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Notas del tema

¿Quién es Jesús?

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Comodidad de lectura

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ECR 49.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

49.4 El poblado está cercano. Algunos niños juegan en la calle; uno, corriendo, se choca con las piernas de Jesús, y, se hubiera caído, si Él no le hubiese aferrado con solicitud. El niño llora de todas formas, como si se hubiera hecho daño, y Jesús, sujetándole, le dice: «¿Un israelita que llora? ¿Qué habrían debido hacer los miles y miles de niños que se hicieron hombres atravesando el desierto siguiendo a Moisés? Pues bien, más por ellos que por los otros — porque el Altísimo ama a los inocentes y cuida providentemente de estos angelitos de la tierra, de estas avecillas sin alas, como de los pájaros del bosque y de los aleros —, justamente por éstos envió tan dulce maná. ¿Te gusta la miel? ¿Sí? Bueno, pues si eres bueno comerás una miel más dulce que la de tus abejas».

«¿Dónde? ¿Cuándo?».

«Cuando, después de una vida de fidelidad para con Dios, vayas a Él».

«Sé que no iré a Él si no viene el Mesías. Mamá me dice que por ahora cada uno de nosotros, israelitas, somos como Moisés y morimos teniendo ante nuestros ojos la Tierra Prometida. Dice que nos quedamos a la espera de entrar en ella y que sólo el Mesías hará que entremos».

«¡Pero qué israelita tan genial! Pues bien, Yo te digo que cuando mueras entrarás en seguida en el Paraíso, porque el Mesías, para entonces, habrá abierto ya las puertas del Cielo. Pero tienes que ser bueno».

«¡Mamá! ¡Mamá!». El niño se desata de los brazos de Jesús y corre hacia una joven esposa que regresa con un ánfora de cobre. «¡Mamá! El nuevo Rabí me ha dicho que iré inmediatamente al Paraíso cuando muera, y que comeré mucha miel... pero si soy bueno. ¡Seré bueno!».

«¡Dios lo quiera! Perdona, Maestro, si te ha molestado. ¡Está lleno de vitalidad!».

«La inocencia no molesta, mujer. Dios te bendiga, porque eres una madre que cría a los hijos en el conocimiento de la Ley».

La mujer se sonroja ante esta alabanza y responde: «Que Dios te bendiga también a ti», y desaparece con su pequeño.

ECR 49.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

He aquí la Palabra del Padre que se hace alimento en vosotros. Venid, gustad, cambiad la sangre del espíritu con este alimento. Todo veneno desaparezca, toda concupiscencia muera. Se os ofrece una gloria nueva, la eterna; la alcanzarán los que hagan de la Ley de Dios estudio verdadero de su corazón. Empezad por el amor. No hay nada más grande. Cuando sepáis amar, sabréis ya todo, y Dios os amará; y amor de Dios quiere decir ayuda contra toda tentación.

ECR 50

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús salió de Cafarnaún y fue a Betsaida. Pedro le dio la bienvenida y le ofreció quedarse en su casa. Cristo aceptó, y Simón de Jonás quedó encantado. Jesús se retiró a orar, y más tarde salió fuera. Allí se encontró con unos niños, entre ellos uno que no quería jugar a la guerra. Jesús apoya su punto de vista, explicando que la guerra es un castigo de Dios. Cuando los niños señalan que el niño se niega porque siempre pierde, Jesús sonríe y declara que no debemos negarnos a algo cuando nos perjudica: eso es egoísmo. Debes rechazar algo cuando perjudica a todos, aunque estés seguro de que vas a ganar. La conversación continúa y Jesús les habla un momento del Juicio Final y de la Redención que se acerca, basándose en el libro de Nehemías. Los niños reconocen que es el Mesías y les promete llevarlos con él si son buenos y obedientes a sus padres.

Felipe se acerca a él y Jesús le invita a seguirle. El apóstol acepta, y Jesús le habla de Natanael. El anciano fue a buscar a Bartolomé, y todo transcurrió según el Evangelio.

Jesús fue entonces a Betsaida a predicar. El Salvador viene a recordar la ley del Decálogo, que era sencilla al principio. No hace falta nada más, y el Mesías nos exhorta sobre todo a amar. Incluso nos anima a amar a nuestros enemigos.

Cuando terminó el sermón, Jesús dijo que se iba a Jerusalén. Pedro estaba indeciso, pero decidió seguir al Maestro. Santiago de Zebedeo, Andrés, Felipe y Natanael le acompañan. Jesús los acepta y el grupo reza junto. A continuación, Cristo los despide y les explica que seguirá rezando durante este tiempo. El Hijo del Hombre necesita la oración para seguir siendo el Redentor.

