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Notas de la palabra clave

Sed perfectos como vuestro Padre es perfecto

Tema: Nuevo Testamento

Comodidad de lectura

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ECR 8.8

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

8.8 Pero, para ti, pequeña María, ¿no tiene ninguna cosa particular que decir tu Maestro? “Camina en mi presencia, sé por tanto perfecta”. Modifico ligeramente la sagrada frase y te la doy por orden. Perfecta en el amor, perfecta en la generosidad, perfecta en el sufrir.

Mira una vez más a la Madre. Y medita en eso que tantos ignoran, o quieren ignorar, porque el dolor es materia demasiado ingrata para su paladar y para su espíritu. El dolor. María lo tuvo desde las primeras horas de la vida. Ser perfecta como Ella era era poseer también una perfecta sensibilidad. Por eso, el sacrificio debía serle más agudo; mas, por eso mismo, más meritorio. Quien posee pureza posee amor, quien posee amor posee sabiduría, quien posee sabiduría posee generosidad y heroísmo, porque sabe el porqué por que se sacrifica.

¡Arriba tu espíritu, aunque la cruz te doble, te rompa, te mate! Dios está contigo».

ECR 180.2-4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Para ti qué es Dios; esto que has dicho: “el Dios inmanente en nuestro ser de terrestres”? ¿Qué quieres decir con eso? No te comprendo, y además me parece una herejía. A Dios le conocemos a través de la Ley y los Profetas, y no hay otro Dios» dice un poco severo Judas Iscariote.

«Si aquí estuviera Juan, te lo diría mejor que yo. De todas formas, te lo diré como sé. Es verdad que a Dios le conocemos a través de la Ley y los Profetas. Pero, ¿en qué le conocemos?, ¿cómo?».

Judas de Alfeo interviene inmediatamente: «Poco y mal. Los Profetas que nos le describieron… le conocían; pero nosotros tenemos de Él la idea confusa filtrada a través de todo un montón de estorbos acumulados por las sectas...».

«¿Sectas? ¿Qué palabras son ésas? Nosotros no tenemos sectas. Nosotros somos los hijos de la Ley... todos» dice Judas Iscariote, indignado y agresivo.

«Los hijos de las leyes. No de la Ley. Hay una ligera diferencia. Del singular al plural. Pero en realidad ello significa que ya no somos hijos de lo que Dios nos ha dado sino de lo que nosotros hemos creado» rebate Judas Tadeo.

«Las leyes han nacido de la Ley» dice Judas Iscariote.

«También las enfermedades nacen de nuestro cuerpo, y no me vas a decir ahora que son cosas buenas» replica Judas Tadeo.

«Bueno, dejadme saber lo que es el Dios inmanente de Simón Zelote». Judas Iscariote, que no puede replicar a esta observacion de Judas de Alfeo, trata de llevar de nuevo la cuestión al punto de partida.

180.3

Simón Zelote dice: «Nuestros sentidos necesitan siempre un término para aferrar una idea. Cada uno de nosotros — me refiero a nosotros creyentes — cree, claro está, por la misma fe, en el Altísimo, Señor y Creador, eterno Dios que está en el Cielo. Pero todos necesitamos algo más que esta fe desnuda, virgen incorpórea, adecuada y suficiente para los ángeles, que ven y aman a Dios espiritualmente compartiendo con Él la naturaleza espiritual y teniendo la capacidad de ver a Dios. Nosotros necesitamos crearnos una “figura” de Dios, figura que está hecha de las cualidades esenciales que ponemos en Dios para dar un nombre a su perfección absoluta, infinita. Cuanto más se concentra el alma más alcanza la exactitud en el conocimiento de Dios. Pues bien, lo que yo digo es esto: el Dios inmanente. No soy un filósofo. Quizás haya aplicado mal la palabra. Lo que quiero decir, en definitiva, es que para mí el Dios inmanente es el hecho de sentir, de percibir, a Dios en nuestro espíritu, y sentirle y percibirle no ya como una idea abstracta sino como real presencia que da fortaleza y paz nuevas».

«De acuerdo. Pero, en definitiva, ¿cómo lo sentías? ¿Qué diferencia hay entre sentir por fe y sentir por inmanencia?» pregunta un poco irónico Judas Iscariote.

«Dios es seguridad, muchacho — interviene Pedro —. Cuando le sientes como dice Simón, con esa palabra cuyo espíritu comprendo aunque no la entienda como tal palabra — y, créeme, nuestro mal consiste en entender sólo la letra y no el espíritu de las palabras de Dios —, quiere decir que logras aferrar no sólo el concepto de la majestad terrible sino de la paternidad dulcísima de Dios; quiere decir que sientes que, aunque todo el mundo te juzgara y condenara injustamente, Uno sólo, Él, el Eterno, que te es padre, no te juzga sino que te absuelve y te consuela; quiere decir que sientes que, aunque todo el mundo te odiase, sentirías en ti la presencia de un amor más grande que todo el mundo; quiere decir que, segregado de los demás, en una cárcel o en un desierto, sentirías siempre que Uno te habla y te dice: “Sé santo para ser como tu Padre”; quiere decir que por el amor verdadero a este Padre Dios — que por fin uno llega a sentir tal — se acepta, se obra, se toma o se deja, sin medidas humanas, pensando sólo en devolver amor por amor, en copiar lo más posible a Dios en las propias acciones».

«¡Eres soberbio! ¡Copiar a Dios! No te es concedido» juzga Judas Iscariote.

«No es soberbia. El amor lleva a la obediencia. Copiar a Dios me parece también una forma de obediencia porque Dios dice que nos ha hecho a su imagen y semejanza» replica Pedro.

«Nos ha hecho. Nosotros no debemos ir más arriba».

«¡Mira chico, eres un desdichado si piensas así! Olvidas que caímos y que Dios nos quiere volver a elevar a lo que éramos».

180.4

Jesús toma la palabra: «Más todavía, Pedro, Judas, y vosotros todos, más todavía. La perfección de Adán era susceptible de aumento mediante el amor que le habría conducido a una imagen progresivamente más exacta de su Creador. Adán, sin la mancha del pecado, habría sido un tersísimo espejo de Dios. Por esto digo: “Sed perfectos como perfecto es el Padre que está en los Cielos”. Como el Padre, por tanto, como Dios. Pedro ha hablado muy bien, y Simón también. Os ruego que recordéis las palabras de ambos y que las apliquéis a vuestras almas».

Detalle

Simón el Zelote acaba de dar su testimonio. Declara que, tras su hundimiento (con su enfermedad y el declive de su estatus social), llegó a tener una certeza: que Dios existía. Cuando todo se derrumbó a su alrededor, dejó de tener una fe llena de formalismos, en la que se conformaba consigo mismo y con los elogios que recibía. Empezó a discutir consigo mismo y a destruir al tonto que era. Entonces descubrió una nueva fuerza y el hecho de que Dios velaba por "el hombre vencido por el hombre y por el mal". Judas respondió a sus palabras.