente de su ensimismamiento y se pone en pie. A pesar de que el lino, ya completamente crecido, esté muy alto, Jesús descuella ampliamente por encima de este mar verde y azul.
«¡Ahí está, Juan!» grita Simón Zelote.
Y Juan, a su vez: «¡Madre, el Maestro está aquí, en el lino!».
Mientras Jesús se acerca al sendero que conduce a las casas, llega María.
Anotación
Jesús descansa junto a un campo de lino en plena floración: el lino se cultiva en la mayoría de los países templados y cálidos. Sus flores son azules, lo que llevó a Aragón a escribir: "Un gran campo de lino azul que refleja el cielo". Las plantas crecen 10 mm al día y pueden alcanzar entre 80 cm y 1 m de altura.