ECR 9.5
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
“La recta conciencia proporciona una muerte serena y las oraciones de los santos os obtienen tal muerte”.
Notas del tema
Comodidad de lectura
ECR 9.5
“La recta conciencia proporciona una muerte serena y las oraciones de los santos os obtienen tal muerte”.
ECR 10.9
Los santos tienen el recuerdo de Dios, de las palabras oídas en la Mente creadora y resucitadas por la Bondad en su corazón para elevarlos como águilas en la contemplación de la Verdad, en el conocimiento del Tiempo.
ECR 13.9
Luego vendrá la tempestad de la prueba, como para todos los santos, para ser probados y venir así a ser ayudantes de Dios.
ECR 15.5
No sólo cuidamos el espíritu, sino que sabemos también cuidar la materia, que no es reina, sino sierva útil al espíritu en el cumplimiento de su misión.
ECR 22.11
El que es santo es siempre sumiso y humilde.
ECR 23.10
Todo el Cielo ora porque el Cielo ama. El Cielo es caridad que vive (...).
ECR 23.10
Yo oro por vosotros. Recordadlo. La beatitud de estar en el Cielo, viviendo en el esplendor de Dios, no me distrae de mis hijos que padecen en la tierra. Yo oro. Todo el Cielo ora porque el Cielo ama. El Cielo es caridad que vive, y la Caridad tiene piedad de vosotros. Pero, aunque sólo estuviera yo, habría suficiente oración para cubrir las necesidades de quien espera en Dios. Porque no ceso de orar por todos vosotros, santos y malvados, para dar: a los santos, la alegría; a los malvados, el salvífico arrepentimiento.
Habla María, pero podemos creer que cualquier santo del Cielo nos diría lo mismo, considerándonos sus hermanos y hermanas.
ECR 25.10
Quiero que améis a mi José, a este hombre sabio y prudente, a este hombre paciente y bueno, el cual no está desligado del misterio de la Redención, antes bien, está íntimamente relacionado con él, porque por este misterio apuró el dolor y se consumió, salvándoos al Salvador con su sacrificio y santidad.
Marie dice:
ECR 25.10
José era santo. Su espíritu puro vivía en Dios, y tenía una caridad encendida y fuerte, y por la caridad os salvó al Salvador, tanto cuando no me acusó ante los ancianos, como cuando, dejándolo todo con diligente obediencia, salvó a Jesús en Egipto.
ECR 29.10
¡El Cielo!... Mi meta. Donde estaba Dios. Mi única hambre. Hambre que no es gula sino necesidad bendecida por Dios, por este Dios que quiere que sintamos apetito de Él.
Marie dice: