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Notas del tema

Relaciones con nuestros vecinos

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Comodidad de lectura

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ECR 191.6 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Los santos están diseminados sobre la faz de la tierra para beneficio de los hombres, pero, cuando, a pesar de la extrema cercanía de éstos, el hombre sigue siendo lo que es (...), inútil es recurrir después a los santos. Ahora estamos separados. Las hierbas, en el campo, están mezcladas, mas, una vez cortadas, serán separadas las malas de las buenas. Lo mismo sucede con vosotros y nosotros: estuvimos juntos en la tierra y, contra el amor, nos arrojasteis de vuestra presencia, nos atormentasteis de todos los modos posibles, nos relegasteis al olvido; pues bien, ahora estamos divididos y entre vosotros y nosotros se abre un abismo tal, que los que quisieran pasar de aquí a vosotros no podrían, ni tampoco vosotros, que estáis allí, podéis salvar este abismo tremendo para venir a nosotros.

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La separación de los condenados y los bienaventurados después de la muerte. Aquí Abraham está hablando con el malvado hombre rico en el infierno.

ECR 191.7 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

No es justo que un bienaventurado deje mi seno para ir a recibir ofensas de los hijos del Enemigo. El tiempo de las injurias para él ya ha pasado; ahora está en la paz y en ella permanece, por orden de Dios, que ve la inutilidad de intentar la conversión de quienes no creen siquiera en la palabra de Dios y no la ponen en práctica.

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En la parábola de Lázaro y el hombre rico, Abraham dice lo siguiente.

ECR 194.3 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Dices que abrirás las puertas de los Cielos. ¿No están cerradas por el gran Pecado? Mi mamá me decía que ninguno podría entrar hasta que no viniera el perdón y que los justos lo esperaban en el Limbo».

«Así es. Pero Yo, tras predicar la palabra de Dios y obteneros el perdón, iré al Padre, y le diré: “He cumplido toda tu voluntad, ahora quiero mi premio por mi sacrificio. Que vengan los justos que están esperando tu Reino”. Y el Padre me dirá: “Sea como quieres”. Entonces descenderé a llamar a todos los justos y el Limbo abrirá sus puertas al oír mi voz, y saldrán jubilosos los santos Patriarcas, los luminosos Profetas, las mujeres benditas de Israel y... ¿te imaginas cuántos niños? ¡Será como un prado florecido de niños de todas las edades! Y me seguirán, cantando, ascendiendo al hermoso Paraíso».

«¿Mi mamá estará entre ellos?».

«Sin duda».

«Pues no me has dicho que estará contigo en la puerta del Cielo cuando yo muera...».

«Ni ella ni tu padre tendrán necesidad de estar en esa puerta; cual fúlgidos ángeles, con sus vuelos siempre estarán uniendo estrechamente el Cielo y la tierra, a Jesús con su hijo Yabés, y cuando estés cercano a la muerte harán como aquellos dos pajaritos en aquel seto. ¿Los ves? — Jesús sube en brazos al niño para que vea mejor — ¿Ves cómo cubren sus huevecillos? Esperan a que se abran; después extenderán sus alas para proteger a su nidada de cualquier mal, y luego, cuando se hayan desarrollado y estén preparados para poder volar, servirán de apoyo a sus crías con sus robustas alas y las llevarán hacia arriba, muy arriba... hacia el Sol. Tus padres harán lo mismo contigo».

«¿Se cumplirá exactamente así?».

«Exactamente así».

«¿Les vas a decir que se acuerden de venir?».

«No será necesario, porque te quieren. De todas formas se lo diré».

«¡Cuánto te quiero!». El niño, que está todavía en brazos de Jesús, se le agarra fuertemente al cuello y le besa, con una efusión tan jubilosa, que verdaderamente conmueve.

Jesús le devuelve el beso y le baja al suelo.

ECR 196.4-6 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Mi Madre se había consagrado a la virginidad por amor, pero, siendo criatura perfecta, poseía en su sangre y en su espíritu la maternidad; porque la mujer está hecha para ser madre, y comete aberración cuando se hace sorda a este sentimiento, que es amor de segunda potencia...».

Poco a poco se han ido acercando también los demás.

«¿Qué quieres decir, Maestro, con “amor de segunda potencia”?» pregunta Judas Tadeo.

«Hermano mío, hay muchos amores, y de distintas potencias. Está el amor de primera potencia: el que se da a Dios. Luego, el amor de segunda potencia: el materno, o paterno. Porque, si el primero es enteramente espiritual, éste es en dos partes espiritual y en una carnal: se mezcla, sí, el sentimiento afectivo humano, pero predomina lo superior, porque un padre o una madre, sana y santamente tales, no dan sólo alimento y caricias a la carne de su hijo, sino que también nutren y aman su mente y su espíritu. Es tan cierto esto que estoy diciendo, que, quien se consagra a la infancia — aunque sólo fuere para instruirla — termina por amarla como si fuera su propia carne».

«Efectivamente yo quería mucho a mis discípulos» dice Juan de Endor.

«Debías ser un buen maestro... lo veo por cómo te comportas con Yabés».

El hombre de Endor, sin hablar, se inclina a besar la mano de Jesús.

«¡Sigue, te lo ruego, tu clasificación de los amores!» dice Simón Zelote.

«Existe amor hacia la compañera: es amor de tercera potencia, porque es — me refiero también en este caso a los sanos y santos amores — mitad espíritu mitad carne. El hombre para su esposa es maestro y padre, además de esposo; la mujer para su esposo es ángel y madre, además de esposa. Éstos son los tres amores más elevados».

196.5

«¿Y el amor al prójimo? ¿No te estás equivocando? ¿O es que te has olvidado de él?» pregunta Judas Iscariote. Los demás le miran perplejos y... con fiereza por la observación que ha hecho.

Jesús, sin embargo, responde sereno:

«No, Judas. Pero observa lo que te digo. A Dios se le debe amar porque es Dios, por tanto, no es necesaria ninguna explicación para persuadir de este amor. Él es el que es, o sea, el Todo; el hombre (la nada que viene a ser partícipe[1] del Todo por el alma infundida por el Eterno — sin ella el hombre sería uno de tantos animales brutos que viven sobre la faz de la tierra o en las aguas o en el aire —) debe adorar por deber y para merecer sobrevivir en el Todo, es decir, para merecer venir a ser parte del Pueblo santo de Dios en el Cielo, ciudadano de la Jerusalén que no conocerá profanación o destrucción algunas por los siglos de los siglos.

El amor del hombre, y especialmente de la mujer, a la prole tiene indicación de precepto en las palabras de Dios a Adán y Eva, después de bendecirlos, viendo que era “bueno” lo que había hecho, en un lejano sexto día, el primer sexto día de lo creado. Les dijo: “Creced y multiplicaos y poblad la tierra...”.

Veo tu tácita objeción... Te respondo inmediatamente: puesto que en la creación, antes de la culpa, todo estaba regulado y basado sobre el amor, este multiplicarse de los hijos habría sido amor, santo, puro, poderoso, perfecto. Fue el primer mandamiento de Dios al hombre: “Creced, multiplicaos”. “Amad, por tanto, después de mí, a vuestros hijos”. El amor como es ahora, el actual generador de los hijos, entonces no existía. La malicia no existía y, por tanto — porque va con ella —, tampoco la execrable hambre carnal. El hombre amaba a la mujer, y la mujer al hombre, naturalmente, pero no naturalmente según la naturaleza como nosotros la entendemos — o, mejor, como vosotros, hombres, la entendéis —, sino según la naturaleza de hijos de Dios, o sea, sobrenaturalmente. Muy dulces fueron los primeros días de amor entre los dos, hermanos — habían nacido de un Padre común — y, no obstante, esposos; de esos dos que amándose se miraban con sus inocentes ojos como dos gemelos en su cuna. El hombre sentía amor de padre hacia su compañera “hueso de sus huesos y carne de su carne” (como un hijo lo es para un padre). La mujer conocía la alegría de ser hija — por tanto, protegida por un amor muy elevado —, porque sentía que tenía en sí algo de aquel espléndido hombre que la amaba, con inocencia y angélico ardor, en los hermosos prados del Edén.

Luego, en el orden de los preceptos dados por Dios con una sonrisa a sus amados párvulos, viene aquel que el mismo Adán, dotado por la Gracia de una inteligencia sólo inferior a la de Dios, hablando de su compañera — y, en ella, de todas las mujeres —, decreta (el decreto del pensamiento de Dios, que se reflejaba límpido en el terso espejo del espíritu de Adán y que florecía en forma de pensamiento y de palabra): “El hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos serán una carne sola”.

De no haber existido los tres pilones de los amores que he mencionado, ¿habría podido, acaso, existir amor al prójimo? No, no hubiera podido existir. El amor a Dios hace a Dios amigo y enseña el amor; quien no ama a Dios, que es bueno, no puede ciertamente amar al prójimo que en su mayoría es defectuoso. Si no hubieran existido el amor conyugal y la paternidad en el mundo, no habría podido existir el prójimo, porque el prójimo está hecho de los hijos nacidos de los hombres. ¿Estás convencido de esto?».

«Sí maestro. No había reflexionado».

«Efectivamente, es difícil remontarse al hontanar. El hombre está bien hincado ya desde hace siglos, milenios, en el fango, y el hontanar está en las cimas, muy alto. Además, el primero de los manantiales viene de una inmensa altura: Dios... No obstante, de la mano, os conduciré a los manantiales; sé dónde están...».

196.6

«¿Y los otros amores?» preguntan al unísono Simón Zelote y el hombre de Endor.

«El primero de la segunda serie es el amor al prójimo. En realidad es el cuarto en potencia. Luego viene el amor a la ciencia. Después el amor al trabajo».

«¿Y basta?».

«Basta».

«¡Hay otros muchos amores!» exclama Judas Iscariote.

«No. Lo que hay es otros apetitos, pero no son amores; son “desamores”; niegan a Dios y niegan al hombre; no pueden ser, por tanto, amores, porque son negaciones y la negación es odio».

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Los diferentes poderes del amor.

Anotación

Él es el que es, es decir, el Todo; y el hombre es la nada que se convierte en parte del Todo gracias al alma que le infunde el Eterno. "Parte" se ha corregido (según la explicación dada en la nota de EMV 167.9) por "participante" en una copia mecanografiada; añade al final de la página: "Si el alma sabe permanecer en estado de gracia, así deificada, no por identidad de sustancia, sino por elevación al orden sobrenatural. "

Nota de EMV 167: "Parcela de Dios" parece haber sido cambiado por parcela nacida de Dios por una corrección poco clara de María Valtorta en una copia mecanografiada, a la que añadió la siguiente nota: "A la palabra parcela no se le debe dar el significado de "parte de Dios" infundida en nosotros, sino de "lugar del trono", "asiento" infundido o "espirado" (por el "soplo de vida" del que se habla en Génesis 2,7) por Dios, por tanto cosa de Dios venida de Dios al hombre. Santo Tomás de Aquino lo llama "una capacidad de Dios" que Dios llena de sí mismo, para que todos participemos de su vida divina".

Esta explicación de Maria Valtorta (y el texto deEMV 10.9) debe tenerse presente siempre que en la obra se hable del alma como "parte" o "partícula" de Dios.

Puede relacionarse con las notas de EMV 4.6, EMV 54.5, EMV 165.4, EMV 170.4, EMV 365.16, EMV 444.4, EMV 463.4, EMV 524.7, EMV 537.11.

"Creced y multiplicaos, y llenad la tierra... ", según Génesis 1:28.

El hombre amó a la mujer y la mujer amó al hombre, naturalmente, no naturalmente según la naturaleza como nosotros la entendemos, o más bien como vosotros los hombres la entendéis, sino según la naturaleza de los hijos de Dios: sobrenaturalmente. "Sobrenaturalmente": María Valtorta anota en una copia mecanografiada: sin que el desorden de la malicia se una o incluso "sustituya" a las ordenadas leyes de Dios, inherentes a la multiplicación y población de la tierra. Añade al margen: Mientras el hombre permaneció en este orden, no nació en él el veneno de la triple concupiscencia que lo hizo delirante, luego rebelde, finalmente caído.

El hombre sintió el amor de un padre por su compañera "hueso de sus huesos y carne de su carne", como un hijo por su padre. Según Génesis 2, 23

"Dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. " Según Génesis 2, 24.

Libro de Génesis 1, 28

Gn 1, 28 : Y los bendijo Dios y les dijo: "Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla, y dominad a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser viviente que se mueve sobre la tierra."

Libro del Génesis 2, 23-24

Gn 2, 23-24 : Y dijo el hombre: "¡Esta es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Ésta se llamará mujer, porque del hombre fue tomada. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.

ECR 196.4.6 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Hay muchos amores, y de distintas potencias. Está el amor de primera potencia: el que se da a Dios. Luego, el amor de segunda potencia: el materno, o paterno. Porque, si el primero es enteramente espiritual, éste es en dos partes espiritual y en una carnal: se mezcla, sí, el sentimiento afectivo humano, pero predomina lo superior, porque un padre o una madre, sana y santamente tales, no dan sólo alimento y caricias a la carne de su hijo, sino que también nutren y aman su mente y su espíritu. Es tan cierto esto que estoy diciendo, que, quien se consagra a la infancia — aunque sólo fuere para instruirla — termina por amarla como si fuera su propia carne. (...) Existe amor hacia la compañera: es amor de tercera potencia, porque es — me refiero también en este caso a los sanos y santos amores — mitad espíritu mitad carne. El hombre para su esposa es maestro y padre, además de esposo; la mujer para su esposo es ángel y madre, además de esposa. Éstos son los tres amores más elevados. (...) El primero de la segunda serie es el amor al prójimo. En realidad es el cuarto en potencia. Luego viene el amor a la ciencia. Después el amor al trabajo.

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Resumen de los diferentes poderes del amor (explicados en detalle en esta nota).

ECR 203.11 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

“Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”.

Hay deudas materiales y deudas espirituales; las hay también morales. Deuda material es la moneda o la mercancía que deben restituirse por haber sido prestadas. Deuda moral es la estima arrebatada y no correspondida, el amor querido y no dado. Deuda espiritual es la obediencia a Dios, de quien se exige mucho dándole bien poco, y el amor a Él. Dios nos ama y se le debe amor, como se debe amor a una madre, a la esposa, al hijo, de quienes se exigen muchas cosas. El egoísta quiere tener, pero no da. Pero el egoísta está en las antípodas del Cielo. Tenemos deudas con todos: desde con Dios hasta con el esclavo, pasando por los familiares, los amigos, el prójimo en general, y los que están a nuestro servicio (pues todos éstos son en el fondo iguales que nosotros). ¡Ay de quien no perdone, porque no será perdonado! Dios no puede, por justicia, condonar la deuda que el hombre tiene para con Él, santísimo, si el hombre no perdona a su semejante.

ECR 204.8 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Y cuál es el modo de dar espacio, libertad y elevación al alma?».

«Derribando las cosas inútiles que tenéis en vuestro yo; liberándolo de todas las ideas erradas; construyendo, con los fragmentos resultantes de la demolición, la elevación para el templo soberano. Se ha de conducir al alma cada vez más arriba subiendo los tres peldaños. ¡Oh, a vosotros, romanos, os gustan los símbolos! Ved los tres peldaños a la luz del símbolo. Os pueden decir sus nombres: penitencia, paciencia, constancia; o: humildad, pureza, justicia; o: sabiduría, generosidad, misericordia; o, en fin, el trinomio espléndido: fe, esperanza, caridad. Fijaos qué simbolizan los muros que, ornamentados y al mismo tiempo resistentes, rodean el área del templo. Es necesario saber circundar al alma, reina del cuerpo, templo del Espíritu eterno, con una barrera que la defienda, sin quitarle la luz, y no agobiarla con la visión de cosas inmundas. Sea muralla segura, y cincelada con el deseo del amor para, quitando las esquirlas de lo que es inferior, la carne y la sangre, formar lo superior, el espíritu. Cincelar con la voluntad: eliminar aristas, desportilladuras, manchas, vetas de debilidad, del mármol de nuestro yo, para que sea perfecto en torno al alma. Al mismo tiempo, hacer, de la muralla que habrá de proteger al templo, misericordioso refugio para los desdichados que no conocen lo que es Caridad. ¿Y los pórticos?: la expansión del amor, la piedad, el deseo de que otros vayan a Dios; son semejantes a amorosos brazos que se extienden para amparar la cuna de un huérfano. En el interior del recinto están, como ofrenda al Creador, los más bellos y olorosos árboles. Sembrad en el terreno que antes estaba desnudo, cultivad luego estos árboles, que son las virtudes de todo tipo, segundo círculo protector, vivo y florido, en torno al sagrario; y, entre los árboles, entre las virtudes, las fuentes (que son también amor, purificación), antes de acercarse al propileo, junto al cual, antes de subir al altar, se debe cumplir el sacrificio de la carnalidad, vaciarse de toda lujuria. Luego, continuar más adentro, hasta el altar, para depositar la ofrenda, y seguir, atravesando el vestíbulo, hasta la celda de Dios. ¿Qué será esta morada?: copiosidad de riquezas espirituales, porque nunca es demasiado como marco para Dios. ¿Habéis comprendido esto? Me habéis pedido que os explique cómo se construye la Fe. Os he dicho: “Según el método con que se elevan los templos”. Como podéis observar, es así.

ECR 208.2-3 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«En el Cielo no hay huérfanos. Allí tenemos a Dios, y Dios es todo. Aquí tampoco somos huérfanos, porque el Padre está siempre con nosotros».

«Pero Jesús, en esa bonita oración que tú durante el día y mi madre durante la noche me habéis enseñado, dice: “Padre nuestro que estás en los Cielos”. Nosotros no estamos en el Cielo todavía. ¿Cómo podemos estar con Él?».

«Porque Dios está en todas partes, hijo mío. Dios vela por el niño que nace y por el anciano que muere. Sobre cualquier niño que esté naciendo en este momento en el lugar más remoto de la tierra están la mirada y el amor de Dios, y estarán hasta su muerte».

«¿Aun en el caso de que sean malos, como Doras?».

«Sí».

«¿Pero puede Dios, que es bueno, amar a Doras, que es muy malo y hace llorar a mi anciano padre?».

«Le mira con dolor e indignación. Pero, si se arrepintiera, le diría lo mismo que el padre de la parábola al hijo arrepentido.

208.3

Deberías rezar para que se arrepintiera y...».

«¡No, Madre! ¡¡¡Voy a rezar para que se muera!!!» dice con furia el niño. A pesar de que esta reacción sea poco... angélica, su ímpetu es tal, y tan sincero, que los presentes no pueden hacer menos que echarse a reír.

María, recobrando su dulce seriedad de maestra, dice: «No, bonito; no debes hacer eso con un pecador. Si lo hicieras, Dios no te escucharía y te miraría a ti también con severidad. Incluso al perverso debemos desearle el mayor bien. La vida es un bien porque da al hombre la oportunidad de adquirir méritos ante los ojos de Dios».

«Pero el malo lo que gana son pecados».

«Se reza para que se vuelva bueno».

El niño medita un poco... pero no se le ve muy dispuesto a digerir esta lección sublime (...).

ECR 209.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

En verdad os digo: Venid a mí los que estéis afligidos, desazonados, los que tengáis el corazón herido o estéis cansados, que compartiré con vosotros vuestro dolor y os daré paz; venid a través de mis apóstoles, a través de mis discípulos y discípulas, que cada día aumentan con nuevas personas voluntariosas: encontraréis consuelo en vuestras penas, compañía en vuestras soledades, el amor de vuestros hermanos con que olvidar el odio del mundo; encontraréis, por encima de todos, consolador por encima de todos, compañero perfecto, el amor de Dios; ya no dudaréis de nada; no volveréis a decir: “¡Todo está acabado para mí!”, sino: “Ahora todo empieza para mí en un mundo sobrenatural que cancela toda distancia y separación”; y los hijos huérfanos volverán a unirse con sus padres, ya sublimados en el seno de Abraham, y padres y madres, esposas y viudos, encontrarán a los hijos o al consorte perdidos.

Anotación

Evangelio de Mateo 11, 28-29

Mt 11, 28-29 : Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Llevad mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.