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Notas del tema

Camino hacia la santidad

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Comodidad de lectura

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ECR 175.3-5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La gente se arremolina en torno al Maestro. Es un círculo que bajo ningún concepto quiere abrirse. Pero, entretanto, el Sol se ha ocultado y comienza el reposo del sábado. Los centros habitados están lejos. De todas formas, la gente no echa de menos ni el pueblo ni la comida ni nada. No sucede lo mismo con los apóstoles, y se lo comentan a Jesús. También los discípulos ancianos están preocupados. Hay mujeres y niños, y, si bien la temperatura de la noche es moderada y la hierba de los campos está blanda, las estrellas no son pan ni se transforman en alimentos las piedras de las laderas.

Jesús es el único que se lo toma con tranquilidad. La gente, mientras, come lo que les había sobrado, sin mayores problemas. Jesús llama la atención de los discípulos sobre este hecho: «¡En verdad os digo que éstos están más adelantados que vosotros! Mirad con qué despreocupación consumen todo lo que tienen. Les he dicho: “El que no sea capaz de creer que mañana Dios dará el alimento a sus hijos que se retire”, y se han quedado aquí. Dios no desmentirá a su Mesías ni defraudará a quien en Él espera».

Los apóstoles se encogen de hombros y ya no se ocupan de nada más.

Se pone la tarde, después de un intenso rojo de ocaso, serena y bella; el silencio del campo se extiende sobre todas las cosas, tras el último coro de los pájaros. Algún frufrú del viento y luego el primer vuelo mudo de ave nocturna junto a la primera estrella y la primera rana que croa.

Los niños ya duermen. Los adultos hablan entre sí. De vez en cuando alguno va a donde el Maestro a pedirle alguna aclaración.

175.4

Es así que no se produce estupor cuando, por un sendero entre dos campos de trigo, se ve venir a una persona que impone por su aspecto, indumento y edad. Le siguen algunos hombres. Todos se vuelven a mirarle y se lo señalan unos a otros bisbiseando. El bisbiseo se transmite de grupo a grupo. Se aviva y se atenúa. Los grupos más lejanos se acercan atraídos por la curiosidad.

El hombre de noble aspecto llega hasta donde Jesús, que está sentado al pie de un árbol escuchando a unos hombres, y le saluda con toda reverencia. Jesús se alza enseguida y responde al saludo con igual respeto. Los presentes se centran completamente en ellos.

«Estaba en el monte. Quizás has pensado que no tenía fe, que me iba por miedo a tener que ayunar. La verdad es que me fui por otro motivo. Quería comportarme como hermano con los hermanos, como el hermano mayor. Quisiera manifestarte aparte lo que pienso. ¿Podrías escucharme? A pesar de ser un escriba, no soy enemigo tuyo».

«Vamos un poco lejos...» y se meten entre los cereales.

«Quería proveer de alimento a los peregrinos, así que bajé para encargar que hicieran pan para una multitud. Respecto a la distancia estoy dentro de la Ley, porque estos campos son míos y de aquí a la cima se puede recorrer en día de sábado. Mi intención era venir mañana con los siervos, pero he sabido que estabas aquí con la muchedumbre. Te ruego que me permitas surtir de lo necesario a la muchedumbre este sábado; si no, sentiría demasiado el haber renunciado a tus palabras por nada».

«En ningún caso hubiera sido por nada, porque el Padre te habría recompensado con sus luces. Yo por mi parte te doy las gracias. No te defraudaré. Lo único que quisiera observarte es que la gente es mucha».

«He encargado que enciendan todos los hornos, incluso los que se usan para secar productos agrícolas. Conseguiré pan para todos».

«No lo digo por eso, lo digo por la cantidad de pan...».

«No me causa problema. El año pasado recogí mucho trigo, y este año ya ves qué espigas. Déjame, que sé lo que hago. ¡Qué mayor seguridad para mis tierras! Y, además, Maestro... ¿El pan que me has dado hoy!... ¡Tú sí que eres Pan del espíritu!...».

«Sea entonces como quieres. Ven, vamos a decírselo a los peregrinos».

«No. Tú lo has dicho».

«¿Y eres escriba?».

«Sí, lo soy».

«Que el Señor te lleve a donde tu corazón merece».

