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Notas de la palabra clave

Biblia - Evangelio de Lucas

Tema: Biblia, tradición y textos sagrados - Antiguo y Nuevo Testamento · Página 6 de 8

Comodidad de lectura

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ECR 175.1-2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Entre las muchas flores que perfuman el suelo y alegran la vista, se yergue el horrendo espectro de un leproso, llagado, maloliente, corroído.

La gente grita de espanto y se vuelca de nuevo hacia las primeras pendientes del monte. Hay quien incluso agarra piedras para tirárselas al imprudente.

Pero Jesús se vuelve, con los brazos abiertos, gritando: «¡Paz! ¡Quedaos donde estáis y no tengáis miedo! Dejad las piedras. Tened piedad de este pobre hermano. También él es hijo de Dios».

La gente obedece dominada por el poder del Maestro, que se acerca a través de las altas hierbas en flor hasta pocos pasos del leproso, el cual a su vez, habiendo comprendido que está bajo la protección de Jesús, se ha acercado también.

Ya próximo a Jesús, se postra: la hierba florecida le acoge, le sumerge, cual fresca y perfumada agua. Las flores ondean y se agrupan, como haciendo de velo a la miseria celada tras ellas. Sólo la voz quejumbrosa que de allí dentro proviene recuerda la presencia de un pobre ser. La voz dice: «Señor, si Tú quieres puedes limpiarme. ¡Ten piedad también de mí!».

Jesús responde: «Alza tu rostro y mírame. El hombre debe saber mirar al Cielo cuando cree en él; y tú crees, porque pides».

Las hierbas se agitan y se abren de nuevo. Aparece, cual cabeza de náufrago sobre la superficie del mar, el rostro del leproso, despojado de cabellos y de barba. Es una cabeza de calavera con restos de carne todavía.

Sin embargo, Jesús se atreve a colocar la punta de sus dedos en esa frente, en el punto en que está limpia, o sea, sin llagas, donde sólo es piel cinérea, escamosa, entre dos erosiones purulentas, de las cuales una ha destruido el cuero cabelludo y la otra ha abierto un hueco donde antes estaba el ojo derecho, de manera que no sabría decir si dentro de ese enorme agujero lleno de porquería, que va desde la sien hasta la nariz, dejando al descubierto el pómulo y el cartílago nasal, está o no todavía el globo ocular.

Y dice Jesús, manteniendo apoyada ahí la punta de su bonita mano: «Lo quiero. Queda limpio».

Y, como si el hombre no estuviera corroído por la lepra y llagado, sino sólo recubierto de porquería, y sobre él se arrojasen aguas purificadoras, el mal desaparece. Primero se cierran las llagas, luego recupera su color claro la piel, el ojo derecho vuelve a aparecer bajo el renacido párpado, los labios vuelven a cerrarse delante de los dientes amarillentos. Sólo le siguen faltando el pelo y la barba (aparecen escasos mechones de pelo en los lugares donde antes existía todavía un trocito de epidermis sana).

La muchedumbre grita de estupor. El hombre, por esos gritos de júbilo, comprende que ha quedado curado. Levanta las manos, que hasta este momento habían quedado escondidas entre la hierba, y se toca el ojo, en el lugar en que antes estaba el enorme agujero; se toca la cabeza, donde antes estaba la extensa llaga que dejaba al descubierto el hueso craneal, y siente la nueva piel. Entonces se pone en pie y se mira el pecho, las caderas... Todo ha quedado curado y limpio... El hombre se deja caer de nuevo sobre el prado florido llorando de alegría.

«No llores. Levántate y escúchame. Cumple el rito y vuelve a la vida; no hables a nadie hasta que no lo hayas cumplido. Preséntate lo antes posible al sacerdote, haz la ofrenda prescrita por Moisés como testimonio del milagro de tu curación».

«¡A ti te debería presentar mi testimonio, Señor!».

«Así lo harás amando mi doctrina. Ve».

Detalle

Curación de un leproso.

Anotación

Exponiendo el cigoma: Maria Valtorta fue enfermera en su juventud, así que sabe un par de cosas sobre anatomía.

Lo quiero. Ser purificado. Los biblistas suelen confundir este milagro, relatado en Mateo 8:1-3, con la curación del leproso Abel (Marcos 1:40-42; Lucas 5:12-13), que se describe en EMV 63:1/5.

"¿Puedo decirle al sacerdote que me has curado?

- No, no debes. Sólo dile: "El Señor tuvo misericordia de mí. Esa es la verdad". Nada más. A partir de entonces, la reputación de Jesús fue creciendo, y quiso evitar todo conflicto con los notables del templo durante el mayor tiempo posible.

Evangelio de Mateo 8, 1-4

Mt 8, 1-4 : Cuando Jesús bajó del monte, le seguían grandes multitudes. Se le acercó un leproso y, postrándose ante él, le dijo: "Señor, si quieres, puedes limpiarme". Jesús extendió la mano, le tocó y le dijo: "Quiero; queda limpio". Y al instante quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo: "Ten cuidado, no digas nada a nadie, sino ve y muéstrate al sacerdote. Y da la ofrenda que mandó Moisés: será un testimonio para el pueblo".

Evangelio de Marcos 1, 40-45

Mc 1, 40-45 : Se le acercó un leproso, le rogó, cayó de rodillas y le dijo: "Si quieres, puedes limpiarme". Embargado por la compasión, Jesús extendió la mano, le tocó y le dijo: "Estoy dispuesto; queda limpio". Al instante, la lepra le abandonó y quedó limpio. Jesús lo despidió con firmeza, diciéndole: "Ten cuidado, no digas nada a nadie, sino ve y muéstrate al sacerdote, y da por tu purificación lo que prescribió Moisés en la Ley: será un testimonio para el pueblo". Una vez que se hubo ido, aquel hombre empezó a pregonar y a difundir la noticia, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en una ciudad, sino que se quedaba en lugares desiertos. Pero la gente acudía a él de todas partes.

Evangelio de Lucas 5, 12-14

Lc 5, 12-14 : Estaba Jesús en un pueblo cuando llegó un hombre cubierto de lepra; al ver a Jesús, se postró sobre su rostro y le suplicó: "Señor, si quieres, puedes limpiarme". Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: "Quiero; queda limpio". Al instante se le quitó la lepra. Entonces Jesús le ordenó que no se lo dijera a nadie: "En lugar de eso, ve a presentarte al sacerdote y dale por tu limpieza lo que mandó Moisés; será un testimonio para todos."

ECR 176.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Me llamáis Mesías y Señor. Decís que me amáis y me entonáis alabanzas. Me seguís, y tal cosa parece amor. Y, sin embargo, en verdad os digo que no todos de entre vosotros entrarán conmigo en el Reino de los Cielos. Incluso entre mis más próximos y antiguos discípulos habrá quien no entre, porque muchos harán su voluntad, o la de la carne, el mundo y el demonio; no la de mi Padre. No quien me dice: “¡Señor! ¡Señor!” entrará en el Reino de los Cielos, sino aquellos que hacen la voluntad del Padre mío; sólo éstos entrarán en el Reino de Dios.

ECR 176.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Llegará un día en que Yo, quien os está hablando, tras haber sido Pastor, seré Juez. No os confiéis ilusamente en mi aspecto actual. Ahora mi cayado congrega a todas las almas dispersas y se muestra dulce para invitaros a venir a los pastos de la Verdad; entonces, el cayado será substituido por el cetro del Juez Rey y muy distinta será mi potencia. Entonces, separaré, no con dulzura sino con justicia inexorable, las ovejas que se alimentaron de Verdad de aquellas otras que mezclaron Verdad y Error o se nutrieron sólo de Error. Una primera vez y luego otra haré esto. ¡Ay de aquellos que entre la primera y la segunda comparecencia ante el Juez no se hayan purgado, no puedan purgarse de los venenos. La tercera categoría no se purgará. Ninguna pena podría purgarla. Ha querido sólo el Error. En el Error permanezca.

