ECR 69.5
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
El hombre, si no quiere, puede no pecar.
Notas de la palabra clave
Comodidad de lectura
ECR 69.5
El hombre, si no quiere, puede no pecar.
ECR 69.5
Todo lo tenemos en torno a nosotros: el bien y el mal. Todo lo llevamos con nosotros. Sobre el bien sopla el hálito de Dios y lo aviva como a turíbulo de gratos y sagrados inciensos. Sobre el mal sopla Satanás y, encendiéndolo, lo transforma en hoguera de feroz lengua. Mas la voluntad atenta y la oración constante son húmeda arena sobre la llamarada de infierno: la sofocan y la extinguen.
Tenemos todo dentro de nosotros: el bien y el mal. En una nota a la segunda edición, el editor escribe: "Estas afirmaciones son correctas cuando se aplican a la condición humana en general. Sin embargo, Maria Valtorta las corrigió en una copia mecanografiada, de un modo que parece más adecuado a la doble naturaleza humana y divina de la oradora: En nuestro interior lo tenemos todo: el bien y el mal. Podemos llevarlo todo dentro de nosotros.
ECR 70.8
Yo y mi Madre somos las Hostias excelsas. Alcanzarnos es difícil, es más, imposible, porque nuestro sacrificio fue de una aspereza total. ¡Pero mi Juan!... Es esa hostia que pueden imitar mis amantes de todas las clases: virgen, mártir, confesor, evangelizador, siervo de Dios y de la Madre de Dios, activo y contemplativo; él dispone de un ejemplo para todos: es aquel que ama.
ECR 71.4
Tú, que has sufrido, puedes tener más indulgencia. El dolor es maestro de muchas cosas.
ECR 72.1
Sana siempre con menos facilidad una llaga del espíritu...
ECR 72.5
¡Oh!, santo es también el interés de la patria. Pero, ¿qué es comparado con el Cielo eterno?
ECR 73.3
El peregrino porta consigo bendición.
ECR 73.3
Créeme, hombre: el bueno y el malo están en todas parte.
ECR 73.6
La maldición no está permitida por el precepto del amor. Maldición atrae maldición.
ECR 74.8
«Yo querría devolver a vuestra carne, sí, incluso a vuestra carne, los hijos. Pero Yo os digo: sed buenos, resignados; perdonad, tened esperanza, alegraos en una esperanza, regocijaos en una certeza. Pronto volveréis a tener a vuestros hijos, como ángeles en el Cielo, porque el Mesías en seguida abrirá las puertas de los Cielos, y, si sois justos, la muerte será Vida que viene, y Amor que vuelve...».
Jesús dijo a la gente de Belén que había sufrido la masacre de los Inocentes: