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Notas del tema

Relación con el Cielo y el mundo invisible

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ECR 208.7-11 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Empieza el ocaso. Betsur se muestra en lo alto de su colina y, casi inmediatamente, por el camino de segundo orden que los peregrinos han tomado para ir a la ciudad, aparecen los rebaños, y los pastores, que vienen rápidos a su encuentro.

Cuando Elías ve que en el grupo está también María, alza los brazos con gesto de asombro, y se queda así, sin atreverse a creer en lo que ve.

«La paz sea contigo, Elías. Sí, soy yo. Era una promesa y en Jerusalén no ha sido posible vernos... Pero... no te preocupes, el caso es que ahora nos vemos» dice dulcemente María.

«¡Oh! ¡Madre! ¡Madre!...». Elías no sabe qué decir. Al final encuentra las palabras: «Ahora celebro mi Pascua. Es igual... incluso mejor».

«¡Claro que sí, Elías!» confirman sus compañeros.

«Hemos hecho una buena venta y podemos matar un corderito. Venid a nuestra pobre mesa...» dice con tono de súplica Leví, y también José.

«Hoy estamos cansados. Mañana. Escuchad: ¿conocéis a una cierta Elisa, casada con Abraham de Samuel?».

«Sí. Está en su casa de Betsur. Pero Abraham ha muerto, y, el año pasado murieron también sus hijos: el primero por una enfermedad que duró pocas horas — nunca se ha sabido de qué murió —; el otro fue lentamente, pero nada logró detener el mal. Nosotros le dábamos leche de cabra recién formada porque los médicos decían que le iba bien al enfermo. Bebía mucha leche, recogida de todos los pastores, pues la pobre madre había pedido que localizaran a quienes tuvieran en el rebaño una cabra lechal. Pero no sirvió de nada. Cuando volvimos al llano, el joven ya no tomaba alimento, y, cuando volvimos en Adar, había muerto desde hacía dos lunas».

«¡Pobre amiga mía! En el Templo me tenía amor... incluso éramos un poco parientes en nuestros antecesores... Era buena... Salió dos años antes que yo del Templo para casarse con Abraham, a quien estaba prometida desde su infancia; me acuerdo de ella, cuando vino para ofrecer a su primogénito al Señor. Me avisó; no sólo a mí... pero luego quiso estar un tiempo conmigo a solas... Ahora está sola... ¡Debo apresurarme, para consolarla! Vosotros quedaos aquí. Voy con Elías. Entraré sola. El dolor exige un ambiente respetuoso...».

«¿Yo tampoco, Madre?».

«Tú siempre. Pero los demás... Ni siquiera tú, pequeñuelo, porque sería un dolor para ella. ¡Ven, ven, Jesús!».

«Esperadnos en la plaza del pueblo. Buscad un alojamiento para la noche. Adiós» ordena Jesús a todos.

208.8

Y, sólo con Elías, Jesús y su Madre caminan hasta una casa grande, completamente cerrada y silenciosa. El pastor llama con su cayado. Una sierva asoma su cabeza a una pequeña ventana y pregunta que quién ha llamado.

María se adelanta y responde: «María de Joaquín, y su Hijo, de Nazaret. Díselo a la señora».

«Es inútil. No quiere ver a nadie. No hace sino llorar esperando la muerte».

«Inténtalo».

«No. Ya sé cómo me va a rechazar si trato de distraerla. No quiere a nadie a su lado, no quiere ver a nadie, no quiere hablar con nadie; sólo habla con el propio recuerdo de sus hijos».

«Ve, mujer. Te lo ordeno. Dile: “Está afuera la pequeña María de Nazaret, la que era como una hija para ti en el Templo...”. Verás como me quiere recibir».

La mujer se marcha meneando la cabeza.

María explica a su Hijo y al pastor: «Elisa era bastante mayor que yo. Estaba en el Templo esperando el regreso de su prometido, que había ido a Egipto por asuntos de una herencia; por eso estuvo en el Templo hasta una edad no común. Tiene casi diez años más que yo. Las maestras acostumbraban a asignar a las pequeñas a alumnas adultas para que las guiaran... Ella fue mi compañera-maestra. Era buena y... ¡Ah, ahí está la mujer!».

Efectivamente, la sirvienta ha vuelto sin pérdida de tiempo, asombrada, y ha abierto de par en par la puerta de la entrada: «¡Entra, entra!» dice. Luego, bajando la voz, añade: «Bendita seas por hacerla salir de esa habitación».

Elías se despide de María y su Hijo, que entran.

«Pero este hombre, verdaderamente... ¡sería inhumano!... ¡tiene la edad de Leví!...».

«Déjale entrar. Es mi Hijo y la consolará más que yo».

La mujer se encoge de hombros y los precede por el largo corredor de una casa que es bonita pero se siente triste: todo está limpio, mas todo parece muerto...

208.9

Una mujer alta, aunque camina curvada, vestida de oscuro, viene hacia ellos en la penumbra del vestíbulo.

«¡Elisa, amiga mía, soy María!» dice María mientras corre a su encuentro. Y la abraza.

«¿María! Tú... Creía que habías muerto tú también. Me habían dicho... ¿Cuándo?... No me acuerdo... Tengo un vacío en la memoria... Me habían dicho que habías muerto junto a otras muchas madres después de la visita de los Magos. Pero, ¿quién me ha dicho que eras la Madre del Salvador?».

«Quizás los pastores...».

«¡Oh, los pastores!». La mujer rompe a llorar angustiosamente. «No pronuncies esa palabra. Me recuerda la última esperanza para la vida de Leví... De todas formas... sí... un pastor me habló del Salvador. Yo maté a mi hijo llevándole al Jordán, al lugar en que se decía que estaba el Mesías; allí no había nadie... y mi hijo volvió justo para morir... El cansancio, el frío... yo le maté... a pesar de que no lo hice con voluntad asesina. Me decían que el Mesías curaba las enfermedades... Por eso le llevé... Ahora mi hijo me acusa de haberle matado...».

«No, Elisa; es tu pensamiento. Escúchame. Yo pienso, por el contrario, que tu hijo me ha tomado realmente de la mano y me ha dicho: “Ve a ver a mi querida madre. Lleva contigo al Salvador. Yo estoy aquí mejor que en la tierra, pero ella lo único que oye es su llanto, no puede oír las palabras que le susurro entre besos. ¡Pobre mamá, está como poseída por un demonio que la tienta a la desesperación porque quiere separarnos! Sin embargo, si se resigna y cree que Dios todo lo hace para bien, estaremos unidos para siempre, con mi padre y mi hermano. Jesús puede hacerlo”. Y he venido... con Él... ¿No quieres verle?...». María, mientras hablaba, tenía entre sus brazos a la desdichada mujer, y la besaba en su pelo gris, con una dulzura que sólo Ella puede tener.

«¡Ojalá fuera verdad! Pero, si es así, ¿por qué no fue Daniel a decirte que vinieras antes?... ¿Quién me dijo hace tiempo que habías muerto? No me acuerdo... no me acuerdo... Esto fue también motivo de que yo esperase quizás demasiado a ir al Mesías. Es que habían dicho que había muerto Él, tú, todos en Belén...».

«No te preocupes de recordar quién te lo dijo.

208.10

Ven, mira, aquí está mi Hijo. Acércate a Él. Contenta a tus hijos y a tu María. ¿No te das cuenta de que sufrimos al verte así?». María la lleva a Jesús, que se ha puesto en un ángulo oscuro y que sólo ahora se acerca a ellas, hasta una lámpara que la mujer de servicio ha colocado sobre una alta arca.

La pobre madre alza la cabeza... Veo entonces que es Elisa, la que estaba en el Calvario entre las santas mujeres. Jesús tiende hacia ella sus manos con un gesto de acogida que es todo amor. La desdichada combate consigo misma un poco, luego le confía sus manos, y luego, de golpe, se abandona sobre el pecho de Jesús y dice gimiendo: «¡Dime que no soy culpable de la muerte de Leví, dímelo! ¡Dime que no los he perdido para siempre! ¡Dime que pronto estaré con ellos!...».

«Sí, sí. Escúchame. Ellos exultan ahora que estás en mis brazos. Iré pronto a ellos. ¿Qué les voy a decir?, ¿que no aceptas con resignación la voluntad del Señor? ¿Tendré que decir esto? ¿Van a tener que quedar en mal lugar las mujeres de Israel, las mujeres de David, tan fuertes y prudentes? No. Sufres pero es porque has sufrido sola. Tu dolor y tú, tú y el dolor. Así no puede soportarse. ¿No recuerdas las palabras de esperanza a nuestros difuntos?: “Os sacaré de los sepulcros y os conduciré a la tierra de Israel, y sabréis que soy el Señor cuando abra vuestras tumbas y os saque de vuestros sepulcros. Cuando infunda en vosotros mi espíritu viviréis”[1]. La tierra de Israel, para los justos que se han dormido en el Señor, es el Reino de Dios: Yo lo abriré y se lo daré a los que esperan».

«¿También a mi Daniel? ¿También a mi Leví?... ¡Le daba verdadero horror la muerte!... No podía pensar siquiera en el hecho de estar lejos de su madre. Por eso yo quería morir para estar a su lado en el sepulcro...».

«No estaban en el sepulcro con su parte viva, sino con las cosas muertas que no podían oírte. Ellos están en el lugar de espera...».

«¿Pero existe ese lugar? ¡Oh, no te escandalices de mí, que mi memoria se ha disuelto en el llanto! Tengo la cabeza henchida del sonido del llanto y de los estertores de mis hijos. ¡Esos estertores! ¡Esos estertores!... Me han disuelto el cerebro. Sólo tengo esos estertores aquí dentro...».

«Pues Yo te meteré ahí las palabras de la vida. Sembraré la Vida — porque Yo soy Vida — donde ahora hay fragor de muerte. Ten presente al gran Judas Macabeo, que quiso que se ofreciera un sacrificio por los muertos, pensando acertadamente que están destinados a resucitar y que hay que adelantarles la paz con oportunos sacrificios. Si Judas Macabeo no hubiera estado seguro de la resurrección, ¿habría orado por los muertos?, ¿habría hecho que oraran por ellos? Él, como está escrito, pensó que, a los que mueren píamente, les está reservada una gran recompensa; y, sin duda, así murieron tus hijos. ¿Ves como asientes? Pues Yo te digo que no te desesperes. Antes al contrario, ruega por tus muertos, para que sus pecados sean cancelados antes de mi llegada. Si es así, sin mediar un instante de espera, irán conmigo al Cielo, porque Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, y — digo la Verdad — a quien cree en mi Verdad y me sigue, le guío y le doy Vida. Dime, ¿tus hijos creían en la venida del Mesías?».

«Sí, sin duda, Señor. Esta fe la habían aprendido de mí».

«¿Y Leví creía posible su curación por un acto de mi voluntad?».

«Sí, Señor. Teníamos puesta en ti nuestra esperanza, pero... no ha servido... y ha muerto desconsolado después de tanta esperanza...». El llanto de la mujer toma nueva fuerza (más sereno, pero, a pesar de la serenidad, más desolado ahora que en la vehemencia de antes).

«No digas que no ha servido. Quien cree en mí, aunque haya muerto, vivirá eternamente...

208.11

Declina la tarde, mujer. Voy con mis apóstoles. Te dejo a mi Madre...».

«¡Quédate Tú también!... Tengo miedo a que, si te marchas, me invada de nuevo ese tormento... Ahora, con el sonido de tus palabras, está levemente empezando a calmarse la tempestad...».

«¡No temas! Tienes a María contigo. Mañana vuelvo. Tengo que decir algunas cosas a los pastores. ¿Puedo decirles que vengan aquí a tu casa?...».

«¡Sí, claro! Venían también el año pasado, por mi hijo... Detrás de la casa hay un huerto y, más allá, un patio rústico. Pueden estar allí, como hacían cuando venían para que los rebaños estuvieran recogidos...».

«De acuerdo. Vendré. Sé buena. Recuerda que en el Templo María estaba bajo tu tutela; te la confío también esta noche».

«Sí. Ve tranquilo. Cuidaré de ella... Tendré que pensar en que cene y descanse... ¡Cuánto tiempo hace que no pienso en estas cosas! ¿María, quieres dormir en mi habitación, como hacía Leví durante su enfermedad? Yo en la cama de mi hijo, tú en la mía. Me parecerá volver a oír su respiro ligero... Tenía siempre cogida mi mano...».

«Sí, Elisa. Y antes hablaremos de muchas cosas».

«No. Estás cansada. Tienes que dormir».

«Tú también...».

«Hace meses que no duermo... Lloro... lloro... No sé hacer otra cosa...».

«Esta noche no será así, esta noche vamos a orar, y luego nos iremos a la cama, y dormirás... Dormiremos cogidas de la mano también nosotras dos. Ve, Hijo, y ora por nosotras...».

«Os bendigo. ¡La paz sea con vosotras y permanezca en esta casa!».

Y Jesús se marcha acompañado de la sirviente, que se ha quedado de piedra y no hace sino que repetir: «¡Qué milagro, Señor, qué milagro! Después de tantos meses, ha hablado, ha pensado... ¡Oh, qué cosa!... Decían que moriría loca... Y a mí me daba pena, porque es buena».

«Sí, es buena, por eso Dios la ayudará. Adiós, mujer. Paz también a ti».

Jesús sale a la semioscuridad de la calle y todo termina.

Detalle

El caso de una madre que ha perdido a sus dos hijos por enfermedad. Jesús viene a consolarla con la Virgen María.

Anotación

Elise era mucho mayor que yo. Unos diez años. Así que tiene unos sesenta.

Cuando volvimos, en el mes de Adar, llevaba muerto dos lunas. Addar es en febrero/marzo.

¿No has tenido presentes las palabras de esperanza sobre aquellos a quienes la muerte nos ha arrebatado? "Os sacaré de vuestros sepulcros y os haré volver a la tierra de Israel. Entonces sabréis que yo soy el Señor, cuando abra vuestras tumbas y os levante de vuestros sepulcros. Pondré mi espíritu dentro de ustedes y vivirán. " Véase Ezequiel 37:11-14 más abajo.

Recordad al gran Judas Macabeo, que quiso hacer un sacrificio por los muertos, porque pensaba con razón que estaban destinados a resucitar y que había que acelerar para ellos la hora de la paz mediante sacrificios oportunos. Si Judas Macabeo no hubiera estado seguro de la resurrección, ¿habría rezado y hecho rezar por los muertos? Porel contrario, como está escrito, pensaba que se reservaba una gran recompensa a los que mueren piadosamente, como seguramente hicieron vuestros hijos.. . Véase más adelante el segundo libro de los Macabeos 12, 43-46.

Libro de Ezequiel 37, 11-14

Ezequiel 37, 11-14: Y me dijo: "Hijo de hombre, estos huesos son toda la casa de Israel. He aquí que dicen: 'Nuestros huesos están secos, nuestra esperanza está muerta, estamos perdidos. Por tanto, profetiza y diles: "Así dice el Señor Yahvé: 'He aquí que yo abro vuestros sepulcros y os resucitaré de vuestras tumbas, pueblo mío, y os haré volver a la tierra de Israel. Y sabréis que yo soy Yahvé cuando abra vuestras tumbas y os levante de vuestros sepulcros, pueblo mío. Pondré mi Espíritu dentro de vosotros, y viviréis; y os daré descanso en vuestra tierra, y sabréis que yo, Yahvé, digo y hago, ¡oráculo de Yahvé!".

Segundo libro de los Macabeos 12, 43-45

2 M 12, 43-46 : Luego, habiendo reunido la suma de dos mil dracmas, la envió a Jerusalén para que sirviera de sacrificio expiatorio. Bonita y noble acción, inspirada por el pensamiento de la resurrección. Pues si no hubiera creído que los soldados muertos en batalla resucitarían, habría sido inútil y vano rezar por los muertos. 45 Además, consideraba que a los que se duermen en la piedad les está reservada una muy buena recompensa, y éste es un pensamiento santo y piadoso. Por eso hizo este sacrificio expiatorio por los muertos, para que fueran liberados de sus pecados.

ECR 208.9 · Volume 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Escúchame. Yo pienso, por el contrario, que tu hijo me ha tomado realmente de la mano y me ha dicho: “Ve a ver a mi querida madre. Lleva contigo al Salvador. Yo estoy aquí mejor que en la tierra, pero ella lo único que oye es su llanto, no puede oír las palabras que le susurro entre besos. ¡Pobre mamá, está como poseída por un demonio que la tienta a la desesperación porque quiere separarnos! Sin embargo, si se resigna y cree que Dios todo lo hace para bien, estaremos unidos para siempre, con mi padre y mi hermano. Jesús puede hacerlo”. Y he venido... con Él... ¿No quieres verle?...

Detalle

La Virgen María habla a una madre viuda que ha perdido a sus dos hijos.

ECR 208.10 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Sufres pero es porque has sufrido sola. Tu dolor y tú, tú y el dolor. Así no puede soportarse. ¿No recuerdas las palabras de esperanza a nuestros difuntos?: “Os sacaré de los sepulcros y os conduciré a la tierra de Israel, y sabréis que soy el Señor cuando abra vuestras tumbas y os saque de vuestros sepulcros. Cuando infunda en vosotros mi espíritu viviréis”. La tierra de Israel, para los justos que se han dormido en el Señor, es el Reino de Dios: Yo lo abriré y se lo daré a los que esperan.

Detalle

Jesús habla a una madre viuda afligida por la muerte de sus dos hijos.

ECR 208.10 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¡Dime que no soy culpable de la muerte de Leví, dímelo! ¡Dime que no los he perdido para siempre! ¡Dime que pronto estaré con ellos!...».

«Sí, sí. Escúchame. Ellos exultan ahora que estás en mis brazos. Iré pronto a ellos. ¿Qué les voy a decir?, ¿que no aceptas con resignación la voluntad del Señor? ¿Tendré que decir esto? ¿Van a tener que quedar en mal lugar las mujeres de Israel, las mujeres de David, tan fuertes y prudentes? No. Sufres pero es porque has sufrido sola. Tu dolor y tú, tú y el dolor. Así no puede soportarse. ¿No recuerdas las palabras de esperanza a nuestros difuntos?: “Os sacaré de los sepulcros y os conduciré a la tierra de Israel, y sabréis que soy el Señor cuando abra vuestras tumbas y os saque de vuestros sepulcros. Cuando infunda en vosotros mi espíritu viviréis”[1]. La tierra de Israel, para los justos que se han dormido en el Señor, es el Reino de Dios: Yo lo abriré y se lo daré a los que esperan».

«¿También a mi Daniel? ¿También a mi Leví?... ¡Le daba verdadero horror la muerte!... No podía pensar siquiera en el hecho de estar lejos de su madre. Por eso yo quería morir para estar a su lado en el sepulcro...».