Pues en ese momento habrá incluso, entre éstos, quien gima: “¿Cómo es esto, Señor? ¿No hemos profetizado en tu nombre, no hemos arrojado demonios y realizado muchos prodigios en tu nombre?”. Pero Yo, en ese momento, muy claramente les diré: “Sí, habéis osado revestiros de mi Nombre para aparecer como no erais; habéis querido hacer pasar por vida en Jesús vuestro satanismo. El fruto de vuestras obras os acusa. ¿Dónde están los salvados por vosotros? ¿Dónde se cumplieron vuestras profecías? ¿A qué llevaron vuestros exorcismos? ¿Quién fue el cómplice de vuestros prodigios? ¡Oh, sí, muy potente es mi Enemigo, pero no está por encima de mí! Os ayudó, sí, para aumentar su botín; por obra vuestra se ensanchó el círculo de los que fueron arrastrados a la herejía. Realizasteis prodigios, sí, incluso aparentemente mayores que los de los verdaderos siervos de Dios, que no son histriones que dejan estupefactas a las muchedumbres, sino que son humildad y obediencia que dejan estupefactos a los ángeles. Mis siervos verdaderos, con sus inmolaciones, no crean fantasmas, sino que los cancelan de los corazones; ellos, mis verdaderos siervos, no se imponen a los hombres, sino que muestran a Dios a los corazones de los hombres; lo único que hacen es cumplir la voluntad del Padre y llevan a otros a cumplirla (de la misma forma que una ola impulsa a la que la precede y atrae a la que la sigue), sin colocarse sobre un trono para decir: ‘Mirad’. Ellos, mis siervos verdaderos, hacen lo que Yo digo, sin pensar sino en hacerlo, y sus obras llevan ese signo mío de paz inconfundible, de mansedumbre, de orden. Por tanto puedo deciros: éstos son mis siervos; a vosotros no os conozco. Alejaos de mí todos vosotros, obradores de iniquidad”.

Esto diré entonces. Tremenda palabra será. Estad atentos a no merecérosla. Id por el camino seguro de la obediencia — aunque sea penoso — hacia la gloria del Reino de los Cielos.

Anotación

Evangelio de Mateo 7, 21-23

Mt 7, 21-23 : No todo el que me dice: "Señor, Señor", entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los Cielos. Muchos me dirán aquel día: "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, expulsamos demonios en tu nombre y realizamos muchos milagros en tu nombre? Entonces les diré Nunca os conocí. Apartaos de mí, obradores de iniquidad.

Evangelio de Lucas 13, 26-27

Lc 13, 26-27 : Entonces empezaréis a decir: "Nosotros comimos y bebimos delante de ti, y tú enseñaste en nuestras plazas. Y él responderá: Os digo que no sé de dónde venís; apartaos de mí todos los obradores de iniquidad.

No es con dulzura, sino con inexorable justicia que Yo, entonces, separaré a las ovejas alimentadas con la Verdad de las que mezclaron la Verdad y el Error o se alimentaron sólo del Error. Una y otra vez tendré este papel. Afirmación de los dos juicios: el juicio particular y el juicio final. (Ver CIC n° 1021 y n° 1038).

Su Satanismo: Maria Valtorta anota en una copia mecanografiada: Se dirige particularmente a los que se dedican a las ciencias ocultas o pertenecen a sectas anticristianas, etc., es decir, a los pecadores contra el primer mandamiento.

ECR 177.1-5 · Volume 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Jesús entra en Cafarnaúm. Viene de los campos. Le acompañan sólo los doce; es más, los once, porque Juan no está. Se producen los consabidos saludos de la gente: una gama muy variada de expresiones (desde los sencillísimos saludos de los niños, hasta los de las mujeres, un poco tímidos, o los de quienes han recibido la gracia de un milagro, extáticos, o incluso los curiosos o irónicos: los hay para todos los gustos). Jesús responde a todos según el modo en que es saludado: caricias para los pequeños; bendiciones para las mujeres; sonrisas para los agraciados; respeto profundo para los demás.

Pero esta vez a la serie se une el saludo del centurión del lugar — creo —. Su saludo es: «¡Salve, Maestro!». Jesús responde con su expresión: «¡Que Dios vaya a ti!».

El romano prosigue: «Hace varios días que te espero. Si no me reconoces como uno de los que te escuchaban en el Monte es porque estaba vestido de paisano. ¿No me preguntas por qué estaba allí?». Mientras, la gente se ha acercado, curiosa por ver cómo se desarrolla este encuentro.

«No te lo pregunto. ¿Qué quieres de mí?».

«La orden recibida es seguir a quienes reúnen en torno a sí a la gente, porque demasiadas veces Roma ha tenido que arrepentirse de haber concedido reuniones aparentemente justas. Pero, viendo y oyendo, he pensado en ti como en... como en...

177.2

Tengo un siervo que está enfermo, Señor. Yace en su lecho, en mi casa, paralizado a causa de un mal de huesos, y sufre terriblemente. Nuestros médicos no le curan. He invitado a los vuestros a venir a mi casa, porque estas enfermedades se originan en los aires corrompidos de estas regiones y vosotros las sabéis curar con las hierbas del suelo que produce la fiebre, el suelo de la orilla donde se estancan las aguas antes de ser absorbidas por las arenas del mar; pero se han negado a venir. Me apena porque es un siervo fiel».

«Iré y te lo curaré».

«No, Señor. No te pido tanto. Soy pagano, inmundicia para vosotros. Si los médicos hebreos temen contaminarse por poner pie en mi casa, con mayor razón será contaminadora para ti, que eres divino. No soy digno de que entres en mi casa. Si dices desde aquí una palabra, una sola, mi siervo quedará curado, porque tienes mando sobre todo lo que existe. Si yo — que soy un hombre que depende de muchas autoridades, la primera de las cuales es César (por lo cual tengo que obrar, pensar, actuar como se me dice) — puedo dar órdenes a los soldados que tengo bajo mi mando, de forma que si a uno le digo: “Ve”, al otro: “Ven”, y al siervo: “Haz esto”, el uno va a donde le mando, el otro viene porque le llamo, el tercero hace lo que le digo, pues Tú, que eres quien eres, serás inmediatamente obedecido por la enfermedad y desaparecerá».

«La enfermedad no es un hombre...» objeta Jesús.

«Tú tampoco eres un hombre, eres el Hombre; puedes, por tanto, imperar sobre los elementos y las fiebres, porque todo está sujeto a tu poder».

177.3

Algunas personalidades de Cafarnaúm se llevan un poco aparte a Jesús y le dicen: «Aunque sea un romano, atiéndele, porque es un hombre de bien y nos respeta y ayuda. Fíjate que ha sido él quien ha hecho construir nuestra sinagoga; además tiene controlados a sus soldados los sábados para que no nos ultrajen. Concédele, pues, esta gracia por amor a tu ciudad, a fin de que no se sienta defraudado y no se irrite y su amor hacia nosotros se vuelva odio».

Jesús, habiendo escuchado a éstos y al centurión, se vuelve a este último sonriendo y le dice: «Ve caminando, que ahora voy yo».

Pero el centurión insiste: «No, Señor. Como he dicho, el hecho de que vinieses a mi casa sería un gran honor, pero no merezco tanto; di sólo una palabra y mi siervo quedará curado».

«Pues así sea. Ve con fe. En este instante la fiebre le está dejando y la vida está volviendo a sus miembros; haz que también llegue a tu alma la Vida. Ve».

El centurión saluda militarmente, se inclina y se marcha.

177.4

Jesús se le queda mirando mientras se marcha, luego se vuelve hacia los presentes y dice: «En verdad os digo que no he encontrado tanta fe en Israel. Es verdad: [1]“El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que habitaban en la oscura región de muerte ha surgido la Luz”, y: “El Mesías, alzada su bandera sobre las naciones, las reunirá”. ¡Oh, Reino mío, verdaderamente será incontable el número de los que a ti afluyan! Más que todos los camellos y dromedarios de Madián y de Efá, y que los transportadores de oro e incienso de Saba, más que todos los rebaños de Quedar y los carneros de Nebayot, serán los que a ti vayan, y mi corazón se dilatará de júbilo al ver venir a mí a los pueblos del mar y a las potencias de las naciones. Las islas me esperan para adorarme, los hijos de los extranjeros edificarán los muros de mi Iglesia, cuyas puertas siempre estarán abiertas para acoger a los reyes y a las potencias de las naciones y para santificarlos en mí. ¡Lo que Isaías vio se cumplirá! Os digo que muchos vendrán de oriente y occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán arrojados a las tinieblas exteriores; allí habrá llanto y rechinar de dientes».

«¿Estás profetizando que los gentiles estarán al mismo nivel que los hijos de Abraham?».

«No al mismo nivel, sino a nivel superior. Que esto os duela sólo por el hecho de que es culpa vuestra. No lo digo Yo, lo dicen los Profetas, y los signos ya lo están confirmando.

177.5

Ahora que alguno de vosotros vaya a casa del centurión para constatar que el siervo ha sido curado, como lo merecía la fe del romano. Venid. Quizás en la casa hay enfermos que esperan mi llegada».

Y Jesús, con los apóstoles y algún otro — la mayoría se ha lanzado, curiosa y alborotadora, hacia la casa del centurión — se dirige a la casa de siempre, a la casa en que se aloja los días que está en Cafarnaúm.

Anotación

Le saluda con: "¡Ave, Maestro! Salve en el original italiano, como en el Salve Regina, no Ave como en elAve Maria.

Llevo varios días esperándole. Usted no me reconoce, pero yo estaba entre los que le escuchaban en la montaña. Iba vestida de paisano. De hecho, Maria Valtorta había notado su presencia el martes(EMV 171.1).

Son enfermedades que provienen del aire corrompido de estas regiones: Las fiebres de los pantanos (fiebre amarilla o paludismo) causaron graves epidemias en la antigüedad. Se mencionan varias veces en la obra. Durante siglos, estas fiebres se atribuyeron al aire malsano (aria cattiva, de donde procede la palabra italiana mala aria = aire viciado), sin establecer nunca la relación con los mosquitos. Maria Valtorta está dando a conocer una opinión que concuerda perfectamente con la creencia romana y que no está relacionada con sus conocimientos como enfermera.

Sabe curarlos con hierbas de la tierra febril de la orilla donde las aguas se estancan antes de ser absorbidas por la arena del mar. Se trata sin duda de la agrimonia (agrimonia eupatoria), que crece en los pantanos. Plinio la menciona. Su infusión se utiliza para combatir el paludismo (de palus = pantano, en latín). El pantano costero mencionado por el centurión podría ser Dor (actual Al Tantura), al sur del monte Carmelo. No se desecó hasta 1892. La malaria hacía estragos allí.

Piensa que fue él quien mandó construir la sinagoga. Sólo Lucas 7:5 menciona este detalle.

Os aseguro que vendrán muchos del este y del oeste y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán arrojados a las tinieblas exteriores, donde será el llanto y el crujir de dientes. Este es el final del relato de Mateo 8:11-12, mientras que Lucas lo menciona en otro lugar (Lucas 13:28-29).

Jesús, acompañado de los apóstoles y de algunas otras personas, se dirigió a la casa donde solía alojarse cuando estaba en Cafarnaún. La casa de Tomás de Cafarnaún. Tomás era probablemente un pariente lejano de Jesús.

Evangelio de Mateo 8, 5-13

Mt 8, 5-13 : Al entrar Jesús en Cafarnaún, se le acercó un centurión y le rogó: "Señor, mi criado yace paralítico en casa, sufriendo terriblemente. Jesús le dijo: "Iré yo mismo y le curaré". El centurión le respondió: "Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo, pero di la palabra y mi criado quedará sano. Yo mismo, que estoy bajo autoridad, tengo soldados a mis órdenes; a uno le digo: "Ve", y va; a otro: "Ven", y viene; y a mi esclavo: "Haz esto", y lo hace." Jesús se maravilló de estas palabras y dijo a los que le seguían: "Os aseguro que no he encontrado en nadie de Israel una fe semejante. Por eso os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente y ocuparán sus puestos con Abraham, Isaac y Jacob en el banquete del reino de los cielos, pero los hijos del reino serán arrojados a las tinieblas exteriores; allí será el llanto y el crujir de dientes. Jesús dijo al centurión: "Vete a tu casa y que se te haga conforme a tu fe. Y el criado quedó sano en aquella misma hora.

Evangelio de Lucas 7, 1-10

Lc 7, 1-10 : Cuando Jesús terminó de explicar todas sus palabras a la gente, entró en Cafarnaún. Había allí un centurión cuyo esclavo estaba enfermo y a punto de morir, y el centurión le tenía mucho cariño. Cuando oyó hablar de Jesús, envió a algunos judíos notables para pedirle que viniera a salvar a su esclavo. Cuando llegaron hasta Jesús, le rogaron encarecidamente: "Se lo merece. Ama a nuestra nación: fue él quien nos construyó la sinagoga". Jesús se puso en camino con ellos, y ya no estaba lejos de la casa, cuando el centurión envió a unos amigos a decirle: "Señor, no te tomes esta molestia, pues no soy digno de que entres bajo mi techo. Por eso no me he dado permiso para venir a verte. Pero di la palabra y deja que mi siervo se cure. Yo estoy subordinado a una autoridad, pero tengo soldados a mis órdenes; a uno le digo: 'Ve', y va; a otro: 'Ven', y viene; y a mi esclavo: 'Haz esto', y lo hace." Al oír esto, Jesús quedó admirado de él. Se volvió y dijo a la multitud que le seguía: "Os aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe. Cuando volvieron a casa, encontraron al esclavo en buen estado de salud.

Evangelio de Lucas 13, 28-29

Lc 13, 28-29 : Entonces será el llanto y el crujir de dientes cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras vosotros sois arrojados fuera. Vendrán de Oriente y de Occidente, de Aquilón y del Sur, y ocuparán sus puestos en el banquete del reino de Dios.

Libro de Isaías, 9, 1

Is 9, 1 : El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz, y la luz ha brillado sobre los que vivían en tierra de sombra de muerte.

Libro de Isaías 11, 10-12

Is 11, 10-12 : Y acontecerá en aquel día que la raíz de Jesé, levantada como estandarte para los pueblos, será buscada por las naciones, y su morada será gloriosa. Y acontecerá en aquel día, que el Señor extenderá su mano por segunda vez para redimir al resto de su pueblo, al resto de las tierras de Asiria y Egipto, de Patros, Etiopía, Elam, Sennaar, Hamat y las islas del mar. Levantará un estandarte para las naciones y reunirá a los desterrados de Israel; reunirá a los dispersos de Judá de los cuatro confines de la tierra.

Libro de Isaías 60, 5-10

Is 60, 5-10 : Entonces lo verás y estarás radiante; tu corazón saltará y se ensanchará; porque vendrán a ti las riquezas del mar, los tesoros de las naciones. Multitudes de camellos te cubrirán, los dromedarios de Madián y de Efa; vendrán todos los de Sabá, trayendo oro e incienso, y proclamarán las alabanzas de Yahvé. Todos los rebaños de Cedar se reunirán contigo; los carneros de Nabaiot te servirán; subirán a mi altar como ofrenda agradable, y glorificaré la casa de mi gloria.

