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Notas del tema

Vida cristiana

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Comodidad de lectura

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ECR 54.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«(...) Me han dicho que anteayer tarde te has manifestado como Voz de Dios y Portador de la Gracia. Me han dicho que has asegurado que alzando tu signo sanas todo mal. Álzalo sobre mí. Vengo de los sepulcros... Allí... Me he arrastrado como una serpiente entre los arbustos del torrente para llegar hasta aquí sin ser visto. He esperado a que anocheciera para hacerlo, porque en la penumbra se me identificaba menos. He osado... he encontrado a éste, de la casa, que es rico en bondad. No me ha matado. Sólo me ha dicho: “Espera apoyado en el muro”. Ten Tú también piedad». Y dado que Jesús se acerca — Él solo, porque los seis discípulos y el propietario del lugar, con los dos desconocidos, se han quedado lejos y muestran claramente repulsa — insiste: «¡No más adelante! ¡No más! ¡Estoy infectado!». Pero Jesús prosigue. Le mira con tanta piedad, que el hombre se echa a llorar y se arrodilla hasta casi tocar con el rostro en el suelo y gime: «¡Tu signo! ¡Tu signo!».

«Será alzado en su hora. Pero a ti te digo: “Levántate. Queda curado. Lo quiero. Y tú séme signo en esta ciudad que debe conocerme. ¡Levántate, digo! ¡Y no peques, en reconocimiento hacia Dios!”».

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Simón el Zelote, enfermo de lepra, se acerca a Jesús y le habla del signo de la Cruz. Allí mostró toda su fe y Jesús le prometió que su signo resucitaría a su debido tiempo.

ECR 54.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Satanás insidia, más que a los demás, a los que desean el Cielo, y sólo quien sabe fuertemente querer resiste.

ECR 54.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Por qué me buscáis?».

«Para seguirte, si nos aceptas, porque Tú tienes palabras de verdad».

«¿Seguirme? ¿Pero sabéis hacia dónde voy?».

«No, Maestro, pero ciertamente a la gloria».

«Sí. Pero a una gloria no de la tierra. A una gloria que tiene su sede en el Cielo y que se conquista con virtud y sacrificio.»

ECR 54.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Me ama porque me ama».

«¡También yo!».

«Y yo también».

«Y yo».

«Y yo».

«Y yo».

«Y yo».

«Lo sé. Os conozco por lo que sois».

«¿Entonces somos perfectos?».

«¡Oh, no! Pero, como Tomás, lo seréis si permanecéis en vuestra voluntad de amor. ¡¿Perfectos?! ¡Oh, amigos!, ¿y quién es perfecto sino Dios?».

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Jesús habla de Tomás y dice a los demás apóstoles presentes:

ECR 54.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Ningún hombre es perfecto. Pero Yo soy perfecto porque el que os habla es el Verbo del Padre. Parte de Dios, su Pensamiento que se hace Palabra, Yo tengo la Perfección en mí. Y tal me debéis creer, si creéis que Yo soy el Verbo del Padre.

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Jesús habló y dijo:

ECR 54.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Yo quiero ser llamado el Hijo del hombre, porque me anonado cargándome todas las miserias del hombre, para llevarlas — mi primer patíbulo — y anularlas después (“llevarlas”, no “tenerlas”). ¡Qué peso, amigos! Pero lo porto con alegría. Mi alegría es portarlo, porque, siendo el Hijo de la humanidad, haré a la humanidad hija de Dios.

ECR 54.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

54.7 «Yo quisiera preguntar una cosa...».

«¿Qué, Andrés?».

«Juan me ha hablado del milagro hecho en Caná... Teníamos gran esperanza de que hicieras uno en Cafarnaúm... y has dicho que no hacías un milagro sin haber cumplido antes la Ley. ¿Por qué, entonces, en Caná? Y, ¿por qué aquí y no en tu tierra?».

«Toda obediencia a la Ley es unión con Dios y por tanto aumento de nuestra capacidad. El milagro es la prueba de la unión con Dios, de la presencia benévola y complaciente de Dios. Por ello he querido cumplir con mi deber de israelita antes de comenzar la serie de prodigios».

«Pero la Ley no te obligaba a ti».

«¿Por qué? Como Hijo de Dios, no; como hijo de la Ley, sí. Israel, por ahora, sólo me conoce como esto segundo... Incluso más adelante casi todo Israel me conocerá sólo así, más aún, como menos todavía. Pero no quiero escandalizar a Israel y obedezco a la Ley».

«Eres santo».

«La santidad no dispensa de la obediencia. Más aún, la perfecciona. Además de todo, hay que dar ejemplo. ¿Qué dirías de un padre, de un hermano mayor, de un maestro, de un sacerdote que no dieran buen ejemplo?».

«¿Y Caná entonces?».

«Caná era el gozo de mi Madre que había que llevar a cabo. Caná es el anticipo que se debe a mi Madre. Ella es la Anticipadora de la Gracia. Aquí honro a la Ciudad Santa, haciendo de ella, públicamente, la iniciadora de mi poder de Mesías. Allí, en Caná, sin embargo, honraba a la Santa de Dios, a la Toda Santa. Por Ella el mundo me tiene. Es justo que para Ella sea mi primer prodigio en el mundo».