«No estaban en el sepulcro con su parte viva, sino con las cosas muertas que no podían oírte. Ellos están en el lugar de espera...».

«¿Pero existe ese lugar? ¡Oh, no te escandalices de mí, que mi memoria se ha disuelto en el llanto! Tengo la cabeza henchida del sonido del llanto y de los estertores de mis hijos. ¡Esos estertores! ¡Esos estertores!... Me han disuelto el cerebro. Sólo tengo esos estertores aquí dentro...».

«Pues Yo te meteré ahí las palabras de la vida. Sembraré la Vida — porque Yo soy Vida — donde ahora hay fragor de muerte. Ten presente al gran Judas Macabeo, que quiso que se ofreciera un sacrificio por los muertos, pensando acertadamente que están destinados a resucitar y que hay que adelantarles la paz con oportunos sacrificios. Si Judas Macabeo no hubiera estado seguro de la resurrección, ¿habría orado por los muertos?, ¿habría hecho que oraran por ellos? Él, como está escrito, pensó que, a los que mueren píamente, les está reservada una gran recompensa; y, sin duda, así murieron tus hijos. ¿Ves como asientes? Pues Yo te digo que no te desesperes. Antes al contrario, ruega por tus muertos, para que sus pecados sean cancelados antes de mi llegada. Si es así, sin mediar un instante de espera, irán conmigo al Cielo, porque Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, y — digo la Verdad — a quien cree en mi Verdad y me sigue, le guío y le doy Vida.»

Detalle

Una madre desconsolada por la muerte de sus dos hijos pide a Jesús:

Anotación

¿No has tenido presentes las palabras de esperanza sobre aquellos que la muerte nos ha arrebatado? "Os sacaré de vuestros sepulcros y os haré volver a la tierra de Israel. Entonces sabréis que yo soy el Señor, cuando abra vuestras tumbas y os levante de vuestros sepulcros. Pondré mi espíritu dentro de ustedes y vivirán. " Véase Ezequiel 37:11-14 más abajo.

Recordad al gran Judas Macabeo, que quiso hacer un sacrificio por los muertos, porque pensaba con razón que estaban destinados a resucitar y que había que acelerar para ellos la hora de la paz mediante sacrificios oportunos. Si Judas Macabeo no hubiera estado seguro de la resurrección, ¿habría rezado y hecho rezar por los muertos? Porel contrario, como está escrito, pensaba que se reservaba una gran recompensa a los que mueren piadosamente, como seguramente hicieron vuestros hijos.. . Véase más adelante el segundo libro de los Macabeos 12, 43-46.

Libro de Ezequiel 37, 11-14

Ezequiel 37, 11-14 : Y me dijo: "Hijo de hombre, estos huesos son toda la casa de Israel. He aquí que dicen: 'Nuestros huesos están secos, nuestra esperanza está muerta, estamos perdidos. Por tanto, profetiza y diles: "Así dice el Señor Yahvé: 'He aquí que yo abro vuestros sepulcros y os resucitaré de vuestras tumbas, pueblo mío, y os haré volver a la tierra de Israel. Y sabréis que yo soy Yahvé cuando abra vuestras tumbas y os levante de vuestros sepulcros, pueblo mío. Pondré mi Espíritu dentro de vosotros, y viviréis; y os daré descanso en vuestra tierra, y sabréis que yo, Yahvé, digo y hago, ¡oráculo de Yahvé!".

Segundo libro de los Macabeos 12, 43-45

2 M 12, 43-46 : Luego, habiendo reunido la suma de dos mil dracmas, la envió a Jerusalén para que sirviera de sacrificio expiatorio. Bonita y noble acción, inspirada por el pensamiento de la resurrección. Porque si no hubiera creído que los soldados muertos en batalla resucitarían, habría sido inútil y vano rezar por los muertos. También consideró que se reserva una recompensa muy buena a los que se duermen en la piedad, y éste es un pensamiento santo y piadoso. Por eso hizo este sacrificio expiatorio por los muertos, para que fueran liberados de sus pecados.

ECR 209.5-7 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«La paz sea con vosotros.

Ayer he oído hablar a dos personas muy desdichadas: el uno, en la aurora de la vida; la otra, en el ocaso: dos almas que lloraban su desolación. Y he llorado en mi corazón con ellos, al ver cuánto dolor hay en la tierra, y cómo sólo Dios lo puede aliviar, sólo el conocimiento exacto de Dios, de su grandeza e infinita bondad, de su constante presencia y sus promesas. He visto cómo el hombre puede ser torturado por sus semejantes y cómo la muerte le puede arrastrar a estados de desolación en los que Satanás trabaja para aumentar el dolor y devastar. Entonces me he dicho: “No deben sufrir los hijos de los hombres esta tortura añadida a las otras torturas. Demos el conocimiento de Dios a quien no lo tiene, devolvámoselo a quien lo ha olvidado en medio de tempestades de dolor”. Pero también he visto cómo Yo solo no doy abasto a cubrir las infinitas necesidades de mis hermanos; y he decidido llamar a muchos, para que todos los que tienen necesidad del consuelo del conocimiento de Dios lo puedan recibir.

Estos doce son los primeros; son segundos Cristos, y, como tales, capaces de conducir a mí, y, por tanto, al consuelo, a todos los que se sienten oprimidos bajo pesos de dolor demasiado grandes. En verdad os digo: Venid a mí los que estéis afligidos, desazonados, los que tengáis el corazón herido o estéis cansados, que compartiré con vosotros vuestro dolor y os daré paz; venid a través de mis apóstoles, a través de mis discípulos y discípulas, que cada día aumentan con nuevas personas voluntariosas: encontraréis consuelo en vuestras penas, compañía en vuestras soledades, el amor de vuestros hermanos con que olvidar el odio del mundo; encontraréis, por encima de todos, consolador por encima de todos, compañero perfecto, el amor de Dios; ya no dudaréis de nada; no volveréis a decir: “¡Todo está acabado para mí!”, sino: “Ahora todo empieza para mí en un mundo sobrenatural que cancela toda distancia y separación”; y los hijos huérfanos volverán a unirse con sus padres, ya sublimados en el seno de Abraham, y padres y madres, esposas y viudos, encontrarán a los hijos o al consorte perdidos.

209.6

En esta tierra de Judea, no lejos de Belén de Noemí, os recuerdo que el amor alivia el dolor y devuelve la alegría. Pensad, vosotros que lloráis, en la desolación de Noemí después de que su casa se hubo quedado sin hombres. Escuchad sus palabras de desconsolado adiós a Orpá y Rut: “Volved a casa de vuestra madre. El Señor se muestre misericordioso con vosotras, como vosotras lo habéis sido con los que han muerto y conmigo...”. Escuchad cómo no se cansaba de insistir. La que había sido Noemí, la bella, y que ahora no era sino la desdichada Noemí, quebrantada por el dolor, ya no esperaba nada de la vida; solamente quería volver, para morir, a los lugares en que había sido feliz, cuando era joven, rodeada del amor de su marido y de los besos de sus hijos. Decía: “Marchaos, marchaos. Es inútil que vengáis conmigo... Yo soy como una muerta... Mi vida ya no está aquí, sino allá, al otro lado de la vida, donde ellos están. Dejad ya de sacrificar vuestra juventud al lado de una cosa que muere, porque realmente yo soy ‘una cosa’. Todo me resulta indiferente. Dios ha tomado todo lo que tenía... Soy pura angustia y sólo angustia os acarrearía... y ello pesaría en mi corazón, y el Señor me pediría cuentas — Él, que tanto ha descargado su mano sobre mí—; porque teneros a vosotras, que vivís, junto a mí, que estoy muerta, sería egoísmo. Id con vuestras madres...”.

Pero Rut se quedó, como apoyo de la doliente vejez. Rut había comprendido que siempre hay dolores mayores que el propio, y que su pena de joven viuda era más ligera que la de esta mujer que había perdido a sus dos hijos además del marido. De la misma forma, el dolor del niño huérfano que se ve obligado a vivir mendigando, privado ya de caricias, privado ya de buenos consejos, es mucho mayor que el de la madre que ha sido despojada para siempre de sus hijos. De la misma forma, el dolor de quien, por diversos motivos, llega a odiar al género humano y ve en todos los hombres un enemigo de quien defenderse y a quien temer, es aún mayor que los otros dolores, porque envuelve no sólo carne, sangre y mente, sino también al espíritu con sus deberes y derechos sobrenaturales y le lleva a la perdición.

¡Cuántas madres sin hijos para los hijos sin madres hay en el mundo! ¡Cuántas viudas sin descendencia, para que ejerzan su piedad para con los ancianos solitarios! ¡Cuántos han sido privados de amor para que se den enteramente a los infelices, con su necesidad de amar, y combatan así el odio, dando, dando, dando amor a la Humanidad infeliz, que sufre cada vez más porque cada vez odia más!

