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Notas del tema

Elementos de la vida cristiana

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Comodidad de lectura

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ECR 184.3 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Las almas deben labrarse a sí mismas. Yo paso y esparzo la semilla. Ocultamente la semilla trabaja. Hay que respetar este trabajo del alma. Si la primera semilla no arraiga en la tierra, se siembra otra, y otra... y sólo se retira uno cuando se tienen pruebas ciertas de la inutilidad de seguir sembrando. Y se ora. La oración es como el rocío, que mantiene los tormos esponjosos y nutridos, con lo que la semilla puede germinar.

ECR 184.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Escuchad ahora la parábola del trabajo de Dios en los corazones para instaurar en ellos su Reino (porque cada corazón es un pequeño Reino de Dios en la tierra: después, más allá de la muerte, todos estos pequeños reinos se congregan en uno solo, en el ilimitado, santo, eterno Reino de los Cielos).

El Sembrador divino crea el Reino de Dios en los corazones. Va a su propiedad — el hombre es de Dios y, por tanto, todos los hombres inicialmente le pertenecen — y esparce su semilla; luego va a otras propiedades, a otros corazones. Suceden los días a las noches y las noches a los días: los días aportan sol y lluvias (en este caso, rayos de amor divino y efusión de la divina sabiduría que habla al espíritu); las noches, estrellas y silencio sosegado (en nuestro caso, destellos de Dios que reclaman nuestra atención y silencio para el espíritu, para que el alma se recoja y medite).

La semilla, con esta serie de favores imperceptibles — aunque potentes —, se hincha, se abre, echa raíces, arraiga fuertemente en el terreno, da sus primeras hojitas, y crece; y todo ello sin la ayuda del hombre. La tierra, espontáneamente, produce de la semilla el tierno tallo, luego se fortalece el tallo para sostener a la espiga naciente, luego la espiga se eleva, engruesa, se endurece, se dora, se hace dura, perfecta en su granazón. Una vez madura, vuelve el sembrador y mete su hoz porque a esa semilla le ha llegado el tiempo de su plenitud; no podría ganar más en perfección y por ello es cortada.

Mi palabra realiza esta misma operación en los corazones. Me refiero a los corazones que acogen la simiente. Pero el proceso es lento. No hay que actuar intempestivamente, de modo que todo se estropee. ¡Cuánto le cuesta a la pequeña semilla abrirse; cuánto, hincar en la tierra sus raíces! Pues también le es penoso al corazón duro y salvaje este proceso: debe abrirse, dejarse hurgar, acoger cosas nuevas y alimentarlas con esfuerzo, aparecer distinto al estar revestido de cosas humildes y útiles y no ya de la atractiva, pomposa e inútil exuberante floración que antes le revestía; debe conformarse con trabajar humildemente, sin atraer hacia sí la admiración, para beneficio de la Idea divina; debe exprimir todas sus capacidades para crecer y producir espiga; debe ponerse incandescente de amor para ser trigo. Y, una vez superados respetos humanos verdaderamente muy penosos, después de haber trabajado y haber sufrido y haber tomado afecto a su nueva vestidura, entonces debe despojarse de ella con cruel tajo. Dar todo para tener todo. Acabar despojo para ser revestido en el Cielo con la estola de los santos. Yo os digo que la vida del pecador que se hace santo es el combate más largo, heroico y glorioso.

Anotación

Evangelio de Marcos 4, 26-32

Mc 4, 26-32 : Dijo: "El reino de Dios es semejante a un hombre que siembra en la tierra: noche y día, tanto si duerme como si se levanta, la semilla brota y crece, sin que él sepa cómo. Por sí misma, la tierra produce primero hierba, luego una espiga y, finalmente, una espiga de trigo. Y en cuanto el trigo está maduro, le mete la hoz, porque ha llegado el tiempo de la siega". Y añadió: "¿Con qué podemos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola podemos utilizar para representarlo? Es como un grano de mostaza: cuando se siembra, es la más pequeña de todas las semillas. Pero cuando la siembras, crece y supera a todas las hortalizas; y extiende largas ramas, de modo que las aves del cielo pueden hacer sus nidos a su sombra".

ECR 184.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Pasa eso; uno se endurece más cuando, estando en pecado, se siente tratado como un pecador; pero cuando, en vez de un insulto recibimos una caricia, primero nos quedamos asombrados, luego lloramos... y, cuando se llora, la armadura del pecado — desencajados sus pernos — se derrumba. Entonces nos quedamos desnudos ante la Bondad y le suplicamos con el corazón que nos revista de sí misma.

ECR 184.8 · Volume 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Si recogéis en vuestro seno una pequeña semilla de amor hacia nuestro santísimo Dios y vuestro prójimo, y actuáis guiados por el amor, no faltaréis contra ningún precepto del Decálogo; no mentiréis a Dios con una falsa religión (de prácticas y no de espíritu), ni al prójimo con conducta de hijos ingratos, de esposos adúlteros — o solamente demasiado exigentes —, de ladrones en las transacciones, de embusteros en la vida, de violentos hacia vuestros enemigos.

ECR 184.8

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Amad y seréis amados. Amad y seréis compasivos. Amad y no seréis crueles exigiendo más de lo lícito de quien está a vosotros subordinado. Amor y sinceridad para obtener la paz y la gloria del Cielo. Si no (...) todas vuestras acciones realizadas mintiendo al amor y a la verdad se os transformarán en paja para vuestro lecho infernal.