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Notas de la palabra clave

Localizaciones - Cuernos de Hattin

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Comodidad de lectura

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ECR 174.8 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Si os enseño los caminos del Señor es para que los sigáis. ¿Podéis, acaso, recorrer el sendero que baja por la derecha y el que baja por la izquierda juntos? No podéis porque, si tomáis uno, debéis dejar el otro. Ni siquiera tratándose de dos senderos adyacentes podríais manteneros caminando siempre con un pie en cada uno. Acabaríais cansándoos, y equivocándoos, aunque se tratara de una apuesta. Pero es que entre el sendero de Dios y el de Satanás hay una gran distancia, que además cada vez se ahonda más, exactamente como sucede con esos dos senderos que terminan aquí: a medida que van descendiendo se alejan el uno del otro; uno en dirección a Cafarnaúm, el otro en dirección a Tolemaida.

La vida es así, fluye como arco a caballo entre el pasado y el futuro, entre el mal y el bien. En el centro está el hombre con su voluntad y su libre albedrío. En los extremos están: en una parte, Dios con su Cielo; en la otra, Satanás con su Infierno. El hombre puede elegir. Nadie lo obliga.

Anotación

Estos dos caminos (...) se separan cada vez más el uno del otro, uno va hacia Cafarnaún, el otro hacia Tolemaida. Correcto: Se trata de los caminos del noreste (camino de Magdala) y del suroeste (camino de Caná).

ECR 174.11 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Jesús está en pie, subido a una voluminosa piedra. Está hablando a una gran muchedumbre. El paisaje es alpestre. Una colina solitaria entre dos valles. La cima de la colina tiene forma de yugo, o, aún más exactamente, forma de joroba de camello; de forma que a pocos metros de la cumbre tiene un anfiteatro natural donde la voz retumba neta como en una sala de conciertos muy bien construida. La colina está toda florida. Debe ser el final de la primavera; los cereales de las llanuras tienden ya a dorarse y a madurar para la siega. Al Norte, un alto monte resplandece con su nevero expuesto al sol. Inmediatamente más abajo, al Este, el Mar de Galilea parece un espejo reducido a innumerables fragmentos (cada uno de ellos, un zafiro encendido por el sol). Deslumbra con su cabrilleo azul y oro, y no se refleja en su superficie sino alguna que otra esponjosa nube que surca el purísimo cielo, o la furtiva sombra de alguna barca de vela. Al otro lado del lago de Genesaret, un alejarse de llanuras que, debido a una leve niebla al ras del suelo (quizás vaporación de rocío, pues deben ser todavía las primeras horas de la mañana, dado que la hierba montana tiene todavía algún diamante de rocío disperso entre sus tallitos), parecen continuar el lago, aunque con tonalidades casi de ópalo veteado de verde; más lejos todavía, una cadena montañosa de perfil muy caprichoso, que hace pensar en un diseño de nubes en el cielo sereno.

ECR 174.15 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Jesús reanuda su discurso: «Estáis indignados por lo sucedido. Ya hace dos días que el pitido de Satanás turba nuestro refugio, que está muy por encima del fango; por tanto ya no es un refugio. Así que lo abandonaremos. Pero antes quisiera completaros este código de “lo más perfecto” en el marco de esta amplitud de luces y horizontes. Aquí realmente Dios se muestra en su majestad de Creador; viendo sus maravillas, podemos llegar a creer firmemente que el Dueño es Él y no Satanás. El Maligno no podría crear ni siquiera un tallito de hierba. Por el contrario, Dios lo puede todo. Que esto nos sea motivo de consuelo. Pero... ya estáis todos al sol. Puede haceros daño. Esparcíos hacia arriba por las laderas; ahí hay sombra y frescor. Comed, si queréis. Yo, mientras, os seguiré hablando sobre el mismo tema. La hora se ha hecho tarde por muchos motivos. De todas formas no os duela, que aquí estáis con Dios».

