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Notas de la palabra clave

Localizaciones - Piscinas Salomon

Tema: Región de Judea

Comodidad de lectura

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ECR 208.5-6 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Resplandecen las tres balsas excavadas en la roca del monte, obra verdaderamente grandiosa: resplandece su superficie cristalina y la cola de agua que del primer estanque baja al segundo (más grande), y de éste al tercero (realmente un pequeño lago que dirige, a través de los conductos, hacia ciudades lejanas, el agua). Por la humedad del suelo, en esta zona, todo el monte, desde el manantial hasta los estanques y de éstos al pie, es de una bellísima fertilidad; flores, en combinación más rica que las silvestres, ríen, por las pendientes verdes, junto a hierbas perfumadas y singulares: en efecto, da la impresión de que estas flores fueran de jardín y que hubieran sido sembradas por el hombre, como también las hierbas olorosas, y difunden por el aire, con el sol que las calienta, su perfume (canela, alcanfor, clavel, espliego, y otros aromas penetrantes, fragantes, fuertes, delicados...) en una fusión maravillosa de los mejores olores de la tierra; yo diría “sinfonía de perfumes”; es la gran composición poética de hierbas y flores, con sus colores y fragancias.

Todos los apóstoles están sentados a la sombra de un árbol cargado de grandes flores blancas cuyo nombre desconozco, con sus enormes campanillas colgantes de esmalte blanco, que ondean ante el mínimo soplo de viento; cada vaivén esparce por el aire una ola de fragancia. Desconozco el nombre de este árbol, pero por su tipo de flor me recuerda a un arbusto de Calabria, que allí le llaman “bottaro”; no por lo que respecta al tallo, ya que éste es un árbol alto, de tronco recio, no un arbusto.

Jesús los llama y ellos acuden.

«Hemos encontrado, al poco rato de separarnos, a José, que estaba regresando de un mercado. Esta tarde estarán todos en Betsur. Nos hemos reunido llamándonos a voces, y luego hemos estado aquí, al fresco» explica Pedro.

«¡Qué bonito lugar! ¡Parece un jardín! No había acuerdo entre nosotros respecto a si era, o no, natural; unos se obstinaban en una cosa y otros en la otra» dice Tomás.

«La tierra de Judea tiene estas maravillas» dice Judas Iscariote, inevitablemente llevado por todas las cosas, incluso por las flores y las hierbas, a la soberbia.

«Sí, pero... yo creo que si, por ejemplo, el jardín de Juana, en Tiberíades, quedase abandonado y pasase al estado natural, Galilea tendría también la maravilla de espléndidas rosas entre ruinas» rebate Santiago de Zebedeo.

«Y no estás en error. En esta zona estaban los jardines de Salomón, célebres en el mundo de entonces como sus palacios. Quizás soñó aquí el Cantar de los Cantares y aplicó a la Ciudad santa todas las bellezas que por voluntad suya habían crecido aquí» dice Jesús.

«¡Entonces tenía razón yo!» dice Judas Tadeo.

«Sí, tenías razón. Fíjate, Maestro, Judas citaba el Eclesiastés y unía la idea de los jardines con la de los depósitos y terminaba diciendo: “Pero se dio cuenta de que todo es vanidad y de que nada dura bajo el sol, excepto la Palabra de mi Jesús”» dice el otro hermano, Santiago.

«Gracias. Demos también las gracias a Salomón, sean o no suyas las flores originarias; sí lo son, sin duda, los estanques, que proveen de agua a las plantas y a los hombres. Bendito sea por este motivo. Vamos allá, a aquel rosal grande y descuidado que ha entretejido una galería florida de árbol a árbol. Allí nos detendremos. Estamos casi a mitad de camino»....

208.6 ...Y reanudan el camino hacia la hora nona, cuando ya las sombras de cada árbol de esta zona — toda ella muy bien cultivada — se alargan. Da la impresión de estar en un inmenso jardín botánico, porque todas las especies de árboles, maderables, frutales, ornamentales, están en él representadas. Abundan los labriegos, pero no se interesan de esta comitiva, que, por otra parte, no es la única; otros grupos de hebreos recorren el trayecto de retorno de las fiestas pascuales.

El camino, quebrado entre los montes, es, a pesar de ello, bastante bueno, y las vistas, continuamente variadas, le quitan monotonía. Regatos y torrentes dibujan comas de plata líquida, y escriben palabras, para después cantarlas con sus mil meandros intersecados, que se expanden entre los árboles del bosque, o desaparecen en el interior de cavernas para después volver a la luz más bellos: parece como si jugaran con los árboles y las piedras, como niños amenos.