Ir al contenido

Notas de la palabra clave

Ley de la heredera huérfana

Tema: La Virgen María en el Evangelio tal como me fue revelada

Comodidad de lectura

Aa

ECR 10.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

10.4 ­Conozco mi destino. La Ley secular de Israel quiere de toda niña una esposa y de toda esposa una madre. Pero yo, no sin obedecer a la Ley, obedezco a la Voz que me dice: “Yo te quiero par mí”, y permaneceré siempre virgen. ¿Cómo podré hacerlo? Esta dulce, invisible Presencia que está conmigo me ayudará, porque ella desea eso. Yo no temo. Ya no tengo ni padre ni madre... y sólo el Eterno sabe cómo en ese dolor se quemó cuanto yo tenía de humano. Ardió con dolor atroz. Ahora sólo tengo a Dios. A Él, por tanto, le presto obediencia ciegamente... Lo habría hecho incluso contra el padre y la madre, porque la Voz me enseña que quien quiere seguirla debe pasar por encima del padre y de la madre, amorosas patrullas de ronda en torno a los muros del corazón filial, al que quieren conducir a la alegría según sus caminos... y no saben que hay otros caminos de infinita alegría. Yo les habría dejado los vestidos y el manto, con tal de seguir la Voz que me dice: “¡Ven, dilecta mía, esposa mía!”. Les habría dejado todo; y las perlas de las lágrimas — porque habría llorado por tener que desobedecer —, y los rubíes de mi sangre — que hasta a la muerte habría desafiado por seguir la Voz que llama — les habrían dicho que hay algo más grande que el amor de un padre y una madre, y más dulce: la Voz de Dios. Pero ahora su voluntad me ha dejado libre incluso de este lazo de piedad filial. Ya de por sí no habría habido lazo. Eran dos justos, y Dios, ciertamente, hablaba en ellos como me habla a mí. Habrían seguido la justicia y la verdad. Cuando pienso en ellos, pienso que están en la quietud de la espera entre los Patriarcas, y acelero con mi sacrificio la venida del Mesías para abrirles las puertas del Cielo. En la tierra yo me rijo, o sea, es Dios quien rige a su pobre sierva diciéndole sus preceptos, y yo los cumplo, porque cumplirlos es mi alegría. Cuando llegue la hora, le diré a mi esposo mi secreto... y él lo acogerá en su interior».

«Pero, María... ¿con qué palabras le vas a persuadir? Tendrás en contra el amor de un hombre, la Ley y la vida».

«Tendré conmigo a Dios... Dios abrirá a la luz el corazón de mi esposo... la vida perderá sus aguijones de sentido para ser pura flor con perfume de caridad.»

Detalle

En este pasaje, María habla de su futuro esposo, al que aún no conoce.

ECR 11.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Tú ya no eres una niña, sino una mujer. Y en Israel todas las mujeres deben casarse para ofrecer a su hijo varón al Señor. Tú seguirás el precepto de la Ley. No temas, no te ruborices. No me olvido de tu regalidad. De hecho ya te la tutela la Ley al ordenar que todo hombre reciba de su estirpe la mujer; pero, aunque no fuera así, yo lo haría, para no corromper tu magnífica sangre. ¿No conoces, María, a alguno de tu estirpe que pudiera ser tu marido?».

María levanta su cara, todo roja de pudor, y, con un primer titileo de llanto, que resplandece orlando los párpados, y con voz temblorosa, responde: «Ninguno».

«No puede conocer a ninguno, puesto que entró aquí siendo niña, y la estirpe de David está demasiado castigada y demasiado dispersa como para que las distintas ramas puedan reunirse y formar con sus frondas la copa de la palma regia» dice Zacarías.

«Entonces le dejaremos a Dios que elija».

Detalle

El Sumo Sacerdote llamó a María y le comunicó el motivo de su citación.

ECR 12.4-5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

12.4 Un toque de trompeta desde el otro lado de la cortina. Todos guardan silencio y se disponen en perfecto orden mirando hacia la puerta, ahora enteramente abierta, dado que a la cortina la hacen deslizarse sobre sus anillos. Rodeado de otros ancianos, entra el Sumo Pontífice. Todos se postran. El Pontífice se acerca a la mesa y, en pie, comienza a hablar:

«Hombres de la estirpe de David, que habéis convenido en este lugar por convocatoria mía, escuchad. El Señor ha hablado, ¡gloria a Él! De su Gloria un rayo ha descendido y, como sol de primavera, ha dado vida a una rama seca, y ésta ha florecido milagrosamente cuando ninguna rama de la tierra hoy está en flor, hoy, último día de las Luminarias, cuando aún no se ha derretido la nieve caída sobre las alturas de Judá y es lo único cándido que hay entre Sión y Betania. Dios ha hablado haciéndose padre y tutor de la Virgen de David, que no tiene tutor alguno aparte de Dios. Santa doncella, gloria del Templo y de la estirpe, ha merecido la palabra de Dios para conocer el nombre del esposo grato al Eterno. ¡Muy justo debe ser para haber sido elegido por el Señor para tutelar a su amada Virgen! Por ello nuestro dolor de perderla se aplaca, y cesa toda preocupación acerca de su destino como esposa. Y a aquel que ha sido señalado por Dios le confiamos, plenamente seguros, la Virgen que posee la bendición de Dios y la nuestra. El nombre del prometido es José de Jacob, betlemita, de la tribu de David, carpintero en Nazaret de Galilea. José, acércate; el Sumo Sacerdote te lo ordena».

(...) [Todos parten y Zacarías va a buscar Maria.]

«Ven, María» dice el Pontífice. «Éste es el esposo que Dios te ha destinado. Es José de Nazaret. Regresarás, por tanto, a tu ciudad. Ahora os voy a dejar. Que Dios os dé su bendición. Que el Señor os mire y os bendiga, os muestre su rostro y tenga siempre piedad de vosotros. Que vuelva a vosotros su rostro y os dé la paz».

Detalle

El sumo sacerdote convocó a los hombres de la raza de David. Fue él quien organizó los preparativos de las bodas de la Virgen y renovó la prueba con la vara de Aarón (Núm 17,16-20).

Anotación

Libro de los Números, 27, 8

Núm 27, 8 : Si un hombre muere sin hijo, la hija se convierte en heredera.

ECR 68.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Tu nombre».

«Jesús de José de Jacob, de la estirpe de David, y de María de Joa­quín, de la estirpe de David, y de Ana de Aarón; María, la Virgen que casó en el Templo, porque era huérfana, el Sumo Sacerdote, según la ley de Israel».