La muchedumbre grita: «Sí, sí, contigo». Y cambia de sitio, hacia la sombra de los bosquecillos diseminados que hay en el lado oriental, de modo que la pared montañosa y el follaje protegen del Sol, que ya calienta demasiado.

Detalle

María Magdalena interrumpió descaradamente uno de los discursos de Jesús. Era una gran pecadora y Cristo reanudó el discurso.

Anotación

Desde hace dos días, nuestro refugio en lo alto del barro se ve perturbado por los silbidos de Satanás. Ayer fue la interrupción de un escriba, hoy es María Magdalena.

Extendidos en las laderas. Hay sombra y hace fresco. Consistente: es casi mediodía, el sol está en el sur. Las laderas del interior de "la selle des cornes d'Hattin" están ahora al sol. Las laderas del noreste empiezan a estar a la sombra.

ECR 174.22 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

« He terminado. Me encamino hacia abajo, hacia el lago. Os bendigo en nombre de Dios uno y trino. Mi paz descienda sobre vosotros».

Pero la muchedumbre grita: «Vamos también nosotros. ¡Déjanos ir contigo! ¡Nadie habla como Tú!». Y se encamina también la gente siguiendo a Jesús, que baja no por la parte por la que ha subido sino por la opuesta, que va en línea recta hacia Cafarnaúm.

La bajada es muy inclinada, pero se recorre muy rápidamente, y pronto llegan a los pies del monte, arrellanado sobre la planada verde y florida.

ECR 175

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Título del capítulo : El leproso curado al pie del monte. La generosidad del escriba Juan.

Fecha de la visión: Miércoles 30 de mayo de 1945

Calendario: viernes 18 de febrero 28 (5 Adar)

Localización (mapa) :Cuernos de Hattin

Ciclo: Sermón de la Montaña

Resumen: Un leproso se acerca a la multitud y a Jesús mientras descienden de la montaña. La multitud está aterrorizada, pero Jesús la calma y el enfermo suplica a Cristo que tenga piedad de él. Éste le cura, y como el pobre no tenía nada, la multitud le ofrece algunas de sus posesiones: sandalias, un manto... El hombre milagroso fue entonces a presentarse al sacerdote y Jesús le pidió que no dijera al sacerdote que era Él quien le había curado.

Comienza el sábado y los apóstoles están preocupados porque no tienen nada que dar de comer a la multitud. Pero Jesús está tranquilo y confiado y les asegura que el Padre no dejará de ayudar a su Mesías. El escriba Juan viene a ver al Maestro y le cuenta que el día anterior había salido a preparar pan para la multitud. El Señor aceptó su regalo y Juan se retiró sin decirle quién era. Fue alguien de la multitud quien se lo dio más tarde. Terminada la conversación con la gente, Jesús se lleva aparte a los Doce y les reprocha su falta de fe. Luego se va a orar al Padre para agradecerle su bondad.

Contenido del capítulo: 175.1: Curación de un leproso perdido entre las flores. 175.2: La multitud muestra caridad hacia el leproso. 175.3: Cae la tarde y la multitud que queda ya no tiene para comer. 175,4: El escriba Juan se ofrece a alimentar él solo a la multitud. 175,5: Jesús reprocha a los apóstoles su incredulidad y se retira a orar.

Edición anterior: Tomo 3, capítulo 35

ECR 176

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Título del capítulo : Durante la pausa del sábado, el último Sermón de la Montaña: amar la voluntad de Dios.

Fecha de la visión: Viernes 1 de junio de 1945

Calendario: sábado 19 febrero 28

Lugar (mapa) : Llanura de Genesaret (cerca de los Cuernos de Hattin)

Ciclo: Sermón de la Montaña

Resumen: Jesús ha ido a orar y los apóstoles se reúnen con él. Cuando le interrogan, el Maestro les dice que su fuerza se alimenta de la oración, y que ha rezado por Juan, así como por los discípulos del Precursor. Sus amigos quieren consolarlo, porque Jesús está afligido, y él les pide que lo amen y, sobre todo, que amen la voluntad de Dios. Tomás señala que si todo procede de ella, los propios errores procederán de ella, y Jesús responde que no es así. Pero van al encuentro de Juan, el escriba, que está dando de comer a la multitud, y entonces, a petición suya, habla a la gente de allí.

Tras declarar que es justo santificar el sábado, Jesús señala que toda la Creación puede ser un lugar de oración. Luego vuelve a la observación de Tomás y declara que un padre no puede querer que su hijo se equivoque y sea culpable. Si el padre es justo y muestra el bien que hay que seguir y el mal que hay que evitar, no es responsable si sus hijos no le escuchan y hacen el mal. Lo mismo ocurre con Dios, que aconseja pero no obliga. Y quienes conocen la voluntad de Dios pero actúan en contra de ella no están haciendo lo que el Padre desea.

Jesús vuelve entonces al Reino de Dios y afirma que no todos entrarán en él. No todos los que dicen "¡Señor! Señor!" que entrarán en el Reino de los Cielos, y para seguir con sus palabras, Cristo habla del fin del mundo. Él será entonces un Juez, que reunirá a las ovejas empapadas de verdad, a las que han mezclado verdad y error, y a las que han querido voluntariamente el error. Y cuando la gente le diga: "Pero Señor, ¿no hemos profetizado y actuado en tu nombre?", él responderá que se han atrevido a volver a su nombre para parecer santos, pero que en realidad han sido satánicos. Sus verdaderos siervos no son así, sino que llevan a Dios a las almas y hacen la voluntad del Padre, siendo humildes, amables, pacíficos y ordenados. Por lo tanto, echará a estos siervos de la iniquidad.

Su discurso termina, con Juan el escriba a su lado, y el ciclo en la montaña, por tanto, ha terminado.

Contenido del capítulo: 176,1: Jesús rezó toda la noche por sus discípulos... y por sí mismo. 176,2: Los niños revolotean a su alrededor. El escriba Juan llega con su comida. 176.3: La creación es también un lugar de oración donde podemos alabar a Dios. 176.4: No son los que me dicen: "¡Señor! Señor!" entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que hacen la voluntad de mi Padre. 176.5 : Llegará el día en que seré Juez. 176.6 : El ciclo del Sermón de la Montaña ha llegado a su fin.

Edición anterior: Tomo 3, capítulo 36

ECR 176.3 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Pues con mayor razón será santo este lugar que, con los colores, los perfumes, la pureza del aire, la riqueza de los cereales, las perlas del rocío, habla de Dios Padre y Creador y dice: “Creo; quered creer vosotros, pues de Dios damos testimonio”. Sea, por tanto, la sinagoga de este sábado; leamos en ella las páginas eternas escritas sobre las corolas y las espigas, teniendo como sagrada lámpara el Sol.

He nombrado a Daniel. Os he dicho: “Sea este lugar nuestra sinagoga”. Esto trae a la memoria el gozoso “benedicite” de los tres santos jóvenes entre las llamas del horno: “Cielos y aguas, rocío y escarcha, hielos y nieves, fuegos y colores, luces y tinieblas, relámpagos y nubes, montes y colinas, todo vegetal nacido, pájaros, peces, animales todos, alabad y bendecid al Señor, junto con los hombres de humilde y santo corazón”. Éste es el resumen de este cántico santo que tanto enseña a los humildes y santos. Podemos orar y merecer el Cielo en cualquier lugar. Lo merecemos cuando hacemos la voluntad del Padre.

Detalle

Jesús habla de que "toda la creación puede ser un lugar de oración si la criatura sabe hacer que lo sea elevando su alma al Padre" y vuelve a los Cuernos de Hattin.