Ir al contenido

Notas de la palabra clave

Omnisciencia de Jesús

Tema: Presciencia de Jesucristo · Página 1 de 10

Comodidad de lectura

Aa

ECR 37.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

37.7 Hay muchos que piensan que Yo no sufrí humanamente cuando la muerte apagó esa mirada de santo, esa mirada celadora presente en nuestra casa. Si bien, siendo Dios — y, como tal, conociendo la feliz ventura de José — no me apenó su partida (que tras breve estancia en el Limbo le había de abrir el Cielo), como Hombre sí lloré en esa casa privada de su amorosa presencia. Lloré por el amigo desaparecido. ¿Y es que, acaso, no debía haber llorado por este santo mío, en cuyo pecho, de pequeño, yo había dormido, y del cual había recibido amor durante tantos años?

Detalle

Jesús dijo:

ECR 41.9

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

41.9 Siammai y sus seguidores: «¡Este nazareno es Satanás!».

Hil.lel y los suyos: «No. Este niño es un Profeta de Dios. Quédate conmigo, Niño; así mi ancianidad transfundirá lo que sabe en tu saber, y Tú serás Maestro del pueblo de Dios».

Jesús: «En verdad te digo que si muchos fueran como tú, Israel sanaría; mas la hora mía no ha llegado. A mí me hablan las voces del Cielo, y debo recogerlas en la soledad hasta que llegue mi hora. Entonces hablaré, con los labios y con la sangre, a Jerusalén; y correré la misma suerte que corrieron los Profetas, a quienes Jerusalén misma lapidó y les quitó la vida. Pero sobre mi ser está el del Señor Dios, al cual Yo me someto como siervo fiel para hacer de mí escabel de su gloria, en espera de que Él haga del mundo escabel para los pies del Cristo. Esperadme en mi hora. Estas piedras oirán de nuevo mi voz y trepidarán cuando diga mis palabras últimas. Bienaventurados los que hayan oído a Dios en esa voz y crean en Él a través de ella: el Cristo les dará ese Reino que vuestro egoísmo sueña humano y que, sin embargo, es celeste, y por el cual Yo digo: “Aquí tienes a tu siervo, Señor, que ha venido a hacer tu voluntad. Consúmala, porque ardo en deseos de cumplirla”».

Detalle

Jesús responde a los maestros en el Templo.

ECR 48.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Es Él en persona. ¡Si vieras qué palabras!... Hemos estado con Él todo el día y por la noche hasta tarde. Ahora hemos venido a deciros: “Venid”».

«¿Es Él? ¿Estás completamente seguro? Apenas si le vimos entonces, cuando nos le mostró el Bautista».

«Es Él. No lo ha negado».

«Cualquiera puede decir lo que le viene bien para imponerse a los crédulos. No es la primera vez...» murmura Pedro malhumorado.

«¡Oh, Simón, no hables así! ¡Es el Mesías! ¡Sabe todo! ¡Te oye!».

Detalle

Juan habla a Andrés de Cristo y le dice:

ECR 48.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

48.6 Pero Pedro, después de algunos metros, se detiene, coge a Juan por un brazo, y pregunta: «Has dicho que sabe todo y que oye todo...».

«Sí. Imagínate que cuando nosotros, viendo la Luna alta, dijimos: “¡Quién sabe lo que estará haciendo Simón?”, Él contestó: “Está echando la red y no sabe resignarse a tener que estar haciéndolo solo, porque vosotros no habéis salido con la barca gemela en una noche tan buena como ésta para pescar... No sabe que dentro de poco ya no pescará sino con otras redes y no conseguirá sino otros pe­ces”».

«¡Misericordia divina! ¡Es exactamente así! Entonces, habrá oído también... también que le he llamado poco menos que mentiroso... No puedo ir a Él».

«¡Oh!, es muy bueno. Ciertamente sabe que has pensado de esa forma. Ya lo sabía. Efectivamente, cuando le dejamos, diciendo que veníamos aquí, adonde tú estabas, respondió: “Id, pero no os dejéis vencer por las primeras palabras de burla. Quien quiera venir conmigo debe saber no dejarse avasallar por los escarnios del mundo y por las prohibiciones de los parientes; porque Yo estoy por encima de la sangre y de la sociedad, y sobre ellos triunfo. Y quien esté conmigo triunfará eternamente”. Y añadió: “Sabed hablar sin miedo. Quien os va a oír vendrá, porque es hombre de buena voluntad”».

«¿Ha dicho eso? Entonces voy.»

Detalle

Pedro escucha a Santiago y Juan. Inicialmente escéptico, declara que "cualquiera puede decir lo que le conviene e imponerse a gente crédula". Expresa todas sus dudas ("¡Vamos! ¡El Mesías! ¡Y se muestra a ti, y a Santiago y Andrés! A tres pobres ignorantes"). Pero cuando oye a los hijos de Zebedeo, cambia de opinión y el grupo se pone en camino para ver a Jesús.

ECR 49.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

49.4 El poblado está cercano. Algunos niños juegan en la calle; uno, corriendo, se choca con las piernas de Jesús, y, se hubiera caído, si Él no le hubiese aferrado con solicitud. El niño llora de todas formas, como si se hubiera hecho daño, y Jesús, sujetándole, le dice: «¿Un israelita que llora? ¿Qué habrían debido hacer los miles y miles de niños que se hicieron hombres atravesando el desierto siguiendo a Moisés? Pues bien, más por ellos que por los otros — porque el Altísimo ama a los inocentes y cuida providentemente de estos angelitos de la tierra, de estas avecillas sin alas, como de los pájaros del bosque y de los aleros —, justamente por éstos envió tan dulce maná. ¿Te gusta la miel? ¿Sí? Bueno, pues si eres bueno comerás una miel más dulce que la de tus abejas».

«¿Dónde? ¿Cuándo?».

«Cuando, después de una vida de fidelidad para con Dios, vayas a Él».

«Sé que no iré a Él si no viene el Mesías. Mamá me dice que por ahora cada uno de nosotros, israelitas, somos como Moisés y morimos teniendo ante nuestros ojos la Tierra Prometida. Dice que nos quedamos a la espera de entrar en ella y que sólo el Mesías hará que entremos».

«¡Pero qué israelita tan genial! Pues bien, Yo te digo que cuando mueras entrarás en seguida en el Paraíso, porque el Mesías, para entonces, habrá abierto ya las puertas del Cielo. Pero tienes que ser bueno».

«¡Mamá! ¡Mamá!». El niño se desata de los brazos de Jesús y corre hacia una joven esposa que regresa con un ánfora de cobre. «¡Mamá! El nuevo Rabí me ha dicho que iré inmediatamente al Paraíso cuando muera, y que comeré mucha miel... pero si soy bueno. ¡Seré bueno!».

«¡Dios lo quiera! Perdona, Maestro, si te ha molestado. ¡Está lleno de vitalidad!».

«La inocencia no molesta, mujer. Dios te bendiga, porque eres una madre que cría a los hijos en el conocimiento de la Ley».

La mujer se sonroja ante esta alabanza y responde: «Que Dios te bendiga también a ti», y desaparece con su pequeño.

ECR 61.3.5-6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Jesús les ordena a los discípulos: «Haced que los pobres pasen hacia adelante. Tengo para ellos una rica ofrenda de una persona que se encomienda a ellos para obtener perdón de Dios».

Pasan adelante tres viejecitos andrajosos, dos ciegos y un tullido, y luego una viuda con siete niños macilentos.

Jesús los mira fijamente uno por uno, sonríe a la viuda y especialmente a los huerfanitos, es más, le ordena a Juan: «Que a éstos se les ponga allí, en el huerto, quiero hablar con ellos», mas toma aspecto severo, con fuego en los ojos, cuando se presenta a Él un hombre entrado en años; pero no dice nada, por el momento.

Llama a Pedro y le pide la bolsa recibida poco antes y otra llena de monedas más pequeñas (varios donativos recogidos entre las buenas personas). Vuelca todo sobre el banco que hay cerca del pozo. Cuenta y divide. Hace seis partes: una muy grande, toda de monedas de plata; cinco más pequeñas, con mucho bronce y sólo alguna moneda grande.

[...] 61.5 Se acerca el tercer anciano, que parece el más andrajoso. A Jesús sólo le queda el montón grande de monedas. Grita: «Mujer, ven con tus pequeños».

La mujer, joven, macilenta, se acerca bajando la cabeza. Parece una gallina triste entre su triste pollada.

«¿Desde cuándo eres viuda, mujer?».

«En la luna de Tisrí se cumplirán tres años».

«¿Cuántos años tienes?».

«Veintisiete».

«¿Son todos tus hijos?».

«Sí, Maestro, y... ya no tengo nada. Todo acabado... ¿Cómo puedo trabajar si ninguno me acepta, con todas estas criaturas?».

«Dios no abandona ni siquiera al gusano que ha creado. No te abandonará, mujer. ¿Dónde estás?».

«En el lago. A tres estadios fuera de Betsaida. Él me dijo que viniera... Mi marido murió en el lago; era pescador...». (“Él” es Andrés, que se pone colorado y desearía desaparecer de la vista).

«Has hecho bien, Andrés, en decir a esta mujer que viniera a mí».

Andrés se siente más seguro y susurra: «El hombre era mi amigo, era bueno; murió en la tempestad, perdiendo también la barca».

«Ten, mujer. Esto te ayudará durante mucho tiempo, y luego saldrá otro sol sobre tu día. Sé buena, educa en la Ley a tus hijos y no te faltará la ayuda de Dios. Te bendigo a ti y a tus pequeños» y los acaricia uno a uno con gran piedad.

La mujer se marcha con su tesoro apretado contra el corazón.

61.6

«¿Y a mí?». pregunta el último anciano.

Jesús le mira y calla.

«¿Nada para mí? ¡No eres justo! A ella le has dado seis veces más que a los demás, y a mí nada. ¡Ya... era mujer!».

Jesús le mira y calla.

«¡Mirad todos si hay justicia! Vengo desde lejos, porque me han dicho que aquí se da dinero, y después, eso, veo que hay quien tiene demasiado y a mí nada. ¡Un pobre viejo que está enfermo! ¡Y quiere que crean en Él!...».

«Anciano, ¿no te avergüenzas de mentir de ese modo? La muerte te pisa los talones y mientes y tratas de robar a quien tiene hambre. ¿Por qué quieres robar a los hermanos el óbolo que Yo he recibido para distribuirlo con justicia?».

«Pero si yo...».

«¡Calla! Habrías debido comprender por mi silencio y por mi acción que te había conocido, y seguir mi ejemplo de silencio. ¿Por qué quieres que te ponga en evidencia?».

«Yo soy pobre».

«No. Eres un avaro y un ladrón. Vives para el dinero y para la usura».

«Jamás he prestado con usura. Dios me es testigo».

«¿Y no es usura de lo más cruel el robar a quien verdaderamente está necesitado? Vete. Arrepiéntete. Para que Dios te perdone».

«Te juro...».

«¡Calla! ¡Te lo ordeno! Está escrito: “No jures lo falso”. Si no alimentara un respeto hacia tu canicie, te registraría y en el pecho encontraría la bolsa llena de oro: tu verdadero corazón. ¡Vete de aquí!».

Pero ya el viejo, desenmascarado, viéndose descubierto en su secreto, se marcha sin necesidad de la voz de trueno de Jesús.

La multitud le amenaza y vitupera, le insulta como ladrón.

«¡Callad! Si él ha actuado mal, no queráis también vosotros comportaros mal. Él comete una falta contra la sinceridad: es un deshonesto. Vosotros, insultándole, faltáis a la caridad. Al hermano que comete una falta no se le insulta. Cada uno tiene su pecado. Nadie es perfecto excepto Dios. He tenido que avergonzarle porque nunca es lícito ser un ladrón y, sobre todo, si es con los pobres. Pero sólo el Padre sabe lo que he sufrido por tener que hacerlo. También vosotros debéis sentir dolor por ello, viendo que uno de Israel falta a la Ley, tratando de defraudar al pobre y a la viuda. No seáis codiciosos. Sea el alma vuestro tesoro, no el dinero. No seáis perjuros. Sea vuestro lenguaje puro y honesto, como también vuestras acciones. La vida no es eterna, la hora de la muerte llega. Vivid de modo que en la hora de la muerte la paz pueda estar en vuestro espíritu, la paz de quien ha vivido como justo. Id a vuestras casas...».

Detalle

Jesús da una gran suma de dinero a una viuda de veintisiete años con siete hijos. Detrás de él hay una viuda pobre y harapienta.

ECR 62.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

62.3 Pero... me buscabais; ¿queríais algo de mí?».

«No, Maestro, pero sí hay muchos que desean mucho de ti. Ya había gente que iba hacia Cafarnaúm: eran pobres, enfermos, gente que sufre, hombres de buena voluntad con el deseo de instruirse. Y, dado que nos preguntaban por ti, les hemos dicho: “El Maestro está cansado y duerme. Marchaos. Venid el próximo sábado”».

«No, Simón. Eso no se dice. No hay solamente un día para la piedad. Yo todos los días de la semana soy el Amor, la Luz, la Salud».

«Pero... hasta ahora has venido hablando sólo los sábados».

«Porque aún no era conocido; pero, a medida que lo sea, todos los días serán días de efusión de Gracia y de gracias. En verdad te digo que llegará un momento en que ni siquiera el espacio de tiempo que se le concede al gorrión para descansar sobre una rama y saciarse de semillas se le dejará al Hijo del hombre para su descanso y alimentación».

«¡Pero entonces te pondrás enfermo, y eso nosotros no lo permitiremos! No debe hacerte infeliz tu bondad».

«¿Y tú crees que esto me puede hacer infeliz? ¡Oh, si el mundo entero viniera a mí para escucharme, para llorar sus pecados y sus sufrimientos en mi corazón, para obtener la salud del alma y del cuerpo, y Yo me consumara en hablarle, en perdonarle, en infundir mi poder, entonces sería tan feliz, Pedro, que ya no echaría de menos ni siquiera el Cielo en que estaba en el Padre!...»

ECR 66.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Tómame contigo, Maestro. No puedes rechazarme. Si eres el Salvador y ves que yo soy un pecador, una oveja descarriada, un ciego que no va por camino justo, ¿por qué rehúsas salvarme? Tómame contigo. Te seguiré hasta la muerte...».

«¡Hasta la muerte! Cierto. Esto es cierto. Luego...».

«¿Luego, Maestro?».

«El futuro está en el seno de Dios. Vete. Mañana nos volveremos a ver junto a la Puerta de los Peces».

«Gracias, Maestro. El Señor sea contigo».

«Y su misericordia te salve».

Y todo termina.

Detalle

Judas insiste en ser uno de los discípulos de Jesús.

ECR 67.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

67.6 Del Bautista, tú que eres judío y vives en contacto con la gente de alta categoría, ¿sabes algo?».

«Sé que todavía está prisionero, pero que le quieren liberar porque la multitud, si no le devuelven a su profeta, amenaza una sedición. ¿Le conoces?».

«Le conozco».

«¿Le amas? ¿Qué piensas de él?».

«Pienso que no ha habido ninguno que asemeje a Elías más que él».

«¿Le consideras verdaderamente el Precursor?».

«Lo es. Es la estrella de la mañana que anuncia al Sol. Bienaventurados los que se han preparado para el Sol a través de su predicación».

«Es muy severo Juan».

«No más para los demás que para sí mismo».

«Es verdad. Pero es difícil seguirle en su penitencia. Tú eres más bueno y es fácil amarte».

«Y sin embargo...».

«¿Y, sin embargo, Maestro?...».

«Y, sin embargo, de la misma forma que a él se le odia por su austeridad, a mí me odiarán por mi bondad, porque la una y la otra predican a Dios, y Dios les resulta antipático a los malos. Está signado que así sea. De la misma forma que él me precede en la predicación, así me precederá en la muerte. Pero, ¡ay de los asesinos de la Penitencia y de la Bondad!».

«¿Por qué siempre estas tristes previsiones, Maestro? La multitud te ama, ¿no lo ves?...».

«Porque es seguro. La multitud humilde, sí, me ama. Pero la multitud no es toda humilde, ni de humildes. Pero, la mía no es tristeza; es tranquila visión del futuro y adhesión a la voluntad del Padre, que me ha mandado para esto. Y para esto Yo he venido. Ya hemos llegado al Templo. Voy al Bel Nidrás a amaestrar a las multitudes. Si quieres, quédate».

«Voy contigo. Sólo tengo una finalidad: servirte y hacerte triunfar».

Entran en el Templo y todo termina.