ECR 50.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Maestro, ¿quieres descansar? Ahí está mi habitación, allí la de Andrés. Elige. No haremos ruido mientras estés reposando».

«¿Tienes una terraza?».

«Sí; y la vid, aunque esté todavía casi sin hojas, da un poco de sombra».

«Llévame a la terraza. Prefiero descansar arriba. Pensaré y oraré».

«Como quieras. Ven».

Desde el huertecillo, una pequeña escalera sube hasta el tejado, que es una terraza rodeada por una pared baja. También aquí hay redes y sogas. ¡Cuánta luz de cielo y cuánto azul de lago!

Jesús se sienta en un taburete con la espalda apoyada en el murete. Pedro trata de ingeniárselas extendiendo una vela por encima y al lado de la vid para hacer un sitio donde poder uno resguardarse del sol. Se siente brisa y silencio. Jesús se deleita en ello.

«Yo me voy, Maestro».

«Vete. Tú y Juan id a decir que a la hora de la puesta del Sol hablaré aquí».

Jesús se queda solo y ora durante mucho tiempo. Aparte de dos parejas de palomas que van y vienen desde los nidos, y un trinar de gorriones, no hay ruido o ser vivo alrededor de Jesús orante. Las horas pasan calmas y serenas.

ECR 50.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

¿Quién de vosotros quiere estar entre aquéllos a los que Dios juzgue santos?».

«¡Yo! ¡Yo! ¡Yo!».

«¿Amaréis entonces al Mesías?».

«¡Sí! ¡Sí! ¡A ti! ¡A ti! ¡Te amamos a ti! ¡Sabemos quién eres! Lo han dicho Simón y Santiago y también nuestras madres. ¡Llévanos contigo!».

«En verdad os tomaré conmigo si sois buenos. Nunca más, palabras feas; nunca más, abusos; nunca más, riñas; nunca más, malas respuestas a los padres. Oración, estudio, trabajo, obediencia; y Yo os amaré y os acompañaré en vuestro camino».

Detalle

Jesús se dirigió a unos niños y les preguntó

Palabras clave

ECR 50.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Jesús se queda solo hasta que vuelve Felipe con Natanael-Bartolomé.

«He aquí un verdadero israelita en quien no hay engaño. La paz sea contigo, Natanael».

«¿Cómo me conoces?».

«Antes de que Felipe fuera a llamarte, te he visto debajo de la higuera».

«¡Maestro, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel!».

«¿Porque he dicho que te he visto pensando debajo de la higuera, crees? Cosas mucho más grandes que éstas verás. En verdad os digo que los Cielos están abiertos y vosotros, por la fe, veréis a los ángeles bajar y subir sobre el Hijo del Hombre: Yo, quien te está hablando».

«¡Maestro! ¡Yo no soy digno de tanto favor!».

«Cree en mí y serás digno del Cielo. ¿Quieres creer?».

«Quiero, Maestro».

Detalle

Jesús llamó a Felipe y éste fue a buscar a Natanael-Bartolomé.

ECR 50.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Deseabais oírme. La Palabra habla. Habla a los honestos con alegría, habla a los deshonestos con dolor, habla a los santos y a los puros con gozo, habla a los pecadores con piedad. No se niega. Ha venido para derramarse como río que riega tierras necesitadas de agua y que de él reciben alivio de olas y nutrición de limo.

Vosotros queréis saber qué se requiere para ser discípulos de la Palabra de Dios, del Mesías, Verbo del Padre, que viene a reunir a Israel para que oiga una vez más las palabras del Decálogo santo e inmutable y se santifique en ellas para estar limpio, en la medida en que el hombre puede hacerlo de por sí, para la hora de la Redención y del Reino.

Mirad. Yo digo a los sordos, a los ciegos, a los mudos, a los leprosos, a los paralíticos, a los muertos: “Levantaos, sanad, resucitad, caminad, ábranse en vosotros los ríos de la luz, de la palabra, del sonido, para que podáis ver, oír, hablar de mí”. Pero, más que a los cuerpos, esto se lo digo a vuestros espíritus. Hombres de buena voluntad, venid a mí sin temor. Si el espíritu está lesionado, Yo le devuelvo la salud. Si está enfermo, le curo; si muerto, le resucito. Quiero sólo vuestra buena voluntad.