209.7

El dolor es cruz, pero también es ala. El luto despoja, pero para volver a vestir. ¡Alzaos, vosotros que lloráis! ¡Abrid los ojos, abandonad pesadillas, tinieblas y egoísmos! Mirad... el mundo es la landa donde se llora y se muere. El mundo suplica auxilio por boca de huérfanos y enfermos, por boca de los que viven en soledad, de los que vacilan, por boca de los que viven prisioneros del rencor por causa de una traición o de un acto de crueldad. Id a estos que gritan. ¡Olvidaos entre los olvidados! ¡Sanad entre los enfermos! ¡Esperad entre los desesperados! El mundo está abierto a las buenas voluntades que desean servir a Dios en el prójimo y conquistarse el Cielo: unión con Dios, reunión con aquellos cuya ausencia lloramos. Aquí nos ejercitamos, allí será la victoria. Venid. Estad cerca de todos los dolores, como Rut. Decid también vosotros: “Estaré con vosotros hasta la muerte”. Persistid aunque oigáis esta respuesta de los desgraciados que se consideran insanables: “No me llaméis ya Noemí, llamadme Mará, porque Dios me ha colmado de amargura”. En verdad os digo que un día, por vuestra persistencia, estas calamidades exclamarán: “Bendito sea el Señor, que me ha liberado de la amargura, de la desolación, de la soledad, por obra de una criatura que ha sabido hacer que su dolor diera un fruto bueno; que Dios la bendiga eternamente por haberme salvado”.

Fijaos: aquella buena acción de Rut hacia Noemí dio al Mesías al mundo, porque de David de Jesé, de Jesé de Obed, viene el Mesías, como Obed de Booz, Booz de Salmón, Salmón de Naassón, Naassón de Aminadab, Aminadab de Aram, Aram de Esrom, Esrom de Fares, para poblar los campos de Belén, preparando los antepasados del Señor: toda buena acción es origen de cosas grandes, que ni siquiera os imagináis; el esfuerzo de uno contra su propio egoísmo puede provocar una ola de amor tal, que puede subir, subir, llevando entre su transparencia a aquel que la provocó, hasta conducirle a los pies del altar, al corazón de Dios.

Que Dios os conceda la paz».

Y Jesús, sin volver al jardín por la puertecita abierta en el seto, vigila para que nadie se acerque a éste — del otro lado proviene un largo llanto... Y espera a que todos los de Betsur se hayan marchado para alejarse acompañado de los suyos sin turbar ese llanto saludable...

Detalle

El núcleo de esta predicación se condensa en la siguiente nota.

Anotación

Ayer escuché hablar a dos grandes desgraciados, uno en el alba de la vida, el otro en su ocaso: son dos almas hechas a llorar por el peso de su desgracia. Son Marziam(EMV208,1-4) y Elisa(EMV 208,7-11). Este discurso se dirige a ambas.

En verdad os digo: Venid a mí todos los que estáis afligidos y disgustados, todos los que estáis pusilánimes y cansados; yo compartiré vuestro dolor y os traeré la paz. Cf. más adelante Mateo 11, 28-29.

Es en esta tierra de Judea, todavía cerca de la Belén de Noemí, donde os recuerdo cómo el amor alivia el dolor y trae la alegría. Cf. el libro de Rut, cap. 1, 1-22.

El Mesías desciende de David, que desciende de Jesé, a su vez descendiente de Jobed, y Jobed de Booz y Rut. Booz de Salmón, Salmón de Naasón, Naasón de Aminadab, Aminadab de Aram, Aram de Esrón, Esrón de Fares. Esta es la genealogía de Jesús. Cf. Mateo 1, 1-16 y Lucas 3, 23-38 más abajo.

Evangelio de Mateo 11, 28-29

Mt 11, 28-29 : Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Llevad mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil y mi carga ligera.

Libro de Rut 1, 1-22

Rt 1, 1-22 : En los días en que gobernaban los jueces, hubo hambre en el país. Un hombre de Belén de Judá se fue con su mujer y sus dos hijos a vivir a los campos de Moab. El hombre se llamaba Elimelec, y el nombre de su esposa era Noemí, y los nombres de sus dos hijos eran Mahalón y Quelón; eran efrateos de Belén de Judá. Fueron a los campos de Moab y se establecieron allí.

Cuando murió Elimelec, el marido de Noemí, ésta se quedó sola con sus dos hijos. Tomaron esposas moabitas, una de las cuales se llamaba Orfa y la otra Rut, y vivieron allí unos diez años. Murieron también Mahalón y Queljón, y la mujer se quedó sin sus dos hijos y sin su marido. Entonces se levantó, ella y sus nueras, y abandonó los campos de Moab, porque había oído decir en el país de Moab que Yahvé había visitado a su pueblo y le había dado pan. Así que ella y sus dos nueras salieron del lugar donde se había establecido, y se pusieron en camino para regresar a la tierra de Judá. Noemí dijo a sus dos nueras: "Id y volved cada una a casa de su madre. Que el Señor sea benévolo con ustedes, como lo fue conmigo y con los que murieron. Que el Señor haga que cada una encuentre descanso en la casa de su esposo. Y las besó. Ellas alzaron la voz y lloraron, y le dijeron: "No; volveremos contigo a tu pueblo". Noemí dijo: "Volveos, hijas mías; ¿para qué habéis de venir conmigo? ¿Todavía tengo hijos en mi vientre que puedan ser vuestros maridos? Volved, hijas mías, volved. Soy demasiado vieja para volver a casarme. Y cuando digo: tengo esperanza; cuando esta misma noche me casara y tuviera hijos, ¿esperaríais a que crecieran? ¿os abstendríais por eso de volver a casaros? No, hijas mías. Es muy amargo para mí, por vuestra culpa, que la mano de Yahvé haya descendido sobre mí. Y, alzando la voz, volvieron a llorar. Entonces Orfa besó a su suegra, pero Rut se aferró a ella.

Noemí dijo a Rut: "He aquí que tu cuñada ha vuelto con su pueblo y con su dios; vuelve con tu cuñada". Rut respondió: "No me presiones para que te deje cuando me aleje de ti. Donde tú vayas, iré yo; donde tú habites, habitaré yo; tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios; donde tú mueras, moriré yo y allí seré enterrada. ¡Que Yahvé me trate con dureza si algo que no sea la muerte me separa de ti! Al ver que Rut estaba decidida a acompañarla, Noemí puso fin a sus súplicas.

Las dos siguieron su camino hasta llegar a Belén. Cuando entraron en Belén, todo el pueblo se conmovió con ellas, y las mujeres dijeron: "¿Es ésta Noemí? "20Ella les respondió: "No me llaméis Noemí; llamadme Marah, porque el Todopoderoso me ha amargado. Me fui con las manos llenas, y Yahvé me trae de vuelta con las manos vacías. ¿Por qué has de llamarme Noemí, después de que Yahvé ha testificado contra mí y el Todopoderoso me ha afligido?".

Así que Noemí regresó, y con ella su nuera, Rut la moabita, que había venido de los campos de Moab. Llegaron a Belén al comienzo de la siega de la cebada.

Evangelio de Mateo 1, 1-16

Mt 1, 1-16 : Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham. Abraham engendró a Isaac; Isaac engendró a Jacob; Jacob engendró a Judá y a sus hermanos; Judá de Tamar engendró a Fares y a Zara; Fares engendró a Esrón; Esrón engendró a Aram; Aram engendró a Aminadab; Aminadab engendró a Naasón; Naasón engendró a Salmón; Salmón de Rahab engendró a Booz; Booz de Rut engendró a Obed; Obed engendró a Jesé; Jesé engendró al rey David.

David engendró a Salomón, de la mujer de Urías; Salomón engendró a Roboam; Roboam engendró a Abías; Abías engendró a Asa; Asa engendró a Josafat; Josafat engendró a Joram; Joram engendró a Uzías; 9 Uzías engendró a Joatán; Joatán fue padre de Acaz; Acaz fue padre de Ezequías; Ezequías fue padre de Manasés; Manasés fue padre de Amón; Amón fue padre de Josías; Josías fue padre de Jeconías y de sus hermanos, en el tiempo de la deportación a Babilonia.

Y después de la deportación a Babilonia, Jeconías fue padre de Salatiel; Salatiel fue padre de Zorobabel; Zorobabel fue padre de Abiud; Abiud fue padre de Eliacim; Eliacim fue padre de Azor; Azor fue padre de Sadoc; Sadoc engendró a Achim; Achim engendró a Éliud; Éliud engendró a Eléazar; Eléazar engendró a Mathan; Mathan engendró a Jacob; Y Jacob engendró a José, esposo de María, de quien nació Jesús, llamado Cristo.

Evangelio de Lucas 3, 23-38

Lc 3, 23-38: Jesús tenía unos treinta años cuando comenzó su ministerio; Era hijo de José, hijo de Helí, hijo de Matat, hijo de Leví, hijo de Melchî, hijo de Janna, hijo de José, hijo de Matatías, hijo de Amós, hijo de Nahum, hijo de Hesli, hijo de Nagge, hijo de Maat hijo de Joanan, hijo de Resa, hijo de Zorobabel, hijo de Salathiel, hijo de Neri, hijo de Melchi, hijo de Addi, hijo de Cosam, hijo de Elmadam, hijo de Her, hijo de Jesús, hijo de Eliezer, hijo de Jorim, hijo de Matthat, hijo de Levi, hijo de Simeón, hijo de Judá, hijo de José, hijo de Jonan, hijo de Eliakim, hijo de Melea, hijo de Menna, hijo de Matatá, hijo de Natán, hijo de David, hijo de Jesé, hijo de Obed, hijo de Booz, hijo de Salmón, hijo de Naasón, hijos de Aminadab, hijo de Aram, hijo de Esrón, hijo de Fares, hijo de Judas, hijo de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham, hijo de Tare, hijo de Nahor, hijo de Sarug, hijo de Reu, hijo de Faleg, hijo de Heber, hijo de Salé, hijo de Cainán, hijo de Arfaxad, hijo de Sem, hijo de Noé, hijo de Lamec, hijo de Mathusaleh, hijo de Enoc, hijo de Jared, hijo de Malaleel, hijo de Cainán, hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adán, hijo de Dios.