«Comprendo lo que no dices. Quieres decir: a la Verdad. Porque en nosotros hay mucho error y... y mucha mala fe».

«¿Quién eres?».

«Un hijo de Dios. Ruega al Padre por mí. Adiós».

«La paz sea contigo».

175.5

Jesús regresa lentamente hacia los suyos mientras el hombre se aleja con los siervos.

«¿Quién era? ¿Qué quería? ¿Te ha dicho alguna cosa desagradable? ¿Tiene algún enfermo?». Jesús se ve asaltado de preguntas.

«No sé quién es. Bueno, quiero decir, tiene buen corazón y esto me...».

«Es Juan el escriba» dice uno de la multitud.

«Bien, pues ahora lo sé por tus palabras. Quería sencillamente ser el siervo de Dios para con los hijos de Dios. Orad por él porque mañana todos comeremos gracias a su bondad».

«Verdaderamente es un justo» dice uno.

«Sí. Lo que no sé es cómo puede ser amigo de otros» comenta otro.

«Fajado de escrúpulos y de reglas como un recién nacido; pero no es malo» concluye otro.

«¿Son éstas sus tierras?» preguntan muchos, que no son de la zona.

«Sí. Creo que el leproso era uno de sus siervos o de sus labriegos; pero permitía que estuviera en las cercanías, e incluso creo que le daba de comer».

La crónica continúa, pero Jesús se abstrae de ello y llama a sí a los doce y les pregunta: «¿Y ahora qué tengo que deciros por vuestra incredulidad? ¿No ha puesto, acaso, el Padre pan para todos nosotros en las manos de una persona que, por su casta, está contra mí? ¡Oh, hombres de poca fe!... Id, id allí, al mullido heno y dormid. Yo voy a orar al Padre para que abra vuestros corazones y para darle las gracias por su bondad. Paz a vosotros».

Y va a las primeras pendientes del monte. Se sienta y se recoge en su oración. Alza los ojos y ve el rebaño de las estrellas que abarrotan el cielo; los baja y ve el rebaño de los que duermen echados en los prados. Nada más; mas es tal la alegría que siente en su corazón, que parece transfigurarse de luz...

Detalle

Jesús ha bajado del Monte de las Bienaventuranzas y una multitud le sigue. Los apóstoles están preocupados por cómo van a alimentarse. Este capítulo muestra un caso práctico de confianza en la Providencia y en la bondad del Padre.

Anotación

Mientras tanto, el sol se ha puesto. Es el comienzo del descanso sabático. El descanso sabático comienza a las 6 de la tarde del viernes. Desde los cuernos de Hattin hasta la llanura, recorrieron entre 5 y 6 km, es decir, alrededor de una hora y media de marcha. Como vimos en el capítulo anterior, partieron alrededor de las 3pm / 3.30pm. O sea, hacia las cinco de la tarde.

Les dije: "Los que no puedan creer que mañana Dios dará de comer a sus hijos, que se vayan", y se quedaron. Dios no negará a su Mesías ni decepcionará a los que esperan en él. Véase el capítulo anterior. María Valtorta señala incluso que sólo unas cincuenta personas se marcharon entonces.

No os soy hostil, aunque soy escriba. Los escribas que no son hostiles a Jesús son raros. De los 24 miembros de este colegio, sólo 5 estaban secretamente a favor de Jesús. La mayoría de los otros 19 eran hostiles o indiferentes.

Pueden ver que estoy en el espacio legal porque estos campos me pertenecen, y desde aquí hasta arriba es un camino que se puede tomar en sábado. Así que están justo a la entrada de la llanura, a un kilómetro de la cima de Arbel. Las normas prácticas para aplicar la distancia del Sabbat eran y siguen siendo complejas. Sin embargo, la condición básica, establecida en tiempos de Salomón, sigue siendo la prohibición de alejarse más de 2.000 codos (unos 900 metros) de los límites de la propia propiedad o de una ciudad. Como señala Maria Valtorta, la cumbre es el último límite aceptable para el escriba.

ECR 175.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

« Id, id allí, al mullido heno y dormid. Yo voy a orar al Padre para que abra vuestros corazones y para darle las gracias por su bondad. Paz a vosotros».

