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Notas del tema

Jesucristo en toda la EMV

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Comodidad de lectura

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ECR 61.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

61.6 «¿Y a mí?». pregunta el último anciano.

Jesús le mira y calla.

«¿Nada para mí? ¡No eres justo! A ella le has dado seis veces más que a los demás, y a mí nada. ¡Ya... era mujer!».

Jesús le mira y calla.

«¡Mirad todos si hay justicia! Vengo desde lejos, porque me han dicho que aquí se da dinero, y después, eso, veo que hay quien tiene demasiado y a mí nada. ¡Un pobre viejo que está enfermo! ¡Y quiere que crean en Él!...».

«Anciano, ¿no te avergüenzas de mentir de ese modo? La muerte te pisa los talones y mientes y tratas de robar a quien tiene hambre. ¿Por qué quieres robar a los hermanos el óbolo que Yo he recibido para distribuirlo con justicia?».

«Pero si yo...».

«¡Calla! Habrías debido comprender por mi silencio y por mi acción que te había conocido, y seguir mi ejemplo de silencio. ¿Por qué quieres que te ponga en evidencia?».

«Yo soy pobre».

«No. Eres un avaro y un ladrón. Vives para el dinero y para la usura».

«Jamás he prestado con usura. Dios me es testigo».

«¿Y no es usura de lo más cruel el robar a quien verdaderamente está necesitado? Vete. Arrepiéntete. Para que Dios te perdone».

«Te juro...».

«¡Calla! ¡Te lo ordeno! Está escrito: “No jures lo falso”. Si no alimentara un respeto hacia tu canicie, te registraría y en el pecho encontraría la bolsa llena de oro: tu verdadero corazón. ¡Vete de aquí!».

Pero ya el viejo, desenmascarado, viéndose descubierto en su secreto, se marcha sin necesidad de la voz de trueno de Jesús.

La multitud le amenaza y vitupera, le insulta como ladrón.

«¡Callad! Si él ha actuado mal, no queráis también vosotros comportaros mal. Él comete una falta contra la sinceridad: es un deshonesto. Vosotros, insultándole, faltáis a la caridad. Al hermano que comete una falta no se le insulta. Cada uno tiene su pecado. Nadie es perfecto excepto Dios. He tenido que avergonzarle porque nunca es lícito ser un ladrón y, sobre todo, si es con los pobres. Pero sólo el Padre sabe lo que he sufrido por tener que hacerlo. También vosotros debéis sentir dolor por ello, viendo que uno de Israel falta a la Ley, tratando de defraudar al pobre y a la viuda. No seáis codiciosos. Sea el alma vuestro tesoro, no el dinero. No seáis perjuros. Sea vuestro lenguaje puro y honesto, como también vuestras acciones. La vida no es eterna, la hora de la muerte llega. Vivid de modo que en la hora de la muerte la paz pueda estar en vuestro espíritu, la paz de quien ha vivido como justo. Id a vuestras casas...».

Detalle

Jesús acaba de dar una bolsa a una viuda y a sus siete hijos necesitados. Lo que queda es un viejo harapiento.

Anotación

Levítico 19, 12: No jurarás por mi nombre, mintiendo, porque profanarías el nombre de tu Dios. Yo soy Yahvé.

ECR 61.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¡Ten piedad, Señor! Este hijo mío es mudo por un demonio que le maltrata».

«Y este hermano mío es como un animal inmundo, se revuelca en el fango y come excrementos. Un espíritu maligno le mueve a hacer estas cosas, contra su voluntad hace cosas inmundas».

Jesús se dirige hacia estas personas que le están suplicando, alza los brazos y ordena: «Salid de éstos. Dejad a Dios sus criaturas».

Entre chillidos y una gran confusión quedan curados los dos infelices. Las mujeres con las que iban se postran bendiciendo.

«Id a vuestras casas y tened sentimientos de gratitud hacia Dios. Paz a todos. Idos, pues».

La muchedumbre se marcha comentando los hechos. Los cuatro discípulos se arriman al Maestro.

«Amigos, en verdad os digo que en Israel se dan todos los pecados y los demonios han hecho morada en él. Y no son sólo las posesiones diabólicas las que hacen que enmudezcan los labios, ni son sólo ellas las que impulsan a vivir como brutos, comiendo asquerosidades; las más verdaderas y numerosas son las que hacen a los corazones mudos respecto a la honestidad y al amor y hacen de ellos una sentina de vicios inmundos. ¡Oh, Padre mío!». Jesús, abatido, se sienta.

«¿Estás cansado, Maestro?».

«No cansado, Juan mío, sino desolado por el estado de los corazones y por la poca voluntad de enmendarse. Yo he venido... pero el hombre... el hombre... ¡Oh, Padre mío!...».

«Maestro, yo te amo, todos nosotros te amamos...».

«Lo sé. ¡Pero sois tan pocos... y mi deseo de salvar es tan gran­de!».

Jesús le ha abrazado a Juan y tiene la cabeza sobre la del discípulo. Está triste. Pedro, Andrés, Santiago, en torno a Él, le miran con amor y tristeza.

Y la visión cesa así.

ECR 62

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús sale a orar. Su oración es muy ferviente. Pero Pedro le busca y empiezan a hablar: Jesús nos está dando una hermosa lección sobre la oración. Promete que les enseñará a rezar el Padrenuestro cuando estén formados.

Simón de Jonás explica entonces que algunas personas habían acudido a él, pero que las había echado. Jesús dice que ha venido a por todos. A Pedro le preocupa que su bondad le haga enfermar, pero Cristo se alegraría si toda la humanidad acudiera a él, y predice que el Hijo del Hombre no tendrá dónde reclinar la cabeza.

Finalmente, el Maestro pregunta de dónde han venido los que le buscaban, y dice a sus discípulos que se queden en Cafarnaún y le envíen a las multitudes, y luego volverá.

ECR 62.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

¡Oh, si el mundo entero viniera a mí para escucharme, para llorar sus pecados y sus sufrimientos en mi corazón, para obtener la salud del alma y del cuerpo, y Yo me consumara en hablarle, en perdonarle, en infundir mi poder, entonces sería tan feliz, Pedro, que ya no echaría de menos ni siquiera el Cielo en que estaba en el Padre!...

ECR 63

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Samuel, el jorobado curado en EMV 61, viene a buscar a un leproso, Abel, que se encuentra en la última fase de la enfermedad. Es una ruina, una piltrafa humana. Samuel, sin embargo, no tiene miedo y viene a llevarle provisiones. Mientras lo hace, le habla de Cristo, el Mesías, e inspira esperanza a su camarada. El muchacho tiene fe, así que acepta quedarse en el bosque y esperar allí al Salvador. Samuel, por su parte, sale al encuentro de Jesús y lo conduce hasta Abel. Jesús le cura y los dos hombres se llenan de alegría.

ECR 64

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Pedro, Andrés, Juan y Santiago de Zebedeo pescaron con Zebedeo. Sin embargo, no pescaron nada, y Simón de Jonás se sintió decepcionado. Había enfermos a los que alimentar y cuidar. Lamentaba que el Maestro no estuviera allí, pero ahora el Maestro acababa de regresar. Los discípulos corrieron hacia él y le dieron cuenta de lo que habían hecho. El apóstol mayor les explicó que había guardado una bolsa que le habían dado, para que Cristo la repartiera, y también le dijo que había guardado algunos enfermos para esperar su regreso. Jesús le contestó que había hecho lo correcto.

Los niños hicieron correr la voz por toda Cafarnaún de que su gran Amigo estaba allí, y los pequeños lo rodearon: les prometió un sermón sólo para ellos. Así que el Salvador fue a una de las casas de Pedro y predicó desde allí: comentó dos versículos del Cantar de los Cantares sobre los lirios, y lo aplicó a los niños. Exhortó a todos los hombres, grandes o pobres, a ser como uno de ellos, explicándoles que el Hijo del Hombre encuentra su alegría en estos seres inocentes y sencillos.

Cuando terminó de predicar, Pedro le dijo que había algunos enfermos presentes, pero que uno de ellos no podía moverse: el Maestro le dijo que lo sacara por el tejado, y así lo hicieron. Se le presenta el paralítico del Evangelio, y todo sucede como en el relato del Nuevo Testamento. Jesús le dice que sus pecados le son perdonados, y responde a los fariseos presentes diciendo que el Hijo del Hombre tiene todos los poderes. Cura al tullido, los médicos quisquillosos se marchan y la multitud sigue jubilosa al hacedor de milagros. Una madre presenta a su hijo moribundo y Jesús lo salva. Finalmente, al salir al exterior, cura a un hombre con fiebre alta.

Una vez fuera, la gente suplicó a Cristo que diera sus enseñanzas, porque algunos no le habían oído. Jesús salió entonces en la barca de Pedro para predicar a la multitud. La visión termina ahí.