¿Quiénes son éstos que vuelan como nubes, como palomas a su palomar? Porque las islas esperan en mí, y las naves de Tarsis vendrán primero; para traer de lejos a tus hijos, con su plata y su oro, para honrar el nombre de Yahvé, tu Dios, y del Santo de Israel, porque él te ha glorificado. Los hijos de los extranjeros construirán tus murallas, y sus reyes serán tus siervos; porque yo te golpeé con mi ira, pero en mi bondad tuve compasión de ti.

ECR 178.1-4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Veo a Jesús con sus once apóstoles — sigue faltando Juan — dirigiéndose hacia la orilla del lago. Mucha gente se aglomera en torno a Él: muchas de estas personas, en su mayor parte hombres, son las mismas que estaban en el Monte y que ahora se han llegado de nuevo a Él, a Cafarnaúm, para seguir escuchando su palabra. Intentan retenerle, pero Jesús dice: «Yo soy de todos. Debo ir a otros muchos. Volveré. Ya os reuniréis de nuevo conmigo. Ahora dejadme que me vaya».

Con mucha dificultad logra andar entre la muchedumbre que se comprime por la estrecha callecilla. Los apóstoles empujan para abrirle paso, pero es como incidir contra una substancia blanduzca, que enseguida recupera la forma que tenía; incluso se irritan, pero inútilmente.

178.2

Ya se ve la orilla, cuando, tras un feroz esfuerzo, un hombre de mediana edad y de aspecto distinguido se acerca al Maestro y, para atraer su atención, le toca en el hombro.

Jesús se para, se vuelve y pregunta: «¿Qué quieres?».

«Soy escriba. Lo que hay en tus palabras supera toda comparación con lo que hay en nuestros preceptos. A mí me ha conquistado. Maestro, ya no te dejo. Te seguiré a dondequiera que vayas. ¿Cuál es tu camino?».

«El del Cielo».

«No me refiero a ése. Lo que te pregunto es a dónde vas: después de ésta, ¿cuáles son tus casas, para poderte encontrar siempre?».

«Las raposas tienen sus huras y las aves nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar su cabeza. Mi casa es el mundo, está dondequiera que haya espíritus a los que enseñar, miserias que aliviar, pecadores que redimir».

«Entonces, por todas partes».

«Tú lo has dicho. ¿Serías capaz de hacer, tú, doctor de Israel, lo que éstos, los últimos, hacen por amor mío? Aquí se requiere sacrificio y obediencia, y caridad para con todos, espíritu de adaptación a todo y con todos. Porque la condescendencia atrae. Porque quien quiere curar debe curvarse hacia todas las llagas. Luego vendrá la pureza del Cielo; aquí estamos en el fango, y hay que arrancarle al barro en que pisamos las víctimas que ya ha succionado. No subirse las vestiduras y apartarse porque ahí el barro cubre más. La pureza debe estar en nosotros. Tenemos que estar henchidos de ella de forma que nada más pueda entrar. ¿Puedes hacer todo esto?».

«Déjame probar al menos».

«Prueba. Rogaré porque seas capaz de ello».

178.3

Jesús reanuda su camino. Luego, captada su atención por dos ojos que le están mirando, dice a un joven alto y fuerte que se ha detenido para dejar pasar a la multitud, pero que parece llevar otra dirección: «Sígueme».

El joven siente un sobresalto, cambia de color, parpadea como si hubiera sido deslumbrado por un resplandor, abre la boca para hablar, pero no encuentra en ese momento qué responder; al final dice: «Te seguiré. Pero, se me ha muerto mi padre en Corazín; tengo que enterrarle. Volveré después del entierro».

«Sígueme. Deja que los muertos entierren a sus muertos. La Vida ya te ha succionado; por otra parte, tú lo has deseado. No llores por el vacío que en torno a ti te ha creado la Vida, para tenerte como discípulo suyo. Las mutilaciones del afecto son raíces de las alas que nacen en el hombre que se ha hecho siervo de la Verdad. Deja la corrupción a su suerte. Elévate hacia el Reino de lo incorrupto. Allí encontrarás también la perla incorruptible de tu padre. Dios llama y pasa. Mañana ya no encontrarías ni tu corazón de hoy ni la llamada de Dios. Ven. Ve a anunciar el Reino de Dios».

El hombre, que está apoyado en una pared baja, con los brazos colgando, de los cuales penden las bolsas (que contienen sin duda los aromas y las vendas), tiene la cabeza agachada, y medita, en pugna entre los dos amores: el de Dios y el de su padre.

Jesús le mira y aguarda, luego coge a un pequeñuelo y le aprieta contra su corazón diciendo: «Repite conmigo: “Te bendigo, Padre, e invoco tu luz para los que lloran envueltos por las ofuscaciones de la vida. Te bendigo, Padre, e invoco tu fuerza para quien es semejante a un niño que necesita de alguien que le sostenga. Te bendigo, Padre, e invoco tu amor para que canceles el recuerdo de todo lo que no seas Tú de la memoria de todos aquellos que en ti encontrarían — y no saben creerlo — todo bien propio, aquí y en el Cielo”».

Y el niño — un inocente de unos cuatro años — repite con su vocecita las palabras santas, mientras Jesús le mantiene con su derecha las manitas unidas, en oración, cogidas por las muñecas regordetas, como si fueran éstas dos tallitos de flor.

El hombre se decide. Da a un compañero sus envoltorios y se acerca a Jesús, que pone en el suelo al niño tras haberle bendecido y echa su brazo sobre los hombros del joven y sigue caminando así, para confortarle y sostenerle en su esfuerzo.

178.4

Otro hombre le interpela: «También yo quisiera ir contigo como ese joven, pero antes de seguirte querría despedirme de mis familiares. ¿Me lo permites?».

Jesús le mira fijamente y responde: «Demasiado arraigado en lo humano. Arranca las raíces, y, si no eres capaz de ello, córtalas. Al servicio de Dios se viene con espiritual libertad. Nada debe atar a quien se entrega».

«Pero, Señor, ¡la carne y la sangre son siempre carne y sangre! Alcanzaré lentamente la libertad de que hablas...».

«No. Jamás lo lograrías. Dios, de la misma forma que es infinitamente generoso cuando premia, es también exigente. Si quieres ser discípulo debes abrazar la cruz y venir; si no, te quedarás en el número de los simples fieles. El camino de los siervos de Dios no es de pétalos de rosa; es de exigencia absoluta. Nadie, habiendo puesto la mano sobre el arado para arar los campos de los corazones y esparcir en ellos la semilla de la doctrina de Dios, puede volverse para observar lo que ha dejado y lo que ha perdido, o lo que tendría si siguiera un camino común; quien así actúa no es apto para el Reino de Dios. Trabájate a ti mismo, hazte viril y luego ven. Ahora no».

Llegan a la orilla. Jesús sube a la barca de Pedro y le susurra unas palabras; veo que Jesús sonríe y que Pedro hace un gesto de admiración, pero no dice nada. Sube también el hombre que ha dejado de ir a enterrar a su padre por seguir a Jesús.

Detalle

De los tres hombres que querían seguir a Jesús, dos no fueron identificados.

Anotación

Evangelio de Mateo 8, 18-22

Mt 8, 18-22 : Al ver Jesús que le rodeaba una multitud, dio orden de irse al otro lado. Se le acercó un escriba y le dijo: "Maestro, te seguiré adondequiera que vayas. Pero Jesús le dijo: "Las zorras tienen guaridas y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza.

Otro de sus discípulos le dijo: "Señor, permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre". Jesús le dijo: "Sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos".

Evangelio de Marcos 4, 35-36

Mc 4, 35-36: Aquel día, al atardecer, dijo a sus discípulos: "Pasemos a la otra orilla". Dejando a la multitud, llevaron a Jesús, tal como estaba, en la barca, y le acompañaron otras barcas.

Evangelio de Lucas 8, 22

Lc 8, 22 : Un día, Jesús subió a una barca con sus discípulos y les dijo: "Vamos a la otra orilla del lago". Y salieron a mar abierto.

Evangelio de Lucas 9, 57-62

Lc 9, 57-62 : Por el camino, un hombre dijo a Jesús: "Te seguiré adondequiera que vayas". Jesús le dijo: "Las zorras tienen guaridas y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza. Luego dijo a otro: "Sígueme". El hombre replicó: "Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre. Jesús le contestó: "Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú vete a anunciar el Reino de Dios.

Otro hombre le dijo: "Señor, te seguiré, pero primero déjame despedirme de mi familia". Jesús le contestó: "El que pone la mano en el arado y luego mira hacia atrás no es apto para el reino de Dios."

ECR 178.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Otro hombre le interpela: «También yo quisiera ir contigo como ese joven, pero antes de seguirte querría despedirme de mis familiares. ¿Me lo permites?».

Jesús le mira fijamente y responde: «Demasiado arraigado en lo humano. Arranca las raíces, y, si no eres capaz de ello, córtalas. Al servicio de Dios se viene con espiritual libertad. Nada debe atar a quien se entrega».

«Pero, Señor, ¡la carne y la sangre son siempre carne y sangre! Alcanzaré lentamente la libertad de que hablas...».

«No. Jamás lo lograrías. Dios, de la misma forma que es infinitamente generoso cuando premia, es también exigente. Si quieres ser discípulo debes abrazar la cruz y venir; si no, te quedarás en el número de los simples fieles. El camino de los siervos de Dios no es de pétalos de rosa; es de exigencia absoluta. Nadie, habiendo puesto la mano sobre el arado para arar los campos de los corazones y esparcir en ellos la semilla de la doctrina de Dios, puede volverse para observar lo que ha dejado y lo que ha perdido, o lo que tendría si siguiera un camino común; quien así actúa no es apto para el Reino de Dios. Trabájate a ti mismo, hazte viril y luego ven. Ahora no».

Anotación

Sólo Lucas 9,61-62 relata este encuentro. El evangelista evoca sucintamente la alegoría del labrador que no mira atrás. Jesús menciona varias veces su consejo(EMV 276,6 | EMV 302,1 y EMV 551,6).

Evangelio de Lucas 9, 61-62

Lc 9, 61-62 : Otro hombre le dijo: "Señor, te seguiré, pero antes déjame despedirme de mi familia". Jesús le contestó: "El que pone la mano en el arado y luego mira hacia atrás no es apto para el Reino de Dios."

ECR 179.5-6 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Escuchad, y quizás entenderéis mejor cómo de una misma acción pueden surgir diversos frutos.

Salió un sembrador a sembrar. Sus tierras eran muchas y de distintos tipos. Algunas de ellas las había heredado de su padre; en éstas, su falta de atención había permitido la proliferación de plantas espinosas. Otras eran adquiridas; las había comprado a una persona descuidada y las había dejado como estaban. Otras estaban atravesadas por caminos, porque el hombre era un comodón y no quería hacer mucho recorrido para ir de un lugar a otro. En fin, había algunas, las más cercanas a la casa, que había cuidado, para que el aspecto de delante de su casa fuera agradable; éstas tierras estaban bien limpias de cantos, de espinos, de malas hierbas, etc.

Pues bien, el hombre cogió su saquito de trigo de simiente, el de mejor calidad, y empezó a sembrar. La simiente cayó en el terreno bueno, esponjoso, arado, limpio, abonado, de las tierras cercanas a la casa. Cayó en las tierras cortadas por esos caminos más o menos anchos que las fragmentaban hasta la saciedad y que, además, eran fuente de despreciable polvo árido para la tierra fértil. Otras semillas cayeron en las tierras en que la ineptitud del hombre había dejado proliferar los espinos; el arado, ahora, los había arrastrado a su paso y parecía que ya no hubiera, pero seguían estando, porque sólo el fuego, la radical destrucción de las malas plantas, les impide volver a nacer. La última semilla cayó en los campos comprados poco antes, en esos campos que el sembrador había dejado como estaban cuando los adquirió, sin roturarlos profundamente, sin levantar todas las piedras que estaban hundidas en la tierra y que formaban un pavimento duro en que no podían prender las tiernas raíces. Una vez esparcida por los campos toda la simiente, volvió a su casa y dijo: “¡Bien!, ¡bien!, ahora no hay sino que esperar a la cosecha”.

179.6

Y se regocijaba al ver con el paso de los meses, primero germinar bien espeso el trigo en las tierras que estaban delante de su casa, luego crecer — ¡oh, qué suave alfombra! — y producir espiga — ¡qué mar! — y dorarse y cantar su hosanna al sol entrechocándose las espigas. El hombre decía: “Como estas tierras serán todas las demás. Preparemos la hoz y los graneros. ¡Cuánto pan! ¡Cuánto oro!”, y exultaba de gozo. Segó el trigo de las parcelas más cercanas y luego pasó a las tierras que había heredado de su padre y que había dejado abandonadas. Al verlas se quedó de piedra. Mucho trigo había nacido, porque eran buenas parcelas, y la tierra, bonificada por su padre, era rica y fértil. Pero esta misma fertilidad había actuado en las plantas espinosas — arrastradas por el arado pero aún vivas —, que habían renacido creando un verdadero techo de híspidos ramajes de espinos, a cuyo través sólo algunas escasas espigas de trigo habían podido emerger, con lo cual casi todo había quedado ahogado.

El hombre dijo: “Con estas parcelas he sido negligente, pero en otras no había espinos; irá mejor la cosa”. Y pasó a las tierras que había comprado recientemente. Su estupor pasó a ser dolor: delgadas hojas de trigo, ya resecas, yacían, como heno seco, diseminadas por todas partes. Heno seco. “¿Cómo es posible! ¿Cómo es posible!”, se lamentaba el hombre. “¡Pues si aquí no hay espinos y el trigo era el mismo! Y había nacido bien compacto y hermoso: se ve por las hojas, bien formadas y numerosas. ¿Por qué, entonces, todo ha muerto sin formar espiga?”. Y, con dolor, se puso a excavar en el suelo para ver si encontraba nidos de topos u otros flagelos. No había ni insectos ni roedores. ¡Ah, pero, cuántas piedras, cuántas piedras! Estas parcelas estaban, literalmente hablando, pavimentadas con lascas de piedra; era engañosa la poca tierra que las cubría. ¡Ah, si hubiera hincado profundamente el arado a su debido tiempo! ¡Ah, si hubiera excavado antes de aceptar esas tierras y comprarlas como buenas! ¡Ah, si, al menos, una vez cometido el error de adquirir lo que se le ofrecía sin asegurarse de su calidad, lo hubiera bonificado a fuerza de brazos! Pero ya era demasiado tarde. Inútil plañirse.

El hombre se enderezó, desanimado, y fue a ver los campos cortados por los caminos que él mismo, buscando la comodidad, había trazado... Y se rasgó las vestiduras del dolor. Aquí no había nada, absolutamente nada. La tierra oscura del campo estaba cubierta por un leve estrato de polvo blanco. El hombre se desplomó gimiendo: “Pero aquí, ¿por qué? Aquí no hay ni espinos ni piedras, porque estos campos son nuestros; mi abuelo, mi padre, yo, los hemos tenido siempre y durante muchos lustros los hemos hecho producir y han sido fértiles. Yo he abierto los caminos; habré quitado espacio a las parcelas, pero ello no puede haberlas hecho tan improductivas...”. Estaba llorando cuando un nutrido conjunto de pájaros, que con frenesí se lanzaban de los senderos a la tierra de labor y de ésta a los senderos, para buscar, buscar, buscar semillas, semillas, semillas… le dieron la respuesta a su dolor: esta tierra se había convertido en una red de caminos, a cuyos bordes habían ido a parar granos de trigo, atrayendo así a muchos pájaros, los cuales primero se habían comido los granos que habían caído en el camino y luego lo que había caído dentro, hasta el último grano.

De esta forma, la simiente, igual para todas las parcelas, había producido, en unas, cien, en otras, sesenta o treinta o nada. El que tenga oídos para oír que oiga. La semilla es la Palabra, que es igual para todos; los lugares donde cae la simiente son vuestros corazones. Que cada cual lo aplique y lo comprenda. La paz sea con vosotros».

ECR 180.4-6 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Pedro se pone tan colorado, que da la impresión de que le esté viniendo un ataque apoplético. Permanece mudo durante unos momentos y luego dice: «Bueno, pues entonces dame el premio. La parábola de esta mañana...».

También los otros se unen a Pedro diciendo: «Sí. Lo has prometido. Las parábolas sirven para hacer comprender la comparación, pero nosotros comprendemos que su espíritu supera la comparación.

180.5

¿Por qué les hablas en parábolas?».

«Porque a ellos no se les concede entender más de lo que explico. A vosotros se os tiene que dar mucho más, porque vosotros, mis apóstoles, debéis conocer el misterio; por tanto, se os concede entender los misterios del Reino de los Cielos. Por esto os digo: “Preguntad, si no comprendéis el espíritu de la parábola”. Vosotros dais todo, y todo se os debe dar, para que a vuestra vez podáis dar todo. Vosotros dais todo a Dios: afectos, tiempo, intereses, libertad, vida. Y Dios os da todo, para compensaros y haceros capaces de dar todo en nombre de Dios a quienes vienen después de vosotros. De este modo, a quien ha dado le será dado, y con abundancia; pero, a quien sólo ha dado parcialmente o no ha dado en absoluto, le será incluso quitado lo que tenga.

Les hablo en parábolas para que viendo vean sólo lo que les ilumina su voluntad de seguir a Dios; para que oyendo — con la misma voluntad de adhesión — oigan y comprendan. ¡Vosotros veis! Muchos oyen mi palabra, pocos se adhieren a Dios; es incompleta la buena voluntad de sus espíritus. En ellos se cumple la profecía de Isaías: “Oiréis con los oídos pero no comprenderéis, miraréis con los ojos pero no veréis”. Porque este pueblo tiene un corazón insensible; sus oídos son duros y han cerrado los ojos para no oír y para no ver, para no comprender con el corazón y no convertirse para que los cure. ¡Pero, dichosos vosotros por vuestros ojos que ven, por vuestros oídos que oyen, por vuestra buena voluntad!

En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis y no lo vieron y oír lo que vosotros oís pero no lo oyeron. Se consumieron en el deseo de comprender el misterio de las palabras, pero, apagada la luz de la profecía, las palabras permanecieron como carbones apagados, incluso para el santo que las había recibido.

Sólo Dios se devela a sí mismo. Cuando su luz se retira, terminada su intención de iluminar el misterio, la incapacidad de comprender envuelve — como las vendas de una momia — la regia verdad de la palabra recibida. Por esto te he dicho esta mañana: “Un día volverás a encontrar todo lo que te he dado”. Ahora no puedes retenerlo. Pero tiempo llegará en que recibirás la luz, no sólo por un instante sino en un inseparable desposorio del Espíritu eterno con el tuyo, por lo que será infalible tu magisterio respecto a las cosas del Reino de Dios. Y, como en ti, en tus sucesores, si viven de Dios como su único pan.[1]

180.6

Escuchad ahora el espíritu de la parábola.

Tenemos cuatro tipos de campos: los fértiles, los espinosos, los pedregosos y los que están llenos de senderos. Tenemos también cuatro tipos de espíritus.

Por una parte, están los espíritus honestos, los espíritus de buena voluntad, preparados por esta misma buena voluntad y por la obra buena de un apóstol, de un “verdadero” apóstol. Porque hay apóstoles que tienen el nombre pero no el espíritu de apóstoles: su efecto sobre las voluntades que se están formando es más mortífero que los propios pájaros, espinos y piedras; con sus intransigencias, prisas, reprensiones y amenazas, trastocan todo, de tal forma, que alejan para siempre de Dios. Hay otros que, al contrario, por regar continuamente benevolencia desfasada, ajan la semilla en un terreno demasiado blando. Enervan, con su enervamiento, las almas que están bajo su custodia. Mas refirámonos a los verdaderos apóstoles, es decir, a los espejos límpidos de Dios: son paternos, misericordiosos, pacientes, y, al mismo tiempo, fuertes como su Señor. Pues bien, los espíritus preparados por éstos y por la propia voluntad se pueden comparar a los campos fértiles, exentos de piedras y zarzas, limpios de malas hierbas y cizaña; en ellos prospera la palabra de Dios; cada palabra — una semilla — produce una macolla y luego espigas maduras, y da en unos casos el cien, en otros el sesenta, en otros el treinta por ciento. ¿Entre los que me siguen hay de éstos? Sin duda. Y serán santos. Los hay de todas las castas, de todos los países, incluso gentiles hay (que darán también el cien por ciento por su buena voluntad; por ella únicamente, o también, además de por ella, por la de un apóstol o discípulo que me los prepara).

Los campos espinosos son aquellos en que la indolencia ha dejado penetrar espinosas marañas de intereses personales que ahogan la buena semilla. Es necesaria siempre una vigilancia sobre uno mismo; siempre, siempre... Nunca decir: “¡Ya estoy formado, he recibido ya la semilla, puedo estar tranquilo porque daré semilla de vida eterna!”. Es necesaria siempre una vigilancia: la lucha entre el Bien y el Mal es continua. ¿Alguna vez os habéis parado a observar una colonia de hormigas que se establece en una casa? Ya se las ve junto al hogar. La mujer ya no vuelve a dejar alimentos allí sino que los pone encima de la mesa; mas el olfato de las hormigas examina el aire y asaltan la mesa. La mujer pone los alimentos en el abaz, pero ellas pasan adentro a través de la cerradura. Entonces la mujer cuelga del techo esos alimentos, pero las hormigas recorren un largo camino por paredes y viguetas, bajan por la cuerda y comen. Entonces la mujer las quema, las envenena... y se queda tranquila creyendo que las ha destruido. ¡Ah, si no vigila, qué sorpresa! Ya salen las otras nuevas que han nacido... y vuelta a empezar. Esto durante el tiempo que dura la vida. Es necesario vigilarse para extirpar las plantas malas desde el primer momento en que aparecen; si no, harán un techo de zarzas y ahogarán el trigo. Los cuidados mundanos, el engaño de las riquezas, crean la maraña, ahogan la planta de la semilla de Dios y no dejan que llegue a hacerse espiga.

¿Y las tierras pedregosas?... ¡Cuántas hay en Israel!... Son las que pertenecen a los “hijos de las leyes” como muy acertadamente ha dicho mi hermano Judas. Estas tierras no tienen la piedra única del Testimonio; no, la piedra de la Ley, sino el pedregal de las pequeñas, pobres, humanas leyes creadas por los hombres; muchas, tantas, que con su peso han reducido a lascas incluso la piedra de la Ley. Se trata de un deterioro que impide completamente la radicación de las semillas. La raíz no tiene ya alimento. No hay tierra, no hay substancia. El agua, estancándose sobre el suelo de piedras, pudre; el sol se pone al rojo en esas piedras y quema las plantas tiernas. Son los espíritus de los que en lugar de la sencilla doctrina de Dios ponen complicadas doctrinas humanas. Reciben mi palabra hasta incluso con alegría; momentáneamente se sienten impresionados y seducidos por ella; pero luego... Sería necesario tener el heroísmo de trabajar duro para limpiar el campo, el espíritu y la mente de todo el pedregal de los oradores vacíos. Entonces la semilla echaría raíz y se haría una fuerte macolla. Sin embargo, así no es nada. Es suficiente un temor a represalias humanas, es suficiente la reflexión: “¿Y luego?, ¿qué respuesta voy a recibir de los poderosos?”, para que la pobre semilla, carente de alimento, languidezca. Es suficiente con que todo el pedregal se remueva con el sonido vano de los centenares de preceptos que han reemplazado al Precepto, para que el hombre perezca con la semilla recibida... Israel está lleno de ello. Esto explica por qué el ir a Dios está en razón inversa del poder humano.

Por último, las tierras surcadas de caminos, polvorientas, desnudas. Las de los mundanos, las de los egoístas. Su comodidad es su ley; su fin, gozar. No trabajar, sino vivir en la indolencia, reír, comer... En ellos reina el espíritu del mundo. El polvo de la mundanidad recubre el terreno y éste se hace arenoso. Los pájaros, o sea, el producto de su molicie, se lanzan hacia esos mil senderos que han sido abiertos para hacer más fácil la vida; luego el espíritu del mundo, o sea, el Maligno, picotea y destruye todas las semillas caídas en este terreno abierto a toda sensualidad y ligereza.

Detalle

Jesús acaba de felicitar a Pedro y Simón, y el hermano de Andrés aprovecha la ocasión para pedir una explicación de la parábola del sembrador.

Anotación

Dame la recompensaLa parábola de esta mañana... Pedro recuerda a Jesús su promesa de explicarles la parábola del sembrador.(EMV 179,5). (Véase Mateo 13, 10-11).

Evangelio de Mateo 13, 10-23

Mt 13, 10-23 : Los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: "¿Por qué les hablas por parábolas? Él les contestó: "A vosotros se os ha dado conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Al que tiene, se le dará, y tendrá en abundancia; al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Les hablo en parábolas, porque miran y no ven, y escuchan y no oyen ni entienden. Así se cumple para ellos la profecía de Isaías: Oiréis, pero no entenderéis. Miraréis, pero no veréis. Los corazones de este pueblo se han vuelto pesados: se han vuelto duros de oído, han cerrado los ojos, para que sus ojos no vean, sus oídos no oigan, sus corazones no entiendan, no se conviertan - y yo los sanaré. Pero en cuanto a vosotros, benditos sean vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen. En verdad os digo que muchos profetas y justos han querido ver lo que vosotros veis y no lo han visto, oír lo que vosotros oís y no lo han oído.

Escuchad, pues, lo que quiere decir la parábola del sembrador. Cuando alguien oye la palabra del Reino sin comprenderla, viene el Maligno y se lleva lo que está sembrado en su corazón: él es el campo sembrado junto al camino. El que recibió la semilla en terreno pedregoso es el que oye la Palabra e inmediatamente la recibe con alegría; pero no tiene raíces en él, es el hombre de un momento: cuando viene la angustia o la persecución a causa de la Palabra, inmediatamente tropieza. El que recibió la semilla en los espinos es el que escucha la Palabra; pero los afanes del mundo y el engaño de las riquezas ahogan la Palabra, y no da fruto. El que ha recibido la semilla en tierra buena es el que escucha la Palabra y la entiende: da fruto cien veces, sesenta veces o treinta veces."

Evangelio de Marcos 4, 10-20

Mc 4, 10-20 : Cuando se quedó solo, los que le rodeaban con los Doce le preguntaron por las parábolas. Él les dijo: "A vosotros se os ha dado el misterio del Reino de Dios; pero a los de fuera, todo se les presenta en forma de parábolas. Y así, como dice el profeta: 'Podrán mirar con todos sus ojos, pero no verán; podrán escuchar con todos sus oídos, pero no entenderán; o bien se convertirán y recibirán el perdón'.

Entonces les dijo: "¿No entendéis esta parábola? Entonces, ¿cómo entenderéis todas las parábolas? El sembrador siembra la Palabra. Hay quienes están junto al camino donde se siembra la Palabra: cuando la oyen, viene inmediatamente Satanás y les quita la Palabra sembrada. Y del mismo modo, hay quienes recibieron la semilla en lugares pedregosos: cuando oyen la Palabra, inmediatamente la reciben con alegría; pero no tienen raíz en ellos, son gente de un momento; si viene la angustia o la persecución a causa de la Palabra, inmediatamente tropiezan. Y hay otros que han recibido la semilla en los espinos: éstos oyen la Palabra, pero los afanes del mundo, el engaño de las riquezas y todas las demás concupiscencias los invaden y ahogan la Palabra, que no da fruto. Pero hay quienes han recibido la semilla en tierra buena: oyen la Palabra, la aceptan y dan fruto: treinta, sesenta, cien, por uno."

Evangelio de Lucas 8, 4-18

Lc 8, 4-18 : Como se reunían grandes multitudes y acudían a Jesús gentes de todas las ciudades, les contó una parábola: "El sembrador salió a sembrar la semilla y, mientras sembraba, parte cayó junto al camino. Los transeúntes la pisotearon y las aves del cielo se la comieron toda. También cayó en las piedras; creció y se secó, porque no tenía humedad. También cayó entre las zarzas, y éstas, al crecer con ella, la ahogaron. Finalmente, una parte cayó en tierra buena, y creció y dio fruto al ciento por uno". Al decir esto, levantó la voz: "El que tenga oídos para oír, que oiga".

Sus discípulos le preguntaron qué significaba esta parábola. Él les dijo: "A vosotros se os ha dado conocer los misterios del Reino de Dios, pero a los demás sólo parábolas. Por eso, como está escrito: Miran, pero no ven; oyen, pero no entienden. Esto es lo que significa la parábola. La semilla es la palabra de Dios. Entonces viene el diablo y les quita la Palabra del corazón, para impedir que crean y se salven. Hay quienes están sobre las piedras: cuando oyen, acogen la Palabra con alegría; pero no tienen raíces, creen por un momento y luego, en el momento de la prueba, se rinden. Los que han caído en los espinos son las personas que han escuchado, pero se ahogan en el camino por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y no alcanzan la madurez. Y los que han caído en tierra buena son los que han escuchado la Palabra con corazón bueno y generoso, que la retienen y dan fruto por su perseverancia. (...)

Ten cuidado con lo que escuchas. Porque al que tiene, se le dará; y al que no tiene, aun lo que cree tener se le quitará".

Evangelio de Lucas 10, 23-24

Lc 10, 23-24 : Luego se volvió a sus discípulos y les dijo en particular: "¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis y no lo vieron, y oír lo que vosotros oís y no lo oyeron.

ECR 180.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

A vosotros se os tiene que dar mucho más, porque vosotros, mis apóstoles, debéis conocer el misterio; por tanto, se os concede entender los misterios del Reino de los Cielos. Por esto os digo: “Preguntad, si no comprendéis el espíritu de la parábola”. Vosotros dais todo, y todo se os debe dar, para que a vuestra vez podáis dar todo. Vosotros dais todo a Dios: afectos, tiempo, intereses, libertad, vida. Y Dios os da todo, para compensaros y haceros capaces de dar todo en nombre de Dios a quienes vienen después de vosotros. De este modo, a quien ha dado le será dado, y con abundancia; pero, a quien sólo ha dado parcialmente o no ha dado en absoluto, le será incluso quitado lo que tenga.

Anotación

Evangelio de Mateo 13, 10-12

Mt 13, 10-12 : Los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: "¿Por qué les hablas en parábolas? Él les respondió: "A vosotros se os ha dado conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Al que tiene, se le dará, y tendrá en abundancia; al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará."

Evangelio de Mateo 25, 29

Mt 25, 29 : Al que tiene, se le dará más y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.

Evangelio de Marcos 4, 25

Mc 4, 25 : Porque al que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.

Evangelio de Lucas 8, 18

Lc 8, 18 : "Cuidado, pues, con lo que escucháis; porque al que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que cree tener se le quitará".

Evangelio de Lucas 19, 26

Lc 19, 26: "Os digo que al que tiene, se le dará; pero al que no tiene, hasta lo que tiene se le quitará".

ECR 180.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis y no lo vieron y oír lo que vosotros oís pero no lo oyeron. Se consumieron en el deseo de comprender el misterio de las palabras, pero, apagada la luz de la profecía, las palabras permanecieron como carbones apagados, incluso para el santo que las había recibido.

Sólo Dios se devela a sí mismo. Cuando su luz se retira, terminada su intención de iluminar el misterio, la incapacidad de comprender envuelve — como las vendas de una momia — la regia verdad de la palabra recibida. Por esto te he dicho esta mañana: “Un día volverás a encontrar todo lo que te he dado”. Ahora no puedes retenerlo. Pero tiempo llegará en que recibirás la luz, no sólo por un instante sino en un inseparable desposorio del Espíritu eterno con el tuyo, por lo que será infalible tu magisterio respecto a las cosas del Reino de Dios. Y, como en ti, en tus sucesores, si viven de Dios como su único pan.

Detalle

Sobre la infalibilidad papal y el dictado de Jesús, véase la anotación siguiente.

Anotación

Muchos profetas y justos han querido ver lo que vosotros veis y no lo han visto, oír lo que vosotros oís y no lo han oído. En la continuidad del texto relatado por Mateo.

Mt 13, 16-17 : Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen. En verdad os digo que muchos profetas y justos han deseado ver lo que vosotros veis y no lo han visto, oír lo que vosotros oís y no lo han oído.

Lucas lo da en otro contexto (Lc 10, 24).

Lc 10, 23-24 : Luego se volvió a sus discípulos y les dijo en particular: "¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis y no lo vieron, y oír lo que vosotros oís y no lo oyeron.

Por eso os he dicho esta mañana: Éste es el típico detalle que parece insignificante, pero que es muy útil para establecer la cronología.

Más tarde, la luz vendrá sobre ti, no por un instante, sino por una unión indisoluble del Espíritu eterno con tu alma, que hará infalible tu enseñanza en lo que concierne al Reino de Dios. A tus sucesores les sucederá lo mismo que a ti, si viven de Dios como único pan.

Nota de maria-valtorta.org :

Esta condición impuesta a la infalibilidad papal debió suscitar una objeción por parte del padre Migliorini. Maria Valtorta señala:

"Habiendo sometido a Jesús P. M(igliorini) la objeción a la infalibilidad papal, contraria a la sentencia en p. ... archivo ... línea ... de ..., Jesús responde: "Respondo a su pregunta de la siguiente manera:

Es verdad que la infalibilidad del Papa en materia espiritual es una verdad definitiva. Existe en cada uno de mis vicarios, independientemente de su forma de vida y de su grado de virtud. Pero es igualmente cierto que no encontraréis un dogma definido y proclamado por papas que estén - notoriamente o no - privados de mi gracia. El alma que no está en estado de gracia no puede estar en la amistad del Espíritu Santo.

Quien piense que tal cosa es posible, ¡piensa realmente como un hereje!

Dios es justo: como trata a los pobres, trata a los ricos. como trata a los laicos, trata al Soberano Pontífice. Por desgracia, hay zonas oscuras en la historia de mi Iglesia. Querer cerrar los ojos y no ver estas zonas oscuras es vivir a oscuras sobre toda la Iglesia, incluso sobre los muchísimos tiempos angélicamente luminosos, divinamente luminosos, gloriosos de mi Iglesia.

Porque también nosotros debemos ser sinceros en estas cosas, como yo lo fui con mis apóstoles, mis discípulos y los que me seguían. Muchas multitudes, no todas santas, no todas tibias, no todas malvadas. Reconocí el mérito o demérito de cada uno, di a cada uno lo que merecía, sin tener en cuenta razones emocionales particulares. La verdad es la verdad, en todas las cosas.

Esto también es cierto en el estudio de la historia. Y en el estudio de la historia de mi Iglesia. La historia, para ser historia y no fábula, debe ser imparcial. Las edades oscuras, además, son las predichas en las alusiones proféticas al ídolo-pastor y a este Sebna, prefecto del Templo (este personaje fue retomado solemnemente en el mensaje a Pío XII del 23 de diciembre de 1948). Que escuece y quema, lo admito. Pero no se puede decir 'Anatema' a una verdad.

Apóyate en esta certeza: los dogmas son verdaderos y la infalibilidad existe porque yo no concedo dogmas a quien no los merece. Esto es lo que se incluía en la frase que dio lugar a la objeción.

Estáis satisfechos. Váyase en paz. Os he dado esta aclaración inmediatamente porque soy el autor de estas palabras y, por tanto, las conozco y las recuerdo, aunque el dictado no esté presente."

30-6-45, 8 de la mañana".

Encontramos la misma idea en las palabras de Jesús al apóstol Santiago, hijo de Alfeo, en EMV 258.6: "Dios dará su luz según el grado que hayas alcanzado. Dios no dejará que te falte la luz, a menos que venga el pecado y apague en ti la gracia".

Esta doctrina de la infalibilidad, querida por Cristo, fue reafirmada 20 años más tarde en la Constitución apostólica sobre la Iglesia, Lumen gentium, § 25: "Esta infalibilidad, de la que el divino Redentor quiso dotar a su Iglesia en la definición de la doctrina relativa a la fe o a las costumbres, se extiende hasta el contenido de la Revelación divina, que debe ser custodiada con veneración y fielmente expuesta. El Romano Pontífice, Cabeza del Colegio de los Obispos, posee esta infalibilidad en virtud de su oficio...".

Nota de la segunda edición:

Si viven de Dios como único pan: esta condición puesta a la infalibilidad papal debió suscitar una objeción por parte del padre Migliorini, a quien María Valtorta transmitió esta respuesta de Jesús (fechada el 30 de junio de 1945). Citamos los pasajes principales: [...] Jesús me respondió: "Es verdad que la infalibilidad del Papa en materia espiritual es una verdad definitiva. Existe en cada uno de mis vicarios, independientemente de su forma de vida y de su grado de virtud. Pero es igualmente cierto que no encontraréis un dogma definido y proclamado por papas que estén - notoriamente o no - privados de mi gracia. El alma que no está en estado de gracia no puede estar en la amistad del Espíritu Santo. [...] Confiad, pues, en esta certeza: los dogmas son verdaderos y la infalibilidad existe porque yo no concedo dogmas a quienes no los merecen. Esto es lo que se incluía en la frase que dio lugar a la objeción [...]. " La misma idea se encuentra en las palabras de Jesús al apóstol Santiago, hijo de Alfeo, en 258,6: "Dios dará su luz según el grado que hayas alcanzado. Dios no dejará que te falte la luz, a menos que el pecado apague en ti la gracia. "