ECR 62.2
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
La oración es una fuerza para uno mismo y para los demás. Todo se obtiene con la oración.
Notas del tema
Comodidad de lectura
ECR 62.2
La oración es una fuerza para uno mismo y para los demás. Todo se obtiene con la oración.
ECR 62.2
Si no el don, que no siempre el Padre concede — y no se debe pensar que ello es falta de amor, sino creer siempre que es algo requerido por un Orden que, para bien, rige la suerte de cada uno de los hombres —, sí ciertamente la oración da paz y equilibrio para poder resistir a tantas cosas que nos asaltan, sin salirse del sendero santo.
ECR 62.2
«¡Pero nosotros no sabemos orar! No sabemos decir las hermosas palabras que Tú pronuncias».
«Decid las que sabéis, como las sabéis. No son las palabras, son los movimientos que las acompañan los que hacen agradables las oraciones al Padre».
ECR 62.2
«La oración es una fuerza para uno mismo y para los demás. Todo se obtiene con la oración. Si no el don, que no siempre el Padre concede — y no se debe pensar que ello es falta de amor, sino creer siempre que es algo requerido por un Orden que, para bien, rige la suerte de cada uno de los hombres —, sí ciertamente la oración da paz y equilibrio para poder resistir a tantas cosas que nos asaltan, sin salirse del sendero santo. Mira, Pedro, lo que nos circunda fácilmente ofusca la mente y agita el corazón, y en una mente ofuscada y en un corazón agitado, ¿cómo puede sentirse a Dios?».
«Es cierto. ¡Pero nosotros no sabemos orar! No sabemos decir las hermosas palabras que Tú pronuncias».
«Decid las que sabéis, como las sabéis. No son las palabras, son los movimientos que las acompañan los que hacen agradables las oraciones al Padre».
ECR 62.2
«Nosotros querríamos orar como Tú oras».
«Os enseñaré también a orar. Os enseñaré la oración más santa. Pero, para que no sea una vana fórmula en vuestros labios, quiero que vuestro corazón tenga ya en sí al menos un mínimo de santidad, de luz, de sabiduría... Por ello os instruyo. Después os enseñaré esa santa oración.»
Objeción planteada: "Jesús rezó el Padrenuestro con María la tarde de la despedida en Nazaret".
María anota en una copia mecanografiada: "Si alguien puede poner o ha puesto objeciones al Padrenuestro rezado por Jesús y María la tarde de la despedida (en 44,3), que tenga en cuenta esta respuesta. María no necesitaba estar preparada para la oración de Cristo. Los apóstoles sí. Por eso Jesús rezó el Padrenuestro con María ante sus discípulos, porque ella estaba llena de gracia, luz y sabiduría, a diferencia de los discípulos."
ECR 62.3
62.3 Pero... me buscabais; ¿queríais algo de mí?».
«No, Maestro, pero sí hay muchos que desean mucho de ti. Ya había gente que iba hacia Cafarnaúm: eran pobres, enfermos, gente que sufre, hombres de buena voluntad con el deseo de instruirse. Y, dado que nos preguntaban por ti, les hemos dicho: “El Maestro está cansado y duerme. Marchaos. Venid el próximo sábado”».
«No, Simón. Eso no se dice. No hay solamente un día para la piedad. Yo todos los días de la semana soy el Amor, la Luz, la Salud».
«Pero... hasta ahora has venido hablando sólo los sábados».
«Porque aún no era conocido; pero, a medida que lo sea, todos los días serán días de efusión de Gracia y de gracias. En verdad te digo que llegará un momento en que ni siquiera el espacio de tiempo que se le concede al gorrión para descansar sobre una rama y saciarse de semillas se le dejará al Hijo del hombre para su descanso y alimentación».
«¡Pero entonces te pondrás enfermo, y eso nosotros no lo permitiremos! No debe hacerte infeliz tu bondad».
«¿Y tú crees que esto me puede hacer infeliz? ¡Oh, si el mundo entero viniera a mí para escucharme, para llorar sus pecados y sus sufrimientos en mi corazón, para obtener la salud del alma y del cuerpo, y Yo me consumara en hablarle, en perdonarle, en infundir mi poder, entonces sería tan feliz, Pedro, que ya no echaría de menos ni siquiera el Cielo en que estaba en el Padre!...»
ECR 62.3
¡Oh, si el mundo entero viniera a mí para escucharme, para llorar sus pecados y sus sufrimientos en mi corazón, para obtener la salud del alma y del cuerpo, y Yo me consumara en hablarle, en perdonarle, en infundir mi poder, entonces sería tan feliz, Pedro, que ya no echaría de menos ni siquiera el Cielo en que estaba en el Padre!...
ECR 62.4
Que la obediencia te alegre, y con ella la persuasión de serme un discípulo útil.
ECR 63.4
Eres bueno, (...) por eso la gracia te ha visitado. Quien ama merece todo de Dios...
ECR 64.2
Sé que has trabajado y sin intereses personales. Aunque haya faltado la comida, tu caridad no, y es viva, activa, santa a los ojos de Dios.
Jesús dijo a Pedro, que había trabajado en vano: