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Notas del tema

La realidad del pecado, la gracia y el perdón

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Comodidad de lectura

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ECR 69.2-3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Es verdad que matarse es igual que matar. La vida es don de Dios, ya sea la propia o la ajena, y sólo a Dios, que la ha otorgado, le está reservado el poder de quitarla. Quien se mata confiesa su soberbia, y Dios odia la soberbia».

«¿La soberbia, confiesa? Yo diría la desesperación».

«¿Y qué es la desesperación sino soberbia? Considera esto, Judas: ¿Por qué uno pierde la esperanza?: o porque las desventuras se ensañan con él y quiere vencerlas por sí solo, sin ser capaz de tanto; o bien porque es culpable y juzga de sí mismo que Dios no lo puede perdonar. Tanto en el primero como en el segundo caso, ¿no es reina la soberbia? El hombre que quiere por sí solo resolver las cosas carece de la humildad de tender la mano al Padre diciéndole: “Yo no puedo, pero Tú sí puedes. Ayúdame, porque espero todo, todo lo estoy esperando, de Ti”. El otro hombre, el que dice: “Dios no puede perdonarme”, lo hace porque midiendo a Dios con el patrón de sí mismo sabe que otra persona, ofendida como él ha ofendido, no podría perdonarle. O sea, también aquí hay soberbia. El humilde siente compasión y perdona aunque sufra por la ofensa recibida. El soberbio no perdona. Es además soberbio porque no sabe bajar la cabeza y decir: “Padre, he pecado, perdona a tu pobre hijo culpable”. ¿O es que no sabes, Judas, que el Padre está dispuesto a disculpar todo, si se pide perdón con corazón sincero y contrito, con corazón humilde y deseoso de resucitar al bien?».

«Pero ciertos delitos no deben perdonarse, no pueden ser perdonados».

«Eso lo dices tú. Y hasta será verdad, si el hombre así lo quiere. Pero, en verdad, ¡oh!, en verdad te digo que incluso después del delito de los delitos, si el culpable corriera a los pies del Padre — se llama Padre por esto, Judas, y es Padre de perfección infinita — y, llorando, le suplicara que le perdonase, ofreciéndose a la expiación pero sin desesperación, el Padre le daría el modo de expiar para merecerse el perdón y salvar el espíritu».

69.3 «Entonces dices que los hombres que la Escritura cita, y que se mataron, hicieron mal».

«No es lícito hacer violencia a nadie, y tampoco uno a sí mismo. Hicieron mal. Conociendo relativamente el bien, habrán obtenido de Dios, en ciertos casos, misericordia. Pero a partir de que el Verbo haya aclarado toda verdad y haya dado fuerza a los espíritus con su Espíritu, desde entonces, ya no le será concedido el perdón a quien muera desesperado. Ni en el instante del juicio particular, ni, después de siglos de Gehena, en el Juicio Final, ni nunca. ¿Es dureza de Dios? No: justicia. Dios dirá: “Tú, criatura dotada de razón y de sobrenatural ciencia, creada libre por Mí, decidiste seguir el sendero elegido por ti, y dijiste: ‘Dios no me perdona. Estoy separado para siempre de Él. Juzgo que debo aplicarme por mi mismo justicia por mi delito. Dejo la vida para huir de los remordimientos’, sin pensar que ya no habrías sentido remordimientos si hubieras venido a mi seno paterno. Recibe eso mismo que has juzgado. No violento la libertad que te he dado”.

Esto le dirá el Eterno al suicida. Piénsalo, Judas. La vida es un don, y hay que amarla. ¿Y qué don es? Don santo. Así que ha de ser amada santamente. La vida dura mientras la carne resiste. Luego empieza la Vida grande, la eterna Vida: de beatitud para los justos, de maldición para los no justos. La vida, ¿es fin o es medio? Es medio. Sirve para el fin, que es la eternidad. Pues démosle entonces a la vida aquello que le haga falta para durar y servir al espíritu en su conquista. Continencia de la carne en todos sus apetitos, en todos. Continencia de la mente en todos sus deseos, en todos. Continencia del corazón en todas las pasiones que saben a humano. Sea, por el contrario, ilimitado el impulso hacia las pasiones celestes: amor a Dios y al prójimo, voluntad de servir a Dios y al prójimo, obediencia a la Palabra divina, heroísmo en el bien y en la virtud.»

ECR 69.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Ciertos delitos no deben perdonarse, no pueden ser perdonados».

«Eso lo dices tú. Y hasta será verdad, si el hombre así lo quiere. Pero, en verdad, ¡oh!, en verdad te digo que incluso después del delito de los delitos, si el culpable corriera a los pies del Padre — se llama Padre por esto, Judas, y es Padre de perfección infinita — y, llorando, le suplicara que le perdonase, ofreciéndose a la expiación pero sin desesperación, el Padre le daría el modo de expiar para merecerse el perdón y salvar el espíritu».

ECR 69.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

El humilde siente compasión y perdona aunque sufra por la ofensa recibida. El soberbio no perdona. Es además soberbio porque no sabe bajar la cabeza y decir: “Padre, he pecado, perdona a tu pobre hijo culpable”. ¿O es que no sabes, Judas, que el Padre está dispuesto a disculpar todo, si se pide perdón con corazón sincero y contrito, con corazón humilde y deseoso de resucitar al bien?

ECR 69.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Judas, respóndeme a esta pregunta: uno que tiene hambre ¿sufre más cuando dice: “ahora me siento a la mesa”, o cuando dice “no hay comida para mí”?».

«Sufre más en el segundo caso, porque sólo el saberse privado del alimento le trae a la memoria el olor de las viandas, y las vísceras se retuercen de deseo».

«Exacto: la tentación es mordiente como este deseo, Judas. Satanás lo hace más agudo, exacto y seductor que cualquier acto cumplido. Además, el acto satisface, y alguna vez nausea, mientras que la tentación no desaparece, sino que, como árbol podado, echa ramas cada vez más vigorosas».

ECR 69.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Lo digno y lo indigno están en todas las clases sociales. Y, no por carecer de caridad, sino para no faltar a la justicia, te digo que lo indigno (y maliciosamente indigno) se halla frecuentemente entre los grandes. No hace falta ser poderoso para ser bueno, como tampoco sirve el ser poderoso para ocultar la acción pecaminosa a los ojos de Dios. Todo debe invertirse bajo mi Signo: no será grande el poderoso, sino el humilde y santo.

ECR 72.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Me entristece sólo el constatar lo corrompido que está el hombre por Satanás, y cómo éste le aparta el pensamiento del recto camino. ¡Todos, ¿sabéis?, todos tenéis el pensamiento turbado por él! Pero vendrá, ¡oh!, vendrá el día en que tendréis en vosotros la Fuerza de Dios, la Gracia; tendréis la sabiduría con su Espíritu... Entonces dispondréis de todo para juzgar justamente.

Detalle

Jesús dijo a Juan, a Judas y a Simón el Zelote:

ECR 76.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

76.2 Los muertos ya no sufren, cuando son justos. (...) Además, para los muertos que necesitan oraciones, no es necesario estar junto a sus huesos para ofrecerlas. Los huesos, ¿qué son? Prueba del poder de Dios, que con la tierra creó al hombre. Nada más. También los animales tienen huesos, aunque su esqueleto es menos perfecto que el del hombre. Sólo el hombre, rey de la creación, tiene posición erecta, como rey que está por encima de sus súbditos, y su rostro mira recto y hacia arriba sin necesidad de torcer el cuello; hacia arriba, donde está la morada del Padre. Pero no son más que huesos, polvo que vuelve a ser polvo. La Bondad eterna ha decidido reconstruirlos en el Día eterno para proporcionarles a los bienaventurados un gozo aún más vivo. Pensad: no sólo los espíritus serán reunidos y se amarán como — y mucho más que — en la Tierra, sino que incluso gozarán de volverse a ver con el aspecto que tuvieron en la Tierra: los niños de pelo rizado y tiernos como los tuyos, Elías; los padres y las madres de un corazón y de un rostro todo amor como los vuestros, Leví y José. Es más, para ti, José, significará el conocer por fin esos rostros cuya nostalgia sientes. Ya no habrá huérfanos, ni viudos, entre los justos, allá arriba... En cualquier parte se puede ofrecer sufragio por los muertos. Es oración de un espíritu, por el espíritu de quien estaba con nosotros, al Espíritu perfecto, que es Dios y que está en todas partes. ¡Oh, santa libertad de todo lo que es espiritual! Ni distancias, ni destierros, ni prisiones, ni sepulcros... Nada que divida o encadene reduciendo a penosa impotencia lo que está fuera o por encima de las cadenas de la carne. Vosotros vais, con la parte mejor de vosotros, a vuestras personas queridas; ellos, con su parte mejor, vienen a vosotros. Y todo gira, con esta efusión de espíritus que se aman, en torno al Fulcro eterno, a Dios: Espíritu perfectísimo, Creador de todo cuanto fue, es y será, Amor que os ama y os enseña a amar...