Y va a las primeras pendientes del monte. Se sienta y se recoge en su oración. Alza los ojos y ve el rebaño de las estrellas que abarrotan el cielo; los baja y ve el rebaño de los que duermen echados en los prados. Nada más; mas es tal la alegría que siente en su corazón, que parece transfigurarse de luz...

Detalle

Jesús dijo a los Doce:

ECR 176.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Dínoslo; que, si se puede hacer algo para aliviártelo, lo haremos» dice Judas, el primo de Jesús.

Pedro habla con Bartolomé y Felipe, pero no comprendo lo que dicen.

Jesús responde: «Sed buenos, esforzaos por ser buenos y fieles: ése será mi consuelo. No existe ningún otro, Pedro, ¿comprendes?; abandona esa sospecha. Queredme. Quereos. No os dejéis seducir por quien me odia. Amad sobre todo la voluntad de Dios».

ECR 176.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Amad sobre todo la voluntad de Dios».

«¡Sí, pero, si todo viene de ella, también de ella vendrán nuestros errores!» exclama Tomás con aire de filósofo.

«¿Tú crees? No es así.»

Anotación

Jesús elude su respuesta a Tomás, porque luego la convierte en tema de meditación para todos. Explica este punto en 176,4-5.

ECR 176.4-5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Hoy al amanecer se me ha hecho la observación de que, si todo viene de voluntad divina, también ésta quiere los errores de los hombres. Es un error, un error además muy difundido. ¿Puede, acaso, un padre querer que el hijo se haga merecedor de condena? No, no puede. Y, a pesar de ello, vemos en las familias que algunos hijos se hacen tales, incluso teniendo un padre justo que les señala el bien que hay que hacer y el mal que hay que evitar: ninguna persona recta acusará a ese padre de haber estimulado al hijo al mal.

Dios es el Padre, los hombres son los hijos. Dios señala el bien, y dice: “Mira, te pongo en esta circunstancia para tu bien”; o también, cuando el Maligno y los hombres que le sirven procuran desgracias a los hombres, Dios dice: “Mira, en esta hora penosa actúa así, de forma que este mal sirva para eterno bien”. Os aconseja, pero no os fuerza. Pues bien, entonces, si uno, aun conociendo lo que sería la voluntad de Dios, prefiere hacer todo lo contrario, ¿se puede decir que tal cosa contraria es voluntad de Dios? No, no se puede.

Amad la voluntad de Dios; amadla más que a la vuestra, y seguidla contra las seducciones y los poderes de las fuerzas del mundo, de la carne y el demonio. También estas cosas tienen su voluntad, mas en verdad os digo que bien infeliz es quien ante ellas se doblega. Me llamáis Mesías y Señor. Decís que me amáis y me entonáis alabanzas. Me seguís, y tal cosa parece amor. Y, sin embargo, en verdad os digo que no todos de entre vosotros entrarán conmigo en el Reino de los Cielos. Incluso entre mis más próximos y antiguos discípulos habrá quien no entre, porque muchos harán su voluntad, o la de la carne, el mundo y el demonio; no la de mi Padre. No quien me dice: “¡Señor! ¡Señor!” entrará en el Reino de los Cielos, sino aquellos que hacen la voluntad del Padre mío; sólo éstos entrarán en el Reino de Dios.

176.5

Llegará un día en que Yo, quien os está hablando, tras haber sido Pastor, seré Juez. No os confiéis ilusamente en mi aspecto actual. Ahora mi cayado congrega a todas las almas dispersas y se muestra dulce para invitaros a venir a los pastos de la Verdad; entonces, el cayado será substituido por el cetro del Juez Rey y muy distinta será mi potencia. Entonces, separaré, no con dulzura sino con justicia inexorable, las ovejas que se alimentaron de Verdad de aquellas otras que mezclaron Verdad y Error o se nutrieron sólo de Error. Una primera vez y luego otra haré esto. ¡Ay de aquellos que entre la primera y la segunda comparecencia ante el Juez no se hayan purgado, no puedan purgarse de los venenos. La tercera categoría no se purgará. Ninguna pena podría purgarla. Ha querido sólo el Error. En el Error permanezca.

Pues en ese momento habrá incluso, entre éstos, quien gima: “¿Cómo es esto, Señor? ¿No hemos profetizado en tu nombre, no hemos arrojado demonios y realizado muchos prodigios en tu nombre?”. Pero Yo, en ese momento, muy claramente les diré: “Sí, habéis osado revestiros de mi Nombre para aparecer como no erais; habéis querido hacer pasar por vida en Jesús vuestro satanismo. El fruto de vuestras obras os acusa. ¿Dónde están los salvados por vosotros? ¿Dónde se cumplieron vuestras profecías? ¿A qué llevaron vuestros exorcismos? ¿Quién fue el cómplice de vuestros prodigios? ¡Oh, sí, muy potente es mi Enemigo, pero no está por encima de mí! Os ayudó, sí, para aumentar su botín; por obra vuestra se ensanchó el círculo de los que fueron arrastrados a la herejía. Realizasteis prodigios, sí, incluso aparentemente mayores que los de los verdaderos siervos de Dios, que no son histriones que dejan estupefactas a las muchedumbres, sino que son humildad y obediencia que dejan estupefactos a los ángeles. Mis siervos verdaderos, con sus inmolaciones, no crean fantasmas, sino que los cancelan de los corazones; ellos, mis verdaderos siervos, no se imponen a los hombres, sino que muestran a Dios a los corazones de los hombres; lo único que hacen es cumplir la voluntad del Padre y llevan a otros a cumplirla (de la misma forma que una ola impulsa a la que la precede y atrae a la que la sigue), sin colocarse sobre un trono para decir: ‘Mirad’. Ellos, mis siervos verdaderos, hacen lo que Yo digo, sin pensar sino en hacerlo, y sus obras llevan ese signo mío de paz inconfundible, de mansedumbre, de orden. Por tanto puedo deciros: éstos son mis siervos; a vosotros no os conozco. Alejaos de mí todos vosotros, obradores de iniquidad”.

Esto diré entonces. Tremenda palabra será. Estad atentos a no merecérosla. Id por el camino seguro de la obediencia — aunque sea penoso — hacia la gloria del Reino de los Cielos.

Detalle

Poco antes, Jesús había dicho a Tomás: "Amadme y amaos a vosotros mismos. No os dejéis seducir por los que me odian. Sobre todo, amad la voluntad de Dios.

- Pero si todo procede de la voluntad de Dios, ¡también nuestros errores procederán de la voluntad de Dios! exclama Tomás con aire de filósofo.

- ¿Tú crees eso? No es verdad.

Jesús responde ahora a su comentario.

Anotación

Esta es la respuesta a la observación matutina de Tomás. Pero era sobre todo una opinión difundida por los esenios. Los esenios "niegan el libre albedrío del hombre colocando virtudes y vicios, acciones santas y acciones malas, espalda con espalda, reguladas por un destino que dicen fatal e invencible" (Cf. EMV 80.2).

ECR 176.4 · Volume 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Hoy al amanecer se me ha hecho la observación de que, si todo viene de voluntad divina, también ésta quiere los errores de los hombres. Es un error, un error además muy difundido. ¿Puede, acaso, un padre querer que el hijo se haga merecedor de condena? No, no puede. Y, a pesar de ello, vemos en las familias que algunos hijos se hacen tales, incluso teniendo un padre justo que les señala el bien que hay que hacer y el mal que hay que evitar: ninguna persona recta acusará a ese padre de haber estimulado al hijo al mal.

Dios es el Padre, los hombres son los hijos. Dios señala el bien, y dice: “Mira, te pongo en esta circunstancia para tu bien”; o también, cuando el Maligno y los hombres que le sirven procuran desgracias a los hombres, Dios dice: “Mira, en esta hora penosa actúa así, de forma que este mal sirva para eterno bien”. Os aconseja, pero no os fuerza. Pues bien, entonces, si uno, aun conociendo lo que sería la voluntad de Dios, prefiere hacer todo lo contrario, ¿se puede decir que tal cosa contraria es voluntad de Dios? No, no se puede.

Amad la voluntad de Dios; amadla más que a la vuestra, y seguidla contra las seducciones y los poderes de las fuerzas del mundo, de la carne y el demonio. También estas cosas tienen su voluntad, mas en verdad os digo que bien infeliz es quien ante ellas se doblega.