ECR 23.10
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
Todo el Cielo ora porque el Cielo ama. El Cielo es caridad que vive (...).
Notas del tema
Comodidad de lectura
ECR 23.10
Todo el Cielo ora porque el Cielo ama. El Cielo es caridad que vive (...).
ECR 24.5
Gloria al Señor, a Él sólo. De Él y no de mí viene toda gracia, y Él te la dona para que le ames y sirvas con perfección en los años que te quedan, para merecer su Reino, que será abierto por mi Hijo a los Patriarcas, a los Profetas, a los justos del Señor.
Cuando queramos dar las gracias a María, podría decir lo siguiente. Esto es lo que le dijo a Zacarías.
ECR 24.7
¡Amistad con Dios, beatitud de sus fieles, riqueza no igualada por nada, quien te posee nunca está solo ni siente la amargura de la desesperación! No anulas el dolor, santa amistad, porque el dolor fue destino de un Dios encarnado y puede ser destino del hombre; eso sí, le haces dulce en su amargura, y añades una luz y una caricia que, cuales celestes toques, alivian la cruz.
ECR 24.9
Poned vuestro eterno bien, vuestro espíritu, en manos del Único que lo puede conservar ileso del demonio: “Padre, en tus manos dejo mi espíritu”. Si humilde y amorosamente cedéis vuestro espíritu a Dios, Él ciertamente le guiará como hace un padre con su pequeñuelo; no permitirá que nada dañe vuestro espíritu.
ECR 24.9
Si humilde y amorosamente cedéis vuestro espíritu a Dios, Él ciertamente le guiará como hace un padre con su pequeñuelo; no permitirá que nada dañe vuestro espíritu.
ECR 25.11
Hijos, es necesario esperar, orar, perdonar, para obtener que Dios intervenga en favor nuestro. Vivid también vosotros vuestra pasión, merecida por vuestras culpas. Yo os enseño a superarla y convertirla en gozo. Esperad sin medida, orad con confianza, perdonad para ser perdonados; el perdón de Dios será, hijos, la paz que deseáis.
ECR 25.12
Es la Pasión. Sed compasivos para con vuestro Redentor. Oíd sus quejidos, contad sus heridas y sus lágrimas, cada una de las cuales fue vertida por vosotros, fue padecida por vosotros. Desaparezca cualquier otra visión ante esta que os recuerda la Redención que por vosotros se ha cumplido.
ECR 26.8
(...) Esa humildad aún más difícil de saber callar las maravillas de Dios en nosotros — cuando el darle gloria no requiera proclamarlas — para que el prójimo, que no tiene esos dones especiales de Dios, no se sienta menos. ¡Oh, si quiere Dios, si quiere, se manifestará en su siervo!
ECR 26.8
Humildad tan absoluta como la caridad. Saber reconocer que se ha cometido falta incluso con el simple pensamiento, y no tener ese orgullo, que es más nocivo que la culpa antecedente, de no querer decir: “He cometido un error”. Menos Dios, todos cometen errores. ¿Quién podrá decir: “Yo nunca cometo errores”? Y esa humildad aún más difícil de saber callar las maravillas de Dios en nosotros — cuando el darle gloria no requiera proclamarlas — para que el prójimo, que no tiene esos dones especiales de Dios, no se sienta menos. ¡Oh, si quiere Dios, si quiere, se manifestará en su siervo! Isabel me “vio” como yo era cuando llegó la hora, y mi esposo supo lo que yo realmente era cuando le llegó la hora de saberlo.
María establece las condiciones esenciales para agradar a Dios y acoger su venida continua a nuestros corazones.
ECR 27.3
«Es un hombre; justo, pero hombre. Y ve como hombre, piensa como hombre. Sé compasiva con él, alma mía, y guíale a la visión de espíritu».
Cuando te enfrentas a un alma impregnada de sentido común humano, puedes pensar